La semana pasada se produjo una curiosa manifestación en Madrid. Un grupo no muy numeroso de animalistas se concentró delante del Museo del Jamón, un conocido restaurante cuya especialidad es la que le da nombre, y allí, blandiendo sus pancartas, increparon al establecimiento con consignas tales como “No es jamón, es cerdo muerto“.

El animalismo en España tiene cada vez más adeptos. El Partido animalista, por sus siglas PACMA, ha multiplicado por seis sus votos para el Congreso y por veinte sus votos para el Senado en la última década. En la cámara alta el ascenso ha sido meteórico. En las generales de 2004 obtuvo 64.947 votos, en las de 2016, 1.213.871.

En un país rico y eminentemente urbano como el nuestro el animalismo se ha puesto de moda

Ninguna otra formación política ha crecido tanto como ellos. Todo indica, además, que lo seguirán haciendo porque en un país rico y eminentemente urbano como el nuestro el animalismo se ha puesto de moda. Lo de España no es una excepción, es la norma. Se trata por tanto de una tendencia a nivel global, al menos en el primer mundo. Y como tal merece la pena ser tenida en cuenta.

Una de las peculiaridades del animalismo es su transversalidad. Aunque sus activistas más afanosos suelen ser de izquierdas, lo cierto es que encontramos animalistas o gente que simpatiza con el animalismo en todo el espectro ideológico. Este hecho se comprueba en el amplio rechazo que, de un tiempo a esta parte, suscita la tauromaquia. Es más común entre los votantes de izquierda pero también se da entre liberales y conservadores.

Claro que la tauromaquia es una cosa y criar cerdos para su consumo es otra bien distinta. Lo primero es un entretenimiento, artístico si queremos, pero entretenimiento al cabo. Lo segundo tiene que ver con la alimentación y la supervivencia misma de la especie.

La doctrina animalista viene a decir que es inmoral -y, por lo tanto, debería ser ilegal- criar animales para luego comérselos. Los más radicales suben un peldaño y hablan de prohibir incluso la explotación de animales sin muerte, animales tales como las vacas lecheras, las gallinas ponedoras o las ovejas de las que se extrae lana y leche sin necesidad de sacrificarlas. Los animalistas más suaves admiten que se pueda explotar a los animales pero de la manera lo más humana y ética posible.

En todos los casos, de imponerse sus tesis, habría que desmantelar todas las granjas industriales, que son, por añadidura, las que permiten a la humanidad un suministro continuo y relativamente barato de carne, leche, huevos y piel natural. El precio a pagar por ello son esas granjas.

Las granjas industriales son lugares tétricos en los que se ceba a los animales para sacrificarlos lo antes posible y poner su carne en el mercado. En muchas ocasiones se emplean hormonas y anabolizantes para acelerar su engorde y aumentar su crecimiento muscular. Los animalistas hablan de estas explotaciones como “granjas de la muerte” y, para qué engañarnos, lo son. Todos esos animales mueren para que podamos vivir nosotros, que somos cada vez más.

Los seres humanos matamos a otros animales para comérnoslos desde siempre

La granja industrial es el último capítulo de un proceso que arrancó hace miles de años. Los seres humanos matamos a otros animales para comérnoslos desde siempre. Nuestros ancestros del Paleolítico los cazaban. Primero se los comían crudos y luego aprendieron a cocinarlos cuando se hicieron con el control del fuego.

En torno al año 10.000 antes de Cristo empezaron a domesticarse animales en el Creciente Fértil. El primero de ellos fue la cabra, seguida por el caballo, la oveja y la vaca. El perro se domesticó antes, hace unos 15.000 años, pero la humanidad lo empleó más como asistente que como alimento.

La domesticación de un puñado de especies brindó a los seres humanos un suministro estable de proteínas, de otros bienes como pieles y de servicios como el transporte o el acarreo de cargas. Sin domesticar animales los primeros humanos hubieran tenido mucho más difícil abandonar la vida salvaje y fundar las primeras civilizaciones.

