Es un restaurante de comida rápida. En una mesa, dos chicos, cuya edad no alcanza los 20 años, conversan animadamente. “Ayer, saliendo del Metro, justo delante de mí había un chica increíblemente guapa”, dice uno de los dos. “Ya en la calle”, prosigue, “cuando caminaba detrás de ella, me dio por pensar que podría parecer que la estaba siguiendo. Así que crucé la calle para cambiar de lado. Te parecerá una bobada, pero me agobié. Me produjo angustia caminar detrás de ella”. Su amigo no se lo tomó a broma: “No es ninguna bobada. Nos están volviendo paranoicos a todos”, sentenció.

Es sólo una anécdota. Pero lo cierto es que proliferan los mensajes feministas que inciden en que todos los hombres son violadores potenciales. El más reciente con el que me he topado utiliza el mediático caso de “la manada” para afirmar lo siguiente: “No son solo cinco violadores los que andan sueltos. Estamos rodeadas de ellos. Están en casa, en las aulas, sentados en el autobús, en las cenas de empresa, recitando poemas sobre una tarima. Están en todos los putos sitios”. Así es comprensible que los jóvenes desarrollen un miedo cerval a parecer sospechosos.

Con anterioridad ya había escuchado a universitarios lamentarse de que el campus de su universidad estaba siendo tomado por grupos feministas. Estos grupos impartían talleres y se instalaban en cualquier parte, a su antojo, estableciendo sus perímetros de manera arbitraria, como si el campus fuera suyo. Pegaban carteles informativos en árboles, farolas, paredes: por todas partes. Y al pie de estos carteles advertían de que el acceso a sus talleres estaba prohibido a los chicos. La excusa: eran “espacios seguros”.

Cuando los universitarios cuentan cómo les afecta este feminismo, lo hacen sin mostrar indignación. En sus palabras sólo hay resignación. Lo mejor es no significarse, dicen, porque de lo contrario tendrás problemas. Y no sólo con las feministas; también con los profesores. De hecho, cada vez más cursos de verano, que son impartidos por estos mismos profesores, tienen como objeto “formar en perspectiva de género”.

No se está mejorando la situación general de las mujeres. Lo que se está produciendo es una grotesca segregación de sexos

Incluso en ciencias puras abundan los cursos fuera de programa con títulos tan sugerentes como “Las mujeres en la innovación en salud, ciencia y tecnología” o “Violencias de género: nuevos y viejos escenarios”. Enunciados que se entremezclan con otros igualmente alejados de las ciencias puras, como “El estado de bienestar frente a la creciente desigualdad”, “Desafíos actuales de la España social” o “Acoso escolar, discapacidad y otras diversidades: realidades, prevención e intervención”. Lo extraño es encontrar algún curso que imparta conocimientos verdaderamente científicos.

Reformar las mentes

Es evidente que los ambientes académicos son entornos estratégicos para, como diría cierta ministra, “reformar las mentes”. Pero esta ingeniería social no es exclusiva de las universidades, también se aplica en sectores profesionales especialmente sensibles, como el de la información, donde la crítica a la corriente feminista está tácitamente prohibida y lleva aparejada elevados costes. Cualquier discrepancia suele suponer la etiqueta de misógino o machista.

Sin embargo, lo cierto es que el feminismo actual no está mejorando la situación general de las mujeres. Lo que sí está animando es una grotesca segregación de sexos y la emergencia de un oportunismo que convierte la conspiración, la calumnia y la mentira en recursos con los que mujeres muy determinadas acceden a posiciones para las que no están cualificadas.

Personalmente me he topado con diferentes casos, incluso el de una directiva, ferviente feminista, que carecía de cualificación para el puesto. Por supuesto, no estaba dispuesta a admitirlo. Al contrario, ocultaba sus carencias abusando de su posición, conspirando, mintiendo y convirtiendo en un infierno la vida de quienes podían dejarla en evidencia.

Otras, sin embargo, actúan de manera más sutil. Son matriarcales y en apariencia extremadamente protectoras con sus subordinadas, pero sólo cuando están muy por debajo de su rango. Cuando se trata de otra mujer próxima en la jerarquía, las cosas son diferentes. Entonces la degradación es la norma.

