La situación límite de Venezuela, con Juan Guaidó nombrado presidente interino por la Asamblea nacional, y reconocido por numerosos países, con Estados Unidos a la cabeza, ha suscitado el apoyo casi unánime de un amplio espectro político y de la opinión pública en general, a excepción de la izquierda radical.

Progresistas, centristas y conservadores de todo Occidente consideran que Nicolás Maduro ha saboteado la democracia venezolana y usurpado el poder. Por lo tanto, la democracia tiene que ser restaurada. Y Juan Guaidó representa esa esperanza de restitución, puesto que, además de ser el presidente legítimo de la Asamblea Nacional, goza de un gran apoyo popular y también de un creciente apoyo internacional.

Está bien que frente a una tiranía como la de Maduro exista un amplio consenso en favor de la liberación de Venezuela, y que se anime a la opinión pública a mostrarse más brava de lo habitual, como si de repente hubiera una bula papal para denostar sin tapujos lo que llegó a ser calificado, no sin cierta admiración, como el socialismo del siglo XXI.

Pero la verdadera lucha por la causa de la libertad es una pelea de todos los días, en todos los frentes y en todas las cosas menudas. Lamentablemente ese tipo de lucha está proscrita. Se tolera una cierta “sublevación” en situaciones críticas, como la de Venezuela, pero sólo cuando existe una alternativa que concite cierto consenso. Alguien que, a ser posible, esté en la línea del mainstream.

El monstruo simpático

Ahora parece haberse olvidado, pero el desastre de Venezuela se produce porque el chavismo pudo apropiarse paulatinamente de la libertad de los venezolanos. Y lo hizo con el consentimiento tácito del mainstream, animado por intelectuales y celebridades internacionales con una fuerte ascendencia en la opinión pública.

Expresidentes de gobierno, políticos, economistas, directores y actores de cine y modelos de la alta costura, defendieron durante mucho tiempo la tiranía chavista

Expresidentes de gobierno, políticos, economistas, directores y actores de cine y modelos de la alta costura defendieron durante mucho tiempo la tiranía chavista. Y si el chavismo no gozó de un apoyo aún mayor no fue por discrepancia con sus ideales, sino por su falta de glamour, manca finezza. Para el progresismo moderno, la imagen de Hugo Chávez vistiendo un chándal con los colores de la bandera venezolana y arengando a la multitud con un lenguaje populachero resultaba incómoda, desagradable y contraria a los nuevos tiempos… y a las nuevas formas. Su disgusto era, sobre todo, una cuestión de estética y de clase.

Aun así, apoyos no faltaron. Noam Chomsky, profesor hoy retirado del MIT, fue un partidario de la Venezuela de Chávez y su antiamericanismo. Argumentó que promovía la “liberación histórica de América Latina”. El actor Sean Penn, que se reunió con Hugo Chávez en numerosas ocasiones, dijo que era un “tipo fascinante” que hizo “cosas increíbles para el 80 por ciento de los venezolanos que son muy pobres”. El director de cine Oliver Stone se declaró admirador de Chávez y del emergente socialismo latinoamericano, hasta el punto de que hizo una película homenaje titulada South of the Border. Luego, cuando Chávez murió, dijo lamentar la muerte de “un gran héroe para aquellos que luchan por un lugar en el mundo”. Por su parte, el cineasta Michael Moore, después de la muerte de Chávez, lo elogió por “eliminar el 75 por ciento de la pobreza extrema” y “proporcionar salud y educación gratuitas para todos”.

También el economista Joseph Stiglitz, ganador de un Premio Nobel, elogió las políticas socialistas de Hugo Chávez durante una visita a Caracas en 2007. Y en el Foro Económico Mundial, dijo: “El presidente venezolano, Hugo Chávez, parece haber tenido éxito en llevar salud y educación a la gente de los barrios pobres de Caracas”.

Incluso, un expresidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, afirmó que Chávez sería recordado por su audaz afirmación de autonomía e independencia para los gobiernos de América Latina.

La lista es muy extensa. Sin embargo, lo relevante no son los numerosos nombres propios, sino que, durante casi dos décadas, el chavismo gozó de muchas simpatías, demasiadas. ¿Por qué?