Hasta hace no mucho tiempo nadie se planteaba la moralidad de sacrificar animales. Ni para su consumo ni para fines festivos o religiosos. Estaban ahí para eso mismo, los animales eran simples autómatas, un don del cielo que a nosotros correspondía administrar sabiamente para que no se agotase el maná.

El hecho es que, según se desprende de las sucesivas investigaciones que se han ido llevando a cabo en las últimas décadas, los animales no son precisamente autómatas. Ni los que viven en estado silvestre ni los de granja. Se sabe, por ejemplo, que sienten dolor y que tienen vidas emocionales más o menos sofisticadas.

¿Tenemos derecho a criar, estabular, sacrificar y comernos a un animal sintiente?

Y no hablo ya de los perros, nuestro infatigable compañero de viaje del que lo sabemos prácticamente todo, sino de animales tan inexpresivos como la vaca, que se estresan cuando les separan de sus terneros, cosa que hay que hacer para poder comernos un jugoso y nutritivo bistec. Descubrimientos como este -algo, por lo demás, que los granjeros ya intuían por su trato continuo con el ganado- nos pone ante la disyuntiva de aceptar o no sus consecuencias morales. Resumiendo: ¿tenemos derecho a criar, estabular, sacrificar y comernos a un animal sintiente?

La respuesta que los animalistas dan es que no, que no lo tenemos y, por consiguiente, estas granjas deben ser clausuradas y la ganadería puesta al margen de la ley. De hacerse así nos encontraríamos con nuestra especie asomada a un abismo alimentario. ¿Cómo sustituir todos los nutrientes que obtenemos de los animales?

Es una cuestión peliaguda porque si tuviera que hacerse habría que ampliar la frontera agrícola mucho más allá de lo que probablemente sea posible y, de serlo, mucho más lejos de lo que a los ecologistas les gustaría. Bosques, humedales, dehesas y otros ecosistemas tendrían que ser roturados lo cual, seamos sinceros, no sería muy bueno para el medio ambiente.

Los alimentos de origen vegetal tampoco sustituyen completamente a los de origen animal. La carne, de hecho, es un complemento de los primeros para una dieta rica y equilibrada que mantenga nuestras funciones vitales en orden. Esta es la razón por la que, a pesar de ser conscientes de que había cierto grado de inmoralidad en el sacrificio de animales, lo seguíamos haciendo. Era eso o el hambre, y nuestra especie como todas las demás antepone la supervivencia a cualquier otra cosa.

No se nos puede culpar, también somos animales. Algo más inteligentes, eso sí, lo suficiente como para plantearnos abstracciones como el derecho a la vida que nos otorgamos a nosotros mismos desde hace no mucho tiempo y que, más recientemente, estamos empezando a otorgar a otras especies.

Aparte de una capacidad de abstracción extraordinaria los seres humanos tenemos también unas habilidades fuera de lo común. Entre ellas figura la de crear cosas de la nada, ya sea por transformación de lo existente o por síntesis. Y es aquí, con esta maña nuestra para sintetizar, donde podría encontrarse la solución.

La carne cultivada no es ciencia ficción, es algo real aunque todavía está en fase de desarrollo

Desde hace algún tiempo se habla de carne cultivada, un producto sintético y, sino indistinguible, si al menos muy parecido a la carne natural pero que no implica cautiverio y sacrificio de animales vivos. La carne cultivada no es ciencia ficción, es algo real aunque todavía está en fase de desarrollo. Partiendo de células madre los científicos están consiguiendo réplicas exactas de la carne de distintos animales.

El procedimiento es de una complejidad extrema no exenta de infinidad de problemas asociados que poco a poco van resolviendo gracias a la proverbial terquedad y el inagotable ingenio de los Sapiens Sapiens. Seguramente todo sea cuestión de dejar que pase el tiempo hasta que esto de la carne cultivada, que hoy se nos antoja digno de una novela de Philip K. Dick, sea comercialmente viable y la veamos en los estantes de los supermercados.

Quizá nuestros nietos cuando vean las imágenes de las granjas industriales de nuestros días piensen que somos unos bárbaros. Para sus estándares morales lo seremos sin duda, pero no por gusto, sino por necesidad. Ellos, de hecho, existirán gracias a esa barbarie.

