El pasado mes de septiembre se cumplían 5 años desde la adhesión de España a la llamada Agenda 2030. 195 países firmaron un documento de compromisos desde los que fomentar la conservación y el uso eficiente de recursos, la aparición de sociedades más inclusivas y la lucha contra la desigualdad, el respeto de los derechos humanos, la sostenibilidad en nuestra movilidad y, en definitiva, la transformación del sistema productivo a nivel global. El Gobierno de coalición liderado por el Partido Socialista Obrero Español que en estos momentos dirige las políticas del país, se ha puesto manos a la obra con el fin de conseguir los objetivos fijados en aquella ocasión.

Publicidad

Mediante la creación de diferentes secretarías de Estado y otros organismos dependientes de las mismas, el Gobierno pretende poner en marcha un plan de gasto público sin precedentes. Según cálculos recientes, deberíamos invertir en los próximos 10 años al menos 103.000 millones de euros para lograr acercarnos a los objetivos fijados. Permítanme, para no perderlos de vista, citarles aquí los 17 objetivos fijados como prioritarios por el Gobierno de España:

-El fin de la pobreza
-Hambre cero
-Salud y bienestar
-Educación de calidad
-Igualdad de género
-Agua Limpia y Saneamiento
-Energía asequible y no contaminante
-Trabajo decente y crecimiento económico
-Industria, Innovación e Infraestructuras
-Reducción de las Desigualdades
-Ciudades Sostenibles
-Producción y consumo responsable
-Acción por el clima
-Vida submarina
-Vida de ecosistemas terrestres
-Paz, justicia e instituciones sólidas
-Alianzas para lograr objetivos

Si se acercan a los documentos que el Gobierno ha puesto a nuestra disposición a través de la página web del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, se darán cuenta de que el concepto sostenibilidad se convierte en vehículo argumentativo principal de prácticamente todas las propuestas.

¿Cómo definimos sostenibilidad?

Antes de pasar a analizar cada uno de los puntos de la Agenda 2030, algo que sin duda sobrepasa el espacio que nos ofrece un único artículo (esto será una serie de artículos), creo necesario adentrarnos en la complejidad de todo lo que se esconde tras el término sostenibilidad.

Activistas climáticos como David Shearman y Joseph Smith ya están propagando abiertamente la transición a un “gobierno académico-tecnocrático” totalitario al estilo del Estado del rey filósofo platónico. La democracia corre realmente peligro. Nuestro particular “camino de servidumbre” no ha hecho más que empezar

Quien piense que sólo existe una definición para “sostenible” se sorprenderá al descubrir que, en la literatura científica, y desde un punto de vista ecosocial, existen multitud de definiciones de “lo sostenible”. Esto es así porque, a la hora de definir sostenibilidad, se utilizan tanto juicios de valor normativos, es decir, tanto juicios sobre qué objetivos son correctos y cuáles son incorrectos, como juicios de valor empíricos, esto es, juicios sobre qué descripciones de hechos empíricos son correctas o incorrectas.

Los juicios de valor normativo se refieren, por ejemplo, a cuestiones sobre cómo compensar el bienestar intergeneracional, qué especies de seres vivos deben tenerse en cuenta y merecen mayor protección o qué grado de aversión al riesgo puede considerarse aceptable. Los juicios de valor empírico se refieren, por ejemplo, a cuestiones como qué recursos son realmente agotables, qué recursos son renovables, dónde están los límites del uso excesivo o no de estos recursos renovables o cómo de alta debemos establecer la probabilidad de que los recursos agotables puedan ser substituidos por futuros avances tecnológicos.

