El término afeminado ya no se escucha mucho, o bien en un sentido restringido. La neolengua del último diccionario de la RAE ha eliminado incluso alguna de sus acepciones. Así, usualmente (ver diccionario RAE histórico 1960-1995) significaba 1) “Propio de la mujer, característico de ella; femenino; Que parece de mujer”; 2) “Dícese del hombre homosexual; Dícese del que en su persona, modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres”; 3) “Inclinado a los placeres; lujurioso, disoluto”; 4) “Débil, delicado, blando”; 5) “Sin brío; pusilánime, cobarde”. Sin embargo, en la última versión del diccionario de la RAE han permanecido las tres primeras acepciones y se han eliminado las dos últimas. Ya los afeminados no son débiles ni delicados ni blandos ni sin brío ni pusilánimes ni cobardes, nova RAE dixit.

Parece sugerirse con este cambio lingüístico que, en contra de lo que se ha venido pensando durante todo el resto de la historia de la humanidad en cualquier cultura, ya no es propio de la masculinidad el arrojo, la temeridad, la fortaleza, la dureza, la valentía en el enfrentamiento con la realidad exterior al núcleo familiar. La feminidad tiene también muchas otras virtudes encomiables, pero no han sido estas por lo general, al menos en sentido estadístico. Por mucho que insista la propaganda ideológica de ridículas fantasías épicas cinematográficas, en realidad, la frecuencia de hombres ha sido y sigue siendo muchísimo mayor a la de mujeres en actividades que supongan arriesgar la vida por otros seres humanos que no sean su familia.

Los hombres han nacido con el pecado original de la lascivia y la lujuria en mayor grado que las mujeres. Hubo épocas en las que esto se vio con cierto honor, tal cual gallo enseñoreado en un gallinero, y se destacó la virilidad del hombre activo sexualmente. Otrora, salvo casos de afeminados o atados corto por sus consortes, ¿qué rey u hombre de alto rango o nobleza no ha tenido su cohorte de amantes?, ¿o qué sultán que no fuera de pacotilla no ha tenido su harén? Si bien, esos rasgos de virilidad iban acompañados de algo más que la erótica del poder. El pueblo veía en sus soberanos a los protectores de sus tierras, individuos poderosos que les garantizaban cierto grado de seguridad ante los peligros de invasores. A nivel plebeyo, también la hombría tenía ese valor: los hombres iban a la guerra, asumían los trabajos duros, ponían en riesgo su vida y su salud, mientras que las mujeres se quedaban en casa, sacrificándose en el nacimiento y crianza de los hijos, o en labores menos pesadas y/o peligrosas.

No es lo mismo un calzonazos que un hombre afeminado, aunque ambos tienen en común la mengua de la masculinidad y una posición débil o de cobardía: el primero de puertas del hogar hacia adentro y el segundo de puertas hacia afuera

En nuestros tiempos sin guerras locales, con medios anticonceptivos y en los que los trabajos son muchos menos duros y más seguros, las mujeres reivindican su puesto en el mundo que antaño era de los hombres. Desde siempre, las mujeres han vivido mejor y con más privilegios que los hombres, sobre todo en clases altas o medias-altas, y por ello dejaron antaño a aquellos que bregaran con las cosas del inhóspito mundo, pero, ahora que el mundo se ha convertido en un lugar más apacible, quieren ser las primeras en beneficiarse de tal.

He ahí el pecado original de las mujeres: querer domesticar a los hombres para utilizarlos en beneficio propio y de sus retoños. Eso no es ni bueno ni malo y, gracias a la mayor tendencia libidinosa masculina y a la mayor tendencia domesticadora femenina, hemos nacido todos de una madre y un padre, así que agradecidos debemos estar de cómo funciona la biología. Si bien, resulta desconcertante la disolución actual de los caracteres prístinos.

No se trata aquí de hacer un alegato sobre lo pernicioso del natural afeminamiento de las mujeres, ni tampoco el de los hombres que se pasan a la acera de enfrente. De lo que se trata es de señalar la mengua de masculinidad incluso entre hombres heterosexuales en nuestra civilización y de cómo estos se están viendo sometidos dócilmente al poder femenino, autocastrando su personalidad innata.

El poder femenino siempre ha estado ahí, desde tiempos inmemoriales. Cualquiera que haya leído algo de literatura o pensamiento de autores del pasado, o vivido con los ojos abiertos en el presente, sabrá a lo que me refiero. Conocido es el hecho de que una buena parte de la población femenina ha manipulado, domesticado y dominado a la masculina. Al hombre en una situación de debilidad superlativa se le llama calzonazos. No es lo mismo un calzonazos que un hombre afeminado, aunque ambos tienen en común la mengua de la masculinidad y una posición débil o de cobardía: el primero de puertas del hogar hacia adentro y el segundo de puertas hacia afuera. La literatura al respecto es amplia, así que no me voy a entretener en este aspecto.

