Existen en el lenguaje político ciertos términos desgastados que ya no son monedas fiables. Tanto uso y manoseo han acabado por borrar el relieve de sus superficies, que era lo único que les daba valor. Ahora son simples trozos de metal. Y, sin embargo, siguen circulando en el mercado político como si fuesen de curso legal. Con ellas se compran odios y amores, vituperios y fatuas exaltaciones que vienen finalmente a canjearse en votos: blanqueo definitivo del dinero sucio.

El eslogan sustituye a la argumentación; la expresión rimbombante al término preciso

Qué importa que las monedas sean falsas si, a su manera, siguen funcionando. El chamán más ignorante sabe que la carencia de significado de una palabra se compensa con creces si adquiere a cambio un poder hipnótico. Y pocos políticos se resisten a utilizar este poder. Son políticos chamanes. Los he visto; todos los hemos visto. Arengando a la multitud con sus gestos mientras pronuncian la palabra mágica. El eslogan y el ripio sustituyen a la argumentación; la expresión rimbombante al término preciso que pretende atrapar la realidad.

Los políticos como chamanes

Imposición de usos lingüísticos y estigmatización

En nombre de la nación alemana, Hitler exterminó a los judíos. Y por el bien de la humanidad e invocando la justicia universal Stalin mató de hambre a millones de compatriotas. El abuso de las palabras por los brujos de la tribu acaba casi siempre por asesinar, primero a la semántica y luego a las personas. Sin semántica, las palabras son solo recipientes de profundas emociones, sonidos mágicos que me dicen si soy de los buenos o de los malos, marcas en el territorio que indican donde está el enemigo.

Imponer ciertos usos lingüísticos y estigmatizar otros es la tarea de los nuevos chamanes

Imponer ciertos usos lingüísticos y estigmatizar otros es la tarea de los nuevos chamanes. Pervertir el significado de los términos, avivar las pasiones y fomentar la estulticia son las inevitables consecuencias.

El chamanismo de los secesionistas catalanes

En el caso español, me pregunto qué tipo de hechizo esconden hoy en Cataluña expresiones como facha, franquista o fascista, una y mil veces invocadas, lanzadas al adversario como maldiciones de la misma calaña que el mal de ojo y el rabo de lagartija. El manido “España nos roba” o la fantasía proclamada por Marta Rovira: “violencia extrema y muertos en las calles”, son solo dos de las múltiples proclamas con las que suelen acabar sus conjuros. Palabras gastadas y frases hechas que anulan la inteligencia y adquieren una renovada importancia por lo que invocan y sugieren, por lo que pretenden resaltar y por lo que quieren ocultar. Se construye así un idioma solo para iniciados.

La mayoría de los secesionistas nunca dirán Cataluña y el resto de España, dirán Cataluña y el Estado. Dialogar es negociar el modo y los plazos para alcanzar la independencia. Derecho a decidir es tan solo la fórmula acordada para subrayar que Cataluña es una nación soberana y España un Estado sin nación. Por más que el articulo 155 de la Constitución esté, obviamente, en la Constitución; para los independentistas es anticonstitucional.

Los independentistas encarcelados por una acción ilícita son presos políticos; y si huyen, exiliados. Pero si no son secesionistas son, respectivamente, políticos presos o prófugos. Llamarán policía nacional a la policía autonómica, y a la verdadera policía nacional la llamarán siempre policía española. Dirán que el Estado español es represor; pero evitarán explicar que lo es en la misma medida que hace cumplir la ley y, que en este sentido, todo Estado es represor —incluso un futuro Estado catalán—. La normalización lingüística consiste en benévolas medidas de protección a la lengua catalana, pero nunca confesarán que conlleva prohibir a los comerciantes rotular en español y a los profesores enseñar en español a los alumnos.

El chamanismo en la Nueva Izquierda

Pero el chamanismo político que padecemos no se agota en el delirio nacionalista. Una tribu hermana viene a sumársele: la autodenominada Nueva Izquierda que brota de pensadores como Althusser y Gramsci. Sus seguidores, más torpes y zafios que sus maestros, convierten el lenguaje en un campo de batalla en el que se conquistan palabras como si fuesen colinas estratégicas. El nuevo vocabulario acaba por ser asimilado por todos los partidos y los medios de comunicación.

