Este artículo es de dos autores: Martín López CorredoiraBeatriz Villarroel

La ciencia y la academia en general no solo son una fuente de conocimiento, sino también una guía sobre cómo la razón puede construir una sociedad mejor. Aunque la mayoría de los profesores e investigadores no tienen la intención de predicar explícitamente una ética para la humanidad, sí debieran ser un ejemplo de conducta a seguir para el resto de la población, ya que simbolizan la sabiduría de nuestra época. Sin embargo, en la actualidad observamos que el progreso científico y tecnológico, lejos de ser una solución, está impulsando uno de los principales problemas de la humanidad: la crisis ecológica.

En un artículo referente a Suecia se afirma que las universidades y colegios representan las mayores emisiones de dióxido de carbono entre los empleados del Estado debidas a los desplazamientos aéreos. Más de la mitad de sus 100 mil toneladas de dióxido de carbono (CO2) lanzadas en 2017 provienen del Ministerio de Educación. La razón de tanto viaje es clara: los investigadores hoy en día tienen muchos contactos internacionales y viajan frecuentemente en avión, principalmente para asistir a conferencias. Al consultar al investigador (un físico) con el mayor número de vuelos en una universidad de Suecia (78 vuelos en 2018, equivalente a un 26 toneladas de CO2 liberadas en un año solo por este individuo) sobre la necesidad de tantos vuelos y cómo las restricciones afectarían su trabajo, respondió que la cooperación internacional es esencial para el trabajo de investigación, que no se pueden hacer las cosas de otra manera y que la cantidad de vuelos solo se puede reducir en aproximadamente un 20% como máximo.

Los asistentes a una reunión anual de la Unión Geofísica Americana de un fin de semana, cuyos científicos estudian el impacto que el calentamiento global está teniendo en la Tierra, han regalado al planeta con sus viajes una emisión estimada de 30 mil toneladas de CO2

Paradójicamente, los científicos dedicados al estudio del clima tienden a volar mucho. Por ejemplo, los asistentes a una reunión anual de la Unión Geofísica Americana de un fin de semana, cuyos científicos estudian el impacto que el calentamiento global está teniendo en la Tierra, han regalado al planeta con sus viajes una emisión estimada de 30 mil toneladas de CO2. La macroconvención de París sobre soluciones para el calentamiento global en 2015 produjo en torno a 300 mil toneladas de emisiones de CO2. Resulta de una gran hipocresía ser parte de esa academia jet-set, que se cuenta entre los mayores contaminantes mientras ejerce su autoridad moral para exigir en nombre de la lucha contra el cambio climático que sacrifiquen su propio bienestar económico las personas en grupos menos privilegiados de nuestra sociedad, como mineros del carbón, equipos de trabajo en oleoductos y trabajadores dependientes de la minería.

Hay muchas fuentes de emisiones de CO2, y los vuelos producen solo del 2 al 3% de las emisiones globales, alrededor de mil millones de toneladas del total de 40 mil millones de toneladas por año (en promedio en todo el mundo, cinco toneladas/persona/año). Sin embargo, esta contaminación está creciendo rápidamente (un aumento del 70% entre 2005 y las emisiones esperadas en 2020) y proviene principalmente de los países más ricos, encabezando nuestros científicos la contaminación per capita. Si en promedio en todo el mundo cada persona contamina 0,1 toneladas de CO2 en transporte aereo, los científicos y académicos en general lo hacen en una proporción decenas o centenares de veces mayor. Por ejemplo, los astrónomos estadounidenses en promedio viajan en avión unos 37 mil km/año, similar a los empresarios de altos vuelos, mientras que el ciudadano promedio estadounidense viaja alrededor de 6 mil km/año, y los estadounidenses están muy por encima de la media mundial en materia de emisiones.