Llama sin embargo la atención en nuestros tiempos que esa dominación se ha sublimado desde el ámbito de la pareja a escala social. Hoy la mujer —en singular, denominando al conjunto femenino actuando como una unidad— impone su orden interfiriendo en el orden social; un decir “si no cede la sociedad ante nuestras demandas de beneficios extraordinarios a nuestro género en perjuicio del masculino, montamos un berrinche en la calle y en los medios todos los días y…”. Y políticos, periodistas, fuerzas del orden, profesionales de distintos ámbitos, jueces,… se echan a temblar ante tales amenazas, y contestan: “sí, mi reina, lo que tú digas…”. Se podría decir que la mujer tiene a la sociedad mangoneada o acalzonazada.

Más allá de visiones generales, vemos condenas particulares penales o al menos de la opinión pública por acciones de galantería sin uso de la violencia que hoy se tachan de acoso sexual. Ciertamente, podría haber delito en ciertos casos denominados de acoso cuando se utilizan por ejemplo como un chantaje para evitar un despido, pero aquí el delito debería caer dentro del ámbito laboral y no dentro del ámbito de la violencia sexual; además, son tan delincuentes los jefes que extorsionan a sus empleadas para tener sexo como las mujeres que aceptan tales ofertas para medrar y pasar por encima de los demás compañeros, y no veo en movimientos como el #MeToo ninguna demanda de justicia en ese segundo sentido. Puestos a ser moralistas, uno se pregunta si casos como los de Plácido Domingo, entre muchos otros, sometidos al hostigamiento por parte de los medios por comportarse como es normal que se comporten los hombres con status, haciendo uso de su poder aunque sin incurrir en violencia alguna, no deben tener también su correspondiente lapidación mediática de todas aquellas arpías que han medrado ilícitamente en sus carreras prostituyéndose.

Se invita a castrar toda expresión de masculinidad convirtiendo en delito de acoso lo que es propio de una conducta masculina seductora no-violenta

Se reivindica que la mujer pueda expresar su feminidad del modo que desee, utilizando las vestimentas y los medios de seducción que se le antoje, como un derecho inalienable de la mujer libre, y que pueda tener hijos cuando quiera o no tenerlos cuando no quiera, sin que nadie pueda decidir sobre su vida. Sin embargo, se invita a castrar toda expresión de masculinidad convirtiendo en delito de acoso lo que es propio de una conducta masculina seductora no-violenta. También con frecuencia se les encasquetan a los hombres sin voz ni voto tareas de puericultor decididas por misteriosos fallos en los medios anticonceptivos controlados por la mujer, quien se arroga así todo el poder de decidir sobre la vida y libertades del hombre.

Lo grave no es que muchas mujeres apoyen tales causas, hacen bien si pueden, son más listas (y más aprovechadas) que los hombres en general, aunque muchas hay con mayor dignidad que no las apoyan. Lo grave es que muchos hombres se unan a tales reivindicaciones, autocastrándose y ayudando a castrar a los de su género, o guardando silencio por temor a quedar excluidos dentro del actual orden supremacista femenino. El único arrojo de pseudovalentía de estos feministos lo tienen para defender con puños erguidos causas ya ganadas de antemano, pues para amparar causas justas en desventaja hay que ser un hombre íntegro, luchar y tener más coraje. Le sucedió a aquel temerario que, ante una performance de “Un violador en tu camino” en Santiago de Compostela, interrumpió el ritual al grito de “Ahora a casa a hacer la cena”, y le salieron al paso algunos pseudogallitos a defender el gallinero. Para más inri, el partido político PP al que pertenecía el gracioso lo expulsó, dejando claro que esto del afeminamiento en el sentido de cobardía es transversal, afecta a la mayoría de partidos tanto de izquierdas como de derechas.

La censura sobre el sentido del humor es de hecho una de las herramientas más alienantes de nuestra sociedad. Desde siempre, el humor ha servido de canalización del malestar, de crítica implícita y desenfadada. Pero se impone hoy en día también el silencio hasta en los chistes de mujeres (o de homosexuales u otros). El temor a ser clasificado de misógino o machista enmudece a los débiles, y para los que les queda un poco de arrojo la ley deja entrever posibles delitos de odio en tales sonrisas. Según se da a entender, el hombre debe hoy tragarse su calzonacería y ni siquiera puede bromear con el tema.

Lo que tanto ha escandalizado de la celebración del 8-M en nuestro país en este año de desgracia coronavírica es precisamente el hecho sangrante —nunca mejor dicho, a colación de los muchos miles de muertes que se podrían haber evitado de no haberse celebrado el evento— de que los gobernantes sabían perfectamente del peligro del virus y la celebración de manifestaciones en la calle, pero no se atrevieron a parar el 8-M y hacerle frente al todopoderoso lobby feminista. ¿Cómo decirle a la turba furibunda que no salga a la calle a gritar aquello de “sola y borracha quiero llegar a casa”? Esto, unido a los intentos posteriores de acallar la vergüenza, forma y formará parte de la larga historia de calzonazos que se dejaron mangonear en nuestro país por la irracionalidad de unas hembras anhelantes de más poder, con fatales consecuencias. El feminismo mata, ¡vaya si mata!

