Parecería difícil hace unas décadas superar la vulgarización de la cultura promovida por una prensa de calidad menguante. Sin embargo, como pozo sin fondo, la caída ha continuado y se ha dado lugar al nacimiento de una nueva forma de comunicación para la cual no es necesario ni ser académico, ni ser periodista profesional. Bástale a un ciudadano de a pie con pagar una conexión a Internet, hoy por hoy accesible incluso a quien no tiene para comer, y ya se abre un campo para que pueda participar en la creación cultural y ser comentarista de todo el saber de la humanidad en los múltiples modos que la tecnología le permite hacer valer su voz: páginas web, blogs, redes sociales, vídeos subidos a plataformas como Youtube o similares, etc. En pocos años, hemos visto cómo la plebe opina sobre ciencias y sobre artes, aclama o castiga con sus votos las creaciones culturales, organiza eventos, promueve pensamientos para calabazas huecas.

Publicidad

Si bien en la segunda degradación de la cultura los contenidos se vulgarizaron, al menos estaban en manos de un gremio cerrado de periodistas profesionales, más numeroso que el de los académicos y mucho más numeroso que el de los pocos creadores de la alta cultura, pero restringido a un pequeño porcentaje de la población. Con Internet, todos somos creadores, académicos, columnistas, etc. en cualquier rama. Surgen como setas los individuos que cuelgan en Internet sus teorías científicas sin tener apenas conocimiento sobre el tema, lo que supone un ruido de fondo para los investigadores profesionales, y lleva a que confundan a cualquier científico de alta cualificación proponiendo nuevas ideas desafiantes con aquellos. Surgen foros de cualquier tema cultural llenos de majaderos, groseros y maleducados, zafios y patanes. Y estos son luego los que crean corrientes culturales.

“Las redes, entre otras cosas, son el refugio de los mediocres, los resentidos, los fracasados, los ‘ignorantes ilustrados’ que alimentan su intelecto a base de ira súbita, los tiesos que veranean en casa del ‘cuñao’ y echan la culpa de su mugre al gobierno; las redes son el lugar perfecto para desahogarse los tarados, los vagos, los inútiles sin referencias, los tontos de baba con derecho a rebuznar sobre cualquier asunto a 19,90 € mensuales, que es lo que vale una tarifa plana. Evidentemente, el número de usuarios de este servicio (gratuito) es inconmensurable. Si los mentecatos diesen calor no habría invierno” (José Vicente Pascual, “De putas y de idiotas”).

José Vicente se refiere en esta cita a las redes sociales, no a Internet globalmente. No es lo mismo. Internet incluye muchas páginas web de valiosa utilidad, muchos documentos que son fácilmente accesibles, el uso del e-mail, etc. lo que facilita el acceso a la información, y la rapidez para conseguir tal. Las redes sociales, así como los lugares abiertos para que los lectores dejen sus comentarios, parecen creados para que, quien no tiene ni tiempo ni ganas ni talento para escribir algo con cierto desarrollo intelectual, pueda dejar su impronta.

Bien es cierto que la nueva tecnología ha aportado cosas positivas: desde que la plebe se entretiene volcando en la red sus tonterías, hay muchas menos pintadas en las puertas de los baños públicos

A la opinión pública le han dado un megáfono para chillar e incluso organizarse. Antes, en cada pueblo, había sus “tontos del pueblo” que decían sus tonterías, pero éstas no salían de sus calles. Hoy, los tontos del pueblo han tomado el mundo, y, como son tantos, hacen fuerza los unos con los otros, escuchándose los unos a los otros.

Por otra parte, vemos claramente que muchas redes sociales no son lugares de libre expresión de ideas. Se prefiere que haya mil burros rebuznando antes que alguien que escriba con firmeza y al que no le tiemble el pulso para poner el dedo en la llaga. Por lo general, hay que desconfiar de esos lugares que se declaran panaceas del libre pensamiento si son de alcance a millones de personas. Son lugares de manipulación de masas, con instigadores o agitadores profesionales pinchando a los burros para que rebuznen en una dirección dada.

Los líderes o influencers, youtubers, etc. de estas movidas culturales que arrastran millones de individuos son con frecuencia chavales o jóvenes inexpertos y sin apenas bagaje cultural, aunque hábiles en el uso de las nuevas tecnologías, o promovidos por sistemas de propaganda digital que hacen de sus plataformas meros negocios en los que los inversores hacen sus apuestas.