Bajo los parámetros arriba descritos es posible entonces encontrar definiciones de sostenibilidad que van desde las tesis de R. M. Solow,

“dado que, gracias a la tecnología, en el medio y largo plazo será posible sustituir todos los recursos agotables por recursos renovables, se postula que las próximas generaciones deben tener derecho a poder consumir como mínimo lo mismo que nuestra generación” Solow, R. M. (1974), Intergenerational Equity and Exhaustible Resources. Review of Economic Studies (Symposium), S. 29-45

a las más radicales de Herman E. Daly,

“dado que cualquier forma de crecimiento económico causa efectos indeseables es preceptivo el mantenimiento constante de todos los recursos naturales a día de hoy sin importar el coste de oportunidad, ya sea en forma de reducción del consumo o de vidas humanas” Herman Edward Daly, Elements of environmental macroeconomics, in: Robert Costanza (editor), Ecological Economics: The Science and Management of Sustainability. Columbia University Press, New York.

Estas diferentes formas de definir sostenibilidad no son meras disputas académicas. De la adopción de una u otra postura dependen directamente muchas de las acciones políticas a las que asistiremos en los próximos 10 años. La polémica suscitada sobre el “coste de emitir una tonelada de CO2 hoy y en el futuro” entre Nicholas Stern y el Premio Nobel de economía William Nordhaus es un buen  ejemplo de esto que les cuento. Si nos fiásemos de Stern, y dicho de manera “metafórica”, nuestros tatara-tatarabuelos, que en aquel momento tenían aproximadamente el mismo ingreso medio que los residentes actuales de Zambia, ¡habrían tenido que ahorrar parte de sus ingresos para pasárnoslos a nosotros!

No existe ningún método científico con el que podamos probar la falsedad o veracidad de los juicios de valor normativos. En última instancia, todo ciudadano responsable debe tomar una decisión en función de sus preferencias personales. Sin embargo, como nos muestra la controversia entre Stern y Nordhaus, un debate científico sobre las consecuencias de decisiones normativas bajo el prisma de juicios empíricos puede proporcionarnos informaciones muy útiles. Y es esto precisamente lo que convierte en absolutamente asombroso el hecho de que nuestro Gobierno haya tomado una decisión por y para todos en lo referido a la definición de sostenibilidad: “tenemos que dejar a nuestros hijos y nietos una estructura ecológica, social y económica intacta”.

En otras palabras, partiendo de la adopción de un juicio de valor empírico cómo único y cierto, obviando que éste puede variar en la misma medida en que avanza nuestro conocimiento científico sobre nuestro entorno, el Gobierno adopta un juicio de valor normativo y lo convierte en leyes. Este proceso legislativo no solamente nos sustrae a los ciudadanos y a nuestros representantes elegidos democráticamente del debate político, también cierra posibilidades a la ciencia y la tecnología para poder alcanzar nuevos conocimientos y desarrollar nuevas tecnologías. El Gobierno sabe, por lo tanto, exactamente qué es una “estructura ecológica, social y económica intacta”. Si esto es así y queda plasmado en forma de múltiples leyes, ¿podremos realmente salvarnos de este discurso institucionalizado? ¿quedamos en condiciones de rebatir el enunciado principal desde la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías? Este vicio a la hora de desarrollar hábitos de superioridad normativa tendrá peligrosísimas consecuencias. En realidad, se trata de uno de los pilares fundamentales del pensamiento totalitario.

Activistas climáticos como David Shearman y Joseph Smith ya están propagando abiertamente la transición a un “gobierno académico-tecnocrático” totalitario al estilo del Estado del rey filósofo platónico. La democracia corre realmente peligro. Nuestro particular “camino de servidumbre” no ha hecho más que empezar.

_

La próxima semana, la 2ª. Parte, analizaré varios de los puntos de la Agenda 2030.

Foto: United Nations


Por favor, lee esto

Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticamente correctas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo tú, mediante el pequeño mecenazgo, puedes salvaguardar esa libertad para que en el panorama informativo existan medios nuevos, distintos, disidentes, como Disidentia, que abran el debate y promuevan una agenda de verdadero interés público.

Apoya a Disidentia, haz clic aquí

9 COMENTARIOS

  1. El origen del proyecto totalitario está en el Informe Brundtland que en 1987 realizó la ONU bajo la dirección de una política socialista de Noruega que le da su nombre.