Foto: Ben Kerckx


Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo con tu pequeña aportación puedes salvaguardar esa libertad necesaria para que en el panorama informativo existan medios disidentes, que abran el debate y marquen una agenda de verdadero interés general. No tenemos muros de pago, porque este es un medio abierto. Tu aportación es voluntaria y no una transacción a cambio de un producto: es un pequeño compromiso con la libertad.

Ayúda a Disidentia, haz clic aquí

Muchas gracias.

18 COMENTARIOS

  1. A parte de las modas mundialistas que se extienden desde USA y su izquierdismo neomarxista, el hecho del aumento de mascotas en los últimos años, creo que tiene bastante que ver con la extensión de la moda infantilista(típica del izquierdismo moderno) del animalismo.
    El animalismo no eleva al animal, degrada al hombre. El animalismo es la lucha de clases llevada a las especies. Especismo le llaman.
    Es obvio que esta sarta de idioteces beatas y moralistas son fruto de colectivos aburguesados postmodernos en países postindustriales , de gente alejada del agro y las leyes naturales que ven a los animales bajo un prisma ñoño y con el filtro Disney.

    Ante el vacío nihilista surge la neoreligión del izquierdismo moderno caracterizada por la sobresocialización, los complejos de culpa e inferioridad y el infantilismo. Por suerte, Occidente no es ni un tercio de la humanidad.

  2. A muchos liberales les parecera correcto, y es que su trasfondo ideológico, su progresismo individualista, su fatuidad posmoderna, les hacen compartir muchos puntos con el neomarxismo adoptando sus visiones culturales e incluso”éticas”.

    Que una persona tenga problemas de conciencia por comer carne(ya no digamos huevos o leche) habla muy mal de su autoestima y salud mental, de sus complejos de culpa y ansias mesiánico-redentoras de”este mundo cruel”.
    El ser humano es omnívoro por naturaleza, por evolución, por fisonomía. Las proteínas de la carne, sobre todo la salvaje y roja, las grasas animales, son de un alto valor biológico y de muy amplia biodisponibilidad.
    No tiene la misma “calidad” una proteína vegetal que una animal, más que nada por su ramificación y número de aminoácidos, además la carne, sobre todo en los varones, es fuente de testosterona.
    Nos quieren convertir en hervíboros pacientes como vacas que ven pasar el tren. Cultural y socialmente ya lo han conseguido con su corrección política, buenismo e infantilismo. Conmigo que no cuenten.
    (Y llegará el día que comer carne o pescado será delito y tratado como un crimen en esta neoreligión del último hombre al que se refería Nietzsche en”Así habló Zaratustra”)

  3. Detrás del llamado animalismo hay una animalización del ser humano, nada más. Desde luego mucha gente que se considera animalista no es cosciente de ello, simplemente participan en una moda de niños ricos posmodernos. Como no son coscientes que según las teorías evolutivas fue el consumo de carne el que hizo que los cerebros de nuestros ancestros se agrandase, permitiendo convertinos en lo que hoy somos. Comiendo verduras nuestros abuelos monos no hubiesen evolucionado. Todo ello por supuesto, según las teorías evolutivas.

  4. Disculpad las molestias. Pero, en efecto, se estaban incorporando nuevas funcionalidades para dispositivos móviles y se ha producido un fallo de sistema. Ha sido necesario restaurar la página y su base de datos. Y se han perdido los últimos comentarios añadidos. Lo sentimos pero no ha sido posible recuperarlos.

    • Supongo que el problema ha afectado también al articulo:
      “Cuando los intereses del Estado se confunden con los del gobierno”

      En mi caso, había escrito un comentario largo -toda una mañana preparandolo-. A las pocas horas de subirlo, veo que ha desaparecido. Pienso que el comentario ha sido censurado. Esperé dos días para ver si lo recuperaban. Esta mañana, viendo que no era recuperado, pensé que había sido censurado. En consecuencia, tomé la opción de desengancharme de Disidentia: 1. Cancelando la subscripción en Patreon -cosa que he hecho hace unas horas-, 2. No volviendo a comentar, al menos regularmente, 3. a las 13:30 veo que ha habido un problema técnico que ha borrado cmentarios….