El Feminismo Corporativo no promociona a las mejores mujeres, sino a aquellas con ambiciones superiores a sus méritos

He sido testigo de varias anécdotas. La más curiosa fue la prohibición expresa de una directora de reproducir la fotografía de otra mujer de su propia empresa, altamente cualificada, en un documento comercial. La foto, por razones que no vienen al caso, era pertinente. Sin embargo, la orden fue tajante: “no quiero fotos de ninguna mujer”. Pero sí permitía fotos de hombres.

Este y otros muchos casos muestran que el feminismo corporativo no promociona a las mejores mujeres, sino a aquellas con ambiciones superiores a sus méritos y, sobre todo, a las que carecen de escrúpulos.

El peor enemigo de las mujeres

En Female Intrasexual Competition Decreases Female Facial Attractiveness (2004), la psicóloga Maryanne L. Fisher evaluó la competencia entre mujeres. Reunió a un grupo de mujeres y hombres y les pidió que puntuaran el atractivo facial de fotografías de caras femeninas y masculinas. Puesto que la valoración del atractivo es un buen indicador de la competencia, se trataba de demostrar que las mujeres tienden a degradarse mutuamente en mayor medida que los hombres.

Los resultados demostraron que las mujeres puntuaban los rostros femeninos muy por debajo de la puntuación otorgada por los hombres. Además, se comprobó que para ellas la valoración del atractivo de otras mujeres está condicionado por la fertilidad, de modo que cuando experimentan altos niveles de estrógeno (es decir, máxima fertilidad), tendían a valorar peor a otras mujeres.

La raíz de esta competencia entre mujeres tiene un origen ancestral. Dado que los hombres variaban en sus capacidades para proteger a su descendencia y proporcionar recursos vitales, las mujeres aprendieron a competir entre sí para acaparar a los individuos que eran más capaces.

Las mujeres pueden definir las preferencias de los hombres. Y esta capacidad se manifiesta de forma acusada en las sociedades modernas

Por su parte, en Evolutionary Biology and Feminism (1991), la bióloga Patricia Adair sostiene que las mujeres también serían un recurso limitado y muy valioso para la reproducción masculina. En consecuencia, los hombres siempre se sentirán atraídos por las mujeres, sin apenas restricciones. Esto los llevaría a adoptar individualmente estrategias flexibles, encontrando a unas mujeres atractivas por unas cualidades y a otras por cualidades diferentes.

La evidencia empírica de esta flexibilidad de los gustos de los hombres estaría en el atractivo que algunos ven en mujeres no convencionales, que renuncian al maquillaje, usan zapatos cómodos o, en vez de aparentar fragilidad, se muestran resueltas y atléticas. Todas estas variaciones son catalogadas por Adair como ejemplos de “feminidad honesta”. Y también resultan exitosas.

En conclusión, para Adair las mujeres tienen la capacidad de definir las preferencias de los hombres. Y este “poder” se manifiesta de forma acusada en las sociedades modernas, donde cada vez más mujeres se valen por sí mismas sin depender de un hombre y, por tanto, sin tener que adoptar una feminidad que las limite.

La manipulación de las relaciones hombre-mujer

Los resultados del experimento de Maryanne L. Fisher demostrarían que las mujeres son para sí mismas su peor enemigo; no los hombres. No obstante, como la competencia es individual, y se lleva a cabo de manera independiente, sus efectos son muy limitados. Sin embargo, no sucedería lo mismo si amplios grupos actuaran de forma coordinada. En este caso, la degradación resultante tendría efectos devastadores. Así, si las estrategias femeninas estuvieran sometidas a los designios feministas, dejarían de evolucionar y diversificarse y la degradación de las mujeres independientes sería un proceso masivo. Es decir, el Feminismo Corporativo sería el elefante en la cacharrería.