A menor escala de influencia, los que más participan dejando comentarios por doquier en Internet son en muchos casos desempleados o gente que se aburre en casa sin tener nada interesante que hacer y gasta su inútil tiempo en difundir los prolegómenos de su aburrimiento. Quien tiene un trabajo como académico o periodista, aunque también vuelca contenidos a Internet, lo tiene cada vez más difícil para competir con la gran turba de ociosos volcando basura a Internet, pues son muchos. Bien es cierto que la nueva tecnología ha aportado cosas positivas: desde que la plebe se entretiene volcando en la red sus tonterías, hay muchas menos pintadas en las puertas de los baños públicos.

Los más optimistas piensan que se pueden salvaguardar las naves de la mar embravecida que todo lo traga, y se trata de preservar algunas instituciones de la dictadura de la opinión pública. Sin embargo, las fuerzas degradantes y destructoras dominan sobre las fuerzas regeneradores o aristocráticas de la cultura. Como en todo proceso homogeneizador de un terreno, terminan las cúspides recortando su nivel antes que las llanuras subiendo su altura. Así, es común hoy en día ver a presidentes de grandes naciones enviar sus mensajes al pueblo a través de Twitter, y a los censores de Twitter eliminar cuentas cuando el mensaje no se adapta a las ideologías dominantes. También científicos o académicos de la mediana cultura —los de la alta cultura ya no se sabe dónde están, como no se hayan metido en una cueva o abandonado el mundo…— se habitúan a las nuevas tendencias, y vemos hoy en día a aquellos que mueven el cotarro publicitar sus trabajos enviando mensajes a través de redes sociales, chats y otras herramientas propias de adolescentes adictos a móviles. Además, los líderes académicos, absorben indirectamente los dictados populistas a través de la financiación que obtienen de organismos públicos. La interacción política-economía-plebe salpica a todos los órganos del cuerpo social.

Internet de por sí es una herramienta maravillosa, y con un gran potencial para tener acceso a informaciones muy valiosas de un modo muy rápido. La herramienta no tiene nada malo en sí, son los productores y consumidores los que la alejan de ser un gran lugar virtual de cultura

No menos afectados han estado los chicos de la prensa con esta nueva involución cultural. Por una parte, el negocio se ha mermado con la substitución de la prensa en papel por una prensa digital cuyos beneficios vienen casi exclusivamente de la publicidad. Por otro lado, hoy cualquiera escribe artículos de opinión y tiene que competir el periodista profesional con toda la turba de columnistas amateur que llenan el espacio virtual. Todavía detentan los profesionales de la información un estatus mayor que les permite participar de los grandes medios tradicionales, pero cada vez se están viendo más arrinconados por la multitud de medios digitales que cuentan con la colaboración gratuita de escritores. Cierto que en el campo de la información las agencias cuentan con más recursos que los ciudadanos de a pie para buscar la noticia. Pero en el campo de la cultura, o más bien de los comentaristas de la cultura, poco puede hacer el experto frente a los enterados. Y en vez de hacerse más aristocráticos para alejarse de las turbas, se unen a ellas, de modo que poca diferencia se aprecia entre los artículos de periodistas profesionales y de otros. En estos tiempos en que ni siquiera hace falta salir de la oficina para buscar la noticia y basta con navegar por la red para ello, el periodismo-basura está en auge, compitiendo en chabacanería con las propias redes sociales.

Si malos son los productores, ¿qué decir acerca de los consumidores? Insisto nuevamente en que Internet de por sí es una herramienta maravillosa, y con un gran potencial para tener acceso a informaciones muy valiosas de un modo muy rápido. La herramienta no tiene nada malo en sí, son los productores y consumidores los que la alejan de ser un gran lugar virtual de cultura. Grandes eran las perspectivas de Internet a principios de los 90, cuando la red era ajena a la turba y de uso exclusivo de profesionales científicos o académicos, pero entonces empezaron a abaratarse las líneas, se popularizó la herramienta de comunicación para llegar hasta al último rincón del planeta, a llenarse de propaganda y ahí se acabó el sueño.

El usuario medio actual cada vez lee menos libros —menos incluso que en la era preinternet— y cada vez dedica más tiempo a lecturas en diagonal en su cacharrito móvil o en su ordenador. Las visitas a los medios digitales suelen durar pocos minutos por término medio. ¿Qué clase de movimiento cultural es éste? Nada… lo de siempre, un poco de ruido, algunos pequeños movimientos de capital con sus banners de propaganda y su inversión en tecnología informática, y a seguir girando la rueda del consumo. Es la cultura del zapping, del saltimbanqui, del enterado que quiere estar en todos los sitios y no está en ningún lado. ¿Qué diríamos de una biblioteca donde vemos entrar usuarios que salen al cabo de unos minutos con las manos vacías? En verdad, como siempre, la cultura está en los libros, y no es de considerar ejercicio intelectual alguno entre quien no tenga tiempo para leerlos y se pase varias horas diarias mirando a la pantalla de su cacharrito saltando de página en página. La cultura que podemos considerar seria y no de chirigota requiere tiempo y concentración en lo que se lee, y no está hecha para los que tienen pereza mental.

