Al acercarnos al feminismo reparamos en que este hace tiempo abandonó el atlas del garantismo jurídico tras suplantar la lucha de la igualdad por la búsqueda de la identidad lingüística, cultural… Y de género. Semejante deriva la había propiciado la izquierda marxista al abrazar la bandera del multiculturalismo. Ni que decir tiene que el precio pagado por el arrinconamiento de la noción de ciudadanía ha sido muy alto, porque “¿qué político avieso no prefiere esto en el candelero en lugar de tener reivindicaciones bien ordenadas, con agenda y fechas? Es maniobra de escamoteo. Es llenar de troyanos y enviar a otra parte las señas de identidad del feminismo” democrático, ha señalado recientemente la filósofa española Amelia Valcárcel.

Desde luego, en este salto de lo público a lo privado colaboró el auge del postestructuralismo. Esta corriente nacida a rebufo de las protestas del 68 francés vino como agua de mayo a socorrer a intelectuales desnortados que, con la ayuda del cogito interruptus, aceptaron la proposición de que las construcciones socialesmotivan las diferencias entre sexos.

Con la idea deque el sexo está condicionado por el marco social, la norteamericana Judith Butler escribiría Gender Trouble (El género en disputa: 1990) Gracias al relativismo de Butler otras pensadoras hicieron de la contracultura el nuevo nómos, la brújula de la sociedad del futuro. Lo que vendría a continuación es de sobra conocido: desde el voluntarismo sexual maleable y absolutamente a la cartase abonó el sectarismo. Y fueron acalladas las críticas de feministas disidentes.

Entretanto, las adalides del neofeminismo planificaron campañas alarmistas en torno a la violencia del patriarcado y a la opresión de la heterosexualidad. Y, desde el rechazo a todo lo que simbolizase “autoridad”hallaron alianzas con representantes de las tendencias queer. Con ellos y en busca del empoderamiento darían fin a los valores de la igualdad, eso sí, tras penalizar, ¡viva la Inquisición!, el uso de las palabras “mujer/hombre” y ocultar el influjo de la biología.

A golpes de efecto, lateoríade “género” pudo ganar la batalla mediática y ser elevada a los altares durante la famosa Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Pekín enel año 1995. A partir de ahí creció la ficción, enecientos de veces repetida, de que todo es transformable y permisible; de que en el reino de los deseos nada es concluyente y, mucho menos, biológicamente definitivo. ¿Cómo no iba a ser así? Ya sabemos que “para la izquierda el hombre no tiene naturaleza”,aspiración distópica que con sagacidad desenmascaró el libertario Murray N. Rothbard en su obra Por una Nueva Libertad(1973).

Las autoproclamadas guías del feminismo occidental están convencidas de su superioridad moral, motivo por el que se colocan por encima del estado de derecho

Pero sigamos. Las autoproclamadas guías del feminismo occidental afirmaron estar desterradas del estado de derecho. Quebraban así la tradición que había iniciado la francesa Olympia de Gouges con su Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (1791).¿Pero de verdad están desterradas del estado de derecho estas feministas occidentales de clase media y alta? En absoluto,aunque sí convencidas de su superioridad moral, motivo por el que se colocan por encima del estado de derecho. Y fuera del terreno “igualitario” de la ley exigen positive action, tratos de favor,que reconozcan el carácter excepcionalísimo de su identidad.

El hombre es un ogro

Por supuesto, el hombre no es a priori un ogro. Y frente ahombres que aniquilan la convivencia y la vida ajena y por sus actos han de ser castigados desde el estado de derecho, la mayoría de los varones nunca incurre eneste tipo de atropellos. Lo que nos recuerda, en palabras de la feminista Camille Paglia (Feminismo pasado y presente: 2017), que “la historia de la humanidad no consiste en una serie interminable de atrocidades. Los hombres también han protegido a las mujeres”.

