El odio es un sentimiento corrosivo que suele perjudicar sobre todo a quien lo siente, porque neutraliza la capacidad de raciocinio, atrapando a la persona en un resentimiento permanente que le impide superar sus fobias o pasar página.

Afortunadamente, el odio suele ser también una pulsión íntima, que se oculta tras el velo del pudor. Esto significa que una cosa es odiar y otra muy distinta que los malos sentimientos nos dominen, convirtiéndonos en seres peligrosos para los demás. Así pues, la gran mayoría de las personas convive con sus odios y sus fobias de manera silenciosa.

El “derecho a odiar”

Antes, mientras el odio no desembocara en un acto reprobable, la sociedad aceptaba el “derecho a odiar”, entre otras razones, porque los sentimientos, buenos o malos, forman parte del ámbito privado de la persona. Y, quién más, quién menos, todos albergamos malos sentimientos en algún momento de nuestra vida sin que por ello provoquemos una tragedia.

La inmensa mayoría de los sujetos restringe los odios al ámbito de sus emociones íntimas, sin que nadie los sufra salvo ellos mismos

Hay individuos que odian a los perros y, sin embargo, no se dedican a patearlos. Simplemente tratan de evitarlos. Otros, por ejemplo, odian a los niños, pero en su inmensa mayoría no actúan como psicópatas. Si acaso tuercen el gesto cuando un crío pasa corriendo por su lado alborotando.

Que existan excepciones, odios que derivan en actos que deben ser castigados, no es más que la confirmación de que la inmensa mayoría de los sujetos restringe sus odios al ámbito de las emociones íntimas, sin que nadie los sufra salvo ellos mismos.

El odio colectivo

El odio sólo se convierte en un sentimiento conflictivo cuando pasa a convertirse en el motor de nuestras acciones. Aún así, la pérdida de autocontrol de un individuo no representa una amenaza generalizada. Lo verdaderamente peligroso es cuando el odio se colectiviza y no sólo domina a un sujeto sino a un grupo. Entonces deja de ser un sentimiento de impacto limitado y se transforma en una amenaza para la sociedad.

El odio colectivo puede convertirse en motor de la acción política y degenerar en asesinatos sistemáticos y genocidios

Los odios y las fobias colectivas pueden traducirse en discriminaciones, como sucedía en los Estados Unidos con el racismo, que durante mucho tiempo mantuvo vigente un sistema legal que separaba a los blancos de los negros, hasta que el movimiento por los derechos civiles revertió la situación. Pero puede ser aún peor. El odio colectivo puede convertirse en motor de la acción política y degenerar en asesinatos sistemáticos y genocidios, como sucedió en la Alemania nazi.

Legislar los sentimientos

Fue precisamente la traumática experiencia del nazismo lo que llevó a las sociedades modernas a desarrollar una hipersensibilidad hacia los sentimientos individuales. Hoy se piensa que los sentimientos no son inocuos, sino que tienden a trascender el ámbito privado y propagarse, generando tarde o temprano graves conflictos. De esta forma, los sentimientos han dejado de ser privados para convertirse en un asunto de interés público.

Borrar la línea que separaba el sentimiento íntimo del odio colectivo supuso el fin del “derecho a odiar”. Un derecho no escrito que no se basaba en la tolerancia del odio, sino en la comprensión de que es imposible prohibir los sentimientos, mucho menos legislarlos.

El sentimiento individual se ha convertido en un precrimen colectivo que debe ser prevenido mediante una legislación que controle los sentimientos

Hoy, por el contrario, se tiende a vincular los que sentimos con potenciales delitos colectivos, como si las fobias particulares desembocaran inevitablemente en futuros crímenes de masas. Y el odio individual se ha convertido en un precrimen que debe ser evitado mediante leyes que controlen los sentimientos.

La imposición ideológica

Lamentablemente, cuando las leyes dejan de juzgar hechos objetivos y se aventuran a valorar si un sentimiento es potencialmente peligroso, cualquier expresión es susceptible de ser considerada delito. Que lo sea o no queda a expensas de interpretaciones volubles que pueden criminalizar o no una misma manifestación, dependiendo del rol que se le adjudique a cada una de las partes. Así, por ejemplo, una afirmación racista puede ser delito si la profiere un blanco contra un negro, pero no si es a la inversa.