Ser feminista ya no es defender la igualdad entre hombre y mujer sino abanderar la discriminación positiva que discrimina negativamente al varón

Los políticos como chamanes

Ser feminista ya no es defender la igualdad entre hombre y mujer sino abanderar la discriminación positiva que discrimina negativamente al varón. El género no es una categoría gramatical que se expresa en la dualidad masculino y femenino. Tampoco se corresponde con el básico niño o niña que nos comunica el tocólogo tras escrutar la esperada ecografía de nuestro hijo. Es una identidad elegida entre más de cien posibilidades —según un tal Vitit Muntarbhorn, supuesto experto y Defensor Global LGBT de Naciones Unidas, hay exactamente ciento doce—. Un hombre puede elegir ser mujer, incluso mujer lesbiana, y el Estado ha de reconocer su derecho a serlo. Si tal derecho incluye la asignación de un ginecólogo en la Seguridad Social sigue siendo a día de hoy un enigma.

Ante este estado de cosas, solo cabe ser una cosa: disidente

Platón utilizaba el vocablo simploke para señalar que las ideas suelen estar enredadas. De modo que para pensarlas hay primero que desenredarlas. En realidad pensar y desenredar son lo mismo. Y ambas cosas son complicadas hoy.  Al abrir un periódico o encender la televisión uno se da cuenta de que hay demasiados enemigos de Platón: no solo se complacen en la simploke de las ideas, sino que parecen tener una clara voluntad en aumentar el enredo.

Ante este estado de cosas, y a poco que se respeten las palabras y los significados que quieren ser pensados a través de ellas, solo cabe ser una cosa: disidente. Siquiera como defensa propia ante un mundo invadido por emoticonos, conjuros y consignas tribales.


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6 COMENTARIOS

  1. ¡Enhorabuena amigo, le ha salido un artículo “simploke” como una catedral. Diría que también en Castellano, que por supuesto tiene reminiscencias helenas, le ha salido un panfletillo simplón para los que, al carecer de capacidad crítica, debe apelarse a sus emociones.
    Se me ha olvidado Ud. de:
    La movilidad exterior.
    Un crédito en condiciones muy ventajosas.
    La discriminación positiva (contrasentido donde los haya)
    La ley es igual para todos.
    Finiquito en diferido.
    Y podría enumerar un largo etcétera, para confrontar su puntualización (al mejor estilo de La Sexta) de que todos los excesos provienen de la “ultraizquierda”, en el hipotético caso de que hubiera una izquierda verdadera en nuestro infortunado país.
    Veo que también los catalanes le escuecen cuando intentan, con los mismos métodos de Ud., atacar a sus enemigos apelando a los que pensar, les produce jaqueca. Ya bastante tienen los catalanes con el P.de Cat (Delincuencia i Unió) y un amplio sector de la CUP que parecen sacados de un cómic para minorías inhábiles para un ejercicio intelectual de mínimos.
    Me extraña que vea como defectos lo que omite del españolismo de charanga y pandereta, y nos quiera hacer creer que “los polacos”, son los malos en esta peli serie Z.
    Yo no soy catalán, pero si independentista, ¿ y sabe porqué?, porque estoy francamente hasta los tuétanos (espero sepa valorar mi estabilidad que me permite aún algún que otro eufemismo) de escuchar el maldito monotema que sirve de cortina de humo a los verdaderos y urgentes problemas que nos acucian. ¡Llevamos 7 malditos años con esta pugna de trileros!, siete demoledores años de escuchar mamones, imbéciles, oportunistas y bocazas, atacar a una de las naciones que forman España porque se quieren pirar de este puticlub. Ellos tienen un idioma propio, costumbres y hechos históricos diferenciales como coartada, para la huída, amén del desprecio y el odio de una gran parte de la España Prostitucionalista que no pierde ripio para atacarles cuando como comunidad, ha aportado ingentes recursos (que por supuesto le corresponden), para que llegaran a fin de mes muchas otras que, lejos de no haber hecho nunca sus deberes, tienen el cuajo de cogerles como muñeco del Pim Pam Pum.
    Si mañana surgiera un grupo independentista en Valladolid, sería yo de los primeros en pedir el carnet, porque de verdad le digo que, tras décadas de esperar el despertar de la masa de desfavorecidos, estoy llegando a la conclusión de que lo mejor sería pirarse de este país de borricos que ven como acaba el PPSOE y Ciuidaanos con las magras conquistas obtenidas desde el 78.
    Este es el primer artículo de DISIDENTIA, que hace brotar de mí la bestia parda, si le he dado la enhorabuena al principio, es porque me sorprende que un medio que hasta ahora ha mantenido una línea sensata, le haya dejado un sitio muy valioso para que lo utilice como las Teles nacionales o la prensa basura (El País, ABC, La Razón, El Inmundo, El Español y hasta El Diario.es, que empezó bien y le tomo el gustito a la publicidad y al elogio fácil de PAGAFANTAS, HEMBRISTAS y demás fauna progre y estulta.