      Alguien podría pensar que Kj26 es un forero demasiado orgulloso y pagado de sí mismo. Un comentario censurado y se enfada. Es una forma de verlo, pero la mía es otra. No tengo, ni he tenido, ni quiero relación alguna con ningún partido político. Pretendiendo ser un ‘buen’ ciudadano responsable, pero sin límitaciones ni hipotecas, he optado por dar mi opinión en aquellos foros que creo no utilizan mi opinión para sus fines. El nivel de información que dispongo es muy pequeño, mi opinión tiene mucho de imaginado o supuesto. Esto hace que pueda tener opiniones erróneas o poco ajustadas a la realidad. La forma más simple de manipular ‘la opinión de un forero’ es mediante la censura. Aquellos comentarios que no son del agrado de la línea editorial del medio son borrados. Cuando ves que un comentario es borrado no sabes que pensar. He escrito algo muy inconveniente o incorrecto? Empiezan las dudas…

      Cuando en Vozpopuli, Cacho dejó la dirección, hubo una serie de cambios no explicados. No sabría explicar muy bien porqué, pero algo me decía que aquello no era trigo limpio. Alguna vez paso por alli, rara vez dejo ya algún comentario.Y además muy cortito. En fin, tampoco pierden nada.

      Lamento el malentendido…

      • Estimado Kj26. En Disidentia no hay censura. Desgraciadamente, el problema de la base de datos ha sido grave y ha obligado a una restauración completa. Cuando esto sucede, lo máximo que se puede apurar es recuperar la edición de ese día en su primer momento. Esto hace que, lógicamente, los comentarios se pierdan pero no los artículos editados y publicados, aunque sí se pierden también las correcciones de edición posteriores.

        A veces existen los imponderables que nada tienen que ver con la mala mala fe. En Disidentia es más trabajo a destajo de los autores y colaboradores y pura vocación que negocio. De no ser así, tendríamos dos servidores dedicados o cuatro y nos evitaríamos estos incidentes. Y esperamos que nuestros lectores participen en alguna medida de esta filosofía. Y sean comprensivos con estas contingencias. Así pues, sólo me queda reiterarle nuestras disculpas.

        Reciba un cordial saludo.

    • Al limbo de los foros :))) Mi defensa de los peces llena de sapiencia dejada esta mañana, ha desaparecido

      ¡oh!,mi gozo en un pozo, haciendo campaña en pro los centollos y me han dinamitado la pancarta

      andarán en obras Sr Pasmao,

      • “Mi defensa de los peces llena de sapiencia dejada esta mañana, ha desaparecido”

        Pues es una lástima que un fallo del sistema lo haya echado a perder, Emme. Sin embargo, si en algo le sirve de consuelo, le diré que ayer leí su certero alegato (no tenía tiempo para intervenir) en defensa de los peces, entre otras especies marinas y otras de origen animal que pueblan la diversidad de nuestra flora y nuestra fauna.
        Le animo a recuperarlo de la menoria, aunque sea parcialmente y no lo reproduzca con la misma exactitud, porque algunos de esos fragmentos bien merecen habitar en en este hilo, complementando el buen análisis del articulista.
        Además, su texto, también me inspiró a mí para ampliar y completar sus atinadas observaciones.
        Aparte de compartir con usted la grima y el repelús que me da esa propuesta de “carne cultivada”, quería añadir que, lo del consumo alimentario de animales también responde a una cuestión cultural. Por ejemplo, hay culturas en las que comer escarabajos u otro tipo de insectos, que a nosostros nos daría verdadero asco, pues resulta un manjar exquisito. Y lo mismo pasa a la inversa con los babosos caracoles, cuando en nuetro país nos los comemos tan ricamente y en cambio, en otras culturas la sola idea de pensarlo ya les produce náuseas.