La democracia escorada

La renuncia a librar estos combates políticos cotidianos y colocarse siempre y en todo momento del lado de la libertad, ha llevado a que muchas reivindicaciones tradicionalmente liberales terminaran cayendo del lado conservador. De ahí la emergencia de los llamados populismos de derecha. De hecho, el centro político (socialdemócratas y demócrata cristianos) y la izquierda moderada (socialistas no marxistas) ha terminado alineándose con la izquierda radical en cuanto a ideales, mientras que muchos liberales con ciertos complejos progresistas se han mostrado equidistantes por temor a ser etiquetados como conservadores.

Venezuela es un caso extremo del abuso del poder. Pero durante las últimas décadas, los espacios de libertad se han ido achicando en las democracias consolidadas antes de que el populismo irrumpiera con fuerza

Venezuela es un caso extremo del abuso del poder. Pero durante las últimas décadas, los espacios de libertad se han ido achicando en las democracias consolidadas antes de que el populismo irrumpiera con fuerza. Es cierto que, si se analiza desde parámetros estandarizados, puede decirse que, pese a todo, muchas democracias gozan de buena salud, en algunos países incluso de una salud mejor de lo esperado. Pero, precisamente, uno de los indicadores que sirve para medir la salud democrática, el Índice de Desarrollo Humano (IDH), también sirve para saber a qué nos referimos, exactamente, cuando hablamos hoy de calidad democrática.

Selim Jahan, director de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD, afirmaba tajante: “La considerable desigualdad en el bienestar de las personas sigue siendo inadmisible. La desigualdad, en todas sus formas y dimensiones, entre países y dentro de ellos, limita las opciones y oportunidades de las personas y frena el progreso”,  Una declaración que perfectamente podría corresponder a un buen chavista.

Evidentemente, la naturaleza de la desigualdad de un país como Nigeria difiere bastante de la de un país como Noruega. No es sólo una cuestión de percentiles. En Nigeria esta desigualdad afecta a bienes y servicios básicos, en Noruega no. Sin embargo, la obsesión por la igualdad en los países desarrollados es tanto o más grande que en los países subdesarrollados.

En Occidente, las políticas sociales, primero, y de la identidad, después, se han convertido en la esencia del Estado de bienestar, hasta el punto de que hoy resulta muy difícil, casi imposible, encontrar un Estado moderno que no se haya escorado peligrosamente hacia la democracia militante; es decir, hacia la democracia constitucionalmente igualadora.

La defensa de la libertad individual y la preservación del ámbito privado, cuestiones que tradicionalmente se han sustanciado en la inalienable autonomía personal y en la inviolabilidad de las relaciones íntimas de las personas, hoy sólo son defendidas por los conservadores, cuando no hace mucho eran valores que en cualquier democracia liberal se consideraban sagrados. De hecho, la democracia debía salvaguardarlos. Pero desde hace tiempo ya no es así. Las facciones políticas, a través del Estado, se fueron arrogando atribuciones que iban mucho más allá de los límites del buen gobierno. Y los valores democráticos se vieron superados por la producción incesante de nuevos derechos sociales.

El poder político no sólo logró neutralizar los equilibrios y contrapesos democráticos diseñados precisamente para evitar sus excesos, sino que politizó estos controles y los puso en buena medida a su servicio

El poder político no sólo logró neutralizar los equilibrios y contrapesos democráticos diseñados precisamente para evitar sus excesos, sino que politizó estos controles y los puso en buena medida a su servicio. Los tribunales constitucionales se convirtieron en una cámara de última instancia, donde la proporción partidista de sus miembros anticipaba veredictos cuya argumentación, por imposible, devenía en alardes metafísicos. Y la alternancia del poder ejecutivo no suponía un cambio significativo en esta deriva, sino que parecía reforzarla e institucionalizarla.

La opresión y sus grados

Esta desnaturalización de la democracia liberal es el reflejo de cómo la izquierda se ha convertido en la fuerza dominante. Aun cuando su representación no es mayoritaria en los parlamentos, su ideal de la “igualdad de resultados” se ha convertido en el principio rector de las propuestas “transformadoras” de casi todas las grandes formaciones políticas. Y la suma de estas fuerzas sí es mayoritaria.

Ocurre, sin embargo, que, si bien la igualdad ante la ley es un principio fundamental de la democracia liberal y del pluralismo político, la igualdad de resultados no lo es. Es un ideal iliberal, irrealizable y sumamente destructivo. Las diferencias de talento, inteligencia, atributos físicos y fuerza de carácter son realidades inmutables que distinguen a unas personas de otras y que a su vez generan diferencias de riqueza y poder. Y los intentos de neutralizar estas diferencias degeneran invariablemente en opresión.

