En los últimos tiempos se han encendido las alarmas sobre el exceso de tiempo que dedicamos a las diferentes pantallas, en particular a Internet, los videojuegos y los dispositivos móviles. Alarmas de los padres, de las empresas, de los colegios, incluso una de las últimas campañas de la Dirección General de Tráfico, en España, lucía el eslogan “Al volante pasa del teléfono móvil.” Como es habitual en estos casos, los titulares y las portadas de los medios amplifican los temores.

El pánico moral es tan antiguo como la humanidad, es incierto y volátil. Se nutre del factor sorpresa y tiene la facultad de aparecer y desaparecer según se mueven las tendencias y las corrientes de opinión, cargadas de intereses opacos. Stanley Cohen y Stuart Hall proponen un análisis de este temor que genera una amenaza. Su análisis se aplicó a las prácticas y consumos de las subculturas juveniles en los años sesenta en Gran Bretaña para entender por qué emerge la percepción de riesgo, muy  presente siempre que nos acercamos al territorio de la tecnología y sus lugares virtuales.

El uso de teléfono móvil se incrementa significativamente a partir de los 10 años hasta alcanzar el 90,9% de los que han cumplido los 15

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística del último trimestre de 2017, el 78,7% de los hogares españoles tiene acceso a la Red, frente al 74,4% del año anterior. El uso de ordenador entre los menores es prácticamente universal (95,1%), mientras que el 93,6% utiliza Internet. El uso de teléfono móvil se incrementa significativamente a partir de los 10 años hasta alcanzar el 90,9% de los que han cumplido los 15. Son cifras que describen los consumos.

El “síndrome” de Internet

Enseguida llegan los “datos preocupantes.” Señala el presidente de la Asociación de Usuarios de Internet, que “el 33 de las consultas de pediatría tiene que ver con temas cibernéticos, con el uso del teléfono móvil”. En esta línea, la Estrategia Nacional de Adicciones  aprobada recientemente por el Consejo de Ministros en España, incluye  por primera vez las nuevas tecnologías, los juegos online y los videojuegos como adicciones sin sustancia.

El DSM-5, manual publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría, no incluye a Internet en su última versión la categoría llamada “trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos,” en la que sí se encuentran una serie de diagnósticos denominados “trastornos por consumo”, que sí incluyen tabaco, alcohol, estimulantes y otras sustancias. Hasta hoy, la única conducta relacionada con el uso de pantallas considerada como adicción es el juego patológico. Tampoco  la CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades), manual publicado por la OMS consideran entre sus diagnósticos la adicción a Internet.

Recuerden la larga lista de productos milagro que forman parte de la historia milenaria de la humanidad, desde la célebre piedra filosofal popularizada por Harry Potter que otorgaba la juventud y felicidad, hasta las cremas adelgazantes de la actualidad. La fórmula no falla, se crea la necesidad y  se ofrece la solución.

Primero inventan un síndrome, señalan unos indicadores que valoren el trastorno, y finalmente ofrecen una terapia que lo cure

Primero inventan un síndrome, señalan unos indicadores que valoren el trastorno, y finalmente ofrecen una terapia que lo cure. Una actividad fraudulenta, sencilla y frecuente en el ámbito de la salud. Ya  existen las primeras clínicas que ofrecen tratamiento para el supuesto síndrome que ha estado debidamente divulgado por famosas investigadoras como Kimberly Young. En España es fácil encontrar centros en las grandes ciudades que atienden estos supuestos trastornos, y en China proliferan los centros de rehabilitación para “adictos a Internet.”

También tenemos la  nomofobía, no-mobile-phone, sin telefonía móvil, que incluye la “adicción al teléfono móvil,” una alarma más que incita el pánico social que aparece crónicamente. En 1999 Henry Jenkins intentó convencer al Senado norteamericano de que los dos adolescentes que asesinaron a doce estudiantes y un maestro en Colorado, no habían actuado influidos por la televisión ni los juegos en línea. También de que el caso no formaba parte de una ola de violencia entre la juventud. Por lo que cuenta el propio Jenkins no sirvió para nada su intervención porque no lo creyeron, afortunadamente tuvo mucho más éxito la lista de correo que empezó a enviar a sus seguidores.

