Roberto es el jefe de una oficina de 10 empleados, una persona extremadamente pendiente de su apariencia. Viste de forma juvenil aunque ya sobrepasó la cincuentena, se ha realizado implantes capilares para disimular su creciente calvicie y sometido a una intervención de cirugía plástica para corregir unas leves arrugas faciales. Pero eso no es lo peor. Aunque sus cualidades son más bien mediocres, trata a sus subordinados con desprecio, con arrogancia. Les dice con frecuencia que no valen para nada, que su trabajo es deplorable. Se comporta con ellos como un tirano. Tan sólo acepta la cercanía de Mario, un tipo que le adula constantemente y muestra ante él una conducta sumisa. Su vida personal se desarrolla de manera similar: tiende a apartarse de aquellos que le critican o le tratan como a un igual y a juntarse con los pocos que le admiran o que han desarrollado una relación de dependencia hacia él, como su novia. En realidad, Roberto muestra rasgos de Narcisismo.

Aunque no exista absoluta unanimidad, muchos estudiosos coinciden en que nuestra sociedad sufre, desde hace décadas, una imparable epidemia de narcisismo. La extraordinaria preocupación por la apariencia física, el desorbitado crecimiento de la industria de la cirugía plástica, la admiración por las celebridades, el deseo de ser “especial”, de poseer el último modelo de aparato electrónico, serían síntomas de un creciente narcisismo que va engullendo a las sociedades ricas y desarrolladas.

Según cuentan Jean M. Twenge y W. Keith Campbell en The Narcissism Epidemic (2009), en los Estados Unidos, 1 de cada 10 veinteañeros y 1 de cada 16 personas de cualquier edad mostrarían rasgos narcisistas. Los casos más graves, que no son muchos, son diagnosticados como Trastorno Narcisista de la Personalidad, un síndrome identificado en 1971 por el psiquiatra Heinz Kohut y reconocido oficialmente como patología en 1980. La identificación relativamente reciente de este trastorno y su mayor incidencia de estos rasgos entre la población joven, y menor en los adultos, serían indicadores del crecimiento y la extensión del problema.

Los modernos medios de comunicación, como la televisión y más recientemente Internet, actúan como potentes cajas de resonancia de una cultura del “¡mírame!”

Como Narciso el joven griego que se enamoró de su propia imagen, el aspecto físico y otras señales externas son elementos que necesita el narcisista para atraer la atención del público, para sentirse protagonista, para mostrar a los demás que es especial. Los modernos medios de comunicación, como la televisión y más recientemente Internet, actúan como potentes cajas de resonancia de una cultura del “¡mírame!”.

Naturalmente, este narcisismo no afecta a todos los ciudadanos, ni a todo el mundo por igual. Aunque se encuentre bastante extendido, tiene una desmesurada incidencia en la clase política y en la llamada “élite” del periodismo.

El Narcisismo, una incontenible epidemia social

Cómo es el narcisista

Un narcisista se sobrevalora a sí mismo, exagera sus cualidades. Piensa que es único, especial, que supera a los demás en estatus, apariencia, inteligencia o creatividad. Pero no es así: en realidad posee, en media, las mismas cualidades que el resto. Eso sí, desarrolla una conducta particular: va seleccionando sus relaciones sociales de manera que maximicen la autoadmiración.

Se rodea de un tipo de personas que lo adule, raramente de aquellos que critiquen sus defectos. Además, carece de empatía, de cercanía, de amor por sus semejantes. Tiende a abusar de los demás, a despreciarlos y a fomentar en ellos conductas sumisas. Al centrarse en sí mismo descuida a los demás y es reacio a asumir responsabilidades: se trata de una faceta más del infantilismo.

El narcisista descuida a los demás y es reacio a asumir responsabilidades

Sin embargo, el narcisismo es una trampa retardada: la aversión a asumir responsabilidades y la excesiva autoconfianza suelen ser recetas infalibles para el fracaso en el largo plazo. Implica también un notable perjuicio social pues el narcisista suele obtener sus ventajas a expensas de otros.