    Bastantes de las ideas de ese informe se extrajeron de los proyectos del colaborador de Hitler Alfred Rosenberg.

    Que nadie se extrañe de que en el informe Brundtland, también conocido como Nuestro Futuro Común, no se mencione para nada la cuestión de la libertad de las personas.

    Me alegra que este tema aparezca en Disidentia y además tratado con la solvencia técnica e intelectual adecuada.

  2. Yo voy a contar un cuento. Esto era un mundo donde las grandes empresas se hicieron mas fuerte que los estados y se dieron cuenta que las leyes impedían en muchas ocasiones obtener mas beneficio, por lo que pensaron que hacer leyes a la medida de sus intereses podía ser una buena idea.
    Copiando un cuento antiguo que contaba a los niños como un zorro avisaba a las gallinas que debían salir del gallinero porque el cielo se iba a caer eligieron a un político importante llamado Al Gore como cuentacuentos, primero dijo que habría una glaciación y las gallinas no salieron, después dijo que había un agujero enorme en el cielo y que por él entrarían todos los males del universo, pero el agujero se cerró, y por último contó que el mundo se estaba calentando tanto que nos íbamos a cocer como en una olla a presión con pitorro de ozono. Ese cuento les encantó a los niños, los periódicos y revistas de todo el mundo repetían el cuento sin cesar. Politicos de naciones de todo el planeta vieron que el cuento de moda podía proporcionarles grandes beneficios y decidieron hacer leyes para que las grandes empresas administraran el agua, los minerales, los vegetales y los animales de todos los habitantes de la tierra. Hasta el aire y el sol pasó a ser controlado por medio de leyes.

    Las grandes empresas se frotaban las manos, pero se dieron cuenta que había pequeños propietarios que impedían controlar todos los recursos por lo que ampliaron el cuento con un bichito mortal (ver patentes al respecto) para arruinarles. Todo el mundo se quedo en casa con tan mala fortuna que la falta de movimiento produjo malas digestiones y muchos pedos, la ONU no tardó en decretar la emergencia climática.
    Mientras tanto en Silicon Valley cientos de autistas «es más fácil enseñar a un niño autista a sentir cariño por un animal que por un humano»
    programaban a destajo un mundo perfecto para ellos, desde una criptomoneda con control biológico hasta lo que se podía o no leer en los periódicos.

    Quedaron una pocas naciones donde el cuento no gustaba ya que consideraban que era perjudicial para los niños, Rusia, Brasil, Hungria, Polonia y poco mas. A esas naciones y a un presidente de los EEUU con flequillo rubio los llamaron los malos, los fascistas, la extrema derecha. Todo cuento que se precie necesita un malo para dar ejemplo y en esta época el zorro es el bueno, los humanos los malos y las gallinas las mascotas preferidas de Silicon Valley, los laboratorios farmacéuticos y los políticos de la agenda 2030.

    Si, si hay solución, y es bastante sencilla, basta con ser un hombre libre y comportarse como tal. De momento deja de pagar impuestos, no te pongas las mascarilla, viaja donde te de la gana y acumula multas impagadas hasta tener mas documentación paralizada que un juzgado español, haz una pequeña provisión de oro, si puedes, y si no puedes por estar en las colas del hambre vete a la despensa de Moncloa o la cafetería del congreso a por los viveres de primera calidad que ya has pagado con tu dinero. Bien fácil.

    • P.D.
      El cincuenta por ciento de los trabajadores de Silicon Valley son autistas, también sus hijos. Cuando un tonto coge una linde se da cuenta de que está haciendo el tonto cuando un autista le precede.

      Al gobierno de Pedro Sánchez que cacarea gravar con impuestos a las compañías tecnológicas le faltó tienpo para regalar trescientos millones de euros de todos los españoles a la fundación Gates.