Las teóricas del género están buscando crear en Occidente latifundios tan sexistas como aristocráticos

Sin embargo, las teóricas del género están buscando crear en Occidente latifundios tan sexistas como aristocráticos. Y no pocas organizaciones y partido imponen la moneda del desigualitarismo después de obviar que la responsabilidad personal, no la condición sexual, es lo que determina nuestros actos. Con los sesgos de la filosofía de género, llegan a aprobar medidas jurídicas basadas en la infantilización del sexo femenino, es decir, en la sobreprotección y en la sobreindulgencia,pues no hay necesidad de comprobación de que haya habido maltrato.

Esta clase de conductas constituye un atropello al estado de derecho, idénticoal que cometió la periodista Meredith Maran. En 1988 esta norteamericana tuvo,al salir del despacho de su terapeuta, el pálpito de que había sido objeto de maltratos en su niñez. Y, persuadida de la veracidad de su memoria, esta feminista acusó a su padre de cometer incesto con ella durante su infancia. Esta historia autobiográfica se vio repetida en decenas de miles de norteamericanas, convencidas de que habían reprimido sus recuerdos infantiles de abusos sexuales. Años más tarde, el relato de Maran daría un vuelco copernicano cuando ella se dio cuenta de que, enredada en el imaginario de la lucha contra las figuras masculinas,no había sino inventado la existencia de abusos sexuales. Lea un extracto de esta tragedia aquí.

Con testimonios semejantes a los de Maranse envió en EE UU a muchos hombres a la cárcel. No obstante, esta feminista, quiso compensar el daño causado y decidió escribir en señal de honestidad y reparación Mi mentira: la historia verdadera de una memoria falsa (2010). Pero, ¿cómo pudo suceder tal cosa? Aceptándose la máxima de que “el hombre es culpable hasta que se demuestre lo contrario”, todo ello tan poco democrático como lo que ocurrió en Occidente en las épocas, felizmente pasadas,en que se dogmatizaba que la mujer era un ser “imbécil”, o sea, un ser incapacitado social, política y jurídicamente.

Por supuesto, en contra de estos prejuicios y de otros muchos desvaríos perpetrados en nombre del sexo,el feminismo “democrático”alza su voz de queja. Y pese a los riesgos de hacerlo desaparecer -ya se intentó en 1793 llevando a una filósofa hija de carnicero a la guillotina-,aquí estamos,dos siglos después, resguardando las sendas democráticas que Olympia de Gouges espectacularmente inició.

Foto Zach Guinta


Si este artículo le ha parecido un contenido de calidad, puede ayudarnos a seguir trabajando para ofrecerle más y mejores piezas convirtiéndose en suscriptor voluntario de Disidentia haciendo clic en este banner:

Artículo anteriorIndividualismo, bienestar y amor sueco
Artículo siguienteEl supuesto progresismo de la izquierda española
María Teresa González Cortés
Vivo de una cátedra de instituto y, gracias a eso, a la hora escribir puedo huir de propagandas e ideologías de un lado y de otro. Y contar lo que quiero. He tenido la suerte de publicar 16 libros. Y cerca de 200 artículos. Mis primeros pasos surgen en la revista Arbor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, luego en El Catoblepas, publicación digital que dirigía el filósofo español Gustavo Bueno, sin olvidar los escritos en la revista Mujeres, entre otras, hasta llegar a tener blog y voz durante no pocos años en el periódico digital Vozpópuli que, por ese entonces, gestionaba Jesús Cacho. Necesito a menudo aclarar ideas. De ahí que suela pensar para mí, aunque algunas veces me decido a romper silencios y hablo en voz alta. Como hice en dos obras muy queridas por mí, Los Monstruos políticos de la Modernidad, o la más reciente, El Espejismo de Rousseau. Y acabo ya. En su momento me atrajeron por igual la filosofía de la ciencia y los estudios de historia. Sin embargo, cambié diametralmente de rumbo al ver el curso ascendente de los populismos y otros imaginarios colectivos. Por eso, me concentré en la defensa de los valores del individuo dentro de los sistemas democráticos. No voy a negarlo: aquellos estudios de filosofía, ahora lejanos, me ayudaron a entender, y cuánto, algunos de los problemas que nos rodean y me enseñaron a mostrar siempre las fuentes sobre las que apoyo mis afirmaciones.

