Entre abril y mayo de 1520, varias de las comunidades de ciudad (o villa) y tierra de Castilla se levantaron contra los gobernantes dejados por Carlos I, quienes habían de administrar el reino mientras él viajaba a reclamar el trono imperial, y dado que su madre Juana, reina titular de Castilla, estaba retirada en Tordesillas y no ejercía su poder.

Comenzaba así la llamada Revuelta de los comuneros.

Entre agosto y diciembre de 1520, los comuneros lograron controlar Tordesillas, donde mantuvieron una serie de entrevistas con la reina Juana, a quien invitaron a tomar la corona directamente, sin el intermedio de su hijo Carlos. Juana se negó, demostrando una habilidad política poco esperable de alguien que pasaría a la historia por su “locura”.

Los comuneros fueron derrotados el 23 de abril de 1521 en la batalla de Villalar. La ciudad de Toledo aún resistió a las tropas de Carlos, ya nombrado emperador, hasta febrero de 1522.

Pese a la derrota, los comuneros lograron un singular reconocimiento de la reina Juana.

Dado que su hijo Carlos era a la vez emperador por título propio, pero rey de Castilla bajo la titularidad de su madre Juana, esta doble posición, que Carlos estaba por encima de Juana como emperador y por debajo como rey, debía aparecer en todos los documentos que la Chancillería castellana emitiese a partir de ese momento.

No nos interesa saber cómo entendían las construcciones políticas los habitantes de la península Ibérica de tiempos pasados. Vale más imponer un discurso contemporáneo en la historia que respetar esa historia

El resultado es un encabezado, en los documentos oficiales, similares al que señalo a continuación, este fechado en Madrid el 1 de julio de 1540 (ojo, no porque Madrid fuera la capital del reino, sino porque la corte itineraba y en esos momentos estaba en Madrid).

“Don Carlos por la divina clemençia, enperador Senper Augusto, Rey de Alemania doña Juana, su madre y el mismo don Carlos por la misma graçia, Reyes de Castilla, de Leon, de Aragon, de las dos Sicilias, de Jerusalen, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Cordoba, de Corcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarves, de Algecira, de Gibraltar, de las islas de Canaria, de las Indias yslas e tierra firme del Mar Océano, Condes de Barcelona, Señores de Biscaya y de Molina, Duques de Atenas y de Neopatria, Condes de Flandes e de Tirol, etçetera.”

En el listado de las posesiones que gobernaban Carlos, como emperador, y Juana y Carlos como reyes, podrá observarse la ausencia de dos términos de gran actualidad en el siglo XXI: España y Cataluña.

Su ausencia es normal pues estamos en la primera mitad del siglo XVI y para ese entonces, tanto España como Cataluña son conceptos geográficos, no políticos. Esa carga política habría de llegar mucho tiempo después.

Para entender esa diferencia entre un uso geográfico y uno político, pensemos, por ejemplo, en los Balcanes. Cuando utilizamos ese término podemos estar refiriéndonos a la cordillera ubicada en el sureste de Europa, pero también al conjunto de países que están en esta zona del continente. No hay ningún estado que se llama Balcanes en sí. Pero sí existen numerosos textos que hablan de países balcánicos, reyes balcánicos o ejércitos balcánicos. Si, por ejemplo, en el siglo XXII los países de esta región se reunieran en un estado único llamado Balcanes, podrían hacer remontar su historia a muchos siglos atrás, pues desde hace muchos siglos atrás existe el término Balcanes que hace referencia a un conjunto de países, como espacio geográfico e, incluso, como área cultural, pero no como un estado consolidado. Obviamente, a un nacionalista del siglo XXII, este matiz, fundamental, entre lo geográfico, lo cultural y lo político, no le importaría mucho.

