Cuando se tiene mucho dinero y poder es difícil resistirse a la tentación filantrópica: la élite globalista no se resiste y pretende salvar a la humanidad. Desde las más altas cumbres, y en nombre del progreso, nos diseñan un mundo a su medida por “nuestro bien”.

El activista progre también defiende el progreso y quiere “nuestro bien”, pero recorre el camino al revés. Con poco dinero y sin apenas poder empieza queriendo salvar a la humanidad desde la base: patronatos culturales y sociales en entes locales, grandes sindicatos, oenegés y asociaciones feministas y elegetebistas.

Antaño el progreso fue una idea que provocaba interesantes debates, hoy es la nueva religión que ya no se discute: los magnates globalistas son los sumos sacerdotes y los activistas progres, los nuevos curas de barrio

El activista progre enseguida se da cuenta de que su activismo tiene premio y su nivel de vida mejora, de modo que lo convierte en su modus vivendi. Si es voluntarioso puede seguir ascendiendo en el cursus honorum, pero pronto constata que hay un techo de cristal: estar en la cúspide de una oenegé o en la dirección de un partido político necesita la bendición del globalismo tecnológico y financiero.

En este punto de convergencia es donde se fragua la gran estafa: la élite globalista solo seguirá promocionando a los activistas que hayan recorrido meritoriamente su camino y quieran seguir avanzando en el sentido correcto. Dar el paso no resulta muy difícil, después de todo el objetivo de ambos es en gran medida coincidente: crear un mundo sin fronteras poblado por individuos desarraigados, intercambiables, compulsivos, hedonistas, infantiles y emancipados de sí mismos. Que resulte al fin un paraíso o un infierno carece de importancia, llegados a este punto de cinismo las palabras han dejado de tener sentido y las proclamas utopistas son cantinelas que se tararean sin pensar. Los menos escrupulosos y más avispados superan el examen sin muchos problemas de conciencia y siguen adelante.

Se conforma de este modo la nueva élite política, pero hay que seguir haciendo méritos. Si asaltas una capilla ligera de ropa, despotricas contra los curas, proclamas alertas antifascistas por televisión, te disfrazas de abeja Maya protestando por los desahucios y defiendes con fervor revolucionario a los okupas, puedes mejorar sustancialmente tu patrimonio y adquirir poder de verdad: llegar a alcalde de una gran ciudad o a vicepresidente del gobierno. Incluso a presidente de EE. UU.

Para el ciudadano medio que no es activista progre ni pertenece a la élite globalista comienza sin embargo la gran confusión. El consenso progre-globalista se ha convertido en hegemónico y los medios de comunicación de masas y las redes sociales han hecho eficazmente su trabajo: los argumentos se sustituyen por relatos, las opiniones disidentes se censuran, las contradicciones se cabalgan y las palabras difuminan sus antiguos significados. No se trata de que pienses como ellos ―después de todo no sabes todavía muy bien quienes son ellos―. Se trata simplemente de que no puedas pensar. Todo intento de explicar el mundo desde viejas categorías está condenado al fracaso y cuanto más insistas en desenterrar pasados antagonismos ideológicos, más se te ocultará la verdadera batalla.

Si te sientes muy de izquierdas echarás pestes del «neoliberalismo capitalista» que parece dirigir el mundo desde arriba: la maldita derecha de siempre. Si te sientes muy de derechas, culparás de tus males al «activismo neocomunista» que te agobia desde abajo: la inconfundible izquierda revolucionaria. Pero el esfuerzo por identificar al enemigo resulta baldío cuando las palabras ya no significan lo de siempre ni son inconfundibles. Mientras te rebanas los sesos intentando resolver el enigma, el llamado «activismo neocomunista» y el llamado «neoliberalismo capitalista» bailan juntos como dos enamorados: muchas organizaciones identitaristas y la mayoría de las oenegés ejercen su actividad en pro de «los oprimidos del mundo» con la ayuda de los grandes magnates capitalistas. ¿Comunistas bailando con liberales?

Es innegable que hay muchos elementos que se confabulan para que no puedas salir fácilmente del laberinto, pero en los nuevos tiempos es recomendable apagar la televisión y agudizar la mirada.