        Por otro lado, también juega la tradición cultural, la consideración y el cariño que les dispensamos a los animales domésticos, como perros y gatos, a los que conferimos el trato de favor de no ser consumidos. Igual que les pasa a los islamistas con el cerdo. Vaya que, asumimos de buen grado esa prohibición autoimpuesta y tanto en uno como en otro caso, seríamos incapaces de hincarles el diente.
        Y luego, a este respecto, no conozco bien la tradición asiática, y no sé muy bien la consideración que tienen con los perros y los gatos. Siempre ha circulado la leyenda urbana de que en los restaurantes chinos la carne que cocinan y que consumimos es todo un misterio. En este sentido siempre será más sana y más fiable la cocina mediterránea. Y no es por ser morbosa, pero dada la cantidad de chinos afincados en nuestro país, no creo que todos los que fallecen en nuestro país sean repatriados a su país de origen, y si es así, no tengo claro donde reposan sus restos mortales. En fin, lo dejo antes de que mi imaginación degenere en un malogrado barbarismo.

        Tan solo un último apunte, inspirado más en el ameno artículo de Fernando, que no puedo pasar por alto.
        Si hay algo peor a que el animalismo esté de moda, es la alianza imposible del animalismo y del feminismo, con producciones extravagantes como esta, que tenían su difusión a través de Twitter:
        “Ser feminista significa apoyar el derecho de todas las mujeres, incluyendo las vacas. Retuitea si estás de acuerdo: “Feministas en contra de la leche! ¿no es tu mamá? No es tu leche!”
        Textual y tal cual, sin c.ñas. Lástima que no pueda ilustrarlo gráficamente.

        • Los ojos como platos tengo con esa reivindicación tuitera. La gente está fatal.
          A este paso, hasta los quesos habrá que retirar de la cesta de la compra por tener su origen en leche de vacas, cabras y ovejas feministas.

          Gracias Silvia por sus palabras, también estoy de acuerdo con lo que expone en su comentario.

          Mi “defensa” de los peces, por recomendación de un conocido, casi la voy a dejar para después de Navidad, corro el riesgo de perder unas cuantas amistades y que los pescaderos y pescadores pidan mi cabeza , no es plan de defender a los pobres centollos de una muerte digna y quedarme sin pies para que me acompañen a tomar unos vinos y menos terminar en el patíbulo como una María Antonieta.

          Nada, casi fue un acierto que los comentarios volasen jajjajaja. Fue una señal divina.

          Saludos

          • excelentes aportaciones las de ambas.

            Le reconcilian a uno con el visitar páginas webs variadas.

            Yo por mi parte expuse que, en contra de la teoría de del Sr Díaz Villanueva de que habría que amentar la superficie cultivable de volvernos todos vegetarianos, con los efectos anticológicos que ello supone por todo el tema de contaminación nitritos/tratos, eliminación de suleo salvaje.. sería precisamente al revés.

            Porque una parte muy importante de los cultivos actuales lo so para forrajes. Y con que se destinara sólo una parte de esa superficie a cultivar los sutituvos de la carne.. sería mas que suficiente.

            Por otro lado otra gran pate de los cultivos se utiliza para biodiesel, o biocombustibles varios, con exactamente el mismo problema.

            Obvio que hay proteinas que no se pueden sustituir, sobre todo pesan y mucho en la alimentacion infantil.

            Así que muy vegano no soy.

            Pero hay que tener claro que consumimos muchísima mas carne de la que es necesaria, de cara a que tengamos esos aminoácidos esenciales.

            Y que por desgracia esa carne, pescado, pollo.. es en general de calidad pésima.

            Así que yo por mi parte he reducido su consumo básicmente por motivos de salud, y cuando la tomo es sabiendo muy claramente que es lo que hay ahí. Aunque sea mas cara.

            Y en restaurantes casí me he vuelto vegano.

            Sólo tomo carne o similares en los que estoy seguro, por el tipo de parroquianos que lo frecuentan, por ser de la zona y ser zona de buena carne o pescado, que lo que dan ahí es bueno. Lo que descarta a la mayoría de los de las grandes zonas densamente pobladas, donde los parroquianos suelen ser de los que se dejan llevar por platos decorados.. pero a saber con que están cocinados.