Sin embargo, la idea de que los partidos, a través del Estado, pueden eliminar no sólo la desigualdad, sino todas las corrupciones del espíritu humano, es hoy el criterio mayoritario. Puede parecer que existen grados distintos en la utopía, discrepancias de fondo que la hacen más plausible. Pero no es así. Unos apuestan por acciones políticas radicales, otros por una ingeniería social gradualista y muy sofisticada para alcanzar la “igualdad”, simplemente difieren en las formas… no en los ideales.

La idea de que los partidos, a través del Estado, pueden eliminar no sólo la desigualdad, sino todas las corrupciones del espíritu humano, es hoy el criterio mayoritario

Justicia social, políticas públicas, políticas sociales, igualdad, igualdad de resultados o igualdad de representación, todos estos términos expresan un mismo ideal. Hace más de medio siglo, Friedrich Hayek describió la “justicia social” como un espejismo. En su opinión no existía una entidad llamada “sociedad”, cuyo fin era redistribuir la riqueza o establecer jerarquías correctas. Solo existían individuos con afiliaciones políticas que pugnaban por el poder y luego lo ejercían a través del Estado. Estos individuos no eran ajenos a la naturaleza humana, estaban animados ​​por los mismos prejuicios y la misma codicia que generaban los males que el progresismo pretendían erradicar. En la práctica, y en el mundo real, la justicia social sólo era la justificación de un nuevo despotismo.

El colapso de la Venezuela socialista del siglo XXI es más que la crónica de un desastre anunciado. Nos revela que, cuando la democracia liberal se transforma en democracia igualadora, sesgada, la opresión es inevitable aunque tenga grados. Nos dice, en definitiva, que el drama de Venezuela comenzó con la promesa de igualdad.

Foto: Nicolas Genin


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12 COMENTARIOS

  1. Recuerdo las reiteradas charlar de Antonio García Trevijano defendiendo testarudamente hasta su último respiro la democracia liberal republicana sin haber caído en cuenta que la misma había de cierta forma fracasado inclusive es esos EEUU que tenía como modelo, ya que a la vista de todos está el avance del poder y el colectivismo sobre las libertades individuales… y cada vez es más, pero lo más preocupante es que no hay ningún tipo de debate serio al respecto, más bien el debate imperante es el de ver como se crea el paraíso igualitario y del bienestar en la tierra mediante la coacción estatal, sin que todavía se haya entendido que ese paraíso no existirá jamás de esa forma. Por lo tanto se echa en falta un debate serio con propuestas realistas de un modelo de Estado blindado ante el avance de la burocracia, los grupos de interés, la bota militar y por supuesto los abusos de la política.

    La democracia liberal puede que funcionara bastante bien hasta ahora, pero claramente tiene grietas, a tal punto que nos han metido el socialismo por la puerta trasera sin que nos diéramos cuenta, sobre todo con estas socialdemocracias que son caballos de Troya y que justamente han plantado la semilla del mal a nivel constitucional, prometiendo un paraíso “social” que termina siendo un verdadero infierno como sucedió en Venezuela.

    La única iniciativa en este sentido que me ha parecido interesante es el proyecto constitucional de Liberland, ese trozo de tierra en medio del río Danubio y sin reclamar entre Croacia y Serbia que hasta parece un chiste, de resto toda la intelectualidad civilizada asume que la democracia es lo mejor del mundo y por lo tanto hay que defenderla a capa y espada, cuando en la práctica por el mundo hay dictaduras o más bien dictablandas donde las personas se sienten más libres que en estas “maravillosas” democracias occidentales del bienestar y como no hay un modelo alternativo para casos como el de Venezuela, me temo que allí se acabará imponiendo de nuevo una socialdemocracia que nuevamente volverá a fracasar como la anterior, si es que acaso el país llega a despegar como le sucedió a la Argentina que no sale del foso clientelista en el que se acabó metiendo con el peronismo.

