Dije la semana pasada que la propaganda, por su naturaleza, se nutre de la adulteración de los hechos, penetra en nosotros a través de los sentimientos y se aprovecha de nuestros sesgos cognitivos. Sin estos últimos el trabajo del propagandista sería mucho más complicado. El hecho de que prioricemos la información que confirma nuestras propias creencias, pavimenta el camino a estos mensajes.

Este es precisamente el origen de las noticias falsas, una de las expresiones más acabadas de la propaganda de nuestro tiempo. Hasta la irrupción de Internet era mucho más difícil difundir un bulo. Los medios los rechazaban fuera por convicción, por temor a ser demandados o porque su credibilidad podía erosionarse considerablemente una vez descubierta la mentira.

Hoy día es muy sencillo arrojar la piedra y esconder la mano. La revolución digital de este siglo ofrece a los propagandistas unos medios y un alcance impensable hace tan sólo 25 años. Estamos en el Siglo de Oro de la propaganda. Los padres del invento, el propio Willi Münzenberg o su discípulo del otro lado, Joseph Goebbels, no terminarían de creerse las posibilidades abiertas hoy para sus epígonos. Ellos tuvieron que conformarse con la prensa escrita, la radio y el cine. Los propagandistas de hoy disponen de más soportes y, sobre todo, mucho más accesibles.

La edad de oro de la propaganda: el conocimiento inútil

El renombrado y las palabras fetiche

Pero de nada sirve tener teléfonos inteligentes, tabletas o pantallas de televisión de 50 pulgadas conectados a la red las 24 horas si no se saben aplicar las técnicas adecuadas. Éstas han avanzado mucho y hoy día algunos propagandistas las emplean con auténtico virtuosismo. Repasemos algunas de estas técnicas.

Si se quiere acabar con la reputación de alguien se cambia su nombre por otro que posea connotaciones negativas

Una de las técnicas actuales más habituales es la conocida como el renombrado. Si se quiere acabar con la reputación de algo o alguien hay que empezar cambiándole el nombre por otro que suene mal o posea connotaciones negativas. En el pasado bastaba con fascista o facha. Pero, como hoy circula mucha información a gran velocidad,  los nombres se desgastan rápido. Eso obliga a innovar continuamente. Así nacieron términos como “casta” o “cuñado” que hoy tienen un significado muy preciso.

El renombrado sirve para señalar los defectos ajenos. Pero para potenciar las virtudes propias hay que emplear otra técnica diferente: la de las palabras fetiche. ¿Qué es una palabra fetiche? Vayamos con un ejemplo, la palabra fetiche por excelencia es “democracia”, luego vienen otras como “solidaridad” o “igualdad”. Cualquiera que presente su causa, que la etiquete como demócrata, solidaria e igualitaria ocupa un espacio de positividad y pone al adversario a la defensiva.

La técnica de las palabras fetiche sirve como antídoto para cualquier ataque

La técnica de las palabras fetiche sirve, además, como antídoto para cualquier ataque. Veamos algunos ejemplos: a) “Han dado ustedes un golpe de Estado”; “si, pero en nombre de la democracia”. b) “Esta ley es un disparate anticonstitucional”; “tal vez, pero es en nombre de la igualdad. c) “Trabajamos más de medio año para pagar impuestos”; “ya, pero es en nombre de la solidaridad”. Y podrían citarse muchos otros.

La revolución bolivariana, que es una espantosa dictadura que ha arruinado Venezuela, está llena de palabras fetiche palabras fetiche. Sus propagandistas, además, no hacen más que crear nuevas conforme se desgastan las anteriores.

La transferencia, el efecto arrastre y el relato extendido

Otra técnica es la de la transferencia, muy empleada por los alarmistas climáticos: “lo dice la ONU”, “es un informe de la NASA”, “hay consenso científico”… La transferencia consiste en transferir la legitimidad de una persona o institución hacia la propia causa. Aquí es donde entran los famosos informes de Oxfam u organismos internacionales como la UNESCO o la UNICEF.

La transferencia consiste en transferir la legitimidad de una persona o institución hacia la propia causa

Vivimos en un mundo muy audiovisualizado, con mucho conocimiento disponible pero, parafraseando a Jean-François Revel, la mayor parte de este conocimiento es inútil. En un mundo así, adicto sin remedio a las redes sociales con sus “likes”, sus retuits y sus “followers” quien más vale es quien más seguidores tiene. Eso lo aprovechan al máximo los propagandistas de la última hornada:  aplican el efecto arrastre para captar nuevos adeptos simplemente mostrando todos los que ya tienen.