Ser hombre no está de moda. Sus desgracias [en España: 80% de los suicidios (unos tres mil hombres al año), muchos de ellos causados por abusos de sus parejas o exparejas en procesos de separación; 80% de los “sin techo”; 95% de los siniestros en el lugar de trabajo (unas 500 muertes de hombres frente a unas 25 muertes de mujeres al año); ninguneado en los casos en que es víctima grave o incluso mortal de violencia doméstica; espoliado de sus bienes en una buena parte de casos de divorcio, y/o apartado de sus hijos; etc.] no venden como para hacer un drama victimista al uso. Los niños también sufren tasas de abandono y fracaso escolar mucho más elevadas que las niñas. “Claro, las niñas son mejores que los niños, y si hubieran sido las tasas de fracaso a la inversa es que estaban discriminadas o no se las había educado adecuadamente” —dirían los igualitaristas modernos. Del mismo modo se aplica a las distintas facetas de hombres y mujeres adultos.

El afeminamiento de nuestros tiempos es también evidente en ese buenismo que impregna toda nuestra sociedad, esa Europa “podrida de vegetarianos y ciclistas”, de nenazas que se arrugan ante cualquier signo de tempestad y prefieren evitar conflictos

La Universidad tiene actualmente un 60% de estudiantes mujeres; no llegan en el mismo porcentaje a los puestos jerárquicos más altos por razones bien conocidas y que no tienen que ver con la discriminación. Con todo, copan algunas de las carreras más lucrativas dentro del área sanitaria o jurídica entre otras. Sin embargo, ven que todavía son minoría en áreas científico-técnicas y están presionando los feministas para conseguir también ahí que alrededor de la mitad sean mujeres. Mientras, los puestos más peligrosos o los que requieren mayores sacrificios, como albañiles de andamio, se dejan casi íntegramente para los hombres. Dicho de otro modo: las frescas feministas (y los feministos que les siguen la corriente) aspiran a lograr la mayor representación femenina en cómodos puestos bien pagados de guante blanco, y mantener la mayor representación masculina en puestos de mayores sacrificios, mayores riesgos y menor status.

El afeminamiento de nuestros tiempos es también evidente en ese buenismo que impregna toda nuestra sociedad, esa Europa “podrida de vegetarianos y ciclistas”, de nenazas que se arrugan ante cualquier signo de tempestad y prefieren evitar conflictos —muy femenino eso—, que se enternece con la llegada de inmigrantes acogiéndolos como quien recoge gatitos abandonados, sin advertir los peligros que ello puede acarrear. Una sociedad de ofendiditos, tal cual damas delicadas, y que califica la masculinidad luchadora de tóxica. Hombres que han substituido la lucha en la guerra o en su trabajo por cambiar pañales y la conciliación familiar. Una sociedad decadente que ampara a unos desempleados que prefieren cobrar los subsidios estatales en vez de trabajar, peligrando incluso la producción de bienes básicos, como en el reciente confinamiento de la COVID-19. Una sociedad que repudia la violencia necesaria, y deja que metafóricamente le meen en el bolsillo del pantalón por no querer aplicar ley y orden, como en los tristes acontecimientos en Cataluña a finales de 2019 en que los policías tuvieron que aguantar palos pudiendo hacer poco contra vándalos y agresores (por cierto, no recuerdo haber visto mujeres entre el colectivo de policías que recibía los golpes). En verdad, resultaría loable ese toque femenino a la sociedad si se uniese al complementario lado masculino para mantener el equilibrio de fuerzas. Sin embargo, castrada la masculinidad, queda una sociedad afeminada en el sentido clásico: débil, delicada, blanda, sin brío, pusilánime, cobarde. Está condenada al hundimiento y a que venga otra civilización más fuerte que la nuestra que la termine absorbiendo o eliminando.

Foto: Tom Pumford

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Más del autor sobre el tema en el artículo “Una visión alternativa sobre la historia de la mujer occidental y el feminismo” y en el capítulo “La cosa ésa de ser mujer” (cap. 5 [5 del vol. I]) de Voluntad. La fuerza heroica que arrastra la vida.


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Martín López Corredoira
Martín López Corredoira (Lugo, 1970). Soy Dr. en Cc. Físicas (1997, Univ. La Laguna) y Dr. en Filosofía (2003, Univ. Sevilla) y actualmente investigador titular en el Instituto de Astrofísica de Canarias. En filosofía me intereso más bien por los pensadores clásicos, faros de la humanidad en una época oscura. Como científico profesional, me obstino en analizar las cuestiones con rigor metodológico y observar con objetividad. En mis reflexiones sociológicas, me considero un librepensador, sin adscripción alguna a ideología política de ningún color, intentando buscar la verdad sin restricciones, aunque ofenda.

29 COMENTARIOS

  1. Vegetarianos, ciclistas y runners, no se olvide de ellos por dios. Nada mas gratificante que ver como se machacan rodillas y tobillos contra el asfalto a cualquier hora del mediodía de cualquier mes de julio y agosto

  2. Artículo políticamente incorrecto donde los haya. Para enmarcar. Felicidades al autor. Si esto lo saca El País o otro diario de «tirada nacional» ya puede el autor buscarse un lugar donde esconderse.