Cierto que los activistas progres asumen como propia la tradición comunista, pero ya no son comunistas. Cierto que los magnates globalistas son fruto del liberalismo político y económico del siglo XX, pero ya no son liberales. En ninguno de ellos encontrarás amor por el proletariado ni aguerrida defensa de las libertades. Coinciden, sin embargo, en cosas importantes: una veneración cuasi religiosa por la tecnología y un irrenunciable afán por construir un hombre nuevo.

Los activistas progres te venderán un paraíso sin fronteras poblado por emancipados seres angelicales: una inmensa comuna hippie con tecnología futurista. Los magnates globalistas, un mercado global con millones de consumidores satisfechos de si mismos obedeciendo un algoritmo: una inmensa granja donde se cultivan personas destinadas a ser esclavos felices. Algunos de los primeros aun te hablarán de internacionalismo vestidos con una camiseta impresa con la imagen de Marx. Los segundos exhibirán un gran retrato de Popper y disertarán sobre un mundo global abierto de par en par. Varía la retórica, incluso la percepción; pero la realidad que describen sigue siendo la misma: un capitalismo hipertecnológico, digital y moralizante donde una minoría inmensamente rica controlará, sin excesivos problemas, una sociedad mundial atomizada, hackeada y colectivizada.

El baile de máscaras continúa.

Una vez alcanzada la utopía, ni activistas progres ni dirigentes políticos ni poderosos globalistas echarán de menos la antigua libertad, porque la posmoderna felicidad será ya completa. Sobre todo, para ellos. Para el resto ―cada vez más pobres, alienados, desarraigados y aislados― no será tan completa; pero al menos podremos seguir wasapeando con el vecino a través de nuestro teléfono móvil, subiendo fotos de gatitos a las redes sociales y disfrutando de las series que nos ofrecen las grandes plataformas televisivas a módico precio.

Antaño el progreso fue una idea que provocaba interesantes debates, hoy es la nueva religión que ya no se discute: los magnates globalistas son los sumos sacerdotes y los activistas progres, los nuevos curas de barrio. La gran posverdad está a punto de sernos revelada: la “sociedad abierta” en la que se ha convertido el mundo global se ha reconciliado al fin con “sus enemigos”.

Entretanto, en el gran carnaval del mundo, Popper y Marx bailan un vals.

Foto: jlhervàs.


Por favor, lee esto

Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticamente correctas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo tú, mediante el pequeño mecenazgo, puedes salvaguardar esa libertad para que en el panorama informativo existan medios nuevos, distintos, disidentes, como Disidentia, que abran el debate y promuevan una agenda de verdadero interés público.

Apoya a Disidentia, haz clic aquí

21 COMENTARIOS

  1. La quimera de un gobierno mundial que neutralice todas las hostilidades entre los hombres instaurando la Paz Perpetua, pertenece al acervo de Occidente. Humanistas, ilustrados y revolucionarios de toda estirpe han soñado con esa utopía. El marxismo la formuló a través de la clase proletaria universal, no siendo sino una más de las ensoñaciones del espíritu de Occidente. La fantasía vigente hoy día, va aún más lejos, aspirando a neutralizar hasta la hostilidad en el interior de los hogares y a redimir a todos los desafortunados de la historia, bien sean por motivos económicos, sexuales o de cualquier otro tipo. Lo irónico es que el panfleto de Kant “La paz Perpetua” se inspira en el lema de un cuadro que vio en una taberna cuyo tema era un cementerio.