Internautas saltimbanquis: pseudocultura de postureo. Cultura de usar y tirar.

Internet es un caballo desbocado. ¡A ver quién se atreve a ponerle de nuevo el bozal a la bestia! Por lo que se ve, nadie, y lo único que se ven venir son algunos grupos oportunistas que ensalzan los valores populistas para poder sacar un puñado de votos o vender sus mercancías. Y le llaman a la plebe “ciudadanía”, con un trato deferente… Nadie se atreve a cerrarle el pico al populacho.

Las nuevas generaciones de descerebrados van ganando terreno. Proliferan como setas el new age, la sabiduría de herboristería o de sectas varias. Las tribus y subtribus urbanas hacen alarde de su modo de hacer civilización. El descerebrado tipo friki pretende que se respeten sus infantiles héroes como a los grandes de la cultura actual; aspira incluso a crear escuela y oficio en torno a películas de ciencia-ficción cuasi-infantiles tipo la saga de Star Wars. Ya no es raro tampoco oírle a algún mozalbete sus desprecios por los clásicos, por los libros, etc., diciendo que todo lo que produjo la humanidad antes de él haber nacido está obsoleto, y enorgullecerse de su barbarie y embrutecimiento, usuales en los adictos a la informática, Internet y las nuevas tecnologías. ¿Y el futuro a corto o medio plazo? El panorama para las próximas décadas pinta aún más sombrío. Todavía no ha tocado fondo la cultura de masas.

“Se avecina un mundo en el que todo el que sea bello será sospechoso. Y todo el que tenga talento. Y el que tenga carácter —afirmó con voz ronca—. ¿No lo comprende? La belleza será un insulto y el talento una provocación. ¡Y el carácter un atentado! Porque ahora llegan ellos, saldrán de todas partes cientos de millones de ellos. Y estarán por todas partes. Los deformes. Los faltos de talento. Lo débiles de carácter” (Sándor Márai, La mujer justa [novela]).

La muerte anunciada de la cultura

Podría haberse previsto el actual estado de las cosas con esta última degradación, no tanto sobre la tecnología como sobre la aplicación de la misma. Al igual que en física se predice una muerte térmica del Universo según el segundo principio de la termodinámica, también en el ente social cabe sacar una ley similar en un sistema donde las partículas son los individuos y el sistema es la sociedad. Para que en el Universo haya movimiento, debe haber diferencias de energía entre sus distintos componentes. Por ejemplo: cuando hay un cuerpo caliente y otro frío, hay transferencia de energía entre ambos. Cuando el Universo llegue a un equilibrio térmico total en todas las componentes, ocurrirá lo que se conoce como muerte térmica del Universo. En ese instante nada estará por encima de nada, todas las componentes permanecerán al mismo nivel, nada destacará porque será monótonamente igual. No habrá transferencias de energía porque todo estará al mismo nivel energético. Será un Universo oscuro, sin movimiento; una representación bastante perfecta de la nada, del no ser. ¿No cabe pensar lo mismo de la sociedad, y en particular de la cultura? Cuando alcancemos ese estado de equilibrio en el que todos participan, todos dicen pensar, todos parlotean, todos tienen derecho a explicar sus memeces a sus congéneres, cuando se termine de crear esa aldea global donde todo y lo de todos es cultura y nada es no-cultura, ya no habrá movimientos ni transferencias de energía, ya no habrá fuentes ni sumideros del flujo intelectual, todo será una sopa social homogénea donde toda genialidad estará diluida en el maremágnum de lo plebeyo.

Con las nuevas tecnologías digitales, podemos estimar que los soportes durarán unos 50 años siendo algo optimistas, y todo lo que no haya sido copiado y recopiado y adaptado a venideros formatos digitales de forma continua múltiples veces en ese lapso de tiempo terminará por perderse

