Imaginemos una democracia, pero una democracia en tiempos convulsos, cuestionada fuertemente por un activismo bien organizado, intenso y creciente, donde la imposición de una nueva  y benéfica revolución estuviera liderada no por personas corrientes ni siquiera por gobernantes, sino por personajes acreditados e influyentes, con posiciones destacadas en las universidades más prestigiosas del mundo y grandes corporaciones.

Imaginemos que estos líderes contaran con la ayuda, además de la ONU y grupos activistas, de los medios de información, de tal suerte que sus emergencias, amplificadas por diarios, radios, televisiones y redes sociales, se propagaran con tal intensidad que cualquier crítica resultara casi inaudible y, con el tiempo, se da forma a una opinión pública vehemente, inasequible al debate y a la indagación.

Y ahora, la pregunta: ¿podría esta democracia resistirse a la imposición de un nuevo orden? Y en caso de resistirse, ¿por cuánto tiempo?

Podcast de análisis con José Luis González Quirós (filósofo), José Carlos Rodríguez (periodista), Luis I. Gómez (bioquímico) y Javier Benegas (periodista)

Nota: David Runciman es Director del Departamento de Ciencias Políticas Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge, no de la La Universidad de California en Berkeley.

Fotografía de cabecera: Ingmar Rentzhog, presidente del Think Tank “We Don’t Have Time” del que son miembros desde políticos socialdemócratas suecos hasta ejecutivos de grandes empresas energéticas del país.


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