Narcisismo no es lo mismo que autoestima, pero…

Narcisismo y autoestima son dos conceptos distintos. Es cierto que el narcisista posee una elevada autoestima: se cree más inteligente, más bello o más importante que los demás. Pero nunca más ético, más compasivo o más preocupado por el prójimo. Sin embargo, ambos conceptos están relacionados: una de las causas del crecimiento del narcisismo en los últimos tiempos ha sido precisamente la búsqueda de autoestima a toda costa, una tendencia que se puso de moda hace unas décadas.

Una clave para el crecimiento del narcisismo ha sido la búsqueda de autoestima a toda costa

En el pasado, la autoestima no se perseguía: era un subproducto del esfuerzo y del consiguiente éxito. La voluntad, la renuncia, el trabajo duro contribuían a lograr los objetivos que el sujeto se había propuesto. No es que las personas con mayor autoestima tengan más éxito: es el éxito el que conduce a una más elevada autoestima. Por ello, la autodisciplina, la cordura, la frugalidad, el aplazamiento de la gratificación, el esfuerzo, la paciencia, la tenacidad eran cualidades que definían, entre otros, el valor de una persona hasta hace unas cuantas décadas.

No es que las personas con mayor autoestima tuvieran más éxito: era el éxito el que conducía a una más elevada autoestima

La era del “crecimiento personal”

Pero, las tornas comenzaron a cambiar en los años 60 y 70 del siglo XX cuando aparecieron ciertas corrientes de pensamiento que ensalzaban las emociones, la supremacía de los sentimientos sobre la razón, la importancia del crecimiento personal. Surgió la llamada cultura terapéutica, una ideología que considera a los individuos  frágiles, tendentes al fracaso debido a una baja autoestima. Por ello, fomentó estrategias para incrementar la autoestima de los sujetos, buscó supuestos atajos para alcanzarla… sin necesidad de trabajo o sacrificio, sin conseguir antes objetivo alguno, sin voluntad ni renuncia.

La cultura de la autoestima gratis y sin esfuerzo contribuyó a la propagación de la epidemia de narcisismo

La cultura de la autoestima gratis y sin esfuerzo contribuyó a la propagación de la epidemia de narcisismo pues abrió, entre otras cosas, lo que se llamó el dogma de la autenticidad: lo importante no era que un individuo fuera trabajador, voluntarioso o esforzado sino que fuera auténtico, que expresara abiertamente sus sentimientos y emociones. “Sé tú mismo”, era el lema. Ya no se mediría a las personas por sus actos sino “por lo que son”.

Y las consecuencias no tardaron en hacerse notar. En The Culture of Narcissism (1979) el sociólogo norteamericano Christopher Lasch señalaba: “Hoy día, muchas personas persiguen ese tipo de aprobación que aplaude no sus acciones sino sus cualidades personales; no lo que logran sino lo que son. Más que respetados, buscan ser envidiados. El orgullo ha sido sustituido por la vanidad“.

Lógicamente, esta corriente abría las puertas a la irresponsabilidad personal, uno de los elementos del narcisismo. Y también a la corrección política: cada persona no sería valorada por lo que hace sino por lo que es; por el grupo al que pertenece. Tanto la cultura terapéutica como la corrección política despojaron al individuo de su responsabilidad; no lo trataron como una persona dueña de su futuro sino como una víctima de circunstancias sociales, como una mera hoja al capricho del viento.

La autoridad paterna… en crisis

La cultura terapéutica puso en duda la capacidad de los padres para educar a sus hijos sin ayuda, sin el consejo de expertos, menoscabando así la autoridad paterna. Los progenitores de los 50, acostumbrados a ser tratados muy estrictamente cuando eran niños, intentaron cambiar las tornas.

Ciertamente, el tipo de familia donde los padres ejercían poder y mando absolutos era ya producto de otra época. Pero, en lugar de encontrar el equilibrio adecuado, en demasiadas ocasiones los padres acabaron en el extremo opuesto. Intentaron ser amigos de los niños, en lugar de figuras con autoridad, buscando a toda costa la aprobación de sus hijos: la autoridad había cambiado de bando.

El Narcisismo, una incontenible epidemia social

Con la mejor de las intenciones, los padres se volvieron demasiado permisivos. Y, siguiendo la creencia imperante de que una elevada autoestima era crucial para el futuro de sus hijos, hicieron lo  imposible para proporcionársela, con efectos muy adversos. Como señalan Twenge y Campbell: “hoy día, muchos padres intentan fomentar la autoestima y la auto-admiración en sus hijos, en parte porque ciertos libros han pregonado su importancia. Desgraciadamente, muchas de las cosas que los padres creen que elevan la autoestima, como decir al niño que es especial o darle todo lo que pide, en realidad solo conducen al narcisismo“.