  2. El hombre vive en la historia, pero no la hace. De ahí que sea una empresa estéril buscar al sujeto de la historia, aunque sea útil para la acción política la identificación del enemigo.
    La situación actual es una prolongación del papel de la técnica como centro de gravedad de lo político. Una tendencia que se inicia a mediados del XIX con el industrialismo, y que hoy quizás esté llegando a su ocaso por agotamiento de sus posibilidades y una metafísica de la Naturaleza paralizante, al anteponer el ideal de neutralizar todo efecto de la acción del hombre sobre la Naturaleza. La utopía que hoy llaman “cuarta revolución industrial” que es el núcleo del “proyecto globalista”, en realidad es el declive del impulso técnico, ya que su objetivo es limitar el uso de la Naturaleza, redivinizada por una metafísica política neopagana. El centro de gravedad de la técnica y su culto, ha girado hacia un culto de la Naturaleza, con sus leyes deterministas inflexibles, que lógicamente no abrigan la noción de libertad. Es un giro en el que Occidente se ha convertido en Oriente y viceversa. Unas élites políticas resignadas, que incapaces de operar en el “aquí y el ahora”, se ocultan de la realidad con el disfraz de salvadores de la humanidad.
    De otro lado, la patografía sobre la época de la que hablamos a diario, solamente hay que referirla al círculo cultural de Occidente. El “globalismo” no es un asunto mundial, es una enfermedad occidental, que creyéndose todavía el centro del mundo y en la dirección de la Historia, le da un contenido universal. Una patología paralizante, mientras el mundo sigue moviéndose, sin esperar a que los expedientes multilaterales de las burocracias occidentales resuelvan sus contradicciones. No hay razón objetiva para que esto sea así. Solo los errores del espíritu deciden el camino. Se ha señalado muchas veces que los sueños de cosmópolis humanitarias son lo propio de los pueblos derrotados, penitentes, o de aquellos que han agotado sus posibilidades históricas.

  3. Dice el autor entre otras muchas cosas muy interesantes,
    «Para el ciudadano medio que no es activista progre ni pertenece a la élite globalista comienza sin embargo la gran confusión»

    La confusión no solo la padece el ciudadano medio, como hemos podido observar en estos últimos meses y años son casi todos los que no pertenecen al «Grupo» los que no se enteran de lo que está pasando, me atrevería a decir incluso que muchos de los que creen pertenecer a esa elite tampoco se enteran.

    Ayer escuchaba a un conocido economista liberal español analizar las medidas de Biden y ya patinaba cegado por la corrección política y económica.

    Desbrozar lo que está pasando es complicado, desde un cambio generacional plagado de hijos únicos sin referencias masculinas dopados de idealismo «buenista» a una tecnología que aún no ha encontrado su sitio, como la lavadora, andamos cargando con ella las veinticuatro horas al día, pasando por todos los traumas y locuras del género humano que se pretenden solucionar con un decreto ley.

    Pongamos solo dos ejemplos de la época, pretender acabar con el crimen pasional o brote psicótico por medio del decreto ley y la publicidad televisiva, o la auto elección de sexo a conveniencia haciendo un rabito a la «O» o borrando el rabito de la «»A».

    Sin tirarme flores, que me las tiro, siempre he tenido la capacidad de leer las sociedades, por eso me resulta imposible estar de acuerdo en su totalidad con teoría alguna, sea esta política, económica, filosófica, sicológica, sociológica, física, biológica o lo que sea.

    La verdad es que mis análisis son bastante elementales, pero como los he comparado con los de los expertos viendo que los míos son más precisos, prefiero basarme antes en mi percepción que en los sesudos estudios que solo conducen a la confusión.

    Cuando escucho a un economista o cualquier periodista decir que la crisis económica de 2007 no se podía prever se que estoy frente a un idiota. La crisis de 2007 era evidente para el que quisiera ver y no tuviera intereses a corto plazo como orejeras.
    Era tan fácil ver la crisis de 2007 como la mucho más terrible que está a punto de caramelo.

    Si alguien ha leído mis comentarios desde hace más de dos años habrá visto que desde el minuto uno dije que el objetivo de Sánchez era quebrar la nación, no hacía falta ser muy sagaz, solo era necesario observar los nombramientos.
    En agosto de 2018 como hice en octubre de 2005 liquidé empresas y propiedades. El oro se ha revalorizado un treinta por ciento desde septiembre de 2018 y las.propiedades han perdido un treinta por ciento de su valor, aparte los impuestos que te has podido ahorrar al no tener actividad alguna.
    Es decir, que sin realizar ninguna actividad económica se ha podido incrementar el patrimonio en un sesenta por ciento mientras que muchos de los que ejercen una actividad están casi en la ruina.

