Antes, a la jornada electoral la llamaban la fiesta de la democracia, el día en que los ciudadanos libres acudían a las urnas para elegir a sus representantes, se supone que alegres y dispuestos a ejercer responsablemente un derecho todavía inusual en demasiados países.

Un derecho, en efecto, no un privilegio que, como todo derecho, llevaba aparejado un deber, el de reflexionar y valorar no solo el beneficio directo e inmediato del voto, sino también sus consecuencias a medio plazo, porque luego, durante cuatro años, el gobernante será intocable. Y, a partir de ahí, habrá que confiar en unos controles y contrapesos, en unos mecanismos que, sobre el papel, evitarán los abusos de poder.

George Bernard Shaw dijo que la democracia es el sistema que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que merecemos; Benjamin Franklin, que la democracia son dos lobos y una oveja votando sobre lo que se va a comer; y Winston Churchill, que el mejor argumento en contra de la democracia es mantener una conversación de pocos minutos con el votante medio. Este tipo de afirmaciones, bastante ingeniosas, tienden sin embargo a minusvalorar la democracia en tanto que cargan toda la responsabilidad sobre el votante común.

Sin embargo, en democracia se supone que, además, los partidos diseñarán los programas de forma responsable, motivados por la búsqueda del bien común. Cada uno, por supuesto, con su propia visión de cómo ese bien podrá trasladarse a la realidad, pero siempre sin desbordar los límites de la política y respetando las reglas del juego, evitando que la democracia se convierta en un medio para un fin que, de forma inexorable, termine conculcando la propia democracia desde dentro……


SI ERES MECENAS de Disidentia y quieres seguir leyendo este contenido, haz clic en el siguiente título:

¿Hacia una democracia imposible?

SI NO ERES MECENAS de Disidentia y quieres acceder a este contenido, haz clic AQUÍ, accederás al contenido bloqueado. Desbloquéalo haciendo clic en la imagen del candado y, a continuación, sumándote a nuestra comunidad de mecenas.

¿Por qué ser mecenas? 

En Disidentia, el mecenazgo tiene como finalidad hacer crecer esta comunidad de lectores inquietos, que quieren ir más allá de la espuma de la noticia. El mecenas permite generar los contenidos en abierto de Disidentia.com (más de 800 hasta la fecha). Y su apoyo tiene recompensas, como este contenido.

Es absurdo creer que el actual paradigma informativo puede cambiar, y con él España, si el público sigue dejando en manos de los escasos grandes anunciantes, de la publicidad institucional (política) y de las subvenciones discrecionales, así como de las operaciones financieras en los despachos, la supervivencia de un medio de información, porque quien paga manda. Pensamos que el lector puede romper este círculo vicioso integrándose por fin en la ecuación financiera y convirtiéndose en un nuevo y verdadero contrapoder con sus pequeñas aportaciones.

Para eso, en nuestra comunidad de mecenas encontrarás no sólo contenidos muy elaboradospodcast que tratan cuestiones clave a fondo y que no son tratadas en los medios convencionales, también vamos a organizar Grupos de Opinión a nivel nacional, donde cada ciudadano, resida donde resida, pueda aportar sus ideas, trabajar con los demás y juntos construir mucho más que un medio. En definitiva, queremos reconstruir esa sociedad civil que la política y los partidos han arrasado.

Si crees en la causa de la libertad de información, opinión y análisis, súmate a nuestra comunidad. Serás bienvenido.

Muchas gracias.

1 COMENTARIO

  1. La democracia como sistema para la llevanza de la muchedumbre evitando, en primer término, que se devore y una vez conseguido este propósito promover a los mejores sobre los mas audaces, los mas ambiciosos, los mas despiadados o los mas intrépidos ha fracasado, como fracaso el comunismo, porque no existe, ni existirá nunca consenso entre esa abstracción de cuerpo único a la que llaman pueblo para evitar ser colonizada por aquellos que la secuestran como adecuado sustrato de sus afanes parasitarios.
    El sufragio no es la democracia, tal como afirmo Habermas. Y la prueba falsable se puede observar topologicamente proxima tras la observación de los métodos de gobernanza puestos de relieve en el Imperio Austrohungaro, donde las masas dispusieron de mejores resortes para distinguir y premiar a los mejores, a los mas virtuosos.
    Pero, que nadie se engañe, lo que ahora nos conduce al matadero no es la sublimación de los métodos para organizar la deriva de las sociedades y proporcionar los cauces para que se cumplan sus anhelos sino un camino sin retorno al ciego igualitarismo que, como apuntaba Tocqueville, siempre otorgara mas adeptos que aquellos que lo subordinan a la libertad. Y ese ha sido el camino elegido como apoptosis cierta, el de empoderar una y otra vez a las mutitudes mas abyectas, mas extractivas, proyectando a sus criaturas mas insaciables y vacias de atributos éticos hacia la preponderancia sobre los mejores, coronando como arquetipos para las sociedades a las peores sangres.
    Lo que ahora se respira y se palpa al despertarse y hacerse a la calle es la pantomima, la farsa, de los hijos de la oclocracia, moviendose altivos sobre la gusanera que han creado y haciendo día a día mas costosa y menos apasionante la aventura de sobrevivir a una plaga de pícaros que han impuesto un sistema de verdades a la medida de sus bajas pasiones, ante la mirada complaciente de una casta gremial de tipos salidos del sufragio y que desde Platon estaban llamados a impedirlo.

Comments are closed.