La edad de oro de la propaganda: el conocimiento inútil

La especie humana es muy gregaria; durante miles de años se organizó en hordas que seguían ciegamente a un jefe

La gente trata de estar a la moda en todos los ámbitos, también en el de las ideas. Si otros lo hacen, ¿por qué no voy a hacerlo yo? No olvidemos que la especie humana es muy gregaria y durante miles de años se organizó en hordas que seguían ciegamente a un jefe. Es el dicho que se utiliza en España: “¿dónde va Vicente?, dónde va la gente”, que se aplica también a la propaganda. El problema es que hoy día todo el mundo sabe al minuto hacia donde va Vicente. Y lo sigue, claro.

Por último, y habida cuenta de la multitud de canales de información, se emplea también mucho la técnica del relato extendido. Una misma campaña se amplifica y adapta a todos los medios. Sobre ella se construye un relato con sus buenos y sus malos, sus testimonios y sus giros en la trama. Sería lo que los consultores denominan estrategia 360, que va desde fotografías en Instagram hasta reportajes en televisión pasando por documentales, tendencias en Twitter y muchos artículos de opinión. Miremos donde miremos ahí está la historia esperándonos.

Implantar un relato concreto es dominar el debate, es decir de qué se habla y en qué sentido

Implantar un relato concreto es dominar el debate, es decir de qué se habla y en qué sentido. Todos sabemos cuáles son los temas de debate en cada momento y nos entregamos a ellos con fruición. Pues bien, muchos nos han llegado a través de la propaganda. Sería bueno descontarlo, desconfiar y aprender así a combatirla.


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Fernando Díaz Villanueva

Soy hijodalgo pero no señor. Primera autoridad nacional en Perroflautología, ciencia inventada por mí mismo que hoy se estudia con gran aprovechamiento en todos los platós de televisión. Miembro de número de la Real Academia de la Lengua perroflautesa. Gran Maestre de la Orden de Nachojcolar. Canciller del Real Instituto Marhuendino. Hermano de carga de la Cofradía Montoresa. Ancho de frente, negro de ventura, largo de piernas, limpio de manos y de bolsillo. Llevo la contraria, así, por principio. Lo hago por escrito, de viva voz y en persona sin demasiados cargos de conciencia. Y no hace falta añadir mucho más.
Este es mi último libro. Y esta mi página web

3 COMENTARIOS

  1. Una detallada, aunque sesgada hasta el paroxismo, lista de verdades, verdades a medias y costumbres más viejas que el carbono. El mérito está en haberlos puesto todos juntos, para evitarnos así la engorrosa tarea de leer a Stockheimer, Mr de Llotimar, Fusseĺdrom o el mismísimo Magoya. Podría inventarme más nombres para ser leído con atención y reverencia; además me divierte como ejercicio de humor íntimo, pero quiero ir al grano, que el debate me gusta pero mi casa ya da asco y tengo mucho que hacer.

    Creo que a partir de ahora, voy a invertir el orden en el que acometo los estupendos artículos de DISIDENTIA; voy a leer primero los comentarios de Zaratustra, y si el sedicente muestra un entusiasmo extremo, me pongo primero a pasar el aspirador, menguar la torre de Babel de la pila del fregadero y arrinconar y confinar a las odiosas pelusas que corren por el pasiĺlo a la menor corriente de aire. Una vez libre de la amenaza de que vengan visitas, y en lugar de decir que soy un hombre comprometido con los debates de mi tiempo, se limiten a hacerse gestitos entre ellos y convertir luego en vox populi que soy un guarro, en ese preciso momento (y si no tuviera que cortarme las uñas de los pies para que me entren las chanclas), diré la frase de un cómico cuyo nombre, sabrán perdonar Uds. los deterioros del Alzheimer, no recuerdo ahora: ” …bueno, si eso, yoo yaa…
    Volviendo al tema que nos ocupa, ha enumerado Ud.Sr Villanueva un montón de prácticas habituales; algunas de sus justificaciones sin embargo, para librar de pecado a, por ejemplo, los medios de comunicación, no están en el terreno de la falsedad por el simple hecho de haberse pasado cuatro pueblos y haber entrado en el terreno de la burla intelectual:

    Dice Ud.