Los investigadores tienen varios motivos para volar con tanta asiduidad, siendo la principal asistir a conferencias celebradas a grandes distancias de su lugar de trabajo. ¿Son estos congresos, simposios, talleres, escuelas y reuniones tan importantes para el desarrollo de la ciencia? Como se dice en la sección 3.5 de The Twilight of the Scientific Age (El ocaso de la era científica): “En las primeras décadas del siglo XX, cuando se estaban produciendo descubrimientos de máxima importancia para el desarrollo de la física (por ejemplo, la relatividad o la física cuántica) a una velocidad de vértigo, tales reuniones ocurrían de Pascuas en Ramos, para celebrar los avances más importantes. (…) Hoy en día, solamente en el área de la Física, hay miles de congresos internacionales cada año, aparte de pequeñas reuniones locales o nacionales, con cientos de participantes mediocres en cada uno. Incluso hay macro-reuniones con miles de investigadores. Lo más triste del asunto es que el nivel conceptual de desarrollo de la física actual está muy por debajo de lo alcanzado a principios del siglo XX. (…) Las vacaciones pueden ser una razón para asistir a congresos. Muchos de ellos se llevan a cabo en destinos exóticos o turísticos, lo que permite a los líderes científicos y a sus amigotes disfrutar de unas vacaciones con fondos públicos. (…) Todo para atraer la atención de una audiencia que se pierde entre las toneladas de información; información prescindible ya que hay poco que decir en cada congreso, meros detalles técnicos sin demasiada relevancia. La batalla del científico no está en encontrar ideas importantes y novedosas, sino en encontrar la manera de vender ideas mediocres y sin gran valor. El marketing es más importante que las herramientas científicas”.

¿Es totalmente necesario celebrar tantas conferencias para difundir unos resultados científicos que vienen a decir lo de siempre con algunos incrementos menores?

¿Vale la pena la elevada contaminación atmosférica por la comercialización de una ciencia que sirve más bien de modus vivendi de algunos? Incluso, en la actualidad, con tantas plataformas de comunicación virtual existentes, ¿es totalmente necesario celebrar tantas conferencias para difundir unos resultados científicos que vienen a decir lo de siempre con algunos incrementos menores? Nuestra impresión es que no hay necesidad de tal.

Sin embargo, una cosa está clara: aquellos que asisten a conferencias y gozan de los beneficios del prestigio que les reporta publicitarse en las mismas y la creación de redes de contactos obtienen mayores recompensas en sus carreras que aquellos que no lo hacen. Por lo tanto, cualquier medida tomada con respecto al problema debe tomarse globalmente para toda la comunidad científica porque, como en todas las soluciones ecológicas, los sacrificios de una minoría bien intencionada no salvarían al planeta, sino que en este caso perjudicarían las carreras de esta minoría. Precisamente por eso, recomendar disminuir su número de vuelos a académicos e investigadores que se consideren gente de bien (especialmente de los dedicados a las ciencias de la Tierra) está condenado al fracaso. La aprobación de leyes que restringen los vuelos tiene mejores perspectivas entre tales propuestas, pero no es lo suficientemente restrictiva. Algunas otras sugerencias para introducir tasas adicionales en los vuelos para compensar el daño causado por las emisiones de CO2 solo beneficiarán a las universidades e institutos de investigación más ricos que pueden pagarlos.

No, para una ciencia que aspira a ser digna representante de la sabiduría y la razón en la Tierra, solo cabe una solución aceptable para la situación actual: la eliminación de las conferencias. No una mera leve reducción, sino una supresión total o casi total (> 95%) del número de estos eventos. Y esto debe hacerse no apelando a la buena voluntad de los científicos y académicos, sino introduciendo reglas/leyes para regular el número de conferencias. Los gobiernos, los administradores y los políticos, deberían pensar seriamente sobre tal. Beber cerveza con los colegas y alimentar el narcisismo de algunos investigadores en las conferencias es un lujo que no podemos permitirnos en tiempos de crisis climática.

La vida es dura en esta realidad a la que nos toca enfrentarnos, y no es hora de proponer soluciones optimistas que brinden falsas esperanzas infantiles a las personas sobre el calentamiento global mientras mantienen sus estilos de vida burgueses. Hasta una colegiala puede entender el problema que tenemos, mientras que las mejores mentes de nuestro tiempo siguen haciendo el ridículo con sus propuestas abocadas al fracaso o su ausencia de tales. No hay una buena solución, excepto hacer grandes sacrificios a gran escala y obligar a nuestra comunidad a aceptar estas soluciones, porque con nuestro egoísmo individualista nunca las aceptaremos.