            Un muy cordial saludo

          • Sí, he leído su otro comentario Sr Pasmao, supongo que necesitamos un justo equilibrio. No sé si se necesitarían menos hectáreas cultivables, lo dudo, millones y millones de personas en el mundo veganos ufff eso necesita mucha tierra. El ser todos veganos conlleva la desaparición de muchas especies animales, desde caracoles, pájaros, mariposas , los cultivos hay que protegerlos y los pesticidas nos gusten o no, son necesarios y ello conlleva la desaparición de muchas especies y por otro lado para que alguien quiere vacas, cerdos, ovejas… si la carne no la puede aprovechar
            Incluso las gallinas, algunos siendo vegetarianos comen huevos, ok, pero me da que no saben que las gallinas ponedoras tienen fecha de caducidad y una vez que ya no sean productivas ¿qué hacemos con ellas?, ni para un caldo . Ya me dirá, granjas llenas de gallinas que no producen pero que tampoco se pueden matar. Fijo, otra especie desaparecida.

            No tengo nada que objetar al tipo de alimentación que decida llevar cada persona pero de ahí a esas manifestaciones, como la expuesta en el artículo y que había visto en un vídeo que me reenviaron, para defender la vida de los cerdos me parece de una inconsciencia enorme, Si prohibimos matar cerdos, adiós queridos marranos, simplemente los veremos en el zoo.

            Todos somos necesarios para el equilibrio de la naturaleza y sí, estoy de acuerdo , en la alimentación también es necesario ese equilibrio.

            Saludos

          • Le insisto Emme

            en que en forrajes se gastan mas recursos que lo que se gastaría en alimentar al personal si no tomara esa carne, ave.. y se alimentara 100% vegetariana

            Y se lo dice uno que no es vegetariano, vegano ni mediopensinista.

            Pero las cosas son cómo son, y el balance es cierto.

            Otra cosa es si es sano ser vegano/vegetariano, o si no queda mas remedio que tomar cierta cantidad de carne, pescado, aves, leche, huevos.. porque hay algunos aminoácidos esenciales que sólo se puedan sacar de ahí.

            Pero también es cierto que esa cantdiad de carne/pescado/ave.. es mucho menor que la que se toma de manera espontanea en el día a día.

            saludos

          • Como aclaración a los últimos comentarios, puedo decir que hace 50 años que no he comido ni carne, ni pescado, ni leche y cantidades muy pequeñas de queso o yogur.

            Las legumbres, que se suelen usar como aporte de proteína de los vegetarianos, yo nunca como más de una vez a la semana.

            Nunca he tenido carencias y tampoco he estado enfermo. Ni siquiera he tenido algún dolor de estómago o de cabeza.

            Se han hecho estudios que demuestran que con una ingesta baja en calorias se viven muchos más años. Yo me propongo demostrar en carne propia que con una restricción de proteínas se viven más años que con un bajo consumo de calorías.

            Y tiene razón Pasmao, para producir un kilo de carne se necesita haber producido antes entre 5 y 15 kilos de vegetales, para que se los coma el animal de engorde. El consumo de agua se dispara mucho más.

            Por eso Einstein decía: “Nada beneficiará tanto la salud humana e incrementará las posibilidades de supervivencia de la vida sobre la Tierra, como la evolución hacia una dieta vegetariana”.

          • Bien, aceptemos que un animal necesita bastantes comida para alimentarse, sin duda, me he criado en el campo y sé lo que llega a comer una vaca, no le digo si tiene varias y otras especies, por no hablar de lo que come un mero caballo de paseo.
            Pero también hay que decir que mucho del forraje viene de la paja de los cereales, si por supuesto necesitan pastos en abundancia y otros alimentos , harinas, patatas… Sin duda.