    Naturalmente que hay un plan, como dije hace unos días el Plan de Sánchez es el mismo que el de Biden, quebrar la nación. España arrastrará a Europa a acordar con EEUU la criptomoneda oficial una vez se haya arruinado al mayor número de personas y las propiedades estén a pelo puta para el gran capital global. Luego las leyes marginarán al pequeño o mediano emprendedor o innovador.

    Lo que se intuía con bastante claridad desde hace dos años es que alguna catástrofe tenía que suceder antes de las elecciones americanas. Las mutaciones del virus han sido para los negacionistas Johnson y Bolsonaro, la tercera ola para España que luego se extenderá a Alemania y esto Europa.

    Esta pandemia es una mierda, una pandemia que no llega a los 99.999 muertos como advertí en marzo en un año en un país como España se puede considerar una pandemia de mierda.
    Una pandemia de verdad se habría llevado por delante dos millones de españoles.
    En esta época a cualquier simulacro lo llaman catástrofe.

    Canarias y Honduras avalanchas de invasores para desvirtuar las naciones, renta mínima vital, confiscación salvaje de patrimonio a través de impuestos… La misma política con distintos fines, España solo interesa en el mundo para hacer quebrar o debilitar a Europa, solo eso es España en este momento, el interés de chinos y globalistas está en África, América del Sur ya está tomada.
    Los políticos de los últimos cuarenta años no ha sabido facilitar la creación de riqueza para sus pueblos, ahora no saben qué hacer ni tienen capacidad para ello, imaginemos lo peor, cualquier político actual está comprado por las migajas de la información privilegiada (ver políticos españoles y esposas) que les sueltan con cuentagotas los que tienen muy claro como repartirse el mundo del siglo XXI.
    Viva África y la criptomoneda de Microsoft.
    Hoy ser patriota es no pagar impuestos, aunque sé que más de un renegado de la patria no estará de acuerdo, cuentas claras machetes a sus vainas.

    O ponemos la tecnología en el sitio de la lavadora o la llevaremos a cuestas durante muchos años. Ser un esclavo es una opción de libertad progre en el siglo XXI.

  4. Excelente artículo Don Jesús.

    No es sencillo explicar de una manera tan comprensible un tema tan complejo. Se echa en falta, sobre todo en muchos de los ponentes «liberales» que hay en Disidentia. No acaban de entender que el liberalismo que ellos predican no tiene cabida en el mundo de hoy..

    Por lo demás, recordar que una situación parecida se dio en la Alemania Nazi de 1933.. y de cómo se apoyó el partido Nazi en todos esos camisas pardas (S.A.) por un lado, para luego pasar a apoyarse los clásicos esos capitostes de la industria..; ambos (camisas pardas y capitostes) pensaron que podrían cabalgar el tigre, pero el tigre los acabó devorando.

    Muy pedagógica al respecto la película «La caída de los dioses» de Visconti.

    Yo creo que de obligada visón para los que no acaben de entender su artículo en cuestión.

    Hay que entender al respecto varias cosas:

    1/ Que los nazis gozaron de gran respeto y admiración en gran parte de la «inteligencia», cultura y los poderes occidentales. Sólo hay que ver otra película, la de Leni Riefenstahl sobre los JJOO de Berlín y el entusiasmo con muchas delegaciones (la francesa por ejemplo) saludan a Hitler para ver el peso que tuvo el nazismo, no sólo en Alemania.

    2/ Que el plan de los nazis era plenamente globalista. Ellos pensaban que eran los arios quienes debían mandar en el mundo, y la guerra sólo era una herramienta para que los arios acabaran mandando en cada país.

    Y no creo que el sentimiento de superioridad que embarga a las élites globalistas y que les «legitima» ante ellos mismos a tomar decisiones «difíciles» sea muy diferente al que tenían los jerarcas nazis.

    Conviene recordar el triste final de muchos judíos, de los que una buena parte se pudo salvar si hubieran evaluado correctamente la situación; pero pensaron que cómo no se consideraban en estricto senso judíos, si no alemanes, italianos, franceses… siendo el tema judío en su manera de ver la vida una cuestión secundaria; no les afectarían las leyes nazis cómo luego les afectaron. Pudiendo haber huido y sin hacerlo. Obviamente los nazis les caían mal, pero nunca pensaron que la cosa llegaría a tanto y que se ensañaría con ellos de la manera en que se ensañó.