No es de esperar que esta eliminación de las conferencias suceda en un futuro a corto o medio plazo. Quizás se pueda adoptar esta solución en el futuro lejano, cuando el desastre del calentamiento global afecte a una gran parte de la población mundial. Lo que tenemos por el momento son una ciencia y una academia tan indignas como la política actual. En lugar de ser un foro para resolver los problemas del planeta y las personas, es una mera lucha por el poder y los beneficios del planeta y las personas. Ciertamente, el negocio hoy en día tiene muchos aspectos positivos, pero también hay otros negativos, como señalamos en este artículo. Una ciencia y una academia más preocupadas por el prestigio individual de presentar charlas en conferencias que por la salud del planeta son inmorales.

 

Nota: traducción del artículo publicado en inglés por Martín López Corredoira y Beatriz Villarroel en: Real Clear Science, 13-5-2019.

Foto: Vlad Tchompalov


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Martín López Corredoira
Martín López Corredoira (Lugo, 1970). Soy Dr. en Cc. Físicas (1997, Univ. La Laguna) y Dr. en Filosofía (2003, Univ. Sevilla) y actualmente investigador titular en el Instituto de Astrofísica de Canarias. En filosofía me intereso más bien por los pensadores clásicos, faros de la humanidad en una época oscura. Como científico profesional, me obstino en analizar las cuestiones con rigor metodológico y observar con objetividad. En mis reflexiones sociológicas, me considero un librepensador, sin adscripción alguna a ideología política de ningún color, intentando buscar la verdad sin restricciones, aunque ofenda.

8 COMENTARIOS

  1. Suponiendo que como científicos están completamente al tanto de los adelantos actuales, por qué no utilizan para sus reuniones (vamos a suponer su necesidad) la videoconferencia. Mucho más barata, con la única diferencia de que sus integrantes no se pueden tocar (viendo cómo son más bien esto se podría interpretar como una ventaja). Pero claro, eso implica no turismo, no copitas, no burdel…

    Dicho de paso, he leído por ahí que la próxima Cumbre del Clima reunirá a unas 25.000 personas. ¡Qué espanto! Me gustaría un pequeño cálculo que nos ilustre sobre el gasto total que va a suponer esa inútil estupidez. Viajes internacionales, hoteles, comidas, transportes, gastos del país anfitrión en aumentar la seguridad…

    Quizá si esa cifra, seguramente monstruosa se divulgara, puede que los paganos (O sea, todos nosotros) pudiéramos armar la marimorena hasta lograr que dichas Cumbres se anulen o se digitalicen. He dicho.

  2. “No hay una buena solución, excepto hacer grandes sacrificios a gran escala y obligar a nuestra comunidad a aceptar estas soluciones, porque con nuestro egoísmo individualista nunca las aceptaremos.”

    Científicos al servicio de un proyecto nítidamente fascista.

    • Yo diría mas bién un proyecto nitidamente coherente, lo que vulgarmente se llama predicar con el ejemplo : el que deberian dar las personas que precisamente promueven o trabajan para la reducción de emisiones de CO2 …………..vale que a usted todo esto le chirríe, como a gran parte de los lectores de este medio, pero lo de recurrir al fascismo no puede ser más simplón.
      Por otro lado, dado que el tema del Cambio Climático es básicamente una cuestión de CIENCIA y SENTIDO COMUN, y ademas es uno de los tratados con más frecuencia en disidentia, siempre , si no me equivoco, desde una postura negacionista, ya era hora de leer opiniones de científicos que difieran de la línea habitual del de la “casa”.

      • Buena observación la de Alcalu: Cierto es que a veces puede dar la sensación de que el tema del cambio climático se trata en DISIDENTIA desde un punto de vista negacionista. A veces leyendo los artículos pienso lo mismo. Pienso que negar que el cambio climático existe es absurdo porque es algo que todos los que tenemos ya algunos años nos damos perfectmente cuenta del fenómeno y las bases de datos climáticas no mienten y apuntan a un calentamiento evidente. Otra cosa es cuáles son las causas de ese calentamiento y hasta que punto la actividad humana tiene incidencia en el mismo. Un gran sector político se muestra a favor de que el ser humano es la causa principal del calentamiento, como un dogma, y he ahí la manipulación.

        Para mi lo que el autor critica es la hipocresía de una parte importante del “establishment” científico que (con su correa de transmisión política) dice a los ciudadanos que vuelen menos, que no cojan el coche, que ahorren papel, que reciclen todo, mientras ellos hacen todo lo contrario. Esto recuerda mucho a aquel ministro de infausto recuerdo que decía aquello de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, mientras él no se privaba de nada a costa del contribuyente.