14 COMENTARIOS

  1. Por precisar, los “Derechos del Hombre y del Ciudadano”, ni eran derechos, ni eran del hombre, ni del ciudadano; cambiar hombre por mujer poco soluciona.
    El voto masculino universal, no censitario como anteriormente, está asociado a la participación en guerras de masas (a través de quintas) 59 años después de la Revolución Francesa y como concesión estratégica del poder; extraño privilegio masculino.

    El concepto Estado de Derecho en si mismo es un concepto absurdo.
    El Estado de Derecho es del Estado Liberal; en última instancia una justificación moral de la razón de Estado. Imperio de la Ley no es lo mismo que Estado de derecho, por mucho que algunos los equiparen.

    La ley que “transpone” el “patriarcado” de la Revolución Francesa a España, establece que la mujer es una carga para el hombre, 25-7-1889.

    https://www.boe.es/boe/dias/1889/07/25/pdfs/A00249-00259.pdf
    Art 22: “La mujer casada sigue la condición y nacionalidad de su marido”
    Art 105.1 “el adulterio de la mujer en todo caso, y el marido cuando resulte escándalo público ó menosprecio de la mujer”
    Art 105.2 “Los malos tratamientos de obra,ó las injurias graves”
    Art. 321. A pesar de los dispuesto en el artículo anterior, las hijas de familia mayores de edad, pero menores de veinticinco años, no podrán dejar la casa paterna sin licencia del padre ó de la madre en cuya compañía vivan, como no sea para tomar estado, ó cuando el padre ó la madre hayan contraído ulteriores bodas

    Si nos fijamos vemos que quien sanciona, es decir da validez a la ley, es una MUJER.

    El feminismo y todas sus derivadas son principalmente una industria, algunas estimaciones acercan lo manejado a 4 veces el presupuesto del Ministerio de Defensa. Viendo esto se entiende mucho del fanatismo talibán que se observa, como la destrucción de la igualdad ante la Ley y no discriminación por sexo.

    Actualmente la industria es tan burda que ni transpone correctamente los modelos de negocio.
    Un ejemplo es la transposición entre países del WASP. En España el privilegio del hombre “blanco” es totalmente absurdo teniendo en cuenta que nuestras trazas genéticas están marcadas en franjas de norte a sur efecto de La Reconquista.
    De La Reconquista también surge el término “adalid” que aplicado al feminismo es bastante inapropiado, justamente por la absurda falta de crítica al mundo musulmán.

    Otro ejemplo que usted cita es la Inquisición. La Inquisición Española ejecutó una media de 3 personas anuales (hoy EE.UU. ejecuta sobre 20 anuales, China miles, Irán más de medio millar, etc), la mayoría durante el gobierno de La Corona.
    Con 125000 procesos se ejecutaron 59 mujeres, las cuales comparadas con las más de 50000 liquidadas en el resto de Europa da una idea de cómo de mal estaba tratada la mujer en “España” (La Corona, por aquel tiempo no existía España como tal).
    La mujer tenía tan mal trato como lo tenía el hombre. Y ahora, está en una condición similar donde ambos se encuentran ante un Estado sin control, pura oligarquía; los domina a ambos.
    El silencio cómplice, o participación activa, ante el atropello a la Presunción de Inocencia del hombre acabará pasando factura a la mujer; por razones obvias.

    La desigualdad jurídica (es decir a través del Estado) entre hombre mujer en España es reciente y la crea el Estado Liberal, el proceso lo continúa Franco con la transformación de la familia tradicional extensa en únicamente familia nuclear.
    En las múltiples revoluciones (con armas, no de despachos) que ha habido en España en los siglos XIX y XX la participación de la mujer ha sido activa, lo cual desactiva esa idea de ser “imbécil” desde un punto de vista social. Otra cosa es que pensemos que Estado = Verdad y Ley = Realidad; caigamos en la estatolatría.

    • Efectivamente.