    ”Los medios los rechazaban( los bulos) fuera por convicción, por temor a ser demandados o porque su credibilidad podía erosionarse considerablemente una vez descubierta la mentira.”

    Se ha cubierto de gloria con esta frase marxista; del viejo no, de uno de los hermanos, Sr Villanueva. Veo que ha leído Ud. Pocos periódicos o ninguno, y por citarle un clásico (que no se libra ninguno) le recordaré las brillantes piezas de ”periodismo de investigación” de El Inmundo en torno al 11 M.
    Como esto que voy a mencionar ahora, corresponde a este milenio, seguro que está al tanto:
    Un elevadísimo porcentaje de la población española, lo único que tiene de inteligente, es el teléfono; sé que es una maldición planetaria por lo que supongo, no habré de hacer precisiones suplementarias, y sí, es más manipulable ahora porque es muy fácil llevar un cacharrito molón y que dependiendo del precio o la marca, hasta te da estatus. Antes, no eran muchos los que llevaban un periódico bajo el brazo, y la inmensa mayoría de sus paisanos, sabían de la existencia del papel impreso por haberlos visto atrapados en sobacos o por la manifiesta utilidad que tenían (si sisaban uno en la barra de un bar o lo recibían gratis en Ifema para que dicho medio fardara de tirada y justificar la publicidad institucional) para forrar el cubo de la basura.
    Me gustó mucho lo de la ”técnica de la transferencia”; seguramente habrá oído Ud., que tal o cual producto, estaba recomendado por la Asociación mundial de los piquitos de boina, El Centro de estudios integrados del plástico o La agencia internacional para un depilado responsable. Uno se preguntaba entonces: ¿quién paga a los necesarios expertos de tan dignas entidades?, pero no se preocupe que yo se lo aclaro: NADIE, y sabe porqué, porque esos organismos nunca existieron pero basta ponerles un nombre rimbombante para que uno tenga hasta la tentación de flagelarse por estar tan poco informado acerca de las ONG’s y los estamentos que rigen la vida humana.
    Pongamos un ejemplo muy cantoso:
    Habrá oído Ud. algún programa en el que un circunspecto desconocido hablaba con la autoridad de un oráculo sobre un tema cualquiera poniendo a parir, eso sí, sin decir tacos, ni ”haiga” o ”tasis” a los enemigos ideológicos de la derecha más recalcitrante. El Instituto Elcano, Faes o cualquier portavoz oficioso del Foro de Davos, disponen de una labia que envidiaría un argentino; pero como siempre tiran para el mismo lado, terminan resultando, no sospechosos, lo siguiente.
    En un artículo que escribí para el ignoto blog: llpaparazzo (que creo que no tiene lectores y francamente me la transpira), Rebauticé…¡Oh horror, soy reo de: ”renombrado”! a El foro de Davos, como: ”El forúnculo de Davos”, haciendo un paralelismo entre este, y el Oráculo de Delfos.
    ¿Nadie se preguntó nunca quiénes pagaban a los jardineros, los albañiles, y hasta a las propias sibilas?; ¿Apolo, El Banco del Olimpo y Río de la Plata?, supongo que la respuesta es simple: 4 listos que vivían de la ignorancia de la época….¡Uy, como el bipartidismo!
    ‎El Foro de Davos fue creado por un centroeuropeo cuyo nombre se me escapa ahora, allá por 1970, y es financiado por un club de ”mecenas” universales, cuya única condición para formar parte de tan distinguida banda, es facturar más de 5.000 millones de dólares anuales. No encontrará por tanto entre ellos a Vicente ni a Mariloli (la de la Mercería La Ideal), porque si bien son buena gente, no les da el presupuesto.
    ‎Convenimos pues, que las clases extractivas, son las idóneas para acabar con la desigualdades que ellas mismas crearon. Y nosotros, ”loosers de amplio espectro”, en reverencial respeto a tanto hombre de éxito, debiéramos hacer genuflexiones y cabrearnos cuando unos grupúsculos damnificados y encapuchados, les montan un pollo y les muestran su desprecio.
    ‎Internet no ha inventado nada amigo perroflauta de pega, apenas lo ha acelerado en la vertiginosa carrera hacia la desintegración que se fragua.