            Entonces aceptemos que nos volvemos todos veganos o vegetarianos, ¿qué hacemos con los animales que ya no sirven para carga, ni para trabajar, ni para alimentarnos? Debido al gasto inmenso que conlleva tener animales, nadie los tendrá por mero placer, salvo alguno ,como los caballos pero estos se montan, una vaca, un cerdo y otras especies ¿qué hacemos con ellos?. Perros y gatos son mascotas pero una vaca en el mundo urbano… complejo

            Mi ejemplo de las gallinas ponederas, cuando dejen de ser productivas, normalmente a los dos años ¿qué hacemos con ellas?, acumulamos miles y miles de gallinas en las granjas o las dejamos libres en los campos? Si nadie las va a comer, complicado ¿no?, pero es que si las dejamos libres en los campos, si todos están dedicados al cultivo de alimentos para humanos ,vamos a tener que matarlas ¿no? o eso o nos quedamos sin cosecha.

            Una vaca lechera para que de leche primero tiene que quedar preñada y luego tiene un ciclo de productividad. Cuando lo acaba son vacas de descarte , habrá que hacer algo con ellas ¿no?,

            Ojo, no discuto que una alimentación sea mejor que otra. Y no tengo nada contra veganos o vegetarianos. Salvo aquellos que me critican a mi por comer un chuletón, entonces ya empiezo con la retahíla de pobres caracoles que se mueren por poder criar una lechuga, es que en el mundo rural hay que decidir o lechuga o caracoles, las devoran ¡qué fieras!.Y a los pájaros lo que le gustan las cerezas, o al jabalí el maíz, las patatas y todo aquello que sea cultivable.

            Me gustaría saber que ocurriría con los animales si vamos hacia un mundo vegano o vegetariano y por supuesto, como he dicho ya, el mundo de los vegetales, cereales, hortalizas, frutales está muy bien, sin duda, yo misma soy una apasionada del mismo pero cuando hay que cultivar hectáreas y hectáreas de terreno para alimentar a millones de personas las cosechas tienen que ser productivas al máximo y eso conlleva que especies animales desaparezcan por todos los pesticidas y fertilizantes químicos que se echan. En los arrozales, en los campos de cereales como dije el otro día prácticamente no hay pájaros, por no hablar de otras especies del reino animal que ya no existen alrededor de los frutales, las abejas una de ellas.

            ¿Una persona, puede estar bien alimentada siendo vegano o vegetariano?, sin duda, pero cuando veo esas manifestaciones contrarias al consumo de carne y la muerte de animales, como la de hace unos días en Madrid, me pregunto si son conscientes de que esos animales existen precisamente porque sirven para alimentarnos, sus otras funciones principales trabajar y abonar los campos ,ya no son necesarias. En el momento en que no nos alimenten, simplemente irán desapareciendo. Del cerdo aprovechamos todo, pero existe precisamente por eso.

            Por no hablar de lo que tendría que cambiar el paisaje para cultivar para tantos millones de personas hortalizas , el mundo sería un paisaje de plástico o de cualquier otro material para invernadero, cuando vi por primera vez el paisaje de los invernaderos de plástico de Almería me impactó a la vista, no quiero ni pensar la de hectáreas que necesitarían los países para cultivar hortalizas.

            La verdad todo parece más sano y bonito y hasta humano si no comemos animales, pero las consecuencias no me parecen tan hermosas, ni para la existencia de ellos, ni para el paisaje.

            Un justo equilibrio, sin duda.

          • Yo he dado mi testimonio para zanjar el asunto de las carencias de una dieta vegetariana. Lógicamente, si todos se hicieran vegetarianos, cosa altamente improbable, el mundo cambiaría en muchos aspectos.

            Yo no soy fanático y pienso que cada uno con su salud puede hacer lo que le dé la gana, siempre que luego no me obligue a ir a cuidarlo cuando esté enfermo.

            Es muy gracioso que el 90% de la gente que se manifesta a favor de no matar animales coman carne. Vivir sin matar es imposible, pues cada vez que me como una fruta mis ácidos gástricos matan millones de bacterias que estaban en la fruta y en mis manos.

            A la gente le gusta exagerar en todo, y la gente igual se manifiesta por los animales que por el honor de una portavoza ofendida por un poema.

Comments are closed.