Se conoce como gentrificación un fenómeno antiguo y natural (propio de la ciudad  moderna industrial y de servicios) en la que se produce un desplazamiento de clases populares del centro de las ciudades, propietarios e inquilinos,  por el incremento de valor y precio de los inmuebles. Michael Pacione es el geógrafo urbano que ha desarrollado y  popularizado el concepto a partir de la palabra en inglés gentry, alta burguesía.

En Europa, la ciudad medieval y barroca, constreñida por murallas, se caracterizaba por la convivencia próxima del palacio del señor junto a la vivienda de menestrales y artesanos. A partir de la mitad del siglo XIX, con la industrialización se produce la transformación, la modernización, de la ciudad. Ya fuera de las murallas, los sucesivos ensanches urbanos reubican, de modo muy marcado, una estratificación social por ingresos según el atractivo y valor del centro o de áreas residenciales.

Se pueden exhibir numerosos ejemplos de gentrificación en Nueva York, el sur y centro de Harlem, el Soho de Londres o la Colonia Roma de ciudad de México. En España el ejemplo más claro y próximo es el barrio de Chueca, en Madrid, que pasó de ser, hace cuarenta años, una zona degradada (y hasta peligrosa) a convertirse en un centro urbano atractivo para la inversión inmobiliaria.

Como otros fenómenos sociales e históricos, la gentrificación tiene su activo y su pasivo. El activo es la revalorización de inmuebles que beneficia a los antiguos y nuevos propietarios y una indudable mejora estética urbana. El pasivo es el desplazamiento de inquilinos (a veces, ocupas) hacia la periferia de la ciudad por precios más bajos de los alquileres en comparación con los se van revalorizando.

La invasión de turistas en España supone un factor favorable a la “gentrificación”

Y aquí llegamos al meollo de la amenaza de la gentrificación: la invasión de turistas en España supone un factor favorable a este proceso, al incremento de rentas de propietarios y a la oferta diversificada de nuestra industria turística, que casi supone el veinte por cien de nuestro Producto Interior Bruto. El lobby hotelero español, deseoso de eliminar o reducir la competencia, abandera la prohibición y limitación de los pisos turísticos, un fenómeno general en todas las ciudades de alta demanda de habitaciones y pisos turísticos. Este debate, además de en Madrid, se encuentra en Bilbao, San Sebastián, Barcelona, Málaga y otras muchas ciudades y pueblos de nuestra geografía.

Los ayuntamientos se encuentran en un dilema. Por un lado los inquilinos se quejan del incremento de los precios en las áreas en transformación, de mayor demanda, y son un potencial reguero de votos. Pero por otro lado, numerosos propietarios son partidarios del libre mercado y del desarrollo del proceso de gentrificación. Un buen ejemplo de este proceso lo constituye, en Madrid, el barrio de Lavapiés.

Lavapiés es un barrio céntrico de Madrid, tradicional, castizo, popular y barato. En los últimos treinta años el barrio ha padecido una gentrificación al revés. Los antiguos vecinos castizos madrileños, se han visto desplazadas por la invasión de ocupas y de inmigrantes sin papeles que han convertido el barrio en un lugar a la vez apetecido por los inversores y disfrutado por una población flotante de subsaharianos y magrebíes. El resultado es que Lavapiés se ha transformado en un foco conflictivo. Hace apenas unos meses, los vecinos han tenido que padecer graves altercados por el fallecimiento de un mantero (vendedor ambulante) subsahariano por causas naturales, según la autopsia.

De la prohibición al deterioro

¿Qué hacen las autoridades españolas ante la gentrificación? El gobierno nacional, como en tantos aspectos importantes de nuestra convivencia, nada. Partido Popular y Partido Socialista no tienen opinión y pasan la pelota a las autonomías y a los municipios. Por supuesto una solución general, como en Italia o en los Estado Unidos, es inimaginable en nuestras ciudades. En Italia cualquier vivienda o habitación es susceptible de alquiler a turistas, previa licencia y con la salvedad de comunicar a la policía (por razones de seguridad y fiscales) el nombre e identificación del cliente.

Los ayuntamientos españoles, muy en la tradición gremial de limitar el libre comercio y el derecho de propiedad, se inclinan por reducir o prohibir los pisos turísticos

Los ayuntamientos españoles, muy en la tradición gremial de limitar el libre comercio y el derecho de propiedad, se inclinan por reducir o prohibir los pisos turísticos. En Madrid, el ayuntamiento de Podemos ha resuelto prohibir los alquileres turísticos con la salvedad de aquellos que tengan acceso directo e independiente a la calle. Es decir, prácticamente ninguno.

Estamos ante una nueva limitación del derecho de propiedad, de la congelación del mercado intentando frenar la gentrificación. En el franquismo la congelación de alquileres produjo un efecto similar con un gran deterioro de las áreas urbanas del centro de las ciudades, potencialmente revalorizables. Fue necesaria la iniciativa socialista de la Ley Boyer y en pocos años se produjo una mejora espectacular de los centros históricos en toda España.

La paradoja de los populistas e intervencionistas es que en el fondo, son seguidistas del multimillonario lobby hotelero y aplican políticas antimercado cercanas a las leyes de alquiler franquistas, mientras se pasan el día condenando (a toro pasado) la dictadura del general Franco.