    El problema de todo esto es civilizatorio. Cuando todo se lleva al exceso por determinados intereses, estamos ante una parte más de una agenda política suicida y distópica.

  3. Les dejo un link relacionado con el tema

    https://carmesi.wordpress.com/2020/05/17/el-nuevo-contrato-sexual-i/

    «… ¿Quién domesticó al sapiens? ¿fueron los extraterrestres, fue un proceso de auto-domesticación y si fue así cual fue la razón?

    Obviamente fueron las mujeres las que domesticaron a los hombres. Vale la pena releer “El príncipe y la rana” o “La bella y la bestia”

    ¿Pero quien domesticó a las mujeres?

    Las mujeres no necesitan ser domesticadas pues vienen de serie con “la cruel atadura”, es decir con el lastre de la maternidad.

    “En el libro, Dench desarrolla la idea de que el núcleo de la sociedad es femenino y surge de la necesidad de organizar la reproducción de forma eficaz. Las actividades más esenciales de la sociedad son la que tienen que ver con el cuidado de los niños. La maternidad compartida es la base de toda la sociedad humana. Las mujeres son las que tienen los hijos y la mayor responsabilidad por ellos las hace conscientes de que van a necesitar apoyos en el futuro. Las estructuras para apoyarse entre ellas serían probablemente el contrato social original (la aloparentalidad)”…»

    «… la igualdad de las mujeres ha terminado por dar a los hombres lo que desean: sexo fácil sin compromisos familiares, algo que es letal para hombres, mujeres y la sociedad en general….»

    ETc, etc…

    echen un vistazo al link. Yo creo que está muy relacionado con el tema que nos ocupa.

    Un cordial saludo

  4. «No se trata aquí de hacer un alegato sobre lo pernicioso del natural afeminamiento de las mujeres, ni tampoco el de los hombres que se pasan a la acera de enfrente. De lo que se trata es de señalar la mengua de masculinidad incluso entre hombres heterosexuales en nuestra civilización y de cómo estos se están viendo sometidos dócilmente al poder femenino, autocastrando su personalidad innata»

    Lo doy por supuesto, Martín. Entre otras cosas, porque hacer un «alegato» sobre lo «pernicioso del natural afeminamiento de las mujeres» no tiene sentido. Una cosa es referirse a los hombres como «afeminados», pero no existen las mujeres «afeminadas». A no ser que usted le dé al término un significado distinto, porque un hombre «afeminado» sería una persona del género masculino que presenta características femeninas en su personalidad o en su conducta.
    Del igual modo que una mujer «marimacho» sería una persona del género femenino que representa características masculinas en su personalidad o en su conducta.
    Tampoco el término «afeminado» es indicativo ni condición necesaria para que «los hombres se pasen a la cera de enfrente».
    Por ejemplo, en tiempos de la Grecia clásica y el Imperio Romano se identificaba el «afeminamiento» como un signo de debilidad, vulnerabilidad o cobardía que incluso era severamente castigado. El término entonces ya tenía un sentido peyorativo, igual que el que desarrolla en el artículo.

    En la época feudal se consideraba como afeminamiento la debilidad e incapacidad que tenía una figura de autoridad para ejercer su poder.
    Y no es hasta el siglo XVII cuando el significado implícito del término se refiere a «ser sometido y humillado por una mujer e incapaz de imponer su masculinidad dentro del seno familiar».
    El papel de la figura masculina y la figura femenina en los roles tradicionales familiares y en el lecho matrimonial reproducen estos roles sociales en uno y en otro sexo.
    ¿Diría usted que estos roles se reproducen hasta final del siglo XX, principios del XXI o siguen vigentes hoy en día? Lo pregunto porque no esta claro que su artículo sea un alegato reivindicativo de la masculinidad perdida o si es partidario de perpetuar esos roles masculinos y femeninos instaurados hace cuatro siglos.

    En cualquier caso, no se apure, la sociedad en su conjunto, a pesar de la presión, el ruido y la propaganda del lobby feminista, sigue funcionando dentro de esos roles. Al menos, mientras el peso del embarazo y el parto siga siendo cosa de mujeres. Qué menos que una crianza responsable y compartida por ambos progenitores.

    • Muchas gracias por sus comentarios, que han añadido información interesante sobre el significado del término «afeminado». Creo incluso que sus apreciaciones refuerzan mi argumento principal de la tradicional asociación de tal palabra con «debilidad», en contra de lo que la RAE ha omitido en la última versión de su diccionario.
      Hablar sobre la masculinización de las mujeres daría también para muchos comentarios, pero por limitaciones de la extensión he dejado ese tema de lado.
      No hablo sobre roles sino sobre caracteres. No digo lo que tiene que hacer cada cual, o el reparto del trabajo. Solo señalo que no es bueno una sociedad en la que la se suprime la masculinidad (es decir, aquello que es propio del hombre, en el sentido tradicional); tampoco sería bueno una sociedad en que se suprime la feminidad. Esenciales son algunas de las características biológicas del ser humano, y en el caso del hombre (masculino) el temperamento de luchador y cazador es importante si se quiere evitar la decadencia o el agotamiento por debilidad. Una sociedad de eunucos domesticados no es deseable.