Se intuye el agotamiento de nuestros tiempos: todo lo importante intelectualmente —no incluyo aquí la tecnología, que es labor de artesanos del microchip y no de pensadores o artistas— ya está hecho, y lo que queda es básicamente parlotear y dar mil vueltas alrededor de los mismos temas. Queda el pensamiento en manos de unos oficinistas a sueldo del Estado produciendo una cultura oficial, y que contra nada luchan y nada tienen que expresar más que su deseo de vivir una vida acomodada y ser consumidor de lo que la industria le ofrece. Y ocurre que cuando las vanguardias encierran una rabieta contra movimientos anteriores y no contienen en sí ningún valor afortunado, éstas terminan cayendo en el olvido total. En la cultura actual se respira un ambiente anodino y desgastado, y la plebe se le une y se mezcla con tal. Todos hablan y hablan, o hacen que hacen o imitan o convierten el hacer cultura en meras repeticiones para las cuales usan siempre los mismos moldes. Falta la chispa que se vio en la Europa del Renacimiento, o el esplendor de los siglos dorados de la literatura, la pintura, la música. El último arte, llamado el séptimo, ha tenido sus momentos de fulgor a mediados del s. XX, pero languidece también junto a sus hermanos como industria del entretenimiento. Y, mientras, la vorágine de unas masas que todo lo devoran o vulgarizan avanza a pasos agigantados, convirtiendo lo que hay de especial en nuestra civilización en producto de mercadillo, envolviendo con el manto de la oscuridad y la ignorancia toda luz pasada o presente. Sólo nos quedan los clásicos, disfrutémoslos antes de que las hordas de descerebrados decidan destruirlos en un arranque de histeria colectiva.

A lo largo de la historia, hemos visto morir y renacer los distintos movimientos intelectuales, y no responde la situación actual más que a una nueva fase del ciclo. Es un claro síntoma de la desaparición de la cultura llamar cultura a lo que no lo es, como señalaba Hanna Arendt. El Mercado manda. La Televisión manda. Internet manda. Las mayorías manipuladas por los intereses de unos pocos avispados eligen los símbolos de la cultura de la época vulgocrática. Masas que hacen turismo y definen ellas mismas lo que es arte o no según el número de visitas que recibe la obra o con los “me gusta” en alguna página web. La gran desgracia de nuestra sociedad es la de no saber preservar lo que es para las minorías y rendirse a las exigencias de la plebe.

Las culturas muertas podrían redescubrirse en un futuro y asombrar a generaciones venideras dentro de muchos siglos. No obstante, la transmisión de la historia de nuestra cultura dependerá también de la durabilidad de los soportes para la escritura. Las civilizaciones más antiguas dentro de la historia —prehistoria aparte— han dejado sus mensajes escritos en piedra, y estos pueden durar unos cinco mil años. La historia de los últimos dos o tres mil años está plasmada en papel o pergamino, con una durabilidad en torno a unos 500 años, aunque sabemos mucho de los antiguos no por tener acceso a sus escritos originales, sino por las copias producidas por amanuenses, que han circulado durante la Edad Media o más prolijamente desde la invención de la imprenta. Con las nuevas tecnologías digitales, podemos estimar que los soportes durarán unos 50 años siendo algo optimistas, y todo lo que no haya sido copiado y recopiado y adaptado a venideros formatos digitales de forma continua múltiples veces en ese lapso de tiempo terminará por perderse; todo esto suponiendo que en el futuro seguiremos contando con esas tecnologías y que no habrá una vuelta atrás en el uso de ordenadores debida quizá a una destrucción de la civilización. Cincuenta años es un breve lapso de tiempo, apenas da tiempo a invertir tendencias culturales, con lo cual es de esperar que sobrevivirá por algún tiempo la bazofia de nuestra era, que es lo que está constantemente circulando por las redes, para terminar muriendo a largo plazo por no tener punto de comparación con las grandes creaciones de los clásicos; mientras, quedarán enterradas para el olvido eterno las obras de autores más allá de la chusma cultural porque los incomprendidos de una época no tendrán la oportunidad de ser rescatados en un futuro lejano. Quedarán, sí, los restos arqueológicos, tal cual sucede a una cultura prehistórica, y puede que alguien deduzca de tales restos —material de experimentos científicos, restos de circuitos integrados, máquinas,…— que había algo grande en nuestra civilización occidental antes de terminar sus días, si es que queda vida inteligente en el planeta para contemplarlo.

_

Ésta es la parte IV y última de la serie “Las tres degradaciones de la cultura”.  Partes I, II, III en anteriores publicaciones de disidentia.com. Exposiciones más extensas del autor sobre el tema en los capítulos “Vulgocracia” y “La industria cultural” (caps. 13-14  [3-4 del vol. II]) de Voluntad. La fuerza heroica que arrastra la vida.

Foto: Jezael Melgoza.


Por favor, lee esto

Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticamente correctas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo tú, mediante el pequeño mecenazgo, puedes salvaguardar esa libertad para que en el panorama informativo existan medios nuevos, distintos, disidentes, como Disidentia, que abran el debate y promuevan una agenda de verdadero interés público.

Become a Patron!

