Para la Real Academia de la Lengua un estúpido es “un necio, falto de inteligencia”. El historiados Carlo. M Cipolla, por su parte, en su tratado Las leyes fundamentales de la estupidez humana afirma que “una persona estúpida es quien causa un daño a otra o un grupo de personas sin obtener al mismo tiempo, un provecho para si, o incluso obteniendo un perjuicio”.

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Así estaban las cosas cuando Ricardo Moreno un simpar defensor de la buena educación y escritor de dos muy recomendables libros sobre la materia, sacó a la luz un Breve tratado sobre la estupidez humana* que resulta una imprescindible guía, a contracorriente del pensamiento único, bonito y progresista que nos rodea.

La estupidez está mas subvencionada que nunca: cualquiera puede escribir un diccionario Español-Andaluz o una gramática del lenguaje no sexista en la seguridad de recibir financiación pública para su publicación

El autor utiliza la palabra estupidez como sinónimo de tontería, necedad o majadería. Su ensayo está repleto de ajustadas citas eruditas que redondean su lúcido análisis; por ejemplo la del filósofo y matemático Girolamo Cardano: “la estupidez consiste, enteramente o casi, en tener un concepto exagerado de sí mismo”… lo que retrata muy bien a los líderes progresistas.

“Las personas inteligentes, cuando luchan por mejorar algo en el mundo en el que viven, procuran apuntar  a metas muy concretas para que la lucha contra las cosas malas no se lleve también las cosas buenas”, señala el autor, para continuar con otra reflexión sobre nuestros días: “hacer trizas un ejemplar de la constitución es algo que hasta el más zoquete sabe hacer, mientras que leerla con atención y reflexionar sosegadamente sobre como podría ser mejorada requiere una capacidad que ya no está al alcance de cualquiera”.

Continua Moreno sus reflexiones afirmando que todos nacemos ignorantes, pero las personas inteligentes son conscientes de ello y por tanto de sus errores, así que suelen cuestionar sus propias ideas cotejándolas con los hechos. Quien no es inteligente procura, por lo contrario, negar los hechos si éstos desmienten lo que ha defendido desde siempre.

La envidia es otro procedimiento muy utilizado por los tontos para complicarse la vida. Así, entre la libertad y la igualdad, el inteligente suele decantarse por la primera y quien no lo es por la segunda. Al estúpido no le preocupa la libertad, porque siendo un estorbo para él, hace patente su inferioridad frente a quienes saben utilizarla beneficiosamente. Ahogar la libre iniciativa suprime el mérito y la excelencia.

Aunque no haya seres químicamente puros, no habiendo hombres completamente inteligentes si los hay completamente tontos. Es el caso de los nacionalistas cuya “estrategia consiste en no defender una postura, sino ocultarla detrás de una ciudadela fortificada de sinsentido, en palabras de Roger Scruton” según nuestro autor.

Con la ironía gallega que le caracteriza, el autor nos proporciona una perpicaz metáfora: “las ideologías prestan a quienes carecen de ideas el mismo servicio que las pelucas a los calvos”. Es el caso de la ideología feminista —“Diecinueve propuestas para una escuela feminista”— que plantea un decálogo de diecinueve puntos y propone ternas de cuatro o cinco personas, lo  que pone de manifiesto que ni siquiera saben contar.

La estupidez está mas subvencionada que nunca: cualquiera puede escribir un diccionario Español-Andaluz o una gramática del lenguaje no sexista en la seguridad de recibir financiación pública para su publicación. La obsesión por no incurrir en un lenguaje políticamente incorrecto, es una de las muestras más palmarias de la estupidez humana y ya está dando lugar a verdaderos desvaríos como la invención de la palabra “portavoza”.

No siempre es fácil distinguir la frontera que separa la estupidez de la mezquindad y la miseria moral. Después de analizar personajes malvados históricos de cierta grandeza, el autor confiesa que “en la vida real, el mal siempre es estúpido, frívolo y superficial. Y la estupidez casi siempre es malvada”.