Un fenómeno similar, pero más avanzado, se está dando con el término Europa. Empleado desde hace siglos, desde el punto de vista geográfico, para referirse al continente noroccidental del Viejo Mundo, tras la Segunda Guerra Mundial, con el progresivo desarrollo de la unidad europea (primero la CECA, luego la CEE y ahora la Unión Europea), el término Europa va asumiendo un carácter político evidente, con la salvedad de que la Europa política, la Unión Europea, no incluye, de momento, a todos los territorios europeos. Quedarían fuera, entre otros, países como Suiza o buena parte de Rusia, países que han sido claves para entender la historia europea desde hace ya varios siglos.

Esto quiere decir que podríamos llegar al siglo XXII y que Europa fuera ya un país consolidado con algunos estados de ese antiguo término geográfico excluido.

Esta es la situación que, por ejemplo, tenemos con España. La vieja Hispania romana, que era sinónimo de la Iberia prerromana (en definitiva, de la península Ibérica), englobaba a los actuales países de Portugal, España y Andorra, aunque el término España ahora sólo se utiliza para una sola parte de la Hispania romana.

Es más, si la comunidad autónoma de Cataluña lograr su independencia, tendríamos el singular hecho de que lo que era la marca hispánica carolingia, que englobaba buena parte de Cataluña, lo que en el siglo IX era lo más español de todo, pues casi todo el resto de la península Ibérica era al-Andalus, dejaría de serlo en el siglo XXI.

En ese siglo XVI de los reyes Juana y Carlos, el término España, o Españas, o reinos de España, era un claro concepto geográfico y plural. Había varias Españas. Pero, al mismo tiempo, los españoles, los habitantes de la península Ibérica (ya fueran portugueses, castellanos, navarros o aragoneses), tenían ciertos rasgos culturales en común, que los distinguían del resto de europeos.

De ahí que cuando se referían a sí mismos fuera de la península Ibérica (cuando viajaban por el resto de Europa o por América) hablaran de españoles, aunque cuando tenían que especificar ciertas cuestiones políticas, no culturales o geográficas, utilizaban el término preciso. Los americanos que traían sus pleitos a Europa no iban a la corte de España, sino a la de Castilla. Ahí, marcaban claramente a que realidad política, que no cultural, se referían.

El caso de Cataluña sería similar. Para el siglo XVI aún es un concepto geográfico, pero no político. De ahí que entre los títulos, aparezca el de conde de Barcelona, pero ningún otro abarcando un área mayor del noreste de la península Ibérica, la actual Cataluña, dentro de la corona de Aragón.

Como en el caso de España, el término de Cataluña tiene una larga historia, aunque no tanto como el de Hispania-España. Cataluña aparece para finales del siglo XII-principios del siglo XIII, para englobar los condados de la Marca Hispánica. De nuevo, como categoría geográfica: el territorio de la Marca que no había caída en manos ni de los reyes de Aragón, ni de los de Navarra.

Para aquellos habitantes de la península Ibérica que vivían en el siglo XVI, parecía claro que ninguno de ellos vivía en un reino, principado, o cualquier otra forma política que se llamara España o Cataluña, empezando por los propios reyes, como muestran en el encabezado que he incluido en este artículo. Esa constante se mantendría durante los siglos XVII y XVIII, aunque en este último ya podemos hallar documentos oficiales donde se habla del España (y las Indias), sobre todo a partir de Carlos III.

Hoy no importa. No nos interesa saber cómo entendían las construcciones políticas los habitantes de la península Ibérica de tiempos pasados. Vale más imponer un discurso contemporáneo en la historia que respetar esa historia. Si la Unión Europea termina por constituirse en una realidad política única, dentro de unas décadas, el resultado será parecido. Los adalides del nacionalismo europeo podrán reclamar la Europa política desde hace siglos. Pero, de nuevo, qué importa lo que ocurriera en la historia cuando es tan sencilla reescribirla.


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Alberto Garín
Soy segoviano de Madrid y guatemalteco de adopción. Me formé como arqueólogo, es decir, historiador, en París, y luego hice un doctorado en arquitectura. He trabajado en lugares exóticos como el Sultanato de Omán, Yemen, Jerusalén, Castilla-La Mancha y el Kurdistán iraquí. Desde hace más de veinte años colaboro con la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, donde dirijo el programa de Doctorado.