Artículo anteriorNadie sabía nada
Artículo siguienteVamos a contar mentiras
Martín López Corredoira (Lugo, 1970). Soy Dr. en Cc. Físicas (1997, Univ. La Laguna) y Dr. en Filosofía (2003, Univ. Sevilla) y actualmente investigador titular en el Instituto de Astrofísica de Canarias. En filosofía me intereso más bien por los pensadores clásicos, faros de la humanidad en una época oscura. Como científico profesional, me obstino en analizar las cuestiones con rigor metodológico y observar con objetividad. En mis reflexiones sociológicas, me considero un librepensador, sin adscripción alguna a ideología política de ningún color, intentando buscar la verdad sin restricciones, aunque ofenda.

12 COMENTARIOS

  1. “Surgen foros de cualquier tema cultural llenos de majaderos, groseros y maleducados, zafios y patanes. Y estos son luego los que crean corrientes culturales.”

    Me da un poco de reparo o vergüenza subir mi comentario. Me siento como el majadero, grosero, maleducado, quizás zafio y posiblemente patán que se cita. Lo que sí tengo claro es que no ‘genero ninguna corriente cultural’, si acaso críticas poco positivas.

    Un comentario sobre internet. Se dice en el artículo, internet es una magnífica herramienta de comunicación. Como sistema de comunicación es extraordinariamente eficiente transmitiendo información. Permite a toda persona con conexión a la red el acceso a una ingente cantidad de información en un tiempo que podemos considerar instantáneo.

    Internet se abre al público en 1992 aunque venía funcionando antes (desde 1982 más o menos) entre redes universitarias, militares o de la administración americana. El acceso público a Internet ha cambiado y afecta a ‘todo’. Desde la forma de trabajar, a la forma de informarse, o la forma de divertirse, en definitiva, la forma de vivir. En mi opinión, la característica más importante de los efectos que produce internet en la vida de las personas es la ‘fragmentación’. Aunque el grupo fragmentado puede tener alcance global. Se fragmentan los mercados, la información, se fragmentan peligrosamente las ideas políticas, se fragmenta hasta la moral (lo que es bueno y lo que es malo).

    Los cambios que internet está produciendo en nuestras vidas acaban de empezar. Estamos inmersos en una crisis en la que lo viejo no termina de irse, lo nuevo trae muchas cosas que no nos gustan, además de exigirnos adaptación.

    Es evidente, que las facilidades en la comunicación permiten a majaderos, groseros y maleducados, zafios y patanes (como yo) dar su opinión, a partir de su experiencia. No veo razones claras para limitar esa posibilidad de difusión de la opinión. Bien es cierto que internet permite que otros muchos majaderos, groseros, zafios, etc. se agrupen a su alrededor y formen un ‘fragmento’. También los habrá interesados en ‘vender’ algún producto, interés o ideología. Incluso países extranjeros se permitirán programas experimentales de influir para influir en la opinión pública de otros países. Nada nuevo.

    La argumentación del artículo justificaría cierto grado de censura o al menos la clasificación de las aportaciones que por internet se difunden. Esto me parece mucho más grave y peligroso que el hecho en sí de que exista un bosque inmenso de informaciones que no sabemos si son ciertas o no. Desconozco el final, pero como siempre ha sucedido se saldrá por algún lado. También tendremos que ver como internet es utilizado ‘por las élites’, especialmente las políticas para hacer que esos grupos fragmentados simpaticen con sus intereses.

  2. Resulta curioso ver como alguien que se apellida corredoira (camino de carro, estrecho) nos hable de “los caminos”; como si un camino pequeño y vulgar sin asfalto o cemento no fuese camino.

    Ese camino , esa “alta cultura” viene a ser algo como el bálsamo de Fierabrás de Cervantes, “el capitalismo” de los liberales, o “el comunismo” de los socialistas,…, pura entelequia solo válida en sus cabezas.

    La base y raíz de tal exabrupto cognitivo, se percibe en la afirmación de una escatología natural. La cual asimila al segundo principio de la termodinámica, “la muerte del Universo”, “la nada”.
    La afirmación es claramente falsa dado parte de un axioma de unicidad, “uni-verso”.

    Esa escatología “natural” (realmente percibida) se expande de diversas formas; es el cosmos (orden*) que precede toda religión,…, todo cult-o a la vida y la muerte HUMANA. Eso es la cultura,…, no otra cosa. Ese cult-o dice lo que se puede hacer, lo que no, lo que es deseable y lo que no. Si bien en el neo-mendicantismo estatista, la tierra de las ideas, todos son “seculares” y “racionales”.