Esta transformación de las leyes objetivas en otras subjetivas no es casual, ha sido promovida por grupos que usan el “control de los odios” como una forma de imposición ideológica. Así, la criminalización de los sentimientos de manera arbitraria restringe el derecho a la libertad de expresión, pero casi siempre en una única dirección.

El shock cultural

La cruzada contra los malos sentimientos también sirve para generar shocks culturales. Empobrece el lenguaje, al convertir numerosas palabras, refranes y dichos populares en usos susceptibles de ser interpretados como incitaciones al odio, aunque no haya en su utilización intención alguna de promover el odio contra nadie; figuras como el sarcasmo o la ironía se vuelven peligrosas, porque la sagrada cruzada de los buenos sentimientos no entiende de sutilezas literarias, mucho menos de entrecomillados; también impone la autocensura, porque los individuos terminan temiendo, y con razón, ser acusados de incitar al odio por el simple hecho de expresar sus discrepancias.

La sagrada cruzada de los buenos sentimientos no entiende de sutilezas literarias, mucho menos de entrecomillados

Pero de todos los efectos el peor es la legitimación de un odio inverso. Y es que, al final, se da la paradoja de que la cruzada contra los malos sentimientos no nos hace mejores, muy al contrario, nos convierte en individuos débiles, victimistas y extremadamente irascibles, seres incapaces de afrontar por sí solos el menor de los conflictos y para los que odiar al presunto xenófobo, homófobo o misógino se convierte en una obligación moral que debe ser compartida. De esta forma, el más destructivo de los odios, el colectivo, se institucionaliza.

Foto: Olichel


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20 COMENTARIOS

  1. El tema del artículo (el odio) es el ultimo tabu de la sociedad, una vez ninguneado el sexo.
    El odio dirigido hacia alguien o un colectivo es una fuerza extraordinariamente poderosa.
    No se puede iniciar una guerra sin antes preparar a la población para romper cualquier tipo de empatía (la palabra mágica) con el enemigo. La empatía es el antídoto del ofio y lo que todavía nos hace ser personas y no sólo hombres.
    Ha sido cultivado en exceso por los totalitarios, desde los nazis (odio a los judios) a los comunistas (odio a los burgueses) y el efecto ha sido siempre el mismo. Tras la introducción del mal se cosifica al objetivo y entonces como diría Dostoievski, como Dios ha muerto todo esta permitido.
    Auswitz nace del odio, como lo hace tambien los gulag o los Khemeres rojos.
    El odio es radical porque no admite terminos medios. Simplemente se odia y se desa en consecuencia exterminar, vencer, humillar, derrotar y alegrarse de cualquier malq ue suceda al otro.
    Es un sentimiento totalmente inutil que al contrario que la atracción no produce ningun beneficio en su portador, mas bien lo contrario embruteciendolo.
    Las sociedades modernas, altamente controladas por redes sociales sopn el nuevo pasto para la siembra del odio. Los Tweets los nuevos vectores, los antiguos panfletos ahora instantáneos y que admiten sin miramientos los fake news como apoyo logístico.
    Manipulan, destruyen y condicionan en una sociedad cada vez más intervenida y sin criterio propio, donde la resistencia es cada vez más difícil y rara.
    Que difícil es ir contracorriente cuando todos odian a alguien(s) y la reaccion al dudoso es radical e instantánea. Lo hemos visto en Cataluña recientemente y en los USA.
    Que dificil volverse en contra y decir que el “enemigo” no lo es como tal.

  2. Veamos la argumentación. “Fulanín me odia, es una mala persona”. “Carlos odia a los homosexuales”. “Juan odia a los que odian a los homosexuales”. Luego Carlos odia a Juan y Juan odia a Carlos y, probablemente, tanto los no homosexuales como los homosexuales también se odian entre sí.

    El niño pequeño razona: “Si fulanín me odia, es una mala persona”. El niño casi accede a la verdad. “Fulanín es una mala persona, luego me odia por ser precisamente una mala persona”.
    El adulto no llega a tanto, le falta sinceridad y la transición del término medio que une a Carlos y Juan: la reciprocidad implícita del odio. El humanista dice: “Yo no odio a nadie, luego nadie puede odiarme a mí”. Referido a las llamadas “ideologías” (“Dios las tenga en su gloria”), sucede algo parecido.