19 COMENTARIOS

  1. Que los reyes de España desde el siglo XVI hasta el XVIII se autotitulasen en los documentos oficiales como Reyes de Castilla, Aragón, Navarra, de las Indias Occidentales, reyes de Jerusalén, Condes de Barcelona, de Neopatria etc, no supone por si solo que no existiese una comunidad política llamada España que excedía en mucho a una mera realidad geográfica…y que era incluso diferente a la suma de los títulos de los Reyes. Carlos V podía ser Duque de Atenas por su herencia aragonesa, pero Atenas no formaba parte de la comunidad política llamada España. En la amable respuesta a mi comentario dice el articulista que saltó con facilidad del siglo XVI a 1808. Bueno, no es así, le cito dos obras del siglo XVII y a Jovellanos, ilustrado del XVIII. Pero volviendo al siglo XVI hay varios hechos que acreditan que España era una comunidad política por mucho que sus reyes no se nombren en los documentos oficiales como reyes de España:
    1. La percepción de los extranjeros de que España era una realidad política y cultural. Para los extranjeros, europeos y turcos, existía en el finisterre una potencia política única que actuaba según sus propios intereses políticos.
    2. Y esto era así porque esa comunidad política, fruto de la unión de las Coronas de Castilla y Aragón, tenía una política exterior única, heredada de la política aragonesa: hegemonia en el Mediterráneo aislando a Francia. El descubrimiento de América fue una sorpresa no buscada pero no alteró en lo sustancial está política exterior europea.
    3. Existencia de instituciones únicas para toda la nación: diplomacia, ejército (es un ejército formado por castellanos el que pelea en Italia contra los franceses en defensa de intereses aragoneses), un embrión de policia como fue la Santa Hermandad, y sobre todo la Inquisición.
    4. Por último y por no extenderme más existencia de una conciencia colectiva de pertenencia a una comunidad política. Esa conciencia esta acreditada por innumerables fuentes desde el siglo XVI hasta el XIX. Y esa conciencia es la que hace posible el alzamiento contra los franceses.

    • Suscribo su comentario, Brigante. Lo cierto es que veo el tema con los mismos ojos y de la misma forma. Saludos,

    • No soy muy conocedor, como verán, de tan altos mimbres nacionalistas pero siempre me surge una duda al respecto; siendo España, reino e imperio, comunidad política concreta e indisoluble, ¿los nacidos allá en ultramar eran españoles? ¿Y si lo eran, por qué ahora no lo son?
      En otros aspectos planteados, como el de que luchar por intereses aragoneses con ejercito castellano supone una unidad política, es un poco contradictorio pues usted señala diferencias de intereses al plantearlo. Si fuese unitario, no debiera haberlos, se lucharía, digo yo, por intereses españoles.
      Bajo mi punto de vista, los criterios expuestos por el articulista y por usted, Brigante, no son necesariamente excluyentes. Ahora bien, la necesidad de determinar el purismo, razón y verdad de alguno de ellos sí podría requerir de la exclusión. No sé si el concepto de nación requiere de exclusiones, pero si parece que el de nacionalismo es indisoluble de ellas.
      Las naciones y el colonialismo dan para muchos análisis razonados y para mucha sensibilidad herida. Son sustancialmente contradictorios y paradójicos, y cabe defenderlos hasta un punto, a partir del cual, se han perdido los papeles que una ética humanistica y contemporánea destila.

  2. “… en la primera mitad del siglo XVI y para ese entonces, tanto España como Cataluña son conceptos geográficos, no políticos. Esa carga política habría de llegar mucho tiempo después”.

