La entropía es un concepto nacido en la ámbito de la termodinámica y que pasó al campo filosófico. Se refiere al hecho de que en cualquier proceso de transformación de la energía esta se degrada. Podemos aplicar la noción de entropía al ámbito de la racionalidad también, para hacer referencia a la pérdida de la racionalidad en los discursos del llamado posmodernismo progresista.

Una de las características más destacadas de la nueva izquierda, surgida de los movimientos contestatarios del mayo francés del 68, ha sido la de abandonar el economiscismo clásico del marxismo y sustituirlo por otras variantes discursivas rupturistas como pueden ser el feminismo, el animalismo, el ecologismo o la crítica cultural. En general estos discursos de la nueva izquierda, que algunos autores como Mauricio Schwarz denominan  la izquierda Feng Shui, por sus vinculaciones con las pseudociencias, tienen como característica su irracionalismo patológico. Esto se deriva del hecho de ser la nueva izquierda sesentayochista heredera de todas aquellas llamadas filosofías de la sospecha que tienden a denigrar el racionalismo, al que presentan como una mera “ideología” que sustenta la racionalidad instrumental heredera de la ilustración.

La racionalidad, dicen los Frankurtianos, sólo ha servido para la devastación del planeta, para implementar formas más sutiles de alienación a través de la generalización de la llamada sociedad de consumo y para establecer una forma de pensamiento uniforme y unidimensional.

Cualquier discurso que reivindique el legado cultural europeo por su contribución al progreso de la humanidad es acusado de etnocéntrico

Esta deriva se ha hecho todavía más patente en el llamado pensamiento posmoderno que niega la pretensión de validez objetiva de cualquier logro científico o técnico, por ocultar un sesgo de género, ser atentatorio contra la sostenibilidad del planeta o por no tener en cuenta puntos de vista alternativos e igualmente válidos.

Cualquier discurso que reivindique el legado cultural europeo por su contribución al progreso de la humanidad es acusado de etnocéntrico, y no faltan legiones de antropólogos dispuestos a encontrar infinidad de supuestos modelos alternativos de culturas no sexistas y medioambientalmente sostenibles en los que la felicidad campa a sus anchas.

Este fenómeno, el del triunfo de la irracionalidad en el siglo XX, se encuentra perfectamente descrito en el muy recomendable libro del pensador argentino Juan José Sebreli  El olvido de la razón, ensayo donde desenmascaran doctrinas pseudo cientificas como el psicoanálisis, las filosofías vitalistas y las posmodernidades vacías de contenido del estructuralismo.

Recientemente se ha publicado otro libro, obra del economista y sociólogo Félix Ovejero, que analiza con gran detalle esta degradación intelectual en el pensamiento de la izquierda, que convierte paradójicamente a una ideología que ha hecho de la idea del progreso su seña de identidad en el epítome del pensamiento más reaccionario. De ahí el ilustrador título del libro: La Izquierda reaccionaria.

Ovejero se rebela contra una izquierda que ha dejado de ser internacionalista para defender el aldeanismo nacionalista, que ha hecho dejación de su espíritu crítico contra la intolerancia religiosa cuando esta se manifiesta en la religión islámica o que politiza incluso la propia biología con esa peligrosa deriva que es la ideología de género.

Ambos libros señalan una tendencia, todavía minoritaria dentro de la propia izquierda, que ha decidido reaccionar frente a estas tendencias irracionalistas en el seno del pensamiento de izquierdas.

Debido al liderazgo académico indiscutible de las universidades norteamericanas buena parte de esos discursos han sido importados acríticamente en Europa

La cuestión que sobrevuela en ambas obras en cuestionarse el por qué la izquierda ha sido secuestrada por estos atavismos posmodernos que la alejan de sus señas de identidad. Por un lado habría que señalar la nefasta influencia que los pensadores alemanes de la Escuela de Frankurt, exiliados en los Estados Unidos a causa de la llegada del III Reich, han tenido en el desarrollo de los planes de estudio en ciencias sociales de multitud de instituciones norteamericanas de educación superior desde la segunda mitad del siglo XX, o la difusión en los campus universitarios americanos de la obra de pensadores franceses herederos del irracionalismo nietzscheano. Debido al liderazgo académico indiscutible de las universidades norteamericanas buena parte de esos discursos han sido importados acríticamente en Europa, incluso en la propia Francia donde muchos de estos pensadores no tenían esa relevancia que luego alcanzarían pasados unos años.