    El articulista, a mi entender, se refiere al concepto de humanidad griego (que no tiene nada que ver con el actual, “la humanidad”), la excelencia aristocrática,.., debido a ello, de forma reiterada, se refiere al vulgo o chusma (los “loosers”) como contraposición.
    El ruido, el barullo y “la mierda” que estorba esa excelencia de los émulos de los dioses, héroes, élite.

    Todo ello resulta curioso, pues estaba viendo videos de injertos. Unos hacen de una forma, otros de otra, los libros lo explican de otra, las personas de otra,…, y al final, lo que queda es elegir un método (o mezcla) y ejecutarlo. En este caso, simple, el resultado es quien marca la “escatología” de la “agri-cul-tura”; pero ese resultado y decisión no se dan en un entorno neutro.
    La cosa sería más complicada si se valorara solamente el resultado monetario, dado el engaño también forma parte de lo humano. Y un resultado monetario dice de poco a nada, sin valorar el entorno en el cual sucede.

    La “cult-ura occidental”, no está, ni estará muerta, dado es la hegemónica en cuanto a operativa en el mundo. Lo que se muere son los occidentales (europeos especialmente), no su cult-ura; dado han confundido el arte con el artista. Y no hay arte sin artista,…
    Ese artista es la constitución material, la historia, donde no hay actor pequeño. Algo que la Edad Media y el cristianismo (cult-o) clarificaron para el resto de la historia. Ese canto a la élite es la base de la carcoma de Occidente; la cual liquida los principios de excelencia hacia los demás; como la extensión de la excelencia hacia uno mismo. La convivencia,…
    El populacho (vulgo, “lumpen”, chusma, …) es la contraparte de la busca de la élite; su imagen especular.

    *: inteligencia: capacidad para alterar la probabilidad natural de un suceso.

    • Creo que Vd. hace una oposición entre cultura de «élite» y cultura «popular» que no es real, como si la última fuese más auténtica. La cultura popular como tal hoy está igualmente en vías de extinción. Lo que hoy tenemos es más un producto televisivo o salido de los laboratorios de mercadotecnia (normalmente ubicados en los EEUU). Es una «cultura» homogénea, cambiante, que funciona a golpe de TV y de estudiada propaganda, ya que su objetivo es comercial y es ubicua, precisamente por la colonización cultural. Además esta cultura de la imagen explota siempre lo más bajuno, vulgar y mediocre del ser humano.

      Que todo el mundo lleve vaqueros, siga la series estadounidenses y triunfe el «reggaeton» no significa que la cultura occidental sea la dominante, porque eso es reducir una civilización a una mera moda. La civilización es algo mucho más complejo porque implica organización social y formas de pensamiento. Occidente ha querido imponer las suyas (como toda cultura con aspiraciones a dominio universal: desde el Imperio Asirio, China o el Islam), pero ha fracasado, porque todas las culturas expansivas han pecado de soberbia. Occidente no iba a ser menos.

      • “La civilización es algo mucho más complejo porque implica organización social y formas de pensamiento.”

        Desde mi punto de vista usted mezcla “isócronas e isótopos”.
        La civilización, el desempeño civil de la técnica, la ciudad, es decir las cosas y la forma de hacerlas ha sido exportado de forma global. El ejemplo más paradigmático es el Estado industrial e industrioso, ese leviatán depredador de libertades; y su forma anexa el obviamente capitalis-mo, bien sean de Estado o dentro de un Estado Capitalista. Otra cosa es el “cult-o”; el cual no ha sido exportado.
        La decadencia se ampara en la propia universalidad intrínseca del cult-o troncal occidental; por lo menos mientras no cambie lo “uni-versal” por lo vecinal (convivencial).
        Donde se da el verdadero origen del alma pseudo-universal europea,..

        Cabría definir pues entre las personas y las cosas. Entre por qué se hace algo, para qué, cómo, en base a qué y qué. En el ámbito de las personas tenemos el por qué, el “cult-o”. El cómo se hace y por quién, y el qué como producto final.

        El “principio y el fin de lo humano” caracteriza el comienzo de la acción y la forma de su desarrollo.
        La determinación de la acción, forma parte del culto. Igualmente la forma de ejecución (con o sin esclavos por ejemplo). La civilización forma parte de las cosas, con su principal exponente en las edificaciones.

    • Gracias, colapso2015, por la contraposición de argumentos. Bien está que haya quien vea las cosas de modo más optimista. Ojalá, sí, podamos decir por muchas décadas o siglos «La ‘cult-ura occidental’, no está, ni estará muerta, dado que es la hegemónica en cuanto a operativa en el mundo». Yo por ahora no lo veo.