Los hombres no impondrían el tipo de feminidad, tampoco las mujeres, sino que ambos evolucionarían y adoptarían sus estrategias para relacionarse entre sí con éxito

En cuanto a la hipótesis de Patricia Adair, demuestra que la evolución de las relaciones entre mujeres y hombres es más compleja e impredecible de lo que las feministas admiten. Los hombres no impondrían el tipo de feminidad, tampoco las mujeres, sino que ambos evolucionarían y adoptarían sus estrategias para relacionarse entre sí con éxito. Según la biología evolutiva, no existiría una estructura rígida, inamovible. Y el patriarcado, como teoría del todo, no sería más que una grotesca caricatura. Un cuento de miedo para niños.

Ambas hipótesis desmontan falsas convenciones. Y, sobre todo, nos advierten de que no es buena idea interferir en las relaciones entre hombres y mujeres.

Feminismo Corporativo y oportunismo destructivo

Recurrir al victimismo es una respuesta de moda ante situaciones adversas. Así, se dan cada vez más casos en los que determinadas profesionales atribuyen sus reveses o baja promoción a un fantasmagórico machismo que lo impregnaría todo. Curiosamente esto sólo sucedería en determinadas especialidades. Nunca en oficios humildes. Jamás veremos reclamaciones feministas en el oficio de pocero, albañil o conductor de autobuses.

El criterio de selección laboral, sea mejor o peor, es hoy prácticamente igual para hombres y mujeres. Pero se opta por ocultarlo

En realidad, sabemos que el criterio de selección laboral, sea mejor o peor, es hoy prácticamente igual para hombres y mujeres. Pero se opta por ocultarlo. Asumir un revés es duro para cualquiera. Por eso, recurrir al argumento de la discriminación es una tentación a la que sólo se sustraen las personas íntegras y capaces. En un entorno donde el feminismo corporativo tiene cada vez más poder, proclamarse víctima del machismo no sólo ahorra esfuerzos, también puede significar una mejora en la posición que se ocupa o un salto adelante en la lista de espera de las colocaciones. Lamentablemente, este victimismo no libera a la mujer, al contrario, degenera en un sistema de acceso restringido donde el talento cuenta poco.

Hombres y mujeres no son antagónicos, mucho menos enemigos: son complementarios. Esta complementariedad es lo que ha evitado que los seres humanos nos extingamos. Es cierto que han existido discriminaciones, pero hoy, gracias a la revolución tecnológica y a la evolución de las sociedades, mujeres y hombres disfrutan prácticamente de las mismas oportunidades. Permitamos pues que cada individuo escoja su propio camino, libremente, sin trampas ni coacciones.

Foto Amr Elmasry


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17 COMENTARIOS

  1. “…Otras, sin embargo, actúan de manera más sutil. Son matriarcales y en apariencia extremadamente protectoras con sus subordinadas, pero sólo cuando están muy por debajo de su rango. Cuando se trata de otra mujer próxima en la jerarquía, las cosas son diferentes. Entonces la degradación es la norma”

    Una reflexión lúcida, valiente y bien fundamentada, Javier. Y no solo eso, aunque haya subrayado este párrafo, la mayoría de supuestos que plantea en el artículo son fácilmente comprobables y demostrables. Lo son hasta tal punto, que las más fervientes integrantes del feminismo corporativo negarían la mayor y tratarían de eludir este debate con toda suerte de artimañas o evitar directamente que las verdades más incómodas de su pretendida “reforma mental” salieran a la luz.

  2. Otro invento modernísimo es el género “no binario”. La primera vez que lo oí me daba la risa pero hay seres que pierden el culo por ser “no binarios” y tienen derecho a ofenderse por todo. Son un infierno narcisista insoportable.

  3. Excelente artículo Sr Benegas

    Las feminazis diversas echarán espuma por la boca.

    Lo peor es el tiempo que nos están haciendo perder para descubrir donde está el Medirterrñaneo o que la tierra es esférica. Tanto sesudo estudio para corroborar lo que se sabe de manera intiutiva desde hace siglos.

    Lo peor es tener que soportaralas en los medios de comunicación, a ellas y los ellos del otro equipo; como una Inquisición mas pontificando, sancionando y con nulo sentido del humor. Que asco de mundo se están inventando. Luego ellas se quejan por que no foll**, porque resulta que los españolitos (hombres de sexo masculino, y no es redundancia) hemos huido a latitudes exóticas; para huir de los Montoro, las/los Coletas,.. y de paso poder tener una vida con mujeres que aún no se han contaminado.