    El liberalismo por lo tanto tienen que comenzar a conspirar contra la democracia liberal pero no para derruirla sino para perfeccionarla y más aún si se trata de una socialdemocracia que claramente es abiertamente iliberal, por lo tanto todos estos artículos y libros que se escriben alertando, criticando o diagnosticando los problema de la democracia no sirven para nada si no se plantean alternativas o vías para reformarla, ya que del otro lado sí que tienen alternativas y están conspirando para destruirla y mira lo bien que les resultó a los del Foro de São Paulo comandado desde La Habana apoderarse de media Suramérica sin pegar prácticamente un tiro y aunque el chavismo caiga la pesadilla sigue, sobre todo ahora que ya encontraron una vía eficaz para hacerlo, así que no será extraño ver en las próximas décadas más casos como el de Venezuela inclusive aquí en Europa, donde la gente tiene mucha más fe ciega en el Estado que en los países subdesarrollados donde los Estados nunca han servido para mucho.

  2. La america criolla evolucionó hacia un modelo de latrocinio de las clases dominantes con la coartada de la liberación y su ídolo S. Bolívar. El siglo XX lo aderezó todo con el comunismo.

    Es la historia de un fracaso continuado, de inadaptación al libremercado y al imperio de la ley que se extiende por el continente sin parar.

    La narcodemocracia Mejicana, fascista por dentro y comunista por fuera como define FJL esta siendo diseccionada en el juicio al Chapo Guzman desde Brooklyn donde los presidentes de la República aparecen como partícipes del banquete corrupcion.

    Argentina probó el desastre con un peronismo que quiso ser estado , gobierno y oposición a la vez y que acabó con la ruina de la clase media y el latrocinio descarado.

    Cuba que se presentó como la Revolución en la práctica agoniza controlada por los CDR castristas ahora que el apoyo ruso no es tan generoso como antes.

    Y Venezuela?
    El pais rico por antonomasia de Sudamérica, con recursos para convertirse en Suiza tropical languidece entre el mayor robo de la historia del continente y unas dosis de ideología anestesiantes para progres de allende fronteras.

    Se pretendía hacer de contrapunto al yanqui y sus multinacionales depredadoras y se ha montado un sistema extractivo para élites afines, donde los familiares viven como aristocratas en USA y Europa con el dinero del petróleo robado mientras la población se sustenta con camisetas de colores y poco mas.

    Las élites que al final son las que conforman la limpieza de un gobierno jugaron a hacer trampas y perdieron en el cono sur.

    Para desgracia de las utopías socialistas totalmente desacreditadas, tienen que contemplar como los hijos del desastre como los personajes de Steinbeck en la Uvas de la Ira intentan emigrar como sea a los USA, el enemigo impostado para sobrevivir.

    Esa es la venganza de la realidad.
    Necesitar de tu enemigo, del gringo, para que tu vida tenga futuro.

  3. ‘El Contrato Social’, ese libro que tomo el mundo debería tener… para calzar los muebles de casa.

  4. Libertad e igualdad, individuo y sociedad, “democracia liberal” y “partidos que operan “a través del Estado”.

    La cosa promete.

    ¿Y tú qué piensas, cariño? Que vaya a hacerte compañía un rato más… Que estás enfadada porque haya abandonado el lecho tan temprano… Que me deje de monsergas… Que no pierda el tiempo escribiendo cosas serias o necedades, es lo mismo… Hay que ver qué exigente eres, no se te puede mimar. Nosotros dos no somos iguales, ni siquiera tú eres humana, pero así nos entendemos mejor. Y en cuanto a la libertad, ni siquiera puedo resistirme a mis instintos ni a mi carácter.

    Sí, reconozco que aquel juego burgués del Individuo tenía sus encantos, pero, la verdad sea dicha por una vez, nunca dio mucho de sí. Quizás los artistas y los literatos modernos pudieron aprovechar su oportunidad de ser insolentes con el Príncipe, aunque hoy sus ingles exhiben una herida ya finalmente cauterizada y Sothebys hace caja y Planeta vende novelas para decorar estanterías de malcasadas de clase media alta.

    No podemos negarnos a devenir lo que somos, sueles decirme mientras acaricio el admirable lóbulo de tu orejita tan bien imitada… Lo sé, fíjate bien, yo quería ser poeta romántico y caballero y bohemio y he terminado por bordarte los encajes de esas falditas que tanto me gusta ponerte… pero así es mejor, Heráclito ya lo sabía, no me regañes la vieja pedantería de mi ya lejana época universitaria…

    No podíamos ser Individuos, nos faltaban apellidos y patrimonio y capital, tan sólo disponíamos de una pobre educación estatal y obligatoria y unos libros que el abuelo olvidó cuando nos visitaba las tardes de verano para prolongar el hastío de vivir con un café bien cargado al atardecer, junto a los rosales recién regados y los gatos meones entre los cojines del diván.

