Estoy por pensar que el anumerismo español, en especial el de muchos periodistas, es de tal calibre que una buena mayoría ha dado en pensar que los ceros valen lo mismo a la derecha que a la izquierda, no creo que sea por ser centristas sino más bien porque la ignorancia se ha vestido de seda y pocos son capaces de ver la mona numérica por debajo del derecho a opinar.
Está visto que los números no nos dicen gran cosa, que no los usamos para pensar, que los oímos y los repetimos sin la menor tendencia a calcular lo que nos podrían mostrar con claridad. Reconozco que escribo bajo el mosqueo que me ha procurado saber que al bueno de Mariano Barbacid, que ha investigado sobre el cáncer con notables éxitos a lo largo de su vida, le faltan unos 30 millones de euros para rematar el éxito experimental que ha obtenido combatiendo el cáncer de páncreas, mientras que, a un tal Broncano, seguramente más conocido por eso que se llama el gran público, le han prorrogado por dos años su programa en TVE por apenas 32 millones de los mismos euros. Aclaro lo que esto quiere decir y espero que la mayoría de mis sabios lectores no se molesten, en España hay muchas más facilidades para dar millones a un cómico que para financiar un programa de investigación con capacidad de salvar muchas vidas a nada que todo vaya medio bien.
En España los números ya no sirven para pensar, sino para fabricar relatos. Mientras la investigación que podría salvar miles de vidas mendiga millones, el poder reparte cifras a golpe de propaganda y el periodismo aplaude sin calcular
También les recuerdo a mis pacientes lectores que en medio de la pandemia nuestro gobierno, progresista, resiliente y solidario donde los haya, concedió casi una decena de millones a unos sabios del CSIC para que creasen una vacuna contra el Covid de la que se afirmaba que sería la repera, con la mala pata de que los laboratorios que consiguieron la que luego nos aplicaron a todos se gastaron decenas de miles de millones con el mismo propósito. Y luego dicen que el pescado es caro…
La conclusión es que los números del dinero no les dicen nada a los españoles porque de entenderlos medianamente es posible que algún que otro gerifalte político se hubiese llevado una pedrada. Un ministro ejemplar como el llamado Puente ha hecho estos días atrás auténticas virguerías manejando números con la misma habilidad que los trileros mueven sus barrilitos y con el mismo resultado, que muchos españoles han seguido pensando, ya lo decía yo, que la culpa del estado de las vías es del cambio climático.
Ya dije que a esta clase de magias numéricas ayudan mucho los periodistas que se esfuerzan en clarificar el panorama. En un digital bastante prestigioso y en el seno de un amplio reportaje sobre el accidente se reconocía que España invertía algo menos que otros países europeos en el mantenimiento de sus vías de alta velocidad y se razonaba del siguiente modo: Alemania invierte 187.000 euros por km al año, Francia 121.000, España 110.000 y la media europea está en 90.000 euros por km/año. Teniendo en cuenta, añado yo, que sólo Italia tiene una red comparable habría que concluir que su inversión habría de ser negativa para que la media estuviese donde decía la información, pero no creo que en el país trasalpino sean tan perversos como para invertir cada año casi -120.000 euros por kilómetro de modo que la media fuese la citada. La conclusión está clara, Puente ha conseguido convencer al personal de que estamos en plena normalidad en esto del mantenimiento o incluso por encima de la media, según se mire, y que, como sospechará cualquier progre a nada que se le insista en el asunto, la culpa la tuvo el cambio climático y perdón por repetir, pero ya dejó claro Goebbels todo lo que había que decir a este respecto.
Después de todo hay que reconocerle a Puente que lo hace muy bien y que eso es lo que les molesta a los de las dos derechas y a los muchos fascistas desorejados que campan por España. Yo, no obstante, me inclino a no concederle tanto mérito a Puente, aunque reconozco que es alumno destacado de una estupenda escuela, la del maestro Sánchez a quien habría que dar un Premio Nobel si existiese la disciplina del relato oportunista. ¿Hay alguien mejor que él para cubrir cualquier bulo inconveniente con una estrategia de calidad mundial? ¿Hay alguien capaz de conseguir que Elon Musk le entre al trapo cuando le venga bien?
Basta con recordar los relatos que Sánchez ha traído a la palestra tras el choque de los trenes en Adamuz y la muerte de un maquinista en Cataluña. En primer lugar consiguieron marear la perdiz casi durante una semana discutiendo si la culpa podía ser del balasto, del carril viejo, del carril nuevo, de la soldadura, del desvío adyacente, del peso excesivo de los trenes italianos, de la liberalización o de la falta de mantenimiento que, como es lógico sería culpa del irresponsable de Rajoy que disminuyó los fondos destinados a tal fin; advirtieron además que el ministro no puede estar en todo, que no durmió más de tres horas durante esos días y que dio tropecientas ruedas de prensa.
Agotados de tanto detalle prolijo y misterioso, fue un accidente muy extraño, dijo Puente nada más empezar a emborronar el caso, nadie caía ya en la cuenta de que alguna responsabilidad habrían de tener el ministerio y el gobierno pues son los que se tienen que ocupar del balasto, del carril, de las soldaduras y de lo que haga falta, porque ya lleva ocho años en los sillones y podían haber caído sobradamente en la cuenta de que don Mariano había sido un poco rácano, la verdad.
No contentos con tanta explicación y tan abundantes datos, pronto trajeron a primer plano lo de la regularización de los inmigrantes, tan lleno de promesas vacuas como repleto de ineficiencias, según marca de la casa, y luego el amor a la infancia maltratada por los malditos roedores de las redes sociales y a la confiada espera de que Trump les eche una mano con cualquier aparición. Seguro que me dejo algo en el tintero, pero el resultado final ha sido que Puente duerme ya a pierna suelta, como de costumbre, encantado de ser un ministro tan eficaz y tan valiente porque ha dado la cara, como debe ser, leñe.
Como se sabe, cuando el diablo no tiene mucho que hacer, mata moscas con el rabo y acaba de regalarles a los chicos del gobierno un aguacero de los que hacen época en Andalucía, además, y ya están tardando en buscarle las pulgas a Moreno que, de momento, anda elogiando la coordinación de las administraciones no vaya a ser que el aparato la emprenda a mamporros con la Junta aprovechando la torrentera, sobre todo si hubiese alguna presa que se venga abajo, que todo el mundo sabe que las hizo Franco.
Hay un dicho optimista que afirma que “dato mata relato”, pero aquí a muchos lo de los datos les suena a inteligencia artificial y a alta tecnología, nada que ver con la política que les parece una rama de la poesía o de la canción protesta, puestos a buscar relaciones. Sánchez, sin embargo, sabe sacar oro de lo que le interesa y para eso tiene a 800 asesores en Moncloa que se encargan cada vez de más cosas y todos los días, salvo cuando descansa en algún parador o finquilla del Estado, le presentan a primera hora un listado de temitas bien cocinados y con los datos justos, o sea sin exagerar, para que escoja el rumbo que le quiere dar a su Gobierno en las próximas horas, no tiene nada que hacer, no tiene presupuestos, no puede aprobar nada, pero anda que no tiene ocurrencias para tapar la boca a quien se atreva a hablarle de cualquier asunto incomodo. E la nave va…
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