      • «No hablo sobre roles sino sobre caracteres. No digo lo que tiene que hacer cada cual, o el reparto del trabajo. Solo señalo que no es bueno una sociedad en la que la se suprime la masculinidad (es decir, aquello que es propio del hombre, en el sentido tradicional)»

        Pues no sé qué decirle, Martín, a mí me ha parecido que sí hablaba de roles: «También con frecuencia se les encasquetan a los hombres sin voz ni voto tareas de puericultor decididas por misteriosos fallos en los medios anticonceptivos controlados por la mujer, quien se arroga así todo el poder de decidir sobre la vida y libertades del hombre».
        Hombre, no creo que esta sea la norma ni que las relaciones entre hombre y mujer se rijan por estos parámetros, que, ciertamente, no pueden ser más tradicionales. Y la desconfianza en el uso de anticonceptivos de uso femenino ya es para nota. Pero, en fin, no voy a insistir en ello, porque está claro que no debatimos con el mismo nivel de testosterona. Y en este hilo hay para dar y regalar. Buenas tardes,

    • “Por ejemplo, en tiempos de la Grecia clásica y el Imperio Romano se identificaba el «afeminamiento» como un signo de debilidad, vulnerabilidad o cobardía que incluso era severamente castigado.”

      Tengo curiosidad por conocer el origen de tal aseveración.
      Desde Sócrates, Heródoto,​ Platón, Aristóteles, Jenofonte, Ateneo, Solón,.., etc pasando incluso por mitos como Aquiles eran “de la otra acera”. Es más, la caterva filosófica griega fundamento del pensamiento occidental eran unos calientes pervertidos/degenerados sexuales.

      La homosexualidad era muy usual, pero no era el “neg-ocio” reservado al sexo macho-hembra.
      Aunque solo estaba bien vista con diferencia de status entre amantes.

      Por otra parte, cabría recordar el “Batallón Sagrado de Tebas” (falange de amantes homosexuales), que “castraron” a los espartanos, o mismamente los dos homosexuales Harmodio y Aristogitón (héroes por la libertad) que mataron el tirano.

      ¿Eran “afeminados” tanto unos como otros?

      ¿Están las vir-tudes de los machos humanos relacionadas con la orientación sexual o son independientes?

      • Las fuentes de la época, hablan de hombres viriles en contraste con los afeminados, que nada tienen que ver con su orientación sexual. Los hombres podían ser muy masculinos y viriles y tener relaciones sexuales con otros hombres o adolescentes (incluidos a la «caterva» de pensadores que señala con sus vicios y sus virtudes).
        Ser afeminado se relacionaba más con la adopción de un rol pasivo de sometimiento en las relaciones sexuales que con una orientación homosexual o heterosexual. Y también influía la clase y el estatus elevado, por supuesto. Así que, en ese contexto histórico, decir que «eran de la otra acera»o que eran afeminados no es correcto.

        Es el estereotipo contemporáneo el que relaciona lo afeminado con la homosexualidad. El afeminamiento se expresaría en una identidad transgénero en la que hay discordia entre el sexo biológico y los roles sociales asignados (travestis, Drag Queens, transexuales).
        «¿Están las vir-tudes de los machos humanos relacionadas con la orientación sexual o son independientes?»
        Pues creo que no están relacionadas con la orientación sexual, pero ya ve que en la segunda década del siglo XXI hay muchas sensibilidades al respecto.

    • Si usted considera que el hombre se somete dócilmente es que no conoce los efectos que en los hombres causa la ley de violencia de genero. De docilidad nada, se está recurriendo a las mayores injusticias para someter al hombre y saltándose preceptos básicos del derecho, como la presunción de inocencia. Vamos si eso es docilidad………..

  5. Los académicos de la lengua llevan bastantes años haciendo el ridículo. A mí me da igual, estoy inmunizado, siendo un niño me enamoré de las palabras. Que luego me abandonaran es otra cosa complicada de explicar. Uno se enamora de las palabras como se enamora de lo femenino, imaginando todo lo que encierran.

    Lo de albóndiga o almóndiga me da exactamente igual, lo importante es que la bola de carne esté rica o mejor aún, exquisita, lo nombre como lo nombre el cocinero.

    Más graves son otras adaptaciones de la verdad a la mentira que nos regala la Academia con sensatez maricona, sin rubor nos priva de la experiencia universal de los hombres que nos precedieron.

    «Si como dice el griego en Cratilo el nombre es arquetipo de la cosa…» J. L. Borges. «El Golem»

    Cambiar el significado de un nombre es destruir un arquetipo experimentado y definido por nuestros antepasados.

    «Sócrates.- Pero dime a continuación todavía una cosa: ¿cuál es, para nosotros, la función que tienen los nombres y cuál decimos que es su hermoso resultado?

    Crátilo.- Creo que enseñar, Sócrates. Y esto es muy simple: el que conoce los nombres, conoce también las cosas.»

    Por eso no puedo perdonar a los meapilas académicos que priven de la experiencia a las siguientes generaciones camuflando el nombre de las cosas.