    Conviene recordar, también, la actitud que tuvo la Iglesia Católica al respecto. Se dieron innumerables casos de curas, obispos… además de católicos de a pie que dieron su vida luchando contra el nazismo, sin duda; pero la jerarquía de arriba pensando que el asunto iba de lucha contra el anticomunismo, amen de un in disimulado antisemitismo, se hizo la loca. No colaboró pero tampoco se enfrentó. Y le pesó después, vaya si le pesó. Gran parte de las meteduras de pata del Concilio Vaticano II son para tratar de ganarse a una opinión pública que se había distanciado por ese lavarse las manos en un tema tan capital. Ahora es aún peor, no sólo no se lava las manos si no que colabora de manera activa con esa pareja de baile tan siniestra. No se si poniendo la partitura, la orquesta o el local. Pero colabora.

    Lo mas terrible es que entonces aún se podía huir. Lo peor de ahora es que será mucho mas complicado.

    Un cordial saludo

    • Vaya comparación cogida con pinzas, cuya motivación real se reduce a esto: «las élites globalistas son malas, así que voy a compararlas con los nazis». Que el nacionalsocialismo fue globalista es una de las cosas más alejadas de la realidad que he escuchado últimamente.

      • No me negará que el comunismo siempre ha sido internacionalista. El nazismo era nacional socialista pero en una nación muy grande, casi, casi como el mundo de grande.

      • Completamente globalista.

        Se podían encontrar nazis en todos los paises del mundo, incluidos UK y USA, por supuesto.

        Y no eran 4 gatos.

        ¿O se cree que los nazis invadieron Uropa cómo la invadieron porque encontraron una gran resistencia en amplias capas de la población?

        Y en los mismos USA y UK se debatió entre sus clases dirigentes (incluido el propio Rey en UK) hasta que punto era conveniente el enfrentamiento con ellos, si al fin y a la postre «no parecía tan desatinado lo que proponían» (dicho en modo irónico)

        Y si en algo beben gran parte de élites globalistas actuales es es del nazismo, transmutado en eso que llaman transhumanismo, pero es el mismo perro con distinto collar.

        https://www.otraspoliticas.com/politica/somos-ya-transhumanos/

        • https://www.otraspoliticas.com/educacion/humanos-transhumanos-y-posthumanos/

          «… En un futuro muy próximo, los más privilegiados del planeta van a someterse a todo tipo de manipulaciones genéticas y de implantes cibernéticos, para multiplicar sus capacidades y prolongar su vida hasta los límites que permita alcanzar la tecnología.

          La riqueza y el poder se están concentrando en un número cada vez más reducido de personas. Y todas las ventajas que proporcionan estos avances, presumiblemente muy caras, solo serán asequibles para ellas. Se está gestando una casta de humanos más longeva, más sana y con más capacidades naturales o implantadas que las del resto de la humanidad.

          En una sociedad en la que existan estas enormes diferencias, la desaparición de la democracia es inevitable. El transhumanismo puede encaminarnos hacia un nuevo orden mundial gobernado por élites que se han elegido y diseñado a sí mismas, auxiliadas por los ordenadores más sofisticados que pudieran concebirse; o, incluso, por una inteligencia artificial casi todopoderosa. Un orden mundial regido por algoritmos.»

          • ¿Tu argumento es que el NS tuvo apoyos o simpatizantes en otros países en el contexto de una guerra? ¿Eso lo convierte en globalista? No había leído un argumento más débil en mucho tiempo, hasta que vi el siguiente: El trashumanismo es globalista luego el NS lo era. De verdad, es sorprendente.