Por otro lado hay que señalar la conversión de la socialdemocracia clásica, centrada en fundamentalmente en la intervención estatal en la economía, en una especie de comunismo liberal, como ha sido bautizada por el pensador esloveno Slavoj Zizek. Una especie de simbiosis perfecta entre elementos tomados del liberalismo, como la globalización y cierta libertad en los mercados, con la asunción acrítica de todos los dogmas culturales de la nueva izquierda y que se traducen en planteamientos multiculturalistas, ecologistas, animalistas y sobre todo en la llamada ideología de género, cuya difusión internacional ha sido impulsada por grandes multinacionales e incluso ciertos sectores liberales.

Las razones de está asunción acrítica por parte de la socialdemocracia y sectores liberales de muchos de estos dogmas salidos de las cátedras de estudios culturales de las universidades norteamericanas podrían ser múltiples. Por un lado el prestigio de ciertos intelectuales que las sostienen y que tienen gran aceptación entre buena parte las generaciones más jóvenes, educadas en estas formas de pensamiento dogmático.

Cada vez más votantes tradicionales de la llamada izquierda clásica se sienten alejados del discurso de la nueva izquierda

Tampoco faltarían las motivaciones económicas. Tal vez piensen que una izquierda más volcada en multitplicar los géneros y las identidades sexuales que en combatir los fundamentos del libre mercado es mucho más domesticable.

Sean cuales sean las motivaciones, hay un hecho incuestionable cada vez más votantes tradicionales de la llamada izquierda clásica se sienten alejados de este discurso, lo que explica en buena medida el éxito de políticos como Donald Trump o el recientemente elegido presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cuyo votante medio dista mucho de ser el radical ultraderechista  que describen ciertos medios. La razón última del repunte de esa supuesta ultraderecha, que tanto asusta a la nueva izquierda, reside en la propia crisis de identidad de una izquierda, que también ha perdido sus señas de identidad clásicas.

Esta reflexión también es válida para el caso español, como muy bien apunta el pensador marxista, discípulo de Gustavo Bueno, Santiago Armesilla,quien realiza un diagnóstico muy certero de la crisis de identidad de la izquierda nacional y su rendición incondicional a los dogmas del culturalismo de lo que Bueno denominaba izquierda indefinida. Una izquierda que ha dejado de pensar en qué puede hacer el Estado para cumplir los fines redistributivos clásicos del credo izquierdista para centrarse en vaguedades y sofismas diversos que sólo encubren una radical falta de discurso con el que afrontar los problemas reales de la clase trabajadora.

Afortunadamente cada vez es mayor el número de intelectuales que desde las filas de la propia izquierda se rebelan contra esta patología de la posmodernidad que ha supuesto la irrupción de esta clase de discursos.

Foto: Roya Ann Miller


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9 COMENTARIOS

  1. No resisto la tentación de poner un enlace a You Tube, de como un joven, al que no tengo el gusto en conocer, describe la miseria moral e intelectual de “la izquierda”. Quizá no todo esté perdido. Y sólo la sensatez (no toda) resida en el segmento de población, que ha vivido más, de lo que le queda por vivir.

  2. La izquierda se ha convertido en el mamporrero de las grandes finanzas internacionales, es el “brazo armado” del globalismo. La izquierda progre mundial es la colaboradora indispensable para construir ese gran mercado mundial controlado por un gobierno mundial de plutócratas. Por eso los trabajadores y las clases medias ya no creen en la izquierda, los antiguos cinturones rojos de las capitales europeas se han convertido en cinturones nacionales y a la izquierda la votan los pijos de las grandes ciudades, los cosmopolitas sin alma.

    • Efectivamente. Pero el tema es mas complejo.

      Por eso me atraganto cada vez que escucho a los Rallos de turno.

      Porque ese mismo gran mercado mundial funcionará en estricto régimen de oligopolio. Las reglas de esos oligopolios estarán dictadas desde modelos marxistas, a través de un Estado Global donde sus funcionarios e instrumentos estarán trufados de miembros del lobbi empresarial y viceversa.

  3. LAS BRAGUITAS DE FRITZ, O LAS IDENTIDADES ALTERNATIVAS

    Multiversos, Impromptu Nº 6

    El día que Elizabeth entró en su cuarto y sorprendió a su hermanito Fritz poniéndose una de sus braguitas de encajes primorosamente bordados por su madre, la vida de Fritz cambió. Por fin ya no tenía que ocultarse. De ahora en adelante podía ir por el mundo protegido en su más íntimo ser por la feminidad que lo acechaba y a la que ahora ya no quería renunciar.