    Podría poner muchos ejemplos aparte de los que ya cita el autor del artículo, pero solo voy a poner uno que creo que define mejor que cualquier otro la forma en que conciben el lenguaje los académicos desde hace algún tiempo, y sé que puede molestar, ya que casi todos estamos abducidos en mayor o menor medida por el prejuicio lingüístico, pero porfa, los académicos deberían como mínimo respetar el nombre de las cosas.

    Mi palabra talismán para este asunto es «intuición», me parece que las progresivas modificaciones realizadas por la Academia son tan aberrantes que definen perfectamente todo un sistema de pensamiento que nos aleja de la verdad.

    1960. Intuición.
    Fil. Percepción clara, íntima, instantánea de una idea o una verdad, tal como si se tuviera a la vista.
    Teol. Visión beatífica.

    Año 1992. Intuición.
    Fil. Percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad, tal como si se l tuviera a la vista.
    Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin razonamiento.
    Teol. Visión beatífica.
    Aquí observamos que desaparece «clara».y se añade «facultad»

    intuición
    Del lat. mediev. intuitio, -onis.

    1. f. Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento.

    2. f. Resultado de intuir.

    3. f. coloq. presentimiento.

    4. f. Fil. Percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.

    5. f. Rel. visión beatífica.

    De repente la «intuición» original se convierte en una «facultad»
    Buscamos facultad.
    1. f. Aptitud, potencia física o moral. U. m. en pl.

    2. f. Poder o derecho para hacer algo.

    Buscamos potencia.
    Del lat. potentia.

    1. f. Capacidad para ejecutar algo o producir un efecto. Potencia auditiva, visiva.

    De repente un suceso excepcional como la percepción clara, íntima, instantánea de una idea o verdad o una visión beatífica, se convierte en una facultad. ¿….?

    Comprendo que para algunos pueda ser complejo distinguir como han difuminado el arquetipo de la cosa, ni la premonición o el presentimiento tienen nada que ver con la intuición, un presentimiento estaría más cerca del prejuicio que de la verdad, y una premonición (premoción) (premonitorio) sería una advertencia moral o un síntoma que nos avisa anticipadamente.

    Creo sinceramente que destruir el arquetipo de la cosa no es la labor de la Academia, alguien me dirá que si esa acepción ha adquirido un nuevo significado que nada tiene que ver con el original la Academia debe recogerlo, pues no, todo lo contrario, en el caso que la palabra pueda perder su significado original es cuando más se debe empeñar la Academia en protegerlo y ponerlo a salvo, señalando otra palabra que signifique lo que no significa la expropiada.

    Y con respecto a las mujeres ahora contesto a Emme, que de esto sabe más, aunque como macho, masculino y machista, esto último cada vez menos, cada día soy más masculino y menos machista, un verdadero cabrón encantador que dicen las mujeres, no me queda más remedio dar la razón al autor, aquí hace falta mucho macho masculino con el pene blanco, que el de los negros es como los golpes de estado para Marchena, ensoñación femenina.

    • oh Dios……………yo ahí diciendo pues es verdad eso de intuición, este Henry que listo es,

      Llego al final del comentario……………y ahora es cuando una dama pediría las sales o el agua del Carmen

      Esto es Disidentia ¿no? jajajjaaa

      • No era mi intención causar un desmayo a una delicada y sensible dama aprensiva. Tiene mi palabra. Espero que el autor no me envíe a sus padrinos por haberla escandalizado. Espero.

    • 4. f. Fil. Percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.

      Esta última la había pasado por alto, aquí ya no sabemos si una intuición en un brote psicótico, una alucinación o cualquier otro tipo de desvarío, incluso si estando borracho como una cuba te morreas a un travesti pensando que es la más guapa del lugar.

      Yo tengo un amigo que aún se pone colorado cuando se lo recordamos en público, y no sé por qué a las mujeres les hace gracia.

  6. El artículo, excelente por cierto, va de la transformación de ‘lo hombre’ en el mundo feminista que nos ha tocado vivir.

    Sobre las falacias feministas ya dice bastante el artículo. Añadir que mi experiencia vivida es muy diferente de cómo la cuentan las fumistas. En mi casa y en la de mi mujer, el mando totalitario lo ejercieron siempre las madres. A los padres solo se les permitía decir:” si wuana”. Por eso, cuando en el telediario sale una feminista bramando contra el patriarcado, me desconecto y pienso: “otra queriendo vivir a costa del sufrido patriarcado”.

    Hay otro aspecto que me gustaría comentar. Cómo se ve así misma y a qué aspira la mujer fumista actual?

    El asunto surgió uno de estos dias, cuando tropecé por casualidad con dos articulos curiosos. Un artículo es de The Guardian, el otro de The Newyorker. Ambos medios líderes del progresismo a nivel mundial.

    https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2020/jul/07/why-i-dont-have-a-child-i-watched-my-own-mother-struggle-with-parenthood

    https://www.newyorker.com/books/under-review/the-study-that-debunks-most-anti-abortion-arguments

    El artículo de The Guardian se titula: “Porqué no tengo hijos?: ví a mi madre luchar contra la maternidad”

    El artículo de Newyorker se titula: “un estudio que desmonta la mayoría de los argumentos anti-aborto”.