Admitir la adicción a internet y al teléfono móvil no tiene fundamentos clínicos, no es una certeza científica

Admitir la adicción a internet y al teléfono móvil no tiene fundamentos clínicos, no es una certeza científica. Tampoco sale gratis porque tienes sus consecuencias. Puede provocar debates legales como así ha ocurrido con adicciones confirmadas (tabaco, alcohol), o puede ser un atenuante para comportamientos delictivos. Imaginen ustedes que tras un vandalismo contra la seguridad pública, se decide eximir o atenuar la responsabilidad del acto porque el causante ha dedicado demasiado tiempo a Internet y las redes sociales.

El mal uso y el abuso

Es muy cómodo criminalizar unos usos desde la ignorancia. La búsqueda de chivos expiatorios funciona muy bien para ocultar las raíces de los problemas, y liberarse de responsabilidad. Toda familia tiene su “oveja negra”. Y toda sociedad asigna este rol a determinadas conductas. Unas veces es la policía por su actuación desmedida, otra los inmigrantes que provocan desorden social, o los jóvenes porque son jóvenes, atrevidos y diferentes. Antes de Internet, el peligro estaba en la televisión y los videojuegos.

El uso, el mal uso y abuso forman parte del consumo, de cualquier consumo, y no por eso se trata de un crimen

Por tanto, seguir con el tam-tam del pánico social y moral, sí que llena portadas y titulares pero también provoca importantes confusiones. El uso, el mal uso y abuso forman parte del consumo, de cualquier consumo, y no por eso se trata de un crimen. No olvidemos que cualquier adicción genera tolerancia, Internet provoca una fascinación inicial, como el piso y el coche nuevo,  también ocurre con cualquier tecnología, pero con el tiempo desaparece, es una fascinación que a partir del segundo año se reduce un 17%.

Por otro lado, el conjunto de prácticas que permite Internet admite diferentes formas, desde navegar en la búsqueda de información, hasta consultar las redes sociales o ver vídeos en alguna plataforma. Esta diversidad de usos abre un gran abanico de variables que dificulta un análisis objetivo y preciso de las intenciones y consecuencias de estos hábitos.

Ya no son TiCs sino TRICs

Las TIC son ya un término caduco, que no han sabido observar y escuchar lo que ocurre en el ocio digital, en las redes sociales, en los juegos online, en las plataformas colaborativas de entretenimiento y elearning. Diferentes investigadores proponen las TRIC  (Tecnologías de la Relación, Información y Comunicación), no con la intención de añadir una sigla más a las sopas de letras que ya tenemos, sino para nombrar lo que realmente ocurre. El discurso y modelo TIC siempre se centró en la tecnología, con las TRIC  la relevancia recae en lo humano y su potencial para las  relaciones (sociales y sinápticas).

Cuando se genera un miedo aparecen las paradojas. Sociales, porque se criminaliza unos abusos como la desconexión y el aislamiento que produce Internet cuando ocurre todo lo contrario, dado que es la oportunidad para una enorme actividad social desde el cotilleo, hasta el intercambio o la producción colaborativa. Escolares porque cuestionan el teléfono móvil en el aula, cuando el conflicto no está en el dispositivo, sino en el planteamiento que se hace de su uso.

Los padres se alarman ante la cantidad de horas que sus hijos pasan delante de las pantallas, pero les compran su primer teléfono móvil a los diez años o antes

Los padres, además de desorientados, que lo están, se alarman ante la cantidad de horas que sus hijos pasan delante de las pantallas, pero les compran su primer teléfono móvil a los diez años o antes, y apenas están con ellos cuando deben crear los buenos hábitos de consumo digital. Se preocupan mucho de lo que comen sus hijos, pero son inconscientes o se despreocupan de lo que sienten, piensan y respiran en la Red. Y los medios de comunicación, como siempre han hecho, lanzan escandalosos y frívolos titulares sobre las adicciones, y a su vez, critican la alarma social que ellos mismos han creado en la opinión pública.