    Lo que se odia y como se odia es algo mucho más complejo de lo que se imagina, aunque el que odia sea un ser simple y primitivo, desde el punto de vista intelectual. Sujeto del odio y objeto del odio no nos homogéneos. En el juego sórdido de las pasiones, la mayor sordidez garantiza el triunfo. Por eso los adultos superan con mucho a los niños, pero a diferencia de ellos no consiguen identificar la esencia del odio. El niño sabe que la maldad que atribuye a quien lo odia es una verdad absoluta. Los hombres adultos no alcanzan tal grado de lucidez. Saldrían muy mal parados.

    De todos modos, suena fuerte esa música del “odio” como “categoría política”. “Discursos del odio” se supone que ocultan otra cosa de la que hablan mediante alusión indirecta u oblicua.

    Yo creo que hoy es muy difícil hablar en serio de verdaderas pasiones de ninguna especie: el hombre occidental actual no da de sí para tanto, sufre de fimosis moral, por muy retráctil que sea su exiguo “sistema de valores” y su “voluntad”. Hoy ningún occidental, salvo uno ingresado en el frenopático, podría decir con solvencia afectiva aquello de Catulo: “Odi et amo. Qua re id faciam, fortasse requiris. / Nescio, sed ita fieri sentio et excrucior…”. Quiero decir que nosotros ya no estamos ni siquiera a la altura… de las bajas pasiones, mucho menos de las nobles.

    Nietzsche más o menos venía a decir en el “Zaratustra” que allí donde los valores de “la plebe” dominan y se hacen dueños de una época, las aguas bajan turbias y los espíritus delicados no se acercan a beber en ese río. Según este exigente criterio, nosotros ya deberíamos estar muertos de una gravísima infección bacteriana, pariente no muy lejana de las fiebres tifodeas, porque en ningún lugar como en esta España víctima del sistema institucional del 78 se alimenta el neblinoso espíritu público de tanta basura ideológica llena de desechos de odios prefabricados e imaginarios, “basura” por llamarla de alguna manera decorosa.

    Otra cosa muy distinta es el concepto político de la enemistad. A menudo se confunden. Odio y enemistad política no dicen lo mismo ni se refieren a las mismas realidades. El “odio de clase” fue ensalzado como noble pasión combativa que liberaría del tedio industrial a los homúnculos producidos por el tedio industrial, a lo que respondió el “odio racial” como elevación del tipo humano al nivel mítico de los Hiperbóreos. Ambos odios fueron increíblemente productivos y creadores (la destrucción es la forma suprema de la creación, el Dios del Diluvio y la Torre de Babel nos lo recuerda…), en la medida en que el odio bien administrado puede ser tan creador como el amor bien concebido.

    Toda oligarquía, toda tiranía lo saben, de manera que un síntoma de estar accediendo a la forma degenerada de gobierno que llamamos “oclocracia” es justamente la polución diurna y nocturna del odio mediático que se les hace padecer a los entrañables sujetos políticos españoles, en los que tanto se CIS-can hoy. Si por lo menos nuestra oligarquía, como la veneciana, celebrara fiestas de enmascarados por Carnaval para asesinarse entre ellos y quedar impunes… quizás tuviéramos la fortuna de que acabarían pos exterminarse unos a otros. Pero dado que aquí todo el año es Carnaval, nos ahorramos la sangre… y eso que perdemos.

    Si el “odio” es una categoría antropológica del presente es porque ha caído en manos del Estado y, por tanto, ha sufrido el mismo destino que todo aquello que es “administrado” y “gestionado” por el Estado: se ha deshumanizado, ha perdido quilates de pasión, se ha quedado en los puros huesos, se ha convertido en otro dispositivo más de la socialización controlada bajo estándares de pensamiento y conducta. El burócrata no odia, pero si lo manda el reglamento y se vive a salto de mata y soldada… hasta puede matar con sus propias manos (ver reportaje de “El Confidencial” de la pasada semana sobre el tomate del pueblín asturiano de “Llanes”: perfecto retrato de la España profunda setentayochera “in córpore insepulto” a cuenta de la “involuntaria muerte” del edil Ardines).