    Ingresamos en la masa. Primero aclamábamos a un vejete simpático que salía en la TV en blanco y negro, luego vinieron unos hombres y nos entregaron listados con nombres de otros hombres que no conocíamos y nos dijeron que había que meter el papel en una cajita, después de hacer cola en un lúgubre local y mostrar el DNI ante otros desconocidos y eso de vez en cuando, algunos domingos de algunos años, y luego decían en los telediarios no sé qué de mayorías y partidos y gobiernos y siempre había gente sonriente y bien vestida que decía cosas incomprensibles, y ahora leo la prensa y me siguen diciendo eso de “democracia liberal”.

    Y dicen que la culpa de los males del mundo la tiene la igualdad, porque libres, lo que se dice libres, nadie lo es ni pudo serlo jamás, o quizás suceda que fue el fracaso fundacional de la libertad lo que hizo que la igualdad como ideología política ocupara su lugar, total, nosotros, viejos cristianos arrepentidos de su mundanidad, qué íbamos a conseguir, si pusimos el centro de gravedad en la inmortalidad del alma, olvidando que el espíritu sopla donde quiere y es indivisible e incluso tú, mi bella mujer de plástico, que tanta compañía me haces en mis últimos años de vida, eres una partícula de la indiferencia del espíritu creador hacia el destino estúpido de la humanidad siempre bestial.

    Déjamelo que te lo susurre otra vez, mientras te doy colorete en las mejillas, hoy parece que hace un buen día y saldremos a pasear por el parquecillo del barrio, déjame ser griego contigo por un momento y no me reprendas el viejo vicio:

    «Para el dios, bello todo y bueno y justo es; los hombres juzgan lo uno injusto, lo otro justo» (Heráclito)

    • Desconozco si su muñeca ha pasado la ITV (inspección técnica de violencia) pero como no lleve la pegatina 2019 en el lóbulo de la oreja se puede usted meter un lío.
      Yo se lo digo más que nada por si le ponen el cinturón de castidad y le fastidian la siesta.
      Es buen momento para susurrarle “Tirano Banderas” al oído y engrasar las entenderas artificiales.

    • Hace un tiempo escuché a un chico medio intelectualoide que no era ese del nucleo irradiador, plantear la teoría de que todo es mentira y en parte tenía mucha razón, ya que la libertad es una utopía por la sencilla razón de que no somos un organismo unicelular, autosuficiente y autoreproductivo que flota en el espacio, siempre dependeremos de otros y otros dependeran de nosotros y de ello se originan las relaciones de poder, pero es que eso de la igualdad es todavía más utópico ya que sólo hace falta verse al espejo para comprenderlo y luego tenemos la famosa fraternidad que hoy se entiende mejor como solidaridad, una solidaridad impuesta que intenta alejarnos de ese instinto básico de supervivencia que no es otra cosa que el egoismo, una solidaridad que lógicamente ha fracasado ya que en esta orgía inmoral redistributiva de lo ajeno todo el que puede se llena los bolsillos gracias a lo “solidaria” que es la sociedad del bienestar, miestras todo el mundo se autoengaña con el relato que prefiere, algunos creen que son libres, otros que son buenos por querer la igualdad o ser solidarios con el dinero de los demás, aunque los peores son aquellos que creen que son felices cuando la felicidad que todos buscan es igualmente una utopía, ya que no se pude ser feliz toda la vida, la vida es demasiado compleja y dura como para que nadie lo sea y cualquier persona mayor lo puede atestiguar.

  5. “Hace más de medio siglo, Friedrich Hayek describió la “justicia social” como un espejismo. En su opinión no existía una entidad llamada “sociedad”, cuyo fin era redistribuir la riqueza o establecer jerarquías correctas. Solo existían individuos con afiliaciones políticas que pugnaban por el poder y luego lo ejercían a través del Estado. Estos individuos no eran ajenos a la naturaleza humana, estaban animados ​​por los mismos prejuicios y la misma codicia que generaban los males que el progresismo pretendían erradicar. En la práctica, y en el mundo real, la justicia social sólo era la justificación de un nuevo despotismo.”

