Este texto se publicará, casi con seguridad, el mismo día que el Rey de España, Felipe VI, dirigirá un discurso clásico en el calendario político, con motivo de la celebración de la Pascua Militar. No me refiero a este discurso, que no puedo conocer a la hora de hilvanar estas líneas, sino al espléndido y comprometido contenido del que dirigió Felipe VI a todos los españoles, hace muy pocos días, con motivo de la Navidad. La libertad de pensamiento, que nunca hay que confundir con la obediencia a nadie como se hace en la mayoría de los discursos estereotipados que se oyen en el Parlamento, me autoriza a poner en relación este importante discurso del Rey con la estupenda noticia de que se ha creado un nuevo partido político que ha tenido el atrevimiento de bautizarse como “Izquierda española”.

Publicidad

El Rey habló de dos realidades, de la Constitución Española y de España misma que es la nación que le sirve de fundamento en su indisoluble unidad, de manera que como el Rey dijo con claridad meridiana, si no se respeta la primera se pone en peligro a España misma, su unidad, su paz, su prosperidad y las libertades políticas que las protegen y consolidan. Lo dijo, en primer lugar, porque es una verdad de categoría, es lo que los filósofos tienden a llamar un principio, aquella proposición que no se deriva de ninguna otra, en general por ser evidente, y de la que se pueden deducir muchas verdades que de ella dependen. Pero el Rey no es persona que se dedique a dar conferencias filosóficas, sino alguien que cumple su función de moderar la vida política señalándonos aquellas cosas que deberían de llamar nuestra atención, de las que debiéramos preocuparnos.

¿Cómo se puede admitir como normal que un asturiano o un extremeño tenga, y no solo en la práctica, menos oportunidades y derechos que un vasco o un catalán?

La Constitución, la igualdad entre los españoles y la unidad de la Nación están amenazadas y el Rey recuerda la importancia de todo ello, entre otras cosas para que quienes las amenazan, y lo hacen a cara descubierta, con cierta chulería en ocasiones, sepan que entre sus amenazas y los objetivos que persiguen hay un buen número de importantes obstáculos a los que no van a poder derrotar de ninguna manera. El que avisa no es traidor, es avisador, como decía el clásico.

La razón por la que el Rey ha de advertirnos de esos riesgos deriva esencialmente de que tanto el PSOE como su apéndice yolandista dan la sensación de que, en el momento presente, no cuentan con esos valores esenciales, que sí han sido parte de su legado histórico, un dato que hay que tener muy presente porque cabe sospechar que una buena parte de su electorado esté seriamente en desacuerdo con sus políticas que, además, se han revelado en toda su dimensión tras celebrarse las elecciones, nunca antes. La Constitución que el rey defiende y recuerda está dotada de una energía política que nadie puede poner debajo de un celemín, y menos que nadie la izquierda que siempre ha presumido de haber luchado porque se reconociesen esos derechos esenciales que ahora se ponen en entredicho.

 

Reivindicar el espíritu de la Constitución como una energía política indispensable coloca al rey en una posición muy clara que él ha subrayado al afirmar que lo hace porque expresa algo más que el fiel cumplimiento de un papel institucional, ya que responde también a una convicción personal del monarca que comparte una creencia básica de la mayoría de los españoles, más allá de los vaivenes de la política de unos y de otros. Ahora mismo, somos muchos los que pensamos que el compromiso de la izquierda en el poder con el valor moral de los principios constitucionales está en entredicho porque, como de tapadillo y con la excusa de hacer de la necesidad virtud, la izquierda que ahora tenemos ha vendido buena parte de su alma al mejor postor al someterse a exigencias de minorías territoriales muy egoístas e insolidarias.

¿Cómo se puede admitir como normal que un asturiano o un extremeño tenga, y no solo en la práctica, menos oportunidades y derechos que un vasco o un catalán? ¿Cómo se puede dar mejor trato fiscal a comunidades con una riqueza muy por encima de la media con el riesgo evidente de que las más pobres vayan cada vez a menos? ¿Cómo se puede defender los privilegios fiscales de los más ricos o perdonarles una deuda con el fisco común que han generado con pésima administración e invirtiendo nuestro dinero en iniciativas para separarse de España, para denigrar a los españoles? Pues eso lo está haciendo la izquierda en el poder al tratar de engañar a los electores haciéndoles creer que su pacto de investidura es un “pacto de progreso”.

Pues contra todo eso, y más cosas que se podrían enumerar con precisión, nace Izquierda Española una nueva fuerza política que ha nacido al calor de El Jacobino una web ya muy conocida para defender una izquierda que reconozca y respete la igualdad sin diferencias de nacionalidades o regiones y promover la unidad nacional de todos los españoles como un valor que es tan de izquierda como de derechas y que, en todo caso, es más de izquierdas que esa obsesión por defender los privilegios territoriales y fiscales de las regiones más prósperas. La izquierda instalada en sus poderes, abundantes y pingües en beneficios para los fieles a la causa, ha pretendido caracterizar a esta nueva iniciativa como una fuerza de la derecha, hasta el punto de que el diario Público la ha calificado como izquierda española y de las JONS, se ve que pica.

Solo el futuro nos dirá cuál es el papel que pueda desempeñar el nuevo partido, pero, para empezar, hay que alegrarse de que surjan voces de izquierda que no consentirán que los valores constitucionales queden únicamente en manos del Rey y que las derechas pretendan defenderlos en exclusiva. La Constitución es de todos y debe estar abierta a cambios que puedan adaptarla o mejorarla, pero eso afecta a su texto concreto, no a los valores que la han inspirado y que nos permitieron pasar de un régimen de partido único a un sistema abierto en el que la libertad política, la igualdad ante la ley y el pluralismo fueran valores inspiradores de cualquier política.

Las mayorías electorales cambian, cuando la oposición hace bien su trabajo, pero dentro de la izquierda era necesario que muchos alzasen la voz contra el escoramiento del PSOE hacia una posición meramente táctica, hacia una alianza a fondo con un sinfín de fuerzas minoritarias cuya adherencia consigue al margen de cualquier principio político de izquierda y únicamente por su empeño en mantenerse en el poder. Eso es ya de por sí grave, pero se hace más insostenible cuando esas fuerzas se muestran, como es el caso, absurdamente contrarias a la unidad nacional y a la igualdad jurídica de los españoles. Al querer un poder sin límites, el PSOE no solo devalúa y deforma la Constitución, sino que engaña a sus electores y eso es lo que pretende demostrar y corregir el nuevo partido que se va a llamar Izquierda Española: respetar la Constitución como forma de salvar a la izquierda.

Foto: Casa de América.

¿Por qué ser mecenas de Disidentia? 

En Disidentia, el mecenazgo tiene como finalidad hacer crecer este medio. El pequeño mecenas permite generar los contenidos en abierto de Disidentia.com (más de 2.000 hasta la fecha), que no encontrarás en ningún otro medio, y podcast exclusivos. En Disidentia queremos recuperar esa sociedad civil que los grupos de interés y los partidos han arrasado.

Ahora el mecenazgo de Disidentia es un 10% más económico si se hace anual.

Forma parte de nuestra comunidad. Con muy poco hacemos mucho. Muchas gracias.

Become a Patron!

Artículo anteriorEl vacío que deja la lenta muerte de la familia
Artículo siguienteUn duro e inevitable despertar
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web