Habida cuenta de que la gentrificación es una muestra de la vitalidad de una sociedad abierta y de que el turismo precisa una diversificación de oferta  y satisfacción equilibrada de la demanda, habrá que esperar que surja un nuevo Miguel Boyer. Un reformista político que promueva alguna medida que convierta la amenaza de la gentrificación que recorre España, en una ventana de oportunidad, de respeto a la propiedad y a la libertad.

Foto Carlos Zurita


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Guillermo Gortázar
Nací en Vitoria en 1951 pero en 1953 mi familia se trasladó a San Sebastián donde realicé mis estudios. En 1970 aterricé en la Universidad Complutense de Madrid. Me interesa la historia y la política. Creo que la Política es la dedicación (temporal) más importante para una sociedad, siempre que se haga con altura de miras y con el objetivo de  un proyecto de libertad sometido a la ley, a la representación y al control de los electores. He sido “político” cinco años contra el franquismo por las libertades, entre 1970 y 1975. Licenciado en derecho y en historia,  después de trabajar tres años en el Banco de Vizcaya, en 1978, gané por oposición una cátedra de Instituto de Geografía e Historia. Disfruté muchísimo dando clases en Vélez Málaga, Las Palmas y Madrid. Poco después obtuve una beca Fulbright, con la que amplié estudios sobre Historia de Europa en el final del siglo XIX y principio del siglo XX. De Madrid llevaba conocimientos; en la Universidad de California, La Jolla, comprendí el secreto de la excelencia universitaria americana y allí me hice historiador profesional. Pasado un periodo de quince años en los que trabajé en banca, enseñanza media y universidad, retorné a la actividad política en 1990, fui diputado en tres legislaturas, hasta  mi dimisión en 2001; inmediatamente después, volví a mi plaza de profesor de historia en la Universidad. El cesarismo y la manía de nombrar los expresidentes a los presidentes terminaron por convencerme que aquello (esto) no terminaría bien. He dedicado buena parte de mi obra reciente a criticar la deriva partitocrática que, a mi juicio, es la base de la crisis política española. Para ampliar estos puntos de vista les sugiero consultar mi página web personal. 

5 COMENTARIOS

  1. En lo concerniente a los alquileres turísticos se mezclan varias manifestaciones de la libertad individual y de derechos de propiedad que entran en colisión. Como siempre, lo fundamental es que la libertad absoluta no existe cuando se vive en sociedad ya que existen colisiones. ¿Cómo se resuelven estas colisiones? Pues aplicando los principios de no intrusión.

    El principal problema que hay con los alquileres turísticos es que generan molestias a los vecinos, principalmente por ruidos. Pero ese no es un problema específico de los alquileres turísticos, es un problema que se puede dar en cualquier caso. Tiene más incidencia en determinados alquileres turísticos, pero ni se da en todos ni es específico de ellos. El problema de los ruidos en los alquileres turísticos es que, ni la policía, ni los jueces, son capaces de atajar los incumplimientos. Llegados a este punto la solución es muy sencilla: que los ciudadanos que se ven afectados por los ruidos exijan a la policía y a los jueces que no permitan tales comportamientos.

    El problema, por lo tanto, es de orden público, no de otro tipo.

    Luego están los grupos de interés que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y la disparidad en las normativas, exigen un trato igual, es decir: si mi competencia que son los pisos turísticos no necesita rociadores contra incendios; ¿por qué yo los tengo que tener? Aquí entramos en los problemas del sistema legal vigente, un sistema hiper-regulado en el cual se sacrifica siempre la libertad en pro de una supuesta seguridad.

    • Todo alquilando o alquilado tiene una reseña, si se porta mal o el apartamento está en malas condiciones queda reflejado. Hay que dejar que el mercado se autoregule. Buena parte de mis estudios universitarios los realizé en habitaciones alquiladas a familias lo que me permitió disponer de dinero para otros gastos concernientes a mi educación y a ellas dinero de ayuda. No me imagino haberlo hecho con los gastos actuales en chorradas y nunca tuve ningun incendio. Llega un momento en que todos los enseres del apartamento van a tener que ser homologados y autorizados por sanidad o lo que se tercie.

  2. Es lo que tiene poner puertas al campo. El particular que tiene un piso y lo alquila unas semanas para ayudar a pagar gastos se lo bloquean y al empresario que rehabilita plantas enteras para la misma actividad compitiendo con la hospedería tradicional se lo permiten.

  3. Dice en el artículo
    “En Italia cualquier vivienda o habitación es susceptible de alquiler a turistas, previa licencia y con la salvedad de comunicar a la policía (por razones de seguridad y fiscales) el nombre e identificación del cliente”

    Pues no sé en el resto de España pero en Galicia es posible y está regulado por ley desde el año pasado, DOG 29 del 10-02-2017, los trámites le aseguro que son bastante sencillos y elementales, y de las pocas obligaciones que tiene el propietario es comunicar a la policía el nombre e identificación del cliente y por supuesto tener un seguro de responsabilidad civil. Desde que se solicita hasta que dan la licencia pueden pasar 15 días.

    A lo mejor sí, debería ser la misma solución para todas las CCAA pero claro si en materia sanitaria como no estés empadronado en una de las CCAA ya tienes mil problemas para poder ser atendido por un médico de familia como para tener la misma normativa en materia de viviendas de uso turístico, y que decir de las competencias en educación, pues es eso, en turismo lo mismo. Imposible una normativa que regule en toda España dicha actividad en viviendas de uso turístico cuando las competencias en la materia son de ámbito autonómico. Cada uno va a su bola y así estamos

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