      Respecto al tema de las élites, como ya aclaré en los comentarios de la parte I de este texto (https://disidentia.com/las-tres-degradaciones-de-la-cultura/), la élite a la que me refiero no es en tanto status social y el reconocimiento o posición de poder en vida presente, sino en el mundo del intelecto. De hecho, yo no lo llamaría élite, sino minoría selecta. Pensar que todos somos iguales en la participación de la cultura (no cult-o), es pensar que todos somos artistas, todos somos científicos, todos somos filósofos,… que constituye de por sí la muerte del arte, la ciencia, la filosofía y todo aquello donde se aplique el «todo vale» y «cualquiera vale».

      • “sino en el mundo del intelecto”

        No hay parnaso ni caverna,….,
        ¿qué, quién, cómo y por qué?
        Como puede percibir en mi avatar, Diógenes un “tirado en la calle” presenta la refutación práctica a Platón de una definición. Este delincuente, por amor a la ciencia robó el gallo y lo desplumó preso de un éxtasis,…

        Vuelvo a reiterar, esa “cultura” solo parece existir en su cabeza. Quizá se refiera al “arte est-ético” (las formas elevadas del alma según Humboldt), pero el argumento es igualmente inválido. ¿Qué es el arte? ¿Un gallo desplumado o un bípedo implume?

        Sí, todos somos artistas, todos somos científicos, todos somos filósofos,…, un poco de historia muestra tal cosa. Otra cosa, pasados 5, 10, 50 o 1000 eso tenga utilidad en la “escatología humana” dominante en la época. Aunque a título individual, seguro algo positivo o negativo aportó en su momento.

        ¿Quién decide lo que es arte?

        ¿Es mejor un Mozart o un Beethoven que un grupo de segadoras cantando “Vou a ir as segas a Lugo” (ver Alan Lomax)?. ¿Por qué? ¿En base a qué? Esa selección de lo sublime (lo est-ético) es completamente arbitraria, principalmente fundada en formas de brutalidad.

        La base y principio de lo humano, en nuestra particular visión del mundo, la libertad forma parte esencial. En el tema del arte, no podía ser distinto,…, por lo cual cada cual haga lo que quiera sin forzar a los demás (por ejemplo a través de impuestos recaudados por el mercenario mayor, el Estado).

        ¿El número indica algo?¿Qué indica que tenga más predicamento?¿Indica algo más predicamento entre los expertos?

        La base como expuse, radica en la constitución material.
        Que hay mucha mierda por todos lados los sabemos. Pero esta situación no es nueva,…
        La degradación es previa, es cultural (del culto, del por qué); por lo cual, el proceso de señalamiento (“selección”) de los artistas (que procesa un arte, por ejemplo pescar, pintar, cantar,…, pensar) es distinto.

  3. No soy quién para juzgar a nadie en particular, no conozco la vida de cada individuo que deja aquí su comentarios. No obstante, a juzgar por la enjundia de algunos comentarios de «rabo_de_pasa», «Argantonio rey de Tartessos», «Catlo», «Henry Killer» y otros habituales comentaristas, me parece que son de los que se leen la mayoría de los artículos, no de los que pasan fugazmente por cada página sin profundizar en nada. Muchas gracias a todos por vuestro esfuerzo intelectual y el nivel de vuestros comentarios, que contribuyen a hacer de disidentia.com un lugar donde «pensar está de moda».

  4. Yo como analfabeto semi-ilustrado puedo permitirme el lujo de ser más optimista, aunque tengo que reconocer que internet me pone en ocasiones nervioso, sobre todo cuando busco algo que sé que existe pero se interponen en su camino miles de páginas escritas por idiotas sobre el mismo tema.

    Yo creo que habría que hacer un sub-internet para cultos, no es mi caso pero lo agradecería. Una censura de idioteces, creo que falta una enciclopedia de internet en la que especialistas de cada tema hagan de censores de la idiocia seleccionando los enlaces, aunque pensándolo mejor es posible que baste con una buena biblioteca en papel no demasiado voluminosa, cien o doscientos titulos bien elegidos son suficientes para curar a cualquiera.

    Hemos de tener en cuenta que la modernidad tiene como emblema en su blasón la lechuga verde y ecológica y que el lechugino transhumano dista poco de la verdulera tradicional.

  5. La verdad es que lo de la muerte térmica aplicado a la cultura es el horizonte que desea el dadaísmo de las izquierdas actuales. Ese concepto de la termodinámica es equiparable al concepto freudiano de la pulsión de muerte, esa atracción tan contemporánea hacia el no ser, que no es exactamente igual que la nada. El no ser es la alienación en forma de bulto o en forma de pila de energía para mantener el sistema tecnológico en un movimiento sin movimiento -«Matrix» describe bien esa situación-.