      Gran parte de las feministas parten de la idea de que las mujeres eran poco mas o menos que idiotas sumisas hasta que a mediados del XIX y después en el XX, en una especie de analogía con el simio que toca el paralepípedo de “odisea en el espacio” de Kubrick, algo se encendió en ellas y descubrieron que podían rebelarse contra el sistema opresor… por el que llevaban sometidas desde los principios de la evoloción.

      Cómo si no hubiera habido mujeres que se hubieran valido por si mismas desde el principio de los tiempos y “ellas” fueran la vanguardia de esa revelación llamada a acabar cn tamaña injusticia.

      Cuando fue precisamente la revolución industrial una de las causantes precisamente de que se impusiera esa idea de la familia nuclear como patrón, antes existía la familia extensa, cuasi tribu, a tutelar por el Estado y cómo pieza fundamental de éste mientras convino, ahora conviene su destrucción para que el Estado pueda ser de una vez ese gran padre hermano y ojo que todo lo ve en esa sociedad totalitaria que se avecina.

      Gran parte de la lucha del anarquismo rural, nada que ver con el industrial, mucho mas conectado con el marxismo de lo que lo les gustaría reconocer, viene precisamente por la intromisón del Estado en ese mundo dnde la familia extensa tenía sentido, y donde las mujeres un papel muy relevante en a estructura de poder y transmisión de conocimientos.

      Pero eso, que demostraría que las mujeres se sabian con poder y no discrminadas antes de que el feminismo corriera a liberarlas, es tema tabú.

      un cordial saludo

  2. Excelente artículo. Yo creo que hay que empezar a desvincular el feminismo de la ideología de género. El feminismo es o fue un movimiento que buscaba la igualdad jurídica de las mujeres respecto de los hombres, y además era un movimiento transversal ya que no tenía color político. Una de las grandes feministas de España fue la falangista Mercedes Formica. En las sociedades occidentales ese objetivo ya se ha conseguido, por eso lo que hoy se llama feminismo de nueva ola es otra cosa. No se busca la igualdad de derechos con el hombre sin renunciar a su condición de mujer, ahora lo que se pretende es eliminar a la mujer como tal, borrar su condición femenina y “construir” algo diferente en ella. El ejemplo más claro lo tenemos en lo referente a la maternidad. Si hay algo que distingue al varón de la mujer es precisamente la maternidad, los hombres no se pueden quedar embarazados y como explicaron los Monty Python eso no es culpa de nadie, ni siquiera de los romanos.
    Creo que es ejemplificador la opinión al respecto de una de las referencias de la ideología de género, la ínclita Simone de Beauvoir: “El embarazo es, sobre todo, un drama que se representa en el interior de la mujer; ella lo percibe a la vez como un enriquecimiento y una mutilación; el feto es una parte de su cuerpo y es también un parásito que la explota; ella lo posee y también es poseída por él; ese feto resume todo el porvenir, y, al llevarlo en su seno, la mujer se siente vasta como el mundo; pero esa misma riqueza la aniquila, tiene la impresión de no ser ya nada. Una existencia nueva va a manifestarse y a justificar su propia existencia, por lo cual se siente orgullosa; pero también se siente juguete de fuerzas oscuras, es zarandeada, violentada. “
    No se puede expresar más claro.
    En definitiva, la ideología de género odia a la mujer como “madre”. Realmente odia todo lo que es propio de la mujer, pero señala como su enemigo principal a la maternidad y todo lo que ella representa

    • Yo, lo de si es un drama o una comedia, no lo voy a discutir con alguien que es capaz de concebir en su interior una vida. Ya sabrá ella porque lo expone de esa manera. Sin embargo y estando en total acuerdo con usted, la diferencia sustantiva de que las mujeres, y sólo ellas, tengan la capacidad reproductiva de llevar un zigoto a término, y el hombre, no, creo que es gordiano en el tema que nos ocupa.
      Imagínese que porque nos crece la barba y gastamos dinero y tiempo en cuchillas para afeitarla, otra persona prefiriese contratar a una mujer para obtener un mejor rendimiento. Pues, no creo que llegase a odiar el imparable crecimiento capilar de mi cutis pero sí me haría reflexionar sobre la legitimidad del argumento sostenido por el contratista.