    El “Homo Estatalis Europaensis”, si bien no es un “Sapiens Sapiens” de pleno derecho, aunque la Prehistoria y la Arqueología afirmen lo contrario, al menos goza de una pequeña panoplia de nuevos sentimientos postizos, injertados como un implante en su mente claudicante y evidentemente esto es lo propio de un tipo de Humanidad que muy pronto se reproducirá “in vitro”. Porque todos esos sentimientos “mediáticos” y “paulovianos”, válidos para ser administrados por la “burocracia de los orto-afectos”, no son otra cosa que toscos ensayos preliminares de la liquidación de toda dimensión política de la enemistad real entre los hombres.

    Lo preocupante no es que intenten erradicar el odio y lo sustituyan por un sistema normativo de odios electivos a la carta, sino que a través de ello se intente desarraigar la posibilidad existencial misma de la relación política elemental: saber distinguir entre amigos y enemigos y actuar en consecuencia según lo exijan las circunstancias.

  3. Una lúcida reflexión. Cada día la sociedad es más pusilánime. Pongo el ejemplo de la censura de una exposición de arte contemporáneo en Portugal: La razón es que salen desnudos. Esto es de locos. Infantilizan al individuo. Así no pensará por si mismo.
    Con el odio ocurre exactamente lo mismo. Se trata de apelar a las entrañas emocionales del individuo. Mientras nos revolquemos dentro de nuestras cloacas sentimentales. No tendremos tiempo para pensar en el verdugo gubernamental que se yergue sobre nuestras cabezas.

    • La censura de la exposición que usted nombra en Portugal, me imagino que es la de las imágenes fotográficas de Robert Mapplethorpe, en la Fundación Serralves en Oporto, continúa abierta creo que hasta enero, a finales de mes hay una conferencia que compara la obra de ese fotógrafo con la de Miguel Ángel.
      El problema con esa exposición, conozco el museo , conozco la polémica y algunos mecenas del mismo, fue el decidir exponer parte de las fotografías en una sala apartada del resto, prohibiendo la entrada a menores de 18 años en ese espacio, creo que si pueden entrar acompañados, pero se ha decidido hacer así por la temática de la misma, Son fotografías sadomasoquistas, es como si va un menor al cine a ver una película porno y le prohíben la entrada. No creo que eso sea censura ¿no?.

      Personalmente creo que una cosa son fotografías de desnudos y otra de posturas totalmente sadomasoquistas, me parece correcto que se avise de ello y se pongan en una sala aparte. No creo que a ningún padre de familia le haga gracia ir a ver una exposición con sus hijos y se encuentre con fotografías de muy difícil explicación para los críos. Al museo le podría haber caído una muy gorda. La fundación no estaba dispuesta a pasar por esas y de ahí la polémica con el director que quería todo en la misma sala y sin aviso. Él, no estaba dispuesto a separar las fotos sadomasoquistas del resto y menos limitar la entrada a mayores de 18 años y montó el escándalo. Contando que el director que ha dimitido, João Ribas, desde que ha entrado a primeros de año tenía problemas con todos los miembros de la administración de la Fundación sobre todo con la Presidenta pues no llamaría a esa dimensión como salió en la prensa española, dimensión por censurar una exposición de fotografías con desnudos, el tema es más complejo.
      Incluso en algunos círculos artísticos de Portugal con los que tengo relación se comenta que realmente la dimisión viene ocasionada por la negociación de una próxima exposición para el año que viene donde no se tuvo en cuenta al director que ha dimitido para su realización y es la de Joana Vasconcelos que en este momento hasta noviembre está en el Guggenheim de Bilbao.

      Yo en esto de las censuras muchas veces no hago demasiado caso o al menos no me suelo creer la primera versión que sale a a luz. En éste le aseguro que no es como lo han contado algunos medios.

  4. Poema egipcio de 1.800 antes de Cristo

    ¿A quién debo hablarle hoy? Los parientes son malos, a los amigos de hoy no se los puede querer. ¿A quién debo hablarle hoy? Codiciosos son los corazones, cada cual le roba a su prójimo. ¿A quién debo hablarle hoy? La clemencia se ha destruido, la violencia toma posesión de cualquiera. ¿A quién debo hablarle hoy? El rostro del malvado brilla satisfecho el bueno ha sido arrojado al piso en todas partes. ¿A quién debo hablarle hoy? El que le pide cuentas a un hombre por una mala acción hace reír a todos los bribones.