El ultimo capítulo del libro –de poco más de 100 páginas que se leen de un tirón –se nos recetan cuatro modos prácticos de luchar contra la estupidez como: Hay que leer, leer y leer. La tontería “no hay que estudiar contenidos porque están en Internet” ya fue ridiculizada en tiempos de la Enciclopedia, que solo resulta útil a las personas ya instruidas. La mayor parte de las ideas que consideramos de nuestra cosecha las hemos leído o escuchado antes.

Termina el libro con una cita de Mark Twain: “Nunca discutas con un estúpido. Te hará descender a su nivel y ahí te gana por experiencia”.

Aunque el libro no menciona nunca la palabra progresista, resulta evidente que se trata de un recetario crítico frente a los estúpidos, tontos, necios o majaderos que conforman dicho universo político. En definitiva, una reflexión intelectual para refrescar nuestras ideas de cara al verano que acaba de comenzar.

*BREVE TRATADO SOBRE LA ESTUPIDEZ HUMANA, Ricardo Moreno Castillo, Ed. Fórcola.

Foto: Dainis Graveris.


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2 COMENTARIOS

    • La «estupidez progresista» no es más que un señuelo para imponer una dictadura.
      Los estúpidos siempre son más y como nos recuerda el autor en palabras de Mark Twain: “Nunca discutas con un estúpido. Te hará descender a su nivel y ahí te gana por experiencia”.
      Así llevamos años, demasiados, abrir un periódico o conectar la televisión nos arrastra hasta el nivel donde perderemos siempre.

      La mayoría de los españoles han caído en la trampa y han descendido al nivel del estúpido, la mayoría, cultos e incultos, pero estúpidos, han olvidado que nacieron solos y libres y que son ellos los que tienen que hacer la vida por si mismos desde la libertad plena: espiritual, intelectual, física y de acción, y que está libertad sólo podrá ser limitada por precisas y escasas leyes.

      La libertad es anterior a la ley, la ley no deja de ser el acuerdo para la libertad sin fricciones, por eso hay que ser muy prudente al legislar.

      Son estúpidos los políticos, los jueces…

      Todo comenzó con las «leyes de género» sin estudios previos, sin datos objetivos, los mismos estúpidos te lo reconocen con la boca llena, «no hay datos antes de 2003» y sin embargo esa estupidez sirvió para enfrentar a hombres y mujeres, para quebrantar la presunción de inocencia y para culpar al hombre si o si, obteniendo como resultado de la aplicación de la ley un aumento de los excepcionales crímenes pasionales y suicidios.

      Nada ha cambiado ni cambiará si no es a peor desde la implantación de la ley, para saber esto solo hay que pensar y haber vivido libre, pero pensar y ser libre no es algo que se aprenda en la universidad o en un partido político, hay gente que después de pasar por estas experiencias llega a ser más estúpido aún.

      Aún hay gente tan estúpida en España que piensa que el PP ganará las próximas elecciones con transparencia y limpieza, o incluso que Casado derogará las leyes dictatoriales que han legislado sin tregua y a todo trapo en esta legislatura y anteriores.

      Hoy me he dado un paseo, pero he decidido volverme a casa por no ver a tanto estúpido y miedoso con mascarilla, no fuera a ser que tras un año de relacionarme con personas libres, valientes y vitales me pudiera confundir con la masa «mascarillo» o contagiadores mutantes vacunados.

      En España no cabe un estúpido más, hay una ingente masa que cree incluso que no se va a morir, hay que ser muy estúpido o «transhumanista tecnológico» para creer semejante estupidez.

      La verdad es que yo a la gente de este país no le auguro más futuro que pagar y pagar impuestos condenados vivir no en una caverna sino en un pozo séptico donde puedan desprenderse de la mascarillas y respirar los gases tóxicos sintiéndose protegidos.

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