    Si tienen valor Sr Benegas escriba otro artíiculo tocando el tema del FEMINISMO INTERSECCIONAL. Otra vuelta de rosca donde en un mundo de tarados se ahonda con ahinco en las taradeces mas sublimes. Ni los nazis hubieran podido soñar semejante constructo artificial.

    un cordial saludo

  4. Con el patriarcado de hace décadas había un convenio social en que cada sexo se ocupaba de su papel y todos vivian lo más pacífica y honradamente posible. Incluso el patriarcado daba un cierto aspecto de dignidad a la sociedad, a costa claro de muchas personas silenciadas que se lo pasaban mal.
    Al dar todos los derechos a las mujeres se aplastó ese sistema patriarcal y llegó con mas fuerza la libertad sexual, algo que es imposible de quitar ya a no ser con una dictadura.
    Esta libertad sexual a “empoderado” a la mujer que es la dueña de la decisión sobre a quien se otorga ese don y las feminstas lo usan para ganarse literalmente la vida como las prostitutas pero mas sutilmente, casi a oscuras. De hecho hacen el papel de estar en contra de la prostitución simplemente porque les hace la competencia en la decisión sobre el reparto de este poder del sexo.
    Lo que se necesita es otro encaje cultural entre hombres y mujeres que sustituya al patriarcado cada vez más escaso, ya que no nos libraremos de la libertad sexual que ha venido para quedarse, algo que respete tanto a las parejas que tienen los hijos como obligue a las mujeres solteras a repartir ese poder (esto suena muy mal, lo sé, pero es imprescindible para eviitar la dictadura que traería intentar eliminar la libertad sexual para volver al sistema patriarcal) y a los hombres a mantenerlas (puede que a través del estado) y protegerlas.

  5. Me ha encantado su artículo. Soy madre de dos hombres de 44 y 41 años. El menor se niega a tener hijos pora, sabe bien que, en caso de ruptura de la pareja, los perderá prácticamente. El mayor tiene dos hijas de, madres distintas y ha pasado por un calvario sin conseguir una custodia compartida. Ambos han sido respetuosos siempre con susel numerosas parejas y ellos -y sus amigos- están bastante desconcertados con las actuales relaciones hombre-mujer. Tienen miedo. Y la experiencia les ha demostrado que ese temor está justificado

  6. Forma parte de la agenda, ya mencionada en estos foros con anterioridad.

    Freud´s pansexualism
    One of the main ideas of the Frankfurt School was to exploit Freud’s idea of ‘pansexualism’ – the search for pleasure, the exploitation of the differences between the sexes, the overthrowing of traditional relationships between men and women. To further their aims they would:

    • attack the authority of the father, deny the specific roles of father and mother, and wrest away from families their rights as primary educators of their children.
    • abolish differences in the education of boys and girls
    • abolish all forms of male dominance – hence the presence of women in the armed forces
    • declare women to be an ‘oppressed class’ and men as ‘oppressors’
    Munzenberg summed up the Frankfurt School’s long-term operation thus: ‘We will make the West so corrupt that it stinks.’

    The School believed there were two types of revolution: (a) political and (b) cultural. Cultural revolution demolishes from within. ‘Modern forms of subjection are marked by mildness’. They saw it as a long-term project and kept their sights clearly focused on the family, education, media, sex and popular culture.

  7. Bueno pues yo también diariamente tengo anécdotas de chavales y bastantes además.

    17 años, dice que tal vez sea gay porque así puede acurrucarse entre los pechos de las chicas que le dan mucho calorcito.
    16 años, dice que lo que más le mola es tirarse en el patio del colegio y ver a las chavales desde el suelo como van luciendo las minifaldas (le dije ¿las minifaldas o las bragas? y se echó a reír)
    Otro de 16 años, cambia de novia como de calcetines, cada día viene acompañado de una diferente y si es posible que sean amigas que así se siente más orgulloso de sus ligoteos.

    etc etc etc

    Y ninguno le tiene pánico a soltar las primeras burradas que la edad le llevan a la boca. Pero las chavalas de esa edad tampoco se cortan en escucharlas, en reírles las gracias y en ligar con unos y otros, Eso sí, el que dice que se hará gay, no lo suelta delante de ellas, por aquello de que se enteren de que realmente lo de ser gay lo está pensando , a él , realmente lo que le gusta es el cobijo del seno femenino.