    ¿A quién debo hablarle hoy? Se saquea. Todos le roban al más próximo. ¿A quién debo hablarle hoy? El ladrón es un hombre de confianza, el hermano, junto al que se vivía, se ha vuelto un enemigo. ¿A quién debo hablarle hoy? Nadie se acuerda del ayer ni (tampoco) se le devuelve a aquel que hoy hace (algo bueno). ¿A quién debo hablarle hoy? Los parientes son malos, hay que dirigirse a extraños para encontrar honradez. ¿A quién debo hablarle hoy? Los corazones se han destruido, todos bajan la vista al suelo frente a sus parientes. ¿A quién debo hablarle hoy? Los corazones son codiciosos (ya) no se puede confiar en el corazón de ninguna persona. ¿A quién debo hablarle hoy?

    No hay justos, el mundo queda a merced de quienes cometen injusticias. ¿A quién debo hablarle hoy? Falta confianza se busca refugio con el desconocido, para con él lamentarse. ¿A quién debo hablarle hoy? No hay personas felices, y aquel con quien se iba (antaño), ya no está. ¿A quién debo hablarle hoy? Estoy cargado de desgracia porque me falta alguien de confianza. ¿A quién debo hablarle hoy? El mal que golpea al mundo ¡no tiene fin.

    “Lebensmüde” en alemán: hombre que está harto de vivir, habla con su Ba alma independiente del cuerpo.

    • El Libro del Eclesiastés (3,16-4,4), atribuido al rey Salomón, es más moderno que el anterior, es lo más clásico a lo vivido por los hombre: comparar al hombre con el resto de las bestias, por su predisposición a la violencia y al egoísmo; y también acusarlo de no ser más que un manojo de vanidades:

      Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, impiedad; y en lugar de la justicia, iniquidad. Y dije en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios, porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace. Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros,

      y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra? …

    • Otras letras más contemporáneas parecen hacer eco del lamento egipcio. Es Leonard Cohen:

      “Todo el mundo sabe que los dados están cargados
      Todo el mundo lanza con los dedos cruzados
      Todo el mundo sabe que la guerra ha terminado
      Todo el mundo sabe que los buenos perdieron
      Todo el mundo sabe que la pelea estaba amañada
      Los pobres se quedan pobres, los ricos se hacen más ricos
      Eso es lo que pasa
      Todo el mundo sabe

      Todo el mundo sabe que el barco hace aguas
      Todo el mundo sabe que el capitán mintió
      Todo el mundo tiene ese sentimiento desgarrado
      Como si su padre o su perro acabase de morir

      Todo el mundo habla por lo bajo
      Todo el mundo quiere una caja de bombones
      Y una rosa de tallo largo
      Todo el mundo sabe

      Todo el mundo sabe que me amas nena
      Todo el mundo sabe a qué te dedicas
      Todo el mundo sabe que has sido fiel
      si quitas o pones una o dos noches
      Todo el mundo sabe que has sido discreta
      Pero había tanta gente con la que cumplir
      Sin tu ropa
      Y todo el mundo sabe

      Todo el mundo sabe, todo el mundo sabe
      Eso es lo que pasa
      Todo el mundo sabe

      Todo el mundo sabe, todo el mundo sabe
      Eso es lo que pasa
      Todo el mundo sabe

      Y todo el mundo sabe que es ahora o nunca
      Todo el mundo sabe que es o tú o yo
      Y todo el mundo sabe se es eterno
      Ah, cuando te has metido una o dos rayas
      Todo el mundo sabe que el trato se ha podrido
      El viejo negro Joe sigue recogiendo algodón
      Para tus cintas y lazos
      Y todo el mundo sabe

      Y todo el mundo sabe que la plaga está llegando
      Todo el mundo sabe que se está moviendo rápido
      Todo el mundo sabe que un hombre y una mujer desnudos
      Son sólo un artefacto brillante del pasado
      Todo el mundo sabe que la escena está muerta
      Pero habrá un contador en tu cama
      Que diga
      Lo que todo el mundo sabe

      Y todo el mundo sabe que estás en problemas
      Todo el mundo sabe por lo que has pasado
      Desde la sangrienta cruz en la cima del Calvario
      A la playa de Malibu
      Todo el mundo sabe que está desmoronando
      echa una última mirada a este Sagrado Corazón
      Antes de que estalle
      Y todo el mundo sabe

      Todo el mundo sabe, todo el mundo sabe
      Así es como va
      Todo el mundo sabe