    Lamento discrepar de su titular y también de su reflexión sobre lo que fue, no fue o dejo de ser. En principio me parece un despropósito equiparar los “conceptos” de “España y Cataluña” o ponerlo al mismo nivel de comparación, cuando más allá del concepto geográfico o del término que las define, usted las representa como dos realidades que discurrieran por vías paralelas y comparables en su dimensión histórica, política y cultural.
    Además lo hace aportando como prueba del “delito” ese texto manuscrito e ignorando en su comparación que, pese a la falta de acuerdo que pueda haber entre los distintos historiadores para fijar una fecha concreta del nacimiento de “España” tal como la conocemos, la unión de los dos reinos de Castilla y Aragón a través de la alianza de Isabel y Fernando en 1479, es la fecha más probable que genera más consensos. La vinculación de los dos grandes reinos hispanos inaguró una época totalmente nueva y distinta a la que había dominado hasta el momento.

    En principio, España surge como reino y estado político y en poco tiempo se transforma en una gran imperio. Desde el siglo XVI hasta la actualidad, España ha sido gobernada por dos grandes dinastías extranjeras: las casa de los Hasburgo o de los Austrias y la de los Borbones.
    Digamos que España fue el resultado de la unión de dos reinos con una larga historia de siglos: Castilla y Aragón (Cataluña pertenecía geográfica y politicamente a este último). Cada uno de ellos, unido bajo la misma corona, seguía teniendo sus leyes y organismos. Pero es que mucho antes de ese vínculo, a partir del cual empezó a transformarse todo, España se había estado gestando en un conflicto de varios siglos conocido como “la Reconquista” (que apuntaba un comentarista) y que tuvo grandes implicaciones religiosas.
    Castilla creó en pocos años un gran imperio de ultramar en América y en otras tierras del Pacífico, proyectándose hacia el exterior en un sentido político y también religiosos. De forma similar, se constata históricamente la expansión de Aragón hacia el Mediterráneo e Italia.
    Recordar que entre 1479 y el 1575 España no solo descubrió y conquistó América, también dominó sobre Europa y cosechó grandes victorias de los ejercitos españoles contra los turcos.
    Recordar que el siglo XVI coincide con la época de mayor despegue político, económico, militar y religioso de España durante los reinados de los Reyes Católicos y Carlos V.

    Pero sí que hay que recordar que nuestro Estado-Nación a lo largo de su dilatada historia ha conocido la ruina económica, la mal fortuna y también ha estado gobernado por reyes y autoridades más mediocres que nos arrastraron a guerras civiles y a continuos cambios de régimen o de constitución. Por ello, no es extraño que en la actualidad, los amagos secesionistas vascos y catalanes que nos acechan, confirmen esa estela de fatalidad y de mala fortuna que ha rodeado siempre a nuesto Estado-Nación.

    • Estimada Silvia: Agradezco que haya leído mi artículo y me haga llegar sus observaciones. Sin embargo, no comparo los términos España y Cataluña como entidades semejantes en su dimensión histórica, me limito a hacer constatar que en las fuentes históricas del siglo XVI, España es un concepto geográfico y que es hoy cuando le damos una carga de simbología política a ese concepto geográfico del XVI, como, por ejemplo, ha expresado usted en su comentario.

      • Agradezco su oportuna intervención y celebro que su propósito no fuera la de comparar los términos España y Cataluña como entidades semejantes en su dimensión histórica, geográfica, política y cultural, Alberto. Porque es evidente que no lo son, aunque crea que los argumentos expuestos se prestan a confusión en este sentido. Le confieso que leí su artículo en un par de ocasiones para comprender mejor la idea que quería transmitir y creo que al aludir los términos significantes que designan a “España” y “Cataluña” (continente) contribuye sin querer a vaciar de significado (contenido) lo que cada una ha representado realmente en la historia de lo que hoy conocemos como Europa y del mundo. Igual yo tampoco me he explicado bien en mi comentario pero creo que limtar la referencia conceptual de España en el siglo XVI a un “uso geográfico y no político”, cuando precisamente en el siglo XVI es cuando se produce y se constanta ese despegue político, militar, económico y religioso, es una forma de negar o poner en duda que llegásemos a ser un estado político, a convertirnos en un verdadero imperio y también ha actuar en base a esas consideraciones conceptuales compartidas en aquella época y que determinan que fuera de nuestras fronteras geográficas, entonces, y más allá de ellas, nos reconocían como estado político y después como un imperio. Un cordial saludo,

  3. Nación: étnica, cultural, lingüística, histórica, política, estatal. Cada adjetivo define un atributo.

    Primero, una Nación no «es», está.