        Igualmente, el autor acierta en su despilfarro con la celebración de conferencias inútiles que solo tienen como objetivo sacar brillo al curriculum de determinadas “vacas sagradas” de la ciencia para obtener más pasta y más poder en el ámbito académico. Y esto lo digo porque conozco muy bien ese ambiente además. Eventos que además solo sirven para hacer la campaña para determinados grupos políticos y “lobbies”. Todo ello en el marco de una situación en que los ciudadanos deben afrontar una política general de deterioro de los servicios públicos de toda indole bajo el mantra de “no hay dinero”. Saludos.

  3. En la iglesia del progreso los “científicos”/académicos ocupan primera línea.
    No se puede pretender, en un mundo mercenarizado*, la nueva curia viva ajena a la absoluta mercenarización de la sociedad. Esto es, hacer “el trabajo” incluso muy bien, para navegar bien en el sistema de dominación monetario, lo demás importa 0…
    Confundir ética con profesionalidad, …, es error de primero de Mercenarismo:
    -“Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”

    Mas aún teniendo en cuenta que conforman una pata del Dios que sostiene al Rey secular, el Estado Liberal (burgués, comercial,…), del cual forman parte en muchas partes.

    Resumiendo, es irrelevante que “los científicos” generen más CO2 a la atmósfera “por cabeza”. No son curas, ni filósofos a la vieja usanza,…, ni nada similar. Lo relevante es quien extrae/maneja “los dineros” que pagan eso.

    *: Mercenario (de merces): que hace una labor/trabajo/acción por un pago.
    De la vigilancia de la “merc-ancía” sale el mercenario, del robo de la mercancía sale el ladrón.

  4. Muy buen artículo que pone el dedo en la llaga de la gigantesca estafa piramidal que es hoy la ciencia oficial que se predica desde los púlpitos académicos, donde todo es una competencia atroz por las subvenciones para los equipos de investigación de todos los ámbitos, que gastan cantidades millonarias en investigaciones absolutamente irrelevantes y que apenas si aportan nada o muy poco (salvo honrosas excepciones), cuando muchas veces no hacen sino reforzar la dictadura de la corrección política. Pero todo es estar en congresos, jornadas, simposios, cursos, para acaparar presencia mediática y chupar cámara. Contra más estés en los medios más fama de investigador “de excelencia” tendrás y ello significará más pasta para ti y tu equipo. Los eventos científicos (el que suscribe ha estado y está en muchos) no son más que reuniones de amigos, tomarse unas copas con los colegas, ir a hacer un poco de turismo en lugares alejados de tu residencia habitual (cuanto más lejos, más prestigio). Incluso hay quien aprovecha para irse a casas de lenocinio (no es exageración, que lo he visto con mis propios ojos). Todo ello con la excusa de presentar una ponencia que no será más que un refrito que puedes encontrar en cualquier revista y que recoge tus últimas “investigaciones”, que son iguales que las anteriores cambiando dos párrafos y un gráfico. Y generalmente a estos eventos el “establishment” académico va gratis total. Bueno, gratis no: pagado por el contribuyente.

    Todo esta hipocresía (como la califica el autor con muy buen criterio) tiene el amparo de la corrupta, decadente y miserable universidad española (y muchas extranjeras, no nos engañemos). En dichas instituciones académicas los catedráticos que gobiernan los departamentos ejercen de auténticos señores feudales, que se reparten plazas, cargos, prebendas, proyectos “de excelencia” y que tienen una red de intereses a nivel nacional e internacional. La gran mayoría trabaja poco o muy poco (para eso tienen esclavos que son los que se parten la espalda), están en comisiones ministeriales (cobrando), equipos de redacción de proyectos (cobrando), dando conferencias (cobrando), impartiendo seminarios (cobrando) y cobrando su sueldazo muy superior al del ciudadano medio. Al tiempo, estos auténticos capos del mundo académico reciben dinero a espuertas de las Administraciones para proyectos (que reparten para afianzar sus posiciones de privilegio entre sus protegidos, muchos de los cuales su única aspiración es llegar a ser capo algún día). El ciudadano de a pie, que apenas conoce los intestinos de la Universidad y de muchos Centros de Investigación, no se imagina el grado de podredumbre que hay en esos organismos. La palabra hipocresía se queda corta.