      Oh todo el mundo sabe, todo el mundo sabe
      Eso es lo que pasa
      Todo el mundo sabe

      Todo el mundo sabe”

  5. Todo esto de los delitos de odio no es sino la forma postmoderna y educada de criminalizar al disidente. No hay odio que valga, lo que se trata es de penalizar las opiniones contrarias a la ideología dominante. Dos ejemplos: en primer lugar los delitos de odio contra el colectivo LGTBY etc etc, todo aquel que no comulgue con la ideología de género y los postulados de este colectivo lo hace porque odia, y ese odio hay que penalizarlo. Así que si usted recuerda en público que cuando era mozo en el colegio le enseñaron que hay un par de cromosomas que determinan la sexualidad de los seres humanos, y que solo hay dos sexos….pues a usted lo que le pasa es que odia.
    Segundo ejemplo. Si a usted se le ocurre decir que hombre el alzamiento del 18 de julio podía estar justificado como respuesta a la situación revolucionaria que vivía España tras el robo electoral, digo perdón el triunfo del Frente Popular…no es que usted tenga una determinada opinión histórica que pueda ser refutada con datos, sino que usted odia porque menosprecia a las víctimas de ese alzamiento y equipara a los demócratas (sic) con los fascistas (sic). Y así podemos seguir un buen rato.
    En definitiva es la instauración en el código penal del crimental.

  6. Comentaba con VILCHES en uno de sus artículos la oportunidad de repasar a Fromm y aquella socioterápia suya ahora que las neurosis de todos los colores y formas se están comiendo patas pa’rriba a occidente hasta reducirlo a la estupidización colectiva. Pero supongo que habrá que actualizar lecturas porque dudo que Fromm llegase a describir un grado de patología tan profundo como el contemporáneo.

  7. Hoy en día priman las ideologías llenas de demagogias para hacerlas triunfar hacen falta muchas mentiras y sobre todo cinismo. Un cinismo vestido muchas veces con las mejores galas pero lleno de una maldad inquietante y nunca van en busca de la verdad, sólo buscan “su verdad” el poder, el control, la manipulación y por supuesto la división de la sociedad para que su demagogia se convierta en odio colectivo y pueda ser más fácil lograr sus metas.

    El cinismo me produce impotencia, por la maldad que desprende y ante los cínicos lo mejor que se puede hacer es darse la vuelta. Sí, el problema es cuando en vez de ser la excepción se convierte en algo general y sí, yo misma me veo dominada por la rabia ante cínicos con muchas finuras pero llenos de maldad.

    • Odiar a alguien es darle demasiada importancia. No me acuerdo de quién lo dijo, porque me quedé con el mensaje, no con el mensajero.

      Una persona inteligente y adulta no debe coger rabietas ni odiar a nadie, pero no por la práctica de la virtud, sino por vergüenza torera. Aparte de que el odio o los disgustos envenenan la sangre del que odia, no de los odiados.

      La mayoría de la gente trata de controlarse cuando se enfada. Yo prefiero poner el filtro antes de llegar a enfadarse, es más práctico y sencillo. Sólo hay que aplicar la ley del mínimo esfuerzo.

      Si le doy a los demás el poder de hacerme enfadar, no podré luego decir que soy más listo que ellos, pues me han llevado al huerto de mala manera.

    • Muy de acuerdo EMME. Nunca he sabido o podido odiar, exige una capacidad de concentración que me supera. Lo mio es más el ‘asco vital’ ante el putiferio público.

      Por cierto, estoy viendo la deposición de TEZANOS en el CIS. No puedo dejar de recordar aquel estupendo ensayo de Elisabeth Noelle-Neuman ‘La espiral del silencio’…me da que Tezanos está jugando a enmudecer las críticas a Sánchez, ahora que la cascada de despropósitos llena las páginas a diario…y qué mejor para ello que proclamar al país que las simpatías a Sanchez se desbordan tratando así de inducir a la opinión pública, incitar la inhibición de la opinión crítica creciente.

      “El miedo al aislamiento es la fuerza que pone en marcha la espiral de silencio” afirmaba Noelle-Neuman. Pero me temo por las carcajadas en las redes sociales ante lo obsceno del CIS que el control al que aspira Tezanos como mucho operará solo sobre su milicia mediática.

      En fin, perdón Benegas por esta pequeña digresión a su artículo.