Estos autores cuentan el caso de un joven de 18 años, de Illinois, que indicaba a su padre el puesto de trabajo que debía aceptar. O el de un niño de cinco años que decidía el modelo de automóvil que compraría la familia. Son casos extremos, pero muestran hasta que punto llegó degradarse la autoridad paterna y ofrecen una imagen del caldo de cultivo en el que se desarrollaron las nuevas generaciones de narcisistas.

Superar la marea de narcisismo requiere recuperar la responsabilidad individual, la cultura del esfuerzo. Y combatir la corrección política

Superar la marea de narcisismo requiere recuperar la responsabilidad individual, la cultura del esfuerzo, la autonomía de los ciudadanos para tomar sus decisiones. Ser consciente de que la autoestima no se busca: se encuentra con el recto comportamiento y el trabajo bien hecho. Es necesario restaurar una autoridad paterna, razonable y equilibrada, adaptada a los tiempos. Y también combatir con firmeza la corrección política, una fuente inagotable de narcisismo, pues induce a ciertas personas a creer que son especiales, sin mérito alguno, tan sólo por pertenecer a un colectivo determinado.

A la postre, el narcisismo es la comida basura del alma humana: es atractivo, asequible, parece mostrar un buen sabor en el corto plazo… pero resulta devastador con el paso del tiempo.


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Juan M. Blanco
Estudié en la London School of Economics, donde obtuve un título de Master en Economía, que todavía conservo. Llevo muchos años en la Universidad intentando aprender y enseñar los principios de la Economía a las pocas personas interesadas en conocerlos. Gracias a muchas lecturas, bastantes viajes y entrañables personas, he llegado al convencimiento de que no hay verdadera recompensa sin esfuerzo y de que pocas experiencias resultan más excitantes que el reto de descubrir lo que se esconde tras la próxima colina. Nos encontramos en el límite: es momento de mostrar la gran utilidad que pueden tener las ideas.

36 COMENTARIOS

  1. Para los que nos educamos en el franquismo, la mitología griega se pasó por alto en nuestra formación porque había otras prioridades, ahora con los masones de la transición al mando nos convertimos en autodidactas y vemos como la Ilíada y la Odisea y sus interpretaciones romanas se consideran por ciertos grupos escrituras a partir de las interpretaciónes de los neoplatónicos. El mito de Narciso tiene varias capas de interpretación según el grado que se alcance en la logia en el que tambien participan Afrodita y Athena.. La interpretación mas profunda que he leido es la de Karl Jung al ser gnostico como los neoplatónicos. No hay duda que somos marionetas, solo queda saber quien es el mago de Oz.

  2. “El Reino de Narciso” es mortal. Los sujetos infantiles, incapaces de amar no pueden generar vida. Solo pueden consumirla, como el “último hombre”. Creo que esa es la gravedad de Narciso.

    La política actual, escasa de legitimidades pero buscando nuevas fuentes de legitimidad, se ha apuntado a este juego perverso de intentar modificar la identidad del hombre, bien se entienda esta como natural, orden creado o histórica. Cuestión que es otro problema.”Nuevas formas de familia y de sexualidad”, le llaman. Probablemente este sea el ataúd de esos políticos. Y no porque consigan construir el Reino de Narciso y el “ultimo hombre”, sino porque los hastiados, muchos más de los que los medios de propaganda dan a entender, están ya hasta las narices de tanta falsificación sobre la vida, contradiciendo su propia experiencia personal. Todos somos hijos y padres y sabemos de qué hablamos.

  3. El narcisismo no deja de ser una forma de infantilismo y de falta de personalidad
    Narciso en el mito griego era hijo de Liríope, la cual, cuando nació, consultó a un vidente sobre el futuro de su hijo y éste le dijo que podría vivir muchos años a condición de que nunca se conociese a si mismo.