    Cuando usted dice “El Feminismo Corporativo no promociona a las mejores mujeres, sino a aquellas con ambiciones superiores a sus méritos” si cambia lo de mujer por hombre, la respuesta es Pedro Sánchez.

    “Jamás veremos reclamaciones feministas en el oficio de pocero, albañil o conductor de autobuses”,
    como jamás veremos reclamaciones de hombres (eso de machistas no me gusta) en oficios de limpiadoras de hogar, criadas, trabajadoras de fábricas de conservas o en talleres textiles, no quiere decir que en esas profesiones no existan hombres, como en las nombradas por usted no existan mujeres. Simplemente hay determinadas profesiones que a lo largo de la Historia fueron más apropiadas para hombres o mujeres.

    En cuanto a las teorías de la la bióloga Patricia Adair, (ni idea quien es) pues …..

    “En consecuencia, los hombres siempre se sentirán atraídos por las mujeres, sin apenas restricciones. Esto los llevaría a adoptar individualmente estrategias flexibles, encontrando a unas mujeres atractivas por unas cualidades y a otras por cualidades diferentes”.

    Lo mismito nos pasa a las mujeres

    “La evidencia empírica de esta flexibilidad de los gustos de los hombres estaría en el atractivo que algunos ven en mujeres no convencionales, que renuncian al maquillaje, usan zapatos cómodos o, en vez de aparentar fragilidad, se muestran resueltas y atléticas. Todas estas variaciones son catalogadas por Adair como alternativas de “feminidad honesta”. Y también se demuestra exitosas.”

    ¿feminidad honesta?, entonces las que usamos maquillaje, nos chiflan los tacones, pasamos de ser atléticas por aquello ir a sudar a un gimnasio como que no es lo nuestro pero, eso sí , cuantas veces caemos otras veces nos levantamos ¿esas donde estamos?.

    Ay Sr Benegas, cuanto más leo los artículos sobre feminismo en Desidentia más protestona me vuelvo, pero… no puedo dejar de adorar al género masculino.

    Eso que dice, la tal bióloga
    ” los hombres siempre se sentirán atraídos por las mujeres, sin apenas restricciones” pues lo hago mío pero al revés “las mujeres siempre se sentirán atraídas por los hombres, sin apenas restricciones”, al menos en mi caso, pena para las que no opinen igual. A más tocamos el resto.

    • Su apreciación es incorrecta.
      Hombres y mujeres no tienen los mismos intereses sexuales ni son iguales como pretenden presentar algunos. La sexualidad masculina es tóxica en mujeres y la sexualidad femenina es tóxica aplicada a varones. No hay una forma de hacer sexo correcta o buena. Lo que hay son neg-ociaciones morales e inmorales. Esas concepciones de lo correcto e incorrecto son pre-acción y corresponden a la cultura.

      Un ejemplo sencillo de la disparidad de intereses entre hombres y mujeres:
      Bitcoin en un principio era copado por un 99% de hombres frente a un 1% mujeres, ha ido bajando a 98% y ahora el 91% hombres y 9% mujeres.
      La entrada es totalmente voluntaria y libre (open source), por lo cual, denota claramente las preferencias según sexo. Se observa, las mujeres prestan más atención a lo “mainstream” es decir, lo dominante.

      “las mujeres siempre se sentirán atraídas por los hombres, sin apenas restricciones”
      La excepción confirma la regla,…

      • No entiendo su comentario.

        Yo no digo que los hombres y mujeres tengan los mismos intereses , supongo que cada persona tiene los suyos. No podemos ser iguales y menos en cuestión de gustos. Yo no pretendo ser igual a un hombre en gustos y aficiones, pero es que no pretendo ser igual a nadie, cada uno es como es.