            Un movimiento político cuyo lema es “sangre y suelo”, que constantemente se refiere a la particularidad alemana o el carácter de la raza aria, a las raíces germánicas, al espacio vital alemán, a un escenario exclusivamente europeo, y en cambio frecuentemente menciona “las potencias financieras internacionales” como enemigo, o el “individuo abstracto” como entelequia a combatir, jamás puede ser “globalista”, sino justamente lo inverso. Esa mirada rápida a lo esencial bastaría para zanjar el asunto, pero podemos ver lo que decía explícitamente Alfred Rosenberg:

            “El numero preponderante de aquellos que estaban destinados a defender el acervo espiritual alemán y llevarlo creativamente de nuevo al futuro, persiguió en este camino a dos fantasmas: el “yo” y la así llamada “humanidad”. Que entre estas ideas estaba la nacionalidad (volkstum) fundada en la sangre, frecuentemente solo se admitía, casi vergonzantemente, como mal necesario, no como fuente originaria eterna de todo lo creativo. Hoy han vencido todas las fuerzas contrarias, que sin la menor conciencia nacional propugnan políticamente una republica mundial (o bien una “pan-Europa”) y en el orden moral quieren crear una “cultura de la humanidad”, no radica originariamente en ningún suelo. El individuo es considerado de ahí también en el aspecto cultural sin ninguna conexión con raza, pueblo, estado, lengua e historia, y reunido teóricamente con centenares de millones de individuos de otros pueblos, estados y continentes. Así como el actual sistema económico internacional coloca el desnudo pensamiento del lucro en el centro de toda volición, así también el verdadero resorte motriz de la predica internacionalista es el egoísmo desencadenado, una doctrina que ha de posibilitar al individuo a organizar su vida y su obra sin ningún deber frente a pueblo y estado. Empero, para cubrir este crudo materialismo, se habla del deber frente a la “humanidad”, la que al carecer de forma y existencia real, no pasa de una frase hueca. En vista de esta corriente hoy casi omnipotente crece, sin embargo, poco a poco también la conciencia de que la realización del pensamiento internacional en sus diferentes matices ha de generar no una humanidad armónica ni tampoco una “cultura de la humanidad”, sino un caos en todos los campos de la vida.”

            o Walther Schoenichen, en palabras de Luc Ferry:

            “Pero sobre todo comprobamos que el régimen nacionalsocialista, contrariamente a una tenaz leyenda, no sólo se orientó hacia la técnica moderna, sino, por lo menos en la misma medida, también fue hostil a lo que actualmente llamaríamos la «modernización» económica, percibido como destructora de los caracteres étnicos particulares así como de la naturaleza original. En esta perspectiva asistimos a un auténtico «elogio de la diferencia», a una rehabilitación de la diversidad en contra de la unidimensionalidad del mundo liberal. Pues la ideología que subyace en el liberalismo, así lo recuerda Schoenichen en el contexto de su defensa e ilustración de la ley de 1935, se caracteriza por «la influencia niveladora de la cultura general y de la urbanización que reprimen cada vez más la esencia propia y original de la nación, mientras que la racionalización de la economía hace que paulatinamente vaya desapareciendo la especificidad original de los paisajes»» (13). Así pues, según un tema que recuperarán tanto la revolución conservadora como el izquierdismo de los años sesenta, tanto Heidegger como Marcuse, Alain de Benoist como Félix Guattari, hay que aprender a resingularizar, a rediferenciar a los grupos y los individuos en oposición al amplio movimiento de indiferenciación (de «americanización») que representa la dinámica central del Capitalismo mundial. En su versión nacionalsocialista, este tema antiliberal se expresa mediante la idea de que tras los dos primeros movimientos de la historia, el de la edad de oro y el de la caída, sólo la producción de un hombre nuevo (die Umgestaltung des deutschen Menschen) abrirá el camino hacia el fin de la historia, es decir, hacia esa redención que permitirá enlazar con el origen perdido. Por mucho que hoy en día pueda parecer paradójico, era perfectamente lógico que las legislaciones sobre la protección de la naturaleza se prolonguen en un tercermundismo respetuoso con la pluralidad (la «riqueza y la diversidad») de las diferencias étnicas.”

        • Este es un tema muy interesante y que abre la necesaria revisión de algunas supuestas seguridades intelectuales que nos dejó el final de la Segunda Guerra Mundial. Durante décadas, las industrias culturales (las del capitalismo y las del comunismo) se han dedicado a convencer a la población de que el nazismo había sido por completo eliminado de la faz de la tierra en una operación muy globalista. El mundo quedaba libre de aquella cosa tan loca, tan racista, tan particularista, tan reducida a Alemania y así.