    Está en la Historia, es decir, no es esencia sino pura transitoriaedad, fugacidad del momento.

    Si llega a ser Sujeto, se convierte en Potencia.

    Ahora bien, la «subjetividad» de una Nación que adviene a la potencia en la Historia se llama «Estado». Hegel llevaba, lleva y llevará siempre razón en sus propios términos.

    Ahora bien, la mera existencia de un Estado no crea una Nación en ningún sentido. Pero para que una Nación sea potencia en la Historia es condición necesaria un Estado.

    España fue Nación cultural e histórica, mucho antes de serlo política. Pero la evolución se cortó ahí: no llegó a constituirse en Nación estatal.

    El problema de fondo del Régimen del 78 se sitúa ahí: después de la primera creación del Estado nacional gracias a la ingente obra personal de Franco, el vencedor en una lucha por definir la Nación política y su Estado, la criminal oligarquía de partidos que le sucedió ha despedazado el cuerpo material y simbólico que podría haber dado lugar a una verdadera Nación estatal.

    Sólo una democracia formal verdadera podría haber creado «ex novo» y en sentido fundacional una Nación estatal unida en torno a una nueva Constitución política a través de la cual la Nación política obtuviera la libertad de acción frente al Estado.

    La dialéctica franquismo/antifranquismo, derecha/izquierda de que se alimenta esta abyección cotidiana en que vivimos una falsa experiencia de libertad ocultan en la conciencia pública dominante la única cuestión política real.

    Pero ya es demasiado tarde, porque el conflicto civil que se avecina girará justamente sobre el fracaso del Régimen del 78 en este planteamiento: no sólo no se creó un sistema democrático sino que en el nombre de su impostura se destruyó a la Nación política privándola incluso de su Estado.

    Ustedes, cada vez que votan, deciden ciegamente eso y nada más que eso y ni siquiera se dan cuenta de ello.

    • Yo siempre creí que las naciones se decidían con una guerra, pero a lo mejor los españoles piensan que se la pueden saltar con una constitución.
      Ya lo dijo Goya, “el sueño de la razón produce monstruos”
      Yo no quería morirme sin vivir una guerra, me va a pillar demasiado mayor, pero siempre será mejor morir como un valiente a que te “eutanasien” en el crucero Open Deaht.

  4. Nación política, hay una, la que surge de la “Polietia” (Constitución no formal, la cual puede inducir la formal). También está la Nación de estilo liberal, es decir la “nación política” (Nación). Un espíritu pagano que se manifiesta/suplica/aconseja cada tantos años a la aristocracia del dominio político (electos, ver Montesquieu). La historia de los reyes, enlaza con “nacer bajo” no “nacer en (nación)”; bajo DOMINIO político.
    De ello, los “nacidos bajo” son súbditos (y propiedad) del propietario del título.

    Se suele oscilar entre una y otra forma, entre libertad y servidumbre. Incluso una puede contener otra, el cual es el caso de “Ispaniae” con sus diferentes territorios y diferentes periodos de libertad y servidumbre.

    Como –dominio político– territorial, España no existe hasta la secesión (de la Corona) de los territorios de América bajo la ayuda de las Revoluciones Liberales francesas y su engendro (Napoleón).
    Se debe recordar, el dominio político (la España jurídica) era pro-franceses. Sin embargo, la nación política pensaba cosas diferentes a sus élites, de ello, el levantamiento en armas –independiente en cada territorio–, cada cual con su junta general aislada.
    Acto seguido, optó por seguir bajo dominio político servil, famosa es la frase “¡Vivan las cadenas!”. No obstante los liberales (curas y militares) anteriores tampoco eran muy “partidarios de la libertad” (el concepto de liberal) que digamos.