    No hace falta leer a Hayek para darse cuenta de que la corrupción intelectual comienza con el alegre manejo de la noción de sociedad para cualquier argumentación y cualquier ideología. Se inventa el sujeto sociedad y ya se puede inventar luego el heteropatriarcado y otros embustes. El caso es que todo esto supone el retorno de una metafísica degradada como soporte comuún de diferentes operaciones ideológicas para el control de los individuos. El tecnocapitalismo, con la inteligencia artificial y el manejo veloz de todas clase de estadísticas, viene a reforzar de forma eficaz esas ideas metafísicas, dándoles un pátina materialista. Así hoy hemos llegado a la constatación de que las propuestas de igualdad son sencillamente inhumanas en cuanto van más allá de la simple y sensata igualdad ante la ley.

  6. La desigualdad no es solamente una consecuencia de las diferentes aptitudes de los hombres, “talento, inteligencia, atributos físicos y fuerza de carácter”, que también. La desigualdad es consecuencia sobre todo de la libertad del hombre. Libertad para elegir su modo de vivir y de hacer su vida, libertad para desplegar sus aptitudes. Libertad para construir su propia personalidad.

    Los insectos sociales, careciendo de la libertad personal para ser y vivir así o asá, están determinados a vivir de cierta manera. Son igualitarios radicales. No pueden elegir su forma de vivir. No hay personalidad o ésta se encuentra determinada absolutamente por la posición funcional del individuo en el grupo; zánganos/obreras/guerreras/reproductoras.

    Solo el hombre puede decidir su vida, qué hacer con ella. Le puede gustar más la mesa camilla que la del consejo de administración, puede preferir la contemplación antes que la acción, orientarse hacia la gloria o al amor, desear mandar o ser mandado, querer ser reconocido o pasar desapercibido, elegir su oficio con el que ganar el pan y un largo etcétera que cada lector con un mínimo de experiencia en la vida puede añadir. En definitiva, es la personalidad.

    La igualdad es el nirvana de occidente. Es la solución del problema de la personalidad por su dimisión en el todo social. La igualdad es el budismo del último Occidente, decía Jesús Fueyo. La grandeza y explosión de Occidente ha consistido en la soberanía del yo sobre la Naturaleza y la sociedad, es decir el imperio libre de la persona sobre el mundo en tanto que arriesgada metafísica de la libertad. Al igualitarista esta metafísica de la libertad le produce pavor y la retuerce, consagrando el culto de la impersonalidad en la utopía de la igualdad. Todas la utopías de Occidente son más o menos comunistas, porque son la inversión maníaca de la rebeldía soberana del yo, de Prometeo, el Gran Arquetipo.

    • Me ha gustado su reflexión, Tamuda. La promesa de libertad a los sujetos sociales, desde cualquier sistema político, suele ser muy limitada y ni siquiera se necesita la premisa del comunismo para invalidarla. En el peor de los casos, la ilusión de libertad, llevada a la práctica, es duramente reprimida, mancillada y castigada, haciendo que el individuo insignificante se funda, se mimetice y se confunda con la masa uniforme y deforme que todo lo devora y anula.
      “Todas la utopías de Occidente son más o menos comunistas, porque son la inversión maníaca de la rebeldía soberana del yo, de Prometeo, el Gran Arquetipo”.
      El mismo derecho que nos asiste para ser iguales ante la ley o para ser sometidos a las mismas reglas del juego, es el mismo que nos asiste para poder ser, crecer, vivir y pensar de forma diferente.

    • Las tradiciones espirituales de oriente estarían muy en desacuerdo con todas esta leyes igualitarias. Dicen que el hombre tiene alma individual y evoluciona individualmente. Los animales tiene alma grupal y su evolución es grupal.

  7. “Nos dice, en definitiva, que el drama de Venezuela comenzó con la promesa de igualdad.”

    Para que la promesa de igualdad tenga efecto político antes hay que corromper el estado.

    Mike Pompeo dice refiriéndose al chavismo “…un gobierno mafioso producto del experimento social” ojo al dato a tener muy en cuenta.

    Yo digo, la caída de Maduro se acordó con Rusia en Siria.

    Esto dice hoy el agregado militar de Venezuela en USA.

    https://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/venezuela-es/article225128090.html

    Que lástima de ministro de exteriores español, que pena de Okupa impresentable.

    ¿Se enteran de algo? ¿No han sabido ver la diplomacia que había detrás de tan hábil jugada política?

    Con políticos y diplomáticos que van años por detrás de los hechos políticos estamos condenados a ser un simple experimento social que ni España ni Europa controla.

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