    En el primero, una mujer explica porqué no tiene hijos y porqué es muy feliz por ello.
    En el segundo, trata de elevar a científico ‘lo bueno y conveniente’ que es aceptar el aborto. Las pocas contraindicaciones que tiene y los muchos beneficios.

    Ambos artículos me dejaron impresionado. Qué buscan estas mujeres? Convertirse en hombres?.

    Imaginense por un momento que todas las mujeres en un deseo vehemente de ‘convertirse en hombres’ rechazan la maternidad. Qué sucederá a esa sociedad?

    Vaya por delante mi respeto a todas las opciones personales, aunque el aborto es algo que ni entiendo, ni acepto como algo bueno, conveniente y deseable. Cada ser humano disponga dentro de su libertad, pero no mate a nadie, ni perjudique a nadie.

    Y sin embargo, los artículos anteriores me produjeron preocupación. Vale, todas las mujeres ‘se hacen hombres’ y rechazan la maternidad o llevan a cabo una maternidad deficiente. Qué pasa? Pues pasa que ellas tienen un problema, nosotros tenemos un problema, y la sociedad tiene un problemón.

    Realmente, necesitamos socialmente que las mujeres se hagan ejecutivas y reniegen de la maternidad? O nos sobran ejecutivos y nos faltan ‘madres’?
    Atendiendo a lo que veo en mi familia extensa, ahora todas mis hijas y sobrinas trabajan. Sin embargo, llevan como pueden (por no decir directamente mal) el cuidado de los hijos.

    Por otra parte, en el aula se siente que casi la mitad de los niños tienen profundas carencias de cuidado y cariño. Muchos desarrollaran psicopatías.

    No esperen de mi comentario una solución. Solamente apuntar que esta vorágine feminista que lo invade todo, necesita ocultar los inmensos problemas que crea a la sociedad. Necesitaríamos un estado que no atienda solo a las reclamaciones feministas, sino al interés de todos, balanceando unos intereses con otros. Cosa que hoy no sucede y que de mantenerse en el tiempo terminará produciendo cantidades ingentes de humanos, deshumanizados, psicóticos, desgraciados e infelices.

    • Estos dos artículos son solo una muestra. En esos dos medios hay multitud de articulos haciendo preselitismo de la ‘mujer sin hijos’ y del ‘aborto’ como descubrí buscandolos para referenciarlos en mi comentario.

      Creánme, no logro entender que ‘bienestar’ persiguen esos medios abandorados de la progresía mundial.

  7. Cierto, las sociedades de despacho también son otro elemento a destacar en la larga lista de elementos que han hecho a la sociedad más blanda, menos apta para la lucha (fuera de la lucha contra la burocracia, que no es moco de pavo).

  8. “La feminidad tiene también muchas otras virtudes”.
    Vir-tudes,…

    “El pueblo veía en sus soberanos a los protectores de sus tierras, individuos poderosos que les garantizaban cierto grado de seguridad ante los peligros de invasores.”
    Siempre ha habido cierta adoración por el orden jerárquico entre hombre poco “vir-tuosos”. Un vistazo a la historia de la Península Ibérica (milicias concejiles, caballeros villanos,…,); puede dilucidad que el sometimiento a la jerarquía sin “vir-tud” es generalmente una forma de castración.
    Algo que usted explicita con el “status del varón”; como si los demás varones debieran someterse al “hombre fuerte” que tiene un harem. Y de paso hacerse homosexual por escasez de hembras (Ejemplo: guerreros Azandé).

    “En nuestros tiempos sin guerras locales”
    Los “Standing armies” de Thomas Jefferson indican lo contrario.

    “las mujeres han vivido mejor y con más privilegios que los hombres”
    Esto es historia ficción entre las clases populares.

    “lo que se trata es de señalar la mengua de masculinidad incluso entre hombres heterosexuales”
    El concepto “masculinidad” es bastante etéreo y contemporáneo. La concreción se plasma en un descenso muy significativo de los niveles de testosterona.

    “Se podría decir que la mujer tiene a la sociedad mangoneada o acalzonazada.”
    La sociedad es un mito. “La mujer” al igual que el hombre no es un conjunto, ni homogéneo, ni con intereses concurrentes. De hecho, el principal rival en todos los aspectos del varón son otros varones con otros esquemas de “vir-tudes”; es decir, distinta visión sobre el elemento constitucional de la comunidad. El ADN humano muestra que la tasa de supervivencia femenina es superior, y que una parte muy importante de varones han muerto sin descendencia (ejemplo: península ibérica, neolítico,…, ).

    “Delito…tener sexo como las mujeres que aceptan tales ofertas para medrar y pasar por encima de los demás compañeros”.
    Delito no es, pero puede atentar contra el conjunto de “vir-tudes” constitucionales de cierta visión del mundo. En este caso creo se refiere al “esfuerzo y mérito”; valores principalmente ligados a la estructura estatal. Concretamente el ejército; si bien al comienzo como relatan las crónicas solo la peor chusma se metía a matar para otros. Hoy día tiene cierto aquel por la profesionalización (“no pongo ni quito rey pero ayudo a mi señor”) del “Bertrand du Guesclin” conocido por estos lares.