    Hoy día, seguimos bajo un dominio político, y suicida, pretenden ampliar ese domino político a todo el globo. Por lo cual, los “cosmos-polites” tan humanitarios, tienen dificultades para ver las fronteras, salvo y selectivamente para aquello que los beneficia en primera persona. Es decir quitar beneficio del dominio político. Para todo lo demás, ciudadanos del mundo…, sociedad abierta y toda esa cantinela.

    Se parece bastante a una re-feu-dalización,…, cuyos reyes, las ideologías.

  5. El artículo da vueltas sobre la dualidad del antiguo regimen entre unidades políticas (condados, marquesados, ducados, principados y reinos) y los criterios geográficos.
    Se olvida de los gentilicios y de ahi se infiere etnia u origen.
    Deutschland significa tierra de deutsch (en realidad las tribus germánicas llamadas deutsch eran muchas: francos, burgundios, sajones, ….) y sólo hasta el siglo xix no se unifica alemania con Bismarck.
    El criterio de unificación fue la costumbre y la lengua. De ahi el termino aleman Deutscheleute: la gente alemana.
    En Italia hasta Garibaldi la separación fue muchisimo mas intensa, incorporandose entonces los restos de las monarquias españolas (Aragon y luego Borbónica) e incluyendo en la actualidad incluso zonas de la Deutscheleute, como el SüdTirol donde todavía se habla principalmente alemán.
    Francia es ya un paradigma de inserción: al Reino Franco original se le une primero el Sur arrancado de la influencia de Aragón y luego territorios del Este de influencia alemana, Corcega….

    Todos han salido del mismo origen.
    La verdad es que España no es nada especial

    • Estimado Tayllerand:
      Los gentilicios son una de las categorías con mayor carga geográfica que podamos encontrar, reconvertida en política en los tiempos contemporáneos. En el propio artículo lo explico al mostrar como en el siglo XVI el término español era equivalente a habitante de la Península Ibérica. Obviamente, esa concreción geográfica podía tener ciertos caracteres culturales peculiares, algo que también señalo en mi texto. Lo que no había era la construcción política actual. No es mi opinión. Es lo que dicen las fuentes históricas.

  6. Buenos días D. Alberto,

    España se configura como nación política en tiempos de Leovigildo (completando el proceso con Recaredo), el reino hispano-godo pasa de un estado bárbaro a un estado “moderno”, se unifican las leyes para todos los habitantes, godos y no godos, y se acerca el arrianismo al catolicismo para superar la división religiosa. En esta época por tanto ya existe España no sólo como concepto geográfico, sino como entidad política independiente.

    Si negamos esta idea clave estaríamos negando también la idea de Reconquista, puesto que no se puede reconquistar lo que previamente no existe. La Reconquista pudo existir por la idea de la recuperación del antiguo reino de Toledo previo a la invasión islámica, y porque esa idea se logró imponer a las tensiones disgregadoras de los reinos que fueron surgiendo durante el proceso.

    Después de esto viene todo lo demás, incluida Cataluña, que obviamente tiene un desarrollo totalmente distinto al de España.

    Un saludo.

    • Estimado druizgar:
      Gracias por leer mi artículo, pero en relación a sus comentarios quisiera señalarle que no soy yo quien niega la existencia de España como entidad política en el siglo XVI. Son los documentos del siglo XVI quienes lo niegan.