  2. Una puntualización:
    En Cataluña no se prohíbe rotular en castellano, se obliga a rotular en catalán bajo pena de multa. Luego uno puede añadir el castellano, el chino o el coreano si quiere, pero siempre tiene que aparecer el catalán.
    Acabo de leer el artículo de este medio titulado: “Cuanto más corrupto es un país, más leyes tiene”
    Impresionante e indignante.
    ¿No es lícito que muchos catalanes se quieran separar de un país así?
    Un país con una corrupción galopante, en el que muchos de los que hacen las leyes y normas para poner trabas a la iniciativa privada, se benefician de las leyes que ellos mismos elaboran para impedir el acceso a la actividad y a la libre competencia.
    Y encima lo hacen en la economía sumergida, sin pagar impuestos y sin cotizar a la SS, en un abuso de poder vergonzoso sobre la sociedad que administran.
    Entiendo que los catalanes se quieran marchar de un país así.

    • Muy de acuerdo con sus postulados, Libertad, gracias por hablar sin cortapisas; aprovechemos que DISIDENTIA es aún el espacio soñado por los que escapan al discurso oficial u oficioso.

  3. Certero artículo. Felicidades por el mismo y por la nueva revista. Mucha suerte.
    Quizá el artículo se abra a una complicidad de la que no se habla tanto cuando se estudia la manipulación del lenguaje por parte de dirigentes y propagandistas políticos: quien atesora el significado de las palabras y por tanto tutela los automatismos de las conciencias, pudiera empujar a su pueblo a cometer injusticias.
    Espero ansioso su siguiente artículo, por si fuera esta posible responsabilidad de los pueblos y de sus dirigentes (u otra similar y/o más interesante) su temática.

  4. El nuevo chamanismo que invoca el autor tiene su sede en el Ministerio de la Verdad orwelliano, con su lema: “La guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza”. Pero esta nueva jerga distópica que el enemigo usa permite identificarlo. Jesús Palomar expone ejemplos clarísimos: el abuso del calificativo “democrático”; la referencia bigenérica, “ciudadanos y ciudadanas”, “jueces y juezas”, etc, que ya es hasta obligatoria por ley cuando se elabora el Reglamento de un colectivo; etc, etc. Todo empezó con la publicidad puramente comercial en los medios de comunicación de masas. Para muchos que se creen políticos, lo que hacen es publicidad dirigida a ganar votos. Nada más; menuda farsa.

    • Quiero informarle Tamachak, que esto empezó mucho antes; el primero que echó mano de este filón, fue el general De Gaulle en los 60′. Los revisionistas encontraron hace unos años el chollo, y desde entonces vienen torturándonos con la duplicación de género que tanta figura pintoresca nos ha legado. Testigas y miembras, y un largo etcétera de papanateces, apuntan a un público inculto y desasistido de criterio propio. El Castellano tiene normas antiguas para unificar en un sentido único lo que engloba a ambos géneros. ¿Que hay alguien que pretende que cambiemos la “O” por la “a” o lo que sea oportuno?, por mí, ningún problema, lo que debe evitasrse en cualquier caso, es que los grupos minoritarios en las cámaras dispongan de escasos minutos, y los malgasten alegremente en esta soberana estupidez.

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