    Hoy en día la gente no quiere conocerse, y mucho menos aceptar sus fallos, quieren ser eternamente jóvenes, hedonistas, y curiosamente no quieren una personalidad propia, por ello proliferan como moscas los llamados “influencers”. Son ejércitos siguiendo a un creador de tendencias y cuando se miran al espejo quieren ver a su ídolo y no a si mismos porque el día que se miran en su propia imagen se mueren ahogados por no poder soportar el hecho de poseer y no poseer al mismo tiempo.

  4. El tema del artículo es la Identidad de masas socializadas sobre la base de modelos simulados de identidad.

    Es una dialectizacion de individuo frente a masa.

    La Identidad nada tiene que ver con este asunto.

    NARCISO se enamora de su imagen porque necesita a un Otro en que reconocerse en su pura idealidad: si él es bello lo igualmente bello sólo puede ser su propia imagen reflejada en la corriente de agua.

    El mito griego, comoquiera que se interprete, quiere decir que incluso en la soledad el hombre se desdobla en amante y amado.

    La plenitud del amor omite el paso hacia la Otredad y se satisface con el Único. Es de hecho la práctica de la Homosexualidad griega tal como es descrita por Foucault en su «Historia de la sexualidad».

    El Arquetipo mítico cambia de sentido aplicado a las masas de la era electrónica y digital.

    La idealidad de lo mismo no es mi Yo redoblado por la imagen sino un Modelo estándar creado industrialmente para todos los Yoes indifenciados de un mundo indiferenciado.

    Las sociedades modernas de masas en ningún sentido son «narcisistas» e «identitarias» en sentido fuerte (ideológico, político) ni sus «individuos» son Individuos en el sentido de una tradición humanista burguesa y liberal.

    Lo que el artículo llama «narcisismo de masa» es el sentimiento que experimentarian los automóviles montados en cadena si tuvieran conciencia «humana».

    Por supuesto, es el «tipo humano» que necesita el Capital Global para reproducirse: una piececilla dentada del engranaje a la que basta convencer de que es igual e incluso mejor que otra piececilla dentada para volverla activa.

    Narciso: frente a la pantallla de su ordenador portátil que refleja las variaciones bursátiles en tiempo real. Aquí el amor no es posible. Por eso la Psiquiatría se hace cargo de ellos.

    • El tema del artículo es la Identidad de masas socializadas sobre la base de modelos simulados de identidad.
      Es una dialectizacion de individuo frente a masa

      Sí, pero la tesis de Lasch es el del fracaso de la relación entre individualismo y colectivo. De ahí el repliegue narcicista. Es el ‘yo débil’ escapista buscando compensación.

      • Toda la raíz de la Sociología académica americana y europea deriva subrepticiamente después de 1980 de una lectura muy superficial y antifilosófica de la obra de JEAN BAUDRILLARD, el más profundo “nietzscheano” de su generación intelectual tan cacareada (Barthes, Deleuze, Derrida, Foucault), a quien tengo el gusto de conocer demasiado bien desde hace casi 30 años, cuando nadie en España había oído ni visto escrito nada sobre la crítica de la publicidad, la sociedad de consumo, los sistemas de signos del capitalismo tardío, la cultura semiológica de la imagen, la Simulación, los modelos de simulación, la hiperrealidad, la cultura del espectáculo (y la sociedad del espectáculo, ese Débord únicamente lo entendió y desarrolló el propio Baudrillard y gracias a su influencia secreta es conocido) y una considerable cantidad de nociones que hoy son moneda corriente sin saber quién las pensó por primera vez y les dio carta de naturaleza en el discurso público. No fueron los “marxistas” sino Baudrillard el que silenciosamente destituyó a toda la crítica de las ideologías de origen marxista de su poder de fascinación.

        Con Baudrillard pasa como Trevijano: nadie sabe, o prefiere ignorar, quién ha pensado por primera vez conceptos cuyo porvenir inexplorado es nuestra herencia.

        Toda las tesis sobre la teoría del narcisismo de masas son un derivado anglosajón de lo que Gilles Lipovestky en “La era del vacío” (1980) desarrolló a partir de su lectura del propio Baudrillard y sus tesis sobre la personalización de la “diferencia mínima” de los productos trasladada a los sujetos desde “El sistema de los objetos” y “La sociedad de consumo”, sus libros más convencionalmente “sociológicos”.