        En cuanto al bitcoin, mire por donde parece que estoy en ese 9% de mujeres que los compran libre y voluntariamente, y siendo muy consciente que era tirar mi dinero, pero todo el mundo hablando de bitcoin y no tenía ni idea como iba eso, entonces consideré que más que tirar el dinero era pagar un curso de aprendizaje.

        A la frase entrecomillada, cierto no todas las mujeres se sienten atraídas por los hombres, como no todos los hombres se sienten atraídos por mujeres, si son gays o lesbianas pues efectivamente no. Pero mientras existan heterosexuales no peligra la especie humana.

        Saludos

  8. Pues, yo, el otro día, señor Benegas, escuché una conversación entre dos amigas que me dejó helado. Una le decía a la otra que había sentido pánico al volver andando a casa cuando un grupo de hombres jóvenes en actitud festiva se cruzó con ella por la calle. Pero, es más, en otra ocasión, un padre que se declara igualitario y abomina del feminismo, cuando le comenté que yo soy padre de dos hijas pequeñas y que me gustaría disfrutaran de una vida plena, personal y profesional, me interrumpió en mis ensueños, con gesto pícaro, y me dijo que ya cambiaría de parecer en cuanto llegasen a la adolescencia.
    También le puedo contar que he trabajado con jefes, compañeros y subordinados envidiosos y mediocres que no han facilitado el trabajo pero no he tenido la sagacidad intelectual para inferir que su género era el culpable de tan pobre actitud.
    Y por último, invito a todos sus lectores a que añadan perlas informativas de su experiencia personal que ayuden a generar un debate rico y serio en torno a la igualdad entre personas.
    Un saludo

    • Gracias por su comentario.

      Según los datos, los padres deberían estar más preocupados por sus hijos varones que por sus hijas: estadísticamente corren más riesgos y sufren más agresiones durante sus salidas que las chicas. Respecto al miedos que sintió esa mujer al cruzarse con un grupo de jóvenes “festivos”, es más fruto del “pánico moral” generado que de la realidad estadística.

      En cuanto a inferir que el sexo sea el responsable de las actitudes “trepas” de todas las mujeres, no es así. Eso sería tomar la parte por el todo. Lo que los estudios infieren es que las mujeres son más propensas a degradarse mutuamente. Lo cual no significa que cualquier actitud “trepa” se deba al sexo. Sin embargo, es evidente que el feminismo corporativo genera incentivos perversos y desplaza al mérito. En consecuencia, es otro factor más que distorsiona la competencia. Se ajusta a la Teoría de grupos de Mancur Olson.

      Reciba un cordial saludo.

      • Muchas gracias por su pronta, amable y aclaradora respuesta, señor Benegas.
        Los datos estadísticos, como usted bien sabe, poco o nada hacen por modular nuestro comportamiento. Es más, mal usados, lo único que hacen es apuntalar comportamientos y opiniones, como poco, de moralidad dudosa.
        No hay que confundir el análisis estadístico de la realidad con la verdad. Al fin y al cabo, antes de que se hubiera inventado la rueda, estadísticamente hablando, era imposible, puesto que no existía.
        En nuestra cultura, que a un hijo le partan la cara no tiene, ni de lejos, la carga que tiene que a una hija le partan el himen. Los padres no temen la agresión física a sus hijas de la misma manera que temen perder el control sexual y reproductivo sobre ellas, supongo que de ello viene el gesto pícaro que acompañaba la observación recibida por parte del padre anteriormente citado.
        La exaltación de la virginidad, su relación con la pureza y la honra personal y familiar, en nuestra cultura, quizá ya no sea de la misma intensidad que en otras, pero sigue arraigada en nuestra conducta y sensibilidad como si dependiera del hipotálamo.
        Por otro lado, las estadísticas son el mejor camino amoral para sostener casi cualquier discurso.
        De hecho, en esta publicación, cuando la estadística sostiene que las mujeres son mejores estudiantes, sus más sabias y letradas plumas nos explican, saltándose lo que en otras ocasiones sí consideran un sistema igualitario, que ese dato está viciado por la brutal intervención del feminismo radical que anula a los hombres. Sin embargo, la estadística realidad de la superior capacidad atlética de los hombres, se asume sin crítica y sin sesgo posible por esas mismas firmas.
        El pánico moral, como argumento, es un arma de doble filo y tenga usted cuidado de no salir lastimado en su uso. Acaso no es tal pánico el mismo que justifica sus letras? Realmente, los hombres estamos viendo restringidos nuestros inalienables derechos por el discurso feminista? Debemos preocuparnos?
        En general, me sorprende que en un espacio que se califica de liberal sostengan, con tanta terquedad como cultura conservadora, una oposición al cambio que a mi entender les debería ser más natural.
        Un saludo