Las tecnologías no son buenas ni malas, ni dependen solo de su uso. Estamos y somos en la (tecnología). Es un entorno y nuestra manera de pensar, sentir y convivir forma parte de este entorno. Es cierto que la crítica ha precisado siempre distancia, ocurre cuando leemos un libro, vemos una serie, o estamos en el cine. Siempre hubo una distancia mínima entre mirada y espectáculo. Hoy, en este entorno, la distancia ha desaparecido, son necesarios otros indicadores y otros parámetros que propongan otros modelos de análisis donde la inmersión, simulación, interactividad faciliten la mirada crítica.


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8 COMENTARIOS

  1. “Las tecnologías no son buenas ni malas”: error grave; las tecnologías son buenas e, Internet, una maravilla, que permite el acceso a información, conocimiento, arte y contenidos culturales de forma ilimitada, y eso es inmejorable, como lo es la capacidad de inter-relación a nivel mundial que permite y de esa comunicación surge el desarrollo, el avance, el conocimiento, el acicate para la creatividad.

    Sin darse cuenta, una gran cantidad de personas, que se consideran liberales lo similar, abrazan los peregrinos supuestos del marxismo cultural, creado por la nefasta Escuela de Frankfurt, sin darse cuenta, como la demonización de los miembros de ésta de la tecnología; no es extraño, el hombre es débil y la peregrina y letal teoría, la nefasta teoría crítica, es promovida y publicitada desde todos los medios y recursos, inmensos, del Establishment.

    Hay que tener un enorme cuidado para no convertirse en propagandista involuntario de lo políticamente correcto.

    • Por supuesto que el viejo debate que ya apunto Eco sobre apocalípticos e integrados, ahora aplicado a las TIC, está superado. No hablo de buenos y malos usos. Entiendo que Internet es bastante más que un medio, o metamedio, y por supuesto herramienta. Es un entorno, en el que estamos inmersos, en el que pensamos, sentimos y convivimos. Esta perspectiva es la que nos puede facilitar el análisis y la valoración de nuestro humanismo en esta segunda década del siglo XXI.

  2. Siempre pensé y lo escribí en otro digital, cuando era la “voz del pueblo”, que si internet rebasaba la “frontera” de lo que consideran irrelevante, tomarían medidas “por nuestro bien”. Como lo hace el gobierno comunist6o-capitalista chino.

  3. Como todo en la vida las tecnologías y su uso necesitan un equilibrio. EL justo medio.

    Sí creo que internet puede ser un ladrón de tiempo y hay que ser consciente de ello, entramos a leer una cosa o a buscar algo concreto y de golpe y porrazo te ves abriendo enlaces que poco tienen que ver con el objetivo inicial y sin darte cuenta llevas más de una hora conectado perdiendo el tiempo. Hay que ser muy consciente de ello sino las horas te pasan sin hacer nada.

    Por ello también pienso que los padres tienen que poner unas normas en cuanto al tiempo y el uso de la pantalla o al menos dejar muy claro que hay vida fuera de ella y que una tiene que ser compatible con la otra. A un niño por si sólo le cuesta marcarse un uso correcto, pero pasa lo mismo con la televisión o con cualquier cosa que requiera un mínimo esfuerzo y encima te evades con ella.

    • En “The Digital Diet” Daniel Sieberg describe el fenómeno de lo que él denomina “obesidad digital”. Previamente se empezó a utilizar el término de dieta digital. La analogía con la alimentación es bastante afortunada. Los padres se preocupan mucho del yogurt caducado, pero poco de los contenidos con que interaccionan sus hijos en las pantallas. Son muy pocos los padres que marcan un horario y una dosificación de los consumos cuando son pequeños, luego ya es tarde.

  4. Curiosamente de la adicción a la TV nunca los politicastros han dicho nada porque de una forma u otra han controlado la información, pero con el Internet la cosa cambia ya que quien decide lo que quiere ver es el usuario y no ellos.

    El gobierno del PP ya está enfilando la artillería para crear regulaciones relacionadas con la “adicción” a internet usando como coartada la protección de los menores, lo cual llega justamente luego de que iniciaran la ofensiva contra las “Fake News”. ¿Casualidad? lo dudo…

    https://elpais.com/tecnologia/2018/02/09/actualidad/1518186958_604103.html

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