        Los anglosajones no son capaces de crear ni una sola categoría de pensamiento sin “”fusilar”” a los alemanes vencidos y sin masacrar a los franceses, sus traductores y difusores, y a veces hasta creadores de nuevas ideas.

        “La Cultura del narcisismo” es de 1979 en su primera publicación y su éxito se debe a la base cultural francesa anterior.

        • A partir del siglo XIX Narciso se comienza a tratar de manera diferente, si hasta ese momento se ha visto siempre como el peligro del amor a sí mismo, múltiples variaciones de artistas miran a Narciso de otra manera, Óscar Wilde, Paul Valeri, Lorca, Max Aub, André Gide, este último ve en la obra de arte la transparencia del agua que refleja la perfección y por lo tanto un lugar donde mirarse a pesar de los peligros.
          Estoy de acuerdo con usted en el fusilamiento del pensamiento alemán y francés a cargo de los libros de autoayuda americanos.

          • Me imagino que conoce bien la homosexualidad de todos o casi todos los escritores citados, lo que reafirma mi impresión de que una cultura social derivada de la categoría de lo narcisista está muy cerca de la experiencia griega de la homosexualidad, pero en la sociedad moderna quizás tan sólo representa otra de las muchas tentativas depresivo-nihilistas de huir del cristianismo, la moral y el peso de las profundidades.

  5. Antológica columna del autor…, y van?

    Desde luego en DISIDENTIA (Pensar está de moda), te hacen pensar. Y yo me siento un poco intimidado, inseguro (la autoestima!), porque creo que me faltan lecturas.

    El narcisismo implica un significado peyorativo. Qué dice el diccionario? Vayamos a la fuente.

    narcisismo
    1. m. Manía propia del narciso.
    2. m. Excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras.

    La palabra clave es complacencia (“Satisfacción, placer y contento que resulta de algo”). Y el diccionario opta por un tono neutro, no negativo (no vengativo), para definirla.

    El narcisismo es una seguridad en ti mismo (autoestima) mal entendida, exagerada, y que sugiere otras graves carencias de personalidad.

    Además, el narcisismo exige un tercero, un público, para mostrarse, porque a solas el narcisismo no sirve para nada.

    Creo que el exceso de narcisismo que hoy denuncia el autor se debe sobre todo a una pobre vida espiritual, que no tiene que ser necesariamente religiosa confesional.

    Vacío por dentro (incluso te aburres contigo mismo, algo terrible) necesitas el y lo tercero, el público, al que enseñas tus plumas de pavo real.

    El narcisismo es una pérdida de tiempo, y lo bueno es que la vida, con su crueldad a veces, te termina por poner en tu sitio.

    Mención aparte merece el no narcisismo femenino, pues creo que es defecto esencialmente masculino, de pavo real en perpetuo celo.

    Las mujeres no suelen ser narcisistas, sino encantadoramente coquetas, cosa muy distinta.

    Las mujeres, como siempre (y salvo las feministas rojillas), van un paso por delante en la evolución. Han alcanzado (casi) su estado de perfección.

    A los hombres nos falta un hervor evolutivo. Por eso somos todos un poco narcisistas…

      • Lo que tiene su lógica (siempre griega) pues el narcicismo no deja de ser un chute para escapar de la realidad y ser feliz en un mundo onírico…y falso

      • Menudas sobredosis de narcisismo me meto yo por las mañanas, al desperezarme esnifo el aroma a narciso que expelen mis axilas y salto de la cama camino del espejo del baño donde me envuelvo en una nube de reflejos que proyecta mi apolínea figura, casi mareado por la sublime belleza que desprendo alcanzo a duras penas la mesa donde me espera el café humeante y el ordenador encendido que ansía las caricias literarias en el matutino paseo por DISIDENTIA.

          • No hay duda que el narcisismo es mejor que el “Prozac” y más barato, lo malo son los efectos secundarios que ha enumerado Blanco.

            Un saludo

          • Lo dicho:

            HENRY MILLER es un cachondo mental, además de narciso, claro.

            (Qué bueno es el olor a napalm, perdón, a uno mismo por la mañana… A ellas les gusta…)

  6. Gran artículo señor Blanco. La verdad es que hay un abismo entre la pareja de fundadores y algunas obras firmas de la cabecera.