  3. Muy buenas reflexiones Sr. Gómez Fernández y muy bueno el título que le ha puesto. Como en su día Hayek, Vd. también lo ve venir. Su título es lo que nos espera si no hay un golpe de timón de 180 grados. Pero creo que hay pocas esperanzas. Los partidarios de la dictadura global mandan y son demasiado poderosos frente a las fuerzas que podrían oponerseles. La dictadura global sigue en su proyecto a toda máquina, con la alianza de muchos científicos a sueldo (que podrían decir la verdad, pero quieren seguir disfrutando de buenos sueldos y privilegios), por eso el gobierno de los «sabios» de Platón sería una feroz dictadura, como son muchos departamentos universitarios, revistas científicas y academias. El tiempo del debate ya es historia y vivimos en una nueva era escolástica, donde han vuelto los dogmas indiscutibles. La humanidad, con esa agenda 2030, va hacia una nueva edad oscura, porque el mal siempre se envuelve en palabras bonitas: igualdad, solidaridad, sostenibilidad, derechos, fraternidad, ecología, cooperación, seguridad… Pero casualmente, la palabra libertad no aparece por ningún lado. La libertad será solo para los plutócratas y sus secuaces de la política y testaferros científicos y mediáticos.

    A propósito les dejo un enlace de las declaraciones de uno de estos testaferros académicos, gurú de la plutocracia, que ha salido ya en Disidentia. El historiador israelí Harari, convertido ahora en futurologo del «establishment» muy bien pagado, arquetipo del personaje políticamente correcto, que nos anuncia el «Más Max» si no hacemos caso de los nuevos dogmas de cambio climático. El Covid no ha metido bastante miedo, hay que seguir aterrorizando a las masas. Ese es el negocio.
    https://theconversation.com/amp/harari-nos-esperan-cosas-muchisimo-peores-que-la-covid-19-si-no-tratamos-el-problema-medioambiental-152059

    Así que espero con interés la segunda parte de su «Camino de Servidumbre», Sr. Gómez Fernández. Pero también le ruego que nos dé algunas recetas viables para escapar de estas cadenas que nos quieren echar encima. Porque de diagnósticos estamos ya un poco saturados. Necesitamos «tratamientos» y no más informes. Con todo el afecto, se lo digo.

    • «Pero casualmente, la palabra libertad no aparece por ningún lado. »

      Creo que no es casual.

      Serán más de dos artículos. Alternativas? Intentaré ir dando pistas, pero soluciones yo no tengo. Saludos afectuosos!

    • «La humanidad, con esa agenda 2030, va hacia una nueva edad oscura, …» No es la humanidad, es un Occidente postrimero y fatigado. Y ni siquiera esto, es solo una parte de ese Occidente, que veremos si se impone al resto. De momento, el fanatismo ideológico, parece estar en el zenit, pero puede ser más aparente que real. Las políticas que pretenden son tan irreales y costosas, que con un escenario como el generado por el virus, es probable que se desmoronen de súbito. Hay signos en este sentido: Macron, que se postulaba como el líder mundial de la salvación de la humanidad venciendo al calentamiento, ha dejado de hacer el payaso climático. Las políticas de descarbonización de la economía se aplazan. En Alemania ya no se habla de esto ante otras necesidades políticas. Macron reconoce como problema político la formación de ghettos musulmanes, cuando antes era un problema de policía y de «lobos solitarios» que se hacían violentos mirando vídeos en la red. La última reunión de la UE sobre la inmigración, abandona la cháchara humanitarista y define el asunto como un problema de control de fronteras. El desbloqueo de los fondos europeos por Polonia y Hungría, sale adelante porque los burócratas de la UE retiran sus pretensiones totalitarias de vincularlos a la agenda ideológica. Puede que la realidad empiece a imperar sobre la política-ficción de Occidente. Sólo el gobierno español, que además de idiota es tardígrado, sigue actuando como si el escenario fuera el mismo que el de hace un año.

Comments are closed.