          Buena parte de la tecnología y la ciencia que está en la base del actual globalismo se debe a científicos e ingenieros alemanes nazis que fueron muy bien acogidos por el complejo militar estadounidense.

          Buena parte de las estrategias de manipulación de masas que se están usando, así como la implantación de leyes ideológicas fueron probadas con éxito por los nazis, si bien los principios teóricos eran marxista-leninistas.

          Me imagino que este asunto dará bastante juego…

          • Da juego porque parece que os habéis puesto de acuerdo en usar argumentos pobres. Ahora sucede que no hay diferencia entre el fondo y la forma. Al parecer, Von Braum cruza el Atlántico para construir cohetes y ya los EEUU son un poco nazis… o la propaganda se dirige a las emociones en vez de a la razón y ya el poder es medio nazi…

    • Patina con su crítica a la Iglesia Católica y su jerarquía en relación con el nazismo. No veo yo muy de lavarse las manos la encíclica de Pio XI «Mit brennender Sorge» (Con inmensa preocupación) de 14 de marzo de 1937. Encíclica crítica con el nacional socialismo y que se leyó en todas las parroquias católicas alemanas, a pesar de la prohibición de las autoridades. Cuando se empezaron a aplicar en Alemania los primeros programas eugenésicos y de eutanasia que tanto gustan a los progres de hoy en día, tuvieron que ser detenidos ante la protesta de la Iglesia católica alemana, y de la luterana. Por último el Papa Pío XII salvó a miles de judíos durante la guerra, según reconoció el gran rabino de Roma Israel Zolli al igual que Golda Meir que escribió que «cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se alzó en favor de las víctimas». No, la Iglesia no se lavó las manos.

  5. Muy buen artículo. En el siglo XXI, Marx y Popper son pareja LGTB. El gran problema, como dice el Sr. Portella, es que la mayoría de los de abajo siguen funcionando con las viejas categorías, que ya no sirven para nada, pero los de arriba no. Los de abajo siguen con «izquierda, izquierda, derecha, derecha» y los de arriba están entre «lo viejo y lo nuevo». Lo nuevo es el «hipercapitalismo tecnológico globalista del colocón mediático pajeril multicultural». Es decir, la ceremonia de la confusión. Un mundo de ruido, de caos, de agitación, de inquietud permanente. Los de arriba lo tienen claro. Contra más absurdo sea todo, más poder van a tener, mientras no se caigan dos cosas: internet y las cadenas de suministro (de alimentos y de energía).

    Para ello han encontrado a los aliados perfectos: una clase política occidental absolutamente servil, miserable y vomitiva. Unos tipos sin escrúpulos, que mienten sin despeinarse y que no solucionan absolutamente nada y lo único que hacen es dar subvenciones para tener a la sociedad completamente pastoreada. En ello tienen como mercenarios a los medios de comunicación. Actualmente comprar un periódico o ver la televisión es como acudir a tu camello a que te suministre tu dosis diaria de droga dura.

    Y digo clase política occidental, porque la élite china tiene su propia agenda y si estos «lumbreras» de EEUU (e Inglaterra, con su patio trasero escocés y gibraltareño, entre otros) y la patética Union Europea creen que van a dominar al dragón lo llevan claro clarinete.

  6. No sé si bailan un vals o un tango, pero cierto es que muchos liberales andan encandilados con que el hombre nuevo ya no necesite ser libre, porque tiene 5g.

    Muy buen artículo.

    • Hoy la propietaria de un bar clausurado ha escrito en «Facebook» «del bar come.mi familia» y se ha quedado tan ancha después de escribirlo, seguro que sigue pagando impuestos en lugar de comida.
      Escribir en Facebook bien, pero abrir el bar no.Como la gente siga pensando en arreglar el mundo por Twitter o Facebook lo va a pasar muy mal.

      • Totalmente de acuerdo, todos los bares y restaurantes de España deberían abrir y deberían llenarse de parroquianos consumiendo sin bozales. Los abogados deberían ofrecer sus servicios gratuitamente a los hosteleros que se enfrenten a la represión.

Comments are closed.