    Me parece un artículo muy recomendable pues apunta hacia algo que nadie quiere hacer que es una especie de historia de cómo Occidente ha ido reconociendo como avances civilizatorios cosas que, en realidad, nos están reusultando perjudiciales. Internet es un ejemplo. En principio es un invento magnífico para la cultura y el saber pero se está usando para la generalización de la estupidez. Resulta que la mayoría de los jóvenes no saben buscar nada en internet, se conforman con las basuras que les llegan de las redes sociales.

  6. Como siempre, excelente artículo del Sr. López Corredoira. Como dice Catlo la muerte térmica del Universo de la Cultura es una inquietante metáfora, pero creo que ya está aquí. Yo, muchas veces, en los medios generalístas, también leo mucho los comentarios de aquellas noticias que me interesa. Entre mucha basura, en ocasiones se encuentran auténticas perlas, mucho mejores que la «opinión» del supuesto periodista profesional (becario).

    El panorama que describe el artículo es claramente síntoma del final de una civilización. Cuando una cultura está muriendo no hay chispa (bien traído el ejemplo del Renacimiento), todo es adocenamiento y vulgaridad. El talento es una cosa muy escasa y estos tiemopos no invitan precisamente a desarrollarlo (salvo para hacer pasta). Lo fácil y cómodo es hacer lo que hace todo el mundo y el vocerío de las redes sociales. La cultura propiamente europea (y por extensión occidental) está en total decadencia, porque hay una carga antropológica en ella. Si los occidentales somos minoría en el mundo (que vamos a ello en poco tiempo), a los «otros» le interesará lo suyo, no los productos típicamente occidentales. Confucio le ganará la partida a Sócrates y el Corán a la Biblia, simplemente por pura demografía. Y encima, la cultura y la historia occidentales son atacadas sistemáticamente desde dentro por grupos y medios de comunicación (lo de Netflix, HBO y El País es de vergüenza). Parece que parece que están a sueldo de sus propios enemigos. La endofobia, la corrección política, la cobardía, el «qué dirán», la zona de confort, la ignorancia, las modas… todo ello van pudriendo el árbol, por lo que caerá más pronto que tarde.

    Y en ello va la conservación de todo el legado cultural de Occidente. Con los soportes actuales, no más de 100 años (200 para el papel). Muy bien traída esa aportación por el Sr. López Corredoira. Pero ahora no habrá copistas como en la Edad Media, sencillamente porque muy pocos considerarán ese legado de interés, al ser algo ajeno a la mayoría de los habitantes de este planeta. Nadie copió la literatura babilónica o egipcia en la Antigüedad, sencillamente desaparecieron y fueron rescatadas en el siglo XIX por cuatro locos y por una civilización (la occidental) que tenía interés en esas culturas. Pero dudo que ese proceso se repita con nosotros. A los nuevos señores de la tierra (algunos occidentales) no les interesa nuestra cultura, solo nuestra tecnología. Lo demás, incluyendo la democracia, les sobra.

    Internet no es malo, pero las redes sociales sí que lo son. Eso lo tengo clarísimo. Porque las redes son la entrada sin cortapisas de todo el mundo: desde la gente que te habla de la Atlántida, de los voceros de los gobiernos, de los lacayos de los «lobbies», de los conspiranoicos, de tipos que buscan su minuto de gloria y su «audiencia». Y la desinformación campa por sus respetos. Lo de Facebook, Twitter y YouTube es de traca. Hay cosas verdaderamente de enorme interés, pero lo que predomina y llega a las masas es la cacofonía.

    Voy a seguir leyendo a Quevedo (en papel). Saludos.

  7. Deprimente pero real perspectiva la que nos presenta, Don Martín

    Espero que los que aquí a veces comentamos, dentro de nuestras limitaciones, no seamos tan terriblemente vulgares como esa generalidad de comentaristas a los que usted se refiere.

    Porque francamante, muchas veces, cuando me paso por los medios generalistas; me voy básicamente a los comentarios. Dado el nivel/sesgo del «escribidor» habitual.

    Me sorprende, por otro lado, que el personal que entra a Disidentia sea tan incapaz de estar algo mas dos minutos en la página y leer no en diagonal lo que aquí se comenta.

    Respecto la muerte térmica del universo cultural.. me parece una extraordinaria metáfora. Por suerte Ilya Prigogine y sus estructuras disipativas nos dan una cierta esperanza de que en ese caos entrópico se puedan encontrar ciertos rescoldos de orden, lógica y belleza. Aunque no duren mucho.

    Un cordial saludo

Comments are closed.