    “Lo grave es que muchos hombres se unan a tales reivindicaciones, autocastrándose y ayudando a castrar a los de su género, o guardando silencio por temor a quedar excluidos dentro del actual orden supremacista femenino”
    No hay tal orden supremacista femenino; lo que hay es un orden estatal con una agenda. A la que muchos se apuntan; sirva para ejemplo que hay cerca de 3 millones de empleados públicos al servicio del Estado. Le dicen Estado de Derecho; realmente es Derecho del Estado; pero ello no quita que “Bertrand du Guesclin” tenga millones de caras.

    “por cierto, no recuerdo haber visto mujeres entre el colectivo de policías que recibía los golpes”
    Yo sí, hay videos.

    “Está condenada al hundimiento y a que venga otra civilización más fuerte que la nuestra que la termine absorbiendo o eliminando.”
    El Estado Liberal es cosmopolita por definición (Derechos del Hombre y el ciudadano 1789 => declaración Universal de Derechos Humanos 1948). Es decir, los pobladores son piezas de puzzles intercambiables. Cuyo máximo exponente es la abstracción de la “sociedad” abierta.

    • Ciertamente, si se considera que «el concepto ‘masculinidad’ es bastante etéreo y contemporáneo», poco sentido tiene para algunos hablar del creciente afeminamiento (en contraposición a la masculinidad) de la «sociedad» (concepto también considerado por colapso2015 como un mito). Entiendo lo que se quiere decir, criticando abstracciones de colectivos que no son más que la suma de los individuos. No obstante, estas abstracciones son útiles en el lenguaje. También la belleza en un cuadro es algo abstracto y etéreo y difícil de cuantificar científicamente, y eso no significa que no podamos hablar de una mengua de la belleza en el arte contemporáneo en comparación con el arte clásico.
      A buen entendedor, sobran las palabras, dice un dicho español, y me parece que hablar del creciente «afeminamiento» de la «sociedad» es una expresión que se entiende bien, por mucho que se quiera enturbiar el lenguaje con un decir que no está claro que lo que es afeminar/masculinizar ni lo que es sociedad.

  9. A veces creo que es inevitable el afeminamiento masculino y ojo, eso lo dice una mujer que precisamente no le gustan nada pero nada los hombre afeminados jajajaj….pero claro si lo pienso bien en el fondo me gustan los hombres que se cuidan o que sean masculinos pero con elegancia, sibaritas etc etc etc

    Un lío

    Cuando digo que es inevitable el afeminamiento masculino lo digo convencida, el hombre siempre ha sido más fuerte que la mujer, con rasgos más bruscos, musculatura más marcada pero los trabajos que hacía el hombre requerían mayor fortaleza, incluso aquellos que tenían por ocio aficiones típicas masculinas necesitaban ser fuertes, tener vigor. Hoy, en sociedades de despacho el cuerpo termina afeminándose. Las sociedades metrosexuales se iniciaron hace décadas. Las formas de vida han cambiado. Inmensidad de hombres hoy en día no han cogido una azada ni para plantar un rosal en un jardín.Veo hombres con manos tan inmensamente cuidadas y femeninas que me asombra, eso hace unas décadas era impensable.

    La forma de trabajar y de cubrir las necesidades diarias cambia y eso influye y mucho en el cuerpo y supongo que termina influyendo en todo.

    Sí vale luego está todas las chorradas del género, pero que hoy por la forma de vida los hombres se han afeminado sin duda

    • Cierto, las sociedades de despacho también son otro elemento a destacar en la larga lista de elementos que han hecho a la sociedad más blanda, menos apta para la lucha (fuera de la lucha contra la burocracia, que no es moco de pavo).

    • Emme lo has definido a la.perfeccion, un lío, pero un lío fascinante, lo que pasa que las mujeres y los hombres son muy brutos y cuando termina el lío arman el lío, y es que no se pueden liar las cosas al gusto de todos.

      A mí me pasa con las mujeres lo mismo que a ti con los hombres, me gustan guapas, inteligentes, ricas, por supuesto femeninas, alegres, divertidas, celosillas condescendientes, positivas, resolutivas, elegantes, discretas, pero que te quiten el hipo y te provoquen la asfixia, aunque en realidad siempre me conformo con la inevitable, a esa que no sabes por qué no le puedes decir que no y la añades al mapa de lo femenino como tierra incógnita.

      Menos mal que esto es Disidentia y no Tinder, porque me iban a llover las ofertas de amor eterno. Feministas abstenerse.

      Un cordial saludo, Emme.

      • jajajajaja Henry entonces yo no le gustaría no tengo tiempo para ser «celosilla condescendiente» jajjajaa

        Y discreta pssssssssss depende jajajaja

        En fin, que no falten las risas, Siempre existirán hombres y mujeres que terminen en lío y así perpetuar la especie

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