    A firmar artículos como este no se llega estudiando periodismo, ni ciencias políticas, ni historia, ni economía. A firmar artículos como este se llega tras muchos años de pasión por el aprendizaje, de pasión por la búsqueda de los mejores autores de cada materia, de pasión por la crítica, a veces descarnada, de pasión por la lectura. Pero la lectura de autores de nivel, no de premios Planeta ni gilipolleces de esas.

    En los días que lleva activo Disidentia he hecho críticas feroces a algunas firmas, y es que, si queremos hacer de Disidentia un referente en el pensamiento crítico y libre, debemos dejar clara la diferencia entre un gran artículo y la basurilla mediocre que se lee en los medios al uso.

    • Bueno, bueno, Rberzal no se me ponga estupendo en el sentido valleinclanesco del término.

      Tanto los articulistas como los foreros intervinientes hacemos los que podemos. Yo, en particular, a mi provecta edad (septuagenario) entro aquí en vez de irme a HBO o Netflix, pues estimo éste es el nuevo “entertainment business” que ha dejado de darme Hollywood.

      De hecho son los 4€ que con más gusto pago por estar entretenido. Acabo de oír en la “telly” que el cardiólogo Valentín Fuster aconseja que nada de sobresaltos, de stress, de preocupaciones innecesarias, etc.

      Tengo un aparatito que me mide la presión arterial y es de 120/80, el nivel de glucosa no pasa de 100 en ayunas y si un compareciente a los que invita B&B a escribir no me gusta pues no me cabreo. Me digo para mis adentros: cómo se nota que es muy joven!

      “No hard feelings, honest!”

      Buenas noches.

  7. Lo peor de ese narcisismo fundamentado en una autoestima falsa es que es una burbuja muy frágil. Por mucho que estos terapeutas estatales lo intenten, la vida siempre choca con esa burbuja y la estalla. Cuando una persona es equilibrada soporta el golpe(como se espera de una persona adulta) pero cuando el que choca es un narcisista el golpe es durísimo y se viene el mundo encima. Bueno, eso o se llega a la conclusión de que la culpable de todo es la sociedad que no le ha dejado continuar en su “feliz” fantasía.

    Un saludo.

    • Que entroncaría con el infantilismo social ya tocado por el autor y otros problemas sociales, suicidios, abusos sobre la parejaculpables las dos partes etc…

  8. La autoridad paterna es uno de los cimientos de la sociedad tradicional, y si se acompañaba con el ” sus labores” que figuraba en los antiguos DNI como profesión de la esposa ( y madre), miel sobre hojuelas. A todo ello, un control sobre salidas diurnas y nocturnas de los hijos ( las chicas volvían antes de las diez, como cantaba Serrat) reforzaba esa autoridad, junto con unas leyes represivas en el mismo sentido. P.ej. una mujer casada no podía comprar una lavadora a plazos. En fin, no sé si es obsesión mía, pero me inclino a pensar que esta crítica a costumbres y comportamientos actuales contiene una dosis de nostalgia por los tiempos pasados. Y eso ya, o es de viejos, o es de carcas, o es de viejos carcas.

    • En Usa actualmente hay pena por beber y las costumbres en las diversas comunidades son mucho mas estrictas que las de la España de Franco entre mormones, ortodoxos, luteranos, etc y quien triunfa socialmente es quien se ha educado mejor, los demás “catle” para regocijo de las nuevas élites que pretenden fomentar el consumismo sobre producos y servicios de las empresas en que son accionistas

  9. No me voy a hacer pedante para justificar el narcisismo. Lo voy a decir en pocas palabras y de forma popular:

    ¿Quien, todas las mañanas (o casi todas) no se mira al espejo, y se pone a pensar algo así como: ¡joder!, como pasan los años. Eso sí, mi amigo Roberto (póngase el nombre apropiado que se desee) está mucho peor que yo. Y no solo físicamente. Ya es que hasta chochea, y todavía no ha llegado a los 60.

    Vale, lo de arriba es solo un ejemplo cotidiano, pero ¿No es ese un narcisismo del más puro estilo?.

    El narcisismo forma parte de cada ser humano. No es necesariamente malo, ya que nos impulsa nuestra propia autoestima, y evita muchas depresiones e, incluso, suicidios.