    • Yo te puedo hablar de experiencias mías.

      1. Hace 2 días, en el autobús, 2 niñas de unos 12 años charlando de su examen de inglés, que incluía una redacción sobre el feminismo (!!??) y hablaban de “¿Y si el que me corrige es un machista?”. O sea, de entrada, no solo adoctrinamos en la escuela, sino que aún por encima, ese adoctrinamiento ya ha calado con la idea del victimismo: “No es que haya estudiado poco, o tenga una sintaxis errónea, no, es que el que me ha corregido puede ser un machista”. No tengo ningún problema, no obstante, en que se hagan traducciones de estudios feministas: Christina Hoff Summers, Camille Paglia o Erin Pizzey dan para mucho, y eso SÍ era feminismo como tal. Pero seguro que lo harían con textos de Dworkin.
      2. Trabajo de mantenimiento en un local, lo que me lleva a entrar 2 veces al día mínimo al vestuario femenino. Se perfectamente que el día que a alguna se le crucen los cables, estoy en el cuartelillo. Y ya aportaré yo la falta de carga de prueba, dada la desaparición de la presunción de inocencia. Es increíblemente tranquilizador.
      3. Casado y esperando un hijo. Las mujeres realmente no saben la confianza ciega que tiene que tener un hombre para a) casarse, y b) tener un crío. Podemos perder todo, incluyendo la libertad, si hemos elegido mal a nuestra compañera. Lo dicho anteriormente, tranquilizador en grado sumo.

      El problema no es que exista una corriente victimista y completamente irracional (sus argumentos no se sostienen dada la “existencia” del famoso heteropatriarcado, el feminismo actual es una religión en si misma, con componentes supersticiosos y místicos incluidos) sino que esa corriente atenta contra el 50% de la población, es sostenida con el dinero del mismo 50% (Una mujer astuta dispone de ayudas actualmente que un hombre no, con lo que, a mismos impuestos, ellas pueden recuperar ese dinero, no así los hombres) y trae miseria a la siguiente generación en forma de estupidez/miedo social.
      Es un cáncer, en todas sus facetas.

      Todo el que no esté de acuerdo conmigo, está invitado a presentarme un solo derecho que las mujeres actualmente no tengan, y razonarme porqué una ley tiene que distinguir entre sexos, en vez de usar el genérico de “persona” para cualquier caso (“Una persona ha matado a otra”, “Una persona ha estafado a otra”, etc.).
      Por ejemplo, aproximadamente 4000 personas mueren al año en España, el número de mujeres asesinadas ronda en torno a 70 de promedio, eso es aproximadamente el 1’75% de las muertes anuales. ¿Hace falta montar una ley que elimine la presunción de inocencia, por algo que, visto el porcentaje, son casos puntuales de “Una persona ha matado a otra”?. Porque de ese 1’75% sale la LIVG…

  9. Vigente Ley del Suelo de Canarias:
    CAPÍTULO II. PRINCIPIOS
    Artículo 3.- Desarrollo sostenible.
    6. De modo particular, la intervención pública en relación con la ordenación del suelo deberá atender y respetar el principio universal de igualdad entre hombres y mujeres.
    Un simple ejemplo de la grotesca pantomima en que se ha convertido este asunto de la “igualdad de sexos”.
    El paso siguiente será la obligación de enunciar el Teorema de Pitágoras de manera “igualitaria”:
    “Los triángulos rectángulos deberán respetar el principio universal de igualdad entre hombres y mujeres”.

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