    El arte, el virtuosismo, la pasión musical, la lujuria de las palabras ya no eran suficiente para satisfacer su impulso de conocer y su innata curiosidad. Fritz podría vivir sin que sus modales, su finura y su elegante porte, amanerados o demasiado delicados, lo colocasen en situaciones embarazosas con sus amigos del Gymnasium en Leipzig. Siempre había deseado orinar sentado, como había visto que hacían las hijas de los proletarios en medio de calles sucias y oscuras, las mismas que a ciertas horas él solía frecuentar por razones impulsivas que aún no comprendía o prefería no comprender.

    Pero desde el día en que se decidió a llevar siempre puestas unas braguitas empezó a experimentar extrañas sensaciones que su juvenil espíritu analítico no lograba reconocer y clasificar. A veces pensaba que su íntima feminidad no quedaría saciada por completo con este fútil simbolismo indumentario y urinario. No dudaba de que todavía le quedaban muchos pasos para llegar a ser plenamente él mismo, plenitud que sólo su parte femenina podría tal vez proporcionarle.

    Quiso aprender a cantar con voz atiplada de contralto renacentista, pero sólo alcanzó a emitir una algarabía de hirientes gorgoritos que mucho afeaban su voz acariciante, pero firme y viril. La costura no lo atrajo hasta más tarde, pero desistió pronto. No tenía suficiente valor para prostituir su cuerpo. La mercería no fue todo lo bien que hubiera deseado. No podía competir en energía con las lavanderas más profesionales de la ciudad. También fracasó en el trabajo de institutriz seca y distante.

    Un día, harto ya de probar fortuna y negar su naturaleza, Fritz se desnudó ante su espejo, se miró todo el cuerpo largamente, acarició su pecho, acarició su olvidado miembro viril con una delectación vigorosa y sana, lo vio reflejado en el espejo en su verdad primigenia, miró a fondo la imagen de sus ojos en el espejo y de repente concibió la idea, lo iluminó la primera verdad que en adelante se convertiría en el axioma de un pensamiento revolucionario, destinado a sacudir el yugo de dos milenios de judeo-platonismo:

    -Sólo como fenómeno estético tiene justificación la vida.

    Y desde entonces quiso ser griego, ya que ser mujer había resultado tan frustrante.

    • Excelente Der

      Unos quieren ser griegos, clásicos supongo (que los de ahora están muertos de hambre, excepto Varufakis, pero ese es mas turco que griego, aunque algunos los turcos fueran griegos clásicos)

      Y otros presidentes de gobierno. Para negar todo lo que dijeron antes y afirmarse así en su impostura.

      Cumbre

  4. Quizás se hayan dado cuenta en la izquierda que no podían hacer nada para mejorar las condiciones laborales y vitales de la sociedad y decidieron cambiar el rumbo para tener un discurso político que, aunque usando solo el victimismo, les hiciera visibles en política. Porque sin la miseria que traen los inmigrantes, sin la desigualdad física de las mujeres que evita que puedan competir laboralmente con los hombres y otras minorías que se sienten moralmente superiores por cuestiones infantiles como humanizar a los animales, esta izquierda no tendría ningún discurso serio que movilizara al público. Total, de crear empleo no tienen ni idea y más quer mejorar la economía lo único que siempre han hecho es expropiar o subir impuestos, que es otro tipo de expropiación pero al mismo pueblo que somos los que más pagamos.

  5. Para cuando en la izquierda se den cuenta de qué falla, tendremos un gobierno de ultraderecha “de verdad”.
    Y es que no puedes olvidarte del 80% de tus posibles votantes para contentar a minorías. Que si colectivo LGTB, que si nacionalismos, que si inmigración…
    Al final la gente se harta. Se le hinchan los pelendengues, y se lía. Yo mismo noto la deriva que he llevado, desde una izquierda moderada, a una derecha – quizás no tan – moderada.

    Si sumamos un montón de minorías, al hecho incontestable de que todo el que no piense como tú es idiota, y además, inmoral, pues aún se prende más mecha. Y ya, como colofón, si tomamos en cuenta que, básicamente, hemos tenido un golpe de estado “legal” por parte de la autoproclamada izquierda y las que están armando son, cuanto menos, gloriosas, pues el campo está sembrado.

    Aún hay un punto más, creo yo, y es la polarización total de estas izquierdas. El votante conservador promedio sabe que hay corrupción endémica en la política. Del mismo modo que sabe que, aunque 70 mujeres al año no sea una cifra escandalosa, debería ser 0. Y del mismo modo, sabe que hay zonas en conflicto y echar una mano no viene mal.
    Pero todo esto, que no deja de ser ver la vida en colores, y no solo en blanco o negro, ha pasado a ser “Toda la derecha es corrupta”, “Las mujeres merecen leyes que las privilegien” y “Todo inmigrante es bien recibido”.
    Y, lo dicho, a la gente se le están hinchando. Yo entre ellos.