    Y eso se puede trasladar a todos los ámbitos del mundo que nos rodea. Luego un narcisismo bien entendido no tiene porqué ser una lacra. Otra cosa es llegar a creerse el ombligo del mundo. En ese caso, ya deberían entrar a trabajar los psicólogos o, en casos muy graves, los `psiquiatras.

    Un saludo a todos uds.

  10. By the way, muy certero:

    Por suerte, este narcisismo no afecta a todos los ciudadanos, ni a todo el mundo por igual. Pero tiene una desmesurada incidencia en la clase política y en la llamada “élite” del periodismo

  11. El asunto tiene su complejidad si sacamos a colación a Lasch, un analista sobre las patologías sociales y del comportamiento (al estilo de Fromm, Mcluhan y otros) en la sociedad burguesa liberal.

    El narcicismo era una reacción de supervivencia al fracaso de la vida colectiva. Un retiro del yo débil frente a una sociedad desestructurada. En fin, la siempre polémica vulgata marxista con excelentes observaciones, no sé si un tanto hiperbólicos.

  12. Tiene que ver con la tendencia americana de parecer “cool” no solo en aparienciasino tambien en actitudes. Se valora mas lo material que lo espiritul y esta degenerción vino con la transición y reentrada de los masones del gran oriente y los saturnianos. Cada vez va quedando meno sgente formada en los valores religiosos favorecidos en la época de Franco y las élites tratan a los Goyin como, lo que sin formación, demuestran ser “catle”.

  13. ¡Felicitaciones Sr. Blanco!, ha dado una amplia visión de un fenómeno consolidado que nos está torturando y haciéndonos perder el norte.
    Para mí, su artículo no es sólo es una doble visión periférica (180º + 180º= 360º) pues no sólo se limita a exponer el problema actual, sino que lo sitúa, más o menos precisamente, en sus orígenes, la postrimería de los sesenta.
    Puede que algo tengan que ver The Beatles, en su decadencia, cuando empezaron a ponerse trascendentales, y adoptar, ejerciendo de caja de resonancia, tendencias “orientizantes”.

    George Harrison trasplantando el espíritu milenario de la India a los patios traseros de California o Liverpool, otros virando Gurús o patrocinando a “Warrenes Sáncheces” hindúes, para que abrieran sucursal en el Wall Street “emocionotrascendental” caucásico. El olfato mercantil de los estadounidenses, hizo el resto.
    Tenían muchos seguidores, por lo que la tontería adquirió rápidamente una difusión inesperada un año antes, e inauguró el perfil turístico masivo del subcontinente indio. De ahí en más, todo fue rodar hacia los libros de autoayuda, manuales de supervivencia del Yo y la gastronomía vegana.

    De la “superioridad espiritual” adquirida en aquel proceso fulminante, para unos cerebros con dispepsia intelectual tras casi dos mil años de tradición juedeocristiana, surgieron muchas de las tendencias que fomentaban la salvación individual que nos hizo naufragar en el narcisismo y otras taras actuales.
    Espero sepan disculpar mi resumen extremo y mi eyaculación precoz de hoy, pero es que soy consciente, y así me lo han hecho saber varios comentaristas, que soy abigarrado en texto y volátil en discurso.
    Como Ud. ha dicho todo lo demás con una claridad envidiable, me limitaré a hacer una aportación puntual en lo que se refiere a la actitud ante la educación de nuestros hijos (que por supuesto es nudo gordiano en el problema) que hemos adoptado, abandonando el panóptico de Foucalt doméstico tradicional hasta los 70’s

    PD: Para los que no lo hayan notado, esto no es más que una opinión, suelo dejar las tesis doctorales a los más leídos.

    LOS OTROS (Pegagogía infantil):

    http://llpaparazzo.blogspot.com.es/2016/09/los-otros.html

  14. Buenos días Reliiable 1, no se escucha pero se lee:
    llpaparazzo.blogspot.com.es/2016/09/los-otros.html

  15. Ya no se oye: “Cuando seas padre comerás huevos” de “cuando seas padre y tengas que salir al campo a trabajar para mantener a tu familia, entonces, comerás huevos”.

    Mucho menos esta: “UNA HOSTIA A TIEMPO QUITA MUCHA TONTERÍA”

    En los años cincuenta en casa era la salmodia diaria.

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