La corrección política, con su identitarismo, su censura, sus códigos sobre lo que se puede decir y lo que no, sobre los términos obligados y prohibidos, provoca hartazgo e indignación en muchos norteamericanos al quebrantar la tradición de libre pensamiento que alumbraron los padres fundadores.
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Quizá haya que buscar aquí las causas de la fractura de la sociedad norteamericana, una sociedad que se divide entre quienes han decidido mantener esa tradición de libre pensamiento y entre quienes han decidido que hay que declararla proscrita para imponer la dictadura del bien.
De lo que no cabe duda es que lo que suceda en ese país tendrá consecuencias para todos.



