  7. Si entendemos a la Nación como Estado Nacional surgido de la Revolución evidentemente España no era una Nación en el siglo XVI. Ahora bien si entendemos a la Nación como comunidad política, España era una Nación en el siglo XVI (y por ser una Nación pudo alzarse contra el invasor francés en 1808, no solo en defensa de su tierra, sino también de sus reyes, tradiciones, religión y costitución política, de acuerdo con Jovellanos). España era mucho más que una mera referncia geográfica en el siglo XVI y los terstimonios escritos de la época son abundantes. Los extranjeros nos veían como una unidad política, Colón el primero. Para un francés Carlos I era además de Emperador, Rey de España, lo que es una designación política no meramente geográfica. Pero no solo los extranjeros, sino los propios españoles que contaban desde antiguo con sus propios mitos fundacionales. Por ejemplo los Reyes de Asturias muy pronto se declararon herederos del Reino Visigodo, unidad política no geográfica, y adoptaron como proyecto la recuperación de la “España perdida” que no es meramente la reconquista de un territorio, sino la recuperación de una España cristiana y unida perdida por la invasión musulmana que creo en el espacio geográfico de la antigua Hispania romana y crisitiana, una comunidad política diferente. Cortés, que es probablemente el más grande español que haya existido, era una genio de la política y llamó al país que estaba creando, Nueva España. Quevedo publicó una “España defendida”, donde defiende a España como proyecto político no como un conjunto de tierras, rios y bosques. En fin para terminar vale la pena recordar que un valenciano del siglo XVII, Francisco de Moncada, al comparar la gesta de la “quema de las naves” de los almogávares catalanes y aragoneses para emprender la “venganza catalana” con la “quema de las naves” de Cortes y sus castellanos para lanzarse a la conquista de Méjico, y no encontrando por cual decantarse como hecho más glorioso, concluye que “españoles eran todos sea común la gloria”….la gloria no se aplica a la geografia.

    • Estimado Brigante: Agradezco los datos que aporta en su comentario, aunque le hago ver que salta con facilidad del siglo XVI a 1808, algo que no favorece el análisis de lo que explicaba en mi artículo. Ahí citaba un documento original (podría citar unos cuantos cientos más) donde al referirse a los gobernantes de la mayor parte de los territorios de la Península Ibérica, no se refieren a ellos como Reyes de España. En realidad, para encontrar un documento oficial (quiero enfatizar lo de oficial, otra cosa son las querencias de cada cual a modo individual) donde se titule al monarca como Rey de España, hay que esperar a mediados del siglo XVIII (por tanto, 50 años antes de 1808). Es decir, en los documentos oficiales del siglo XVI, España no existía como realidad política, pero sí como espacio geográfico y cultural, semejante a la Europa contemporánea (no es aún un país, pero si un lugar común para parte de los europeos).

  8. Y el último comentario es una pregunta para eruditos irresponsables, ¿ Me pueden decir una sola nación que se haya decidido o independizado sin una guerra anterior o posterior a su independencia o decisión?

    Yo no conozco ninguna, y todas las naciones que han sido decididas tuvieron, y algunas aún tienen, conflictos mucho más graves que el insignificante conflicto catalán exageradamente publicitado.

  9. La independencia de Cataluña supondría la destrucción de España como nación, la debilidad tanto de Cataluña como del resto de España, probablemente, a corto plazo, un conflicto civil por las tensiones que produciría la avaricia catalana y la imposición de normas contrarias a la cultura española dominante en Cataluña.

  10. Si no es con mi dinero pueden irse cuando quieran, pero no quiero ver un producto catalán o empresa catalana en mi región si no está radicada fiscalmente, y por supuesto que se ponga una frontera, aranceles y visados. Y aún más importante, que cualquier periodista catalán tenga expresamente prohibido ejercer en medios españoles.
    Si es así, se pueden ir cuando quieran.
    Ah, se me olvidaba, no quiero ver en mi región una oficina de La Caixa, más que nada para evitar ofensas peligrosas.

  11. Lista de los Reyes Godos: Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodorico I, Turismundo, Teodorico II, Eurico, Alarico II, Gesaleico, Teodorico III, Amalarico, Teudis, Teudiselo, Ágila, Atanagildo, Liuva I, LEOVIGILDO, RECAREDO, Liuva II, Witerico, Gundermaro, Sisebuto, Recaredo II, Suintila, Sisenando, Khintila, Tulga, Chindasvinto, Recesvinto, Wamba, Ervigio, Égica, Witiza, Ágila II y Rodrigo.

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