      • Hace poco escuché a una mujer decir que no se pude tener todo en la vida y que compatibilizar la maternidad con una fulgurante carrera laboral, llena de éxitos, es complicado. En mi opinión el reto no es hacer a la mujer exactamente igual que al hombre, sino darle la oportunidad de poder elegir. Hoy el mal llamado feminismo, dice a las mujeres que tienen que ser como hombres, que la maternidad es una carga para la mujer, menospreciando a muchas mujeres que están encantadas de no trabajar y dedicarse a sus hijos. Estas mujeres existen, al igual que existen las que no desean tener hijos y llevar una vida profesional de éxito.

  3. “Desde luego, en este salto de lo público a lo privado colaboró el auge del postestructuralismo. Esta corriente nacida a rebufo de las protestas del 68 francés vino como agua de mayo a socorrer a intelectuales desnortados que, con la ayuda del cogito interruptus, aceptaron la proposición de que las construcciones sociales motivan las diferencias entre sexos.”

    Este es le núcleo intelectual del asunto. Se ha instalado la creencia, que no tiene base científica alguna, de que son las estructuras socioeconómicas las que determinan la cultura y que por eso se asignan roles diferentes según el sexo.
    La cuestión es que la cultura tiene unas casi inextricables relaciones con la naturaleza biológica. Según algunos expertos en neurología, las construcciones culturales tienen una indudable base en la condición biológica de las personas, esa condición que afecta tanto a lo emocional como a lo cognitivo y que debe adaptarse para sobrevivir a las exigencias del medio.
    Los brutos feministas pretenden implantar una verdad por completo contraria a la ciencia y a la propia historia de las civilizaciones.

    • Pues teniendo en cuenta su argumento biologicista, que defiendo como parte de la realidad compleja de que significa ser humano, no estoy de acuerdo en sus conclusiones. Nuestra base biológica debe ser tenida en cuenta en cualquier debate serio que quiera dilucidar el porqué de nuestro comportamiento pero no puede totalizarlo porque faltaría a la verdad. Somos seres vivos que generamos cultura a nuestra imagen y semejanza, desde luego, pero de la misma manera, ésta nos moldea. Es una evidencia histórica, política, sociológica, religiosa y científica.
      Los brutos feministas consideramos que la igualdad entre personas debe regularse social, politíca y legalmente para alcanzarse, sin perjuicio o detrimento alguno de las cuestiones biológicas que puedan complicar innecesariamente el debate.
      Mi capacidad biológica no se vería forzada si le sustraigo a una criatura el caramelo que porta en su mano. Pero no por ello estoy autorizado moral, ética o legalmente a hacerlo.
      Usted habla de una parte del núcleo y lo hace extensivo a todo el asunto. Si en tan poca estima tiene a aquellos que niegan, según usted, una parte de la realidad, procure no cometer el mismo error.
      Un saludo

  4. Excelente artículo, pero sería de agradecer a la autora que lo hubiese revisado antes de publicarlo. La falta de espacios entre muchas palabras afecta la legibilidad del texto.

  5. Aquí, en nuestro país, le pasó, a una pobre mujer, una historia bastante curiosa. Nacida en primogenitura en el seno de una humilde familia sobre la que existía una ley sálica de sucesión y herencia de bienes y poderes, para nada relacionada con el género, resultó que cuando su amado padre declinó sus responsabilidades hubo de hacerlo, por ley, en el hermano de ésta, que, en virtud de sus gónadas probablemente, resulta, estaba mejor preparado para recibir y gestionar tan traicionera herencia. Camile Paglia creo que todavía no ha escrito nada sobre esto, aunque es posible que deduzca sin mucho reflexionar que la dichosa ley sálica es un resto palpable de la desigualdad institucionalizada y reglada entre géneros característica de una sociedad que hasta hace menos de cien años era profundamente sexista y en la que la diferencia por cuestión de sexo entre personas era fundamental para establecer derecho.
    De aquellos polvos, estos lodos. Revertir y estabilizar un sistema de derecho para hacerlo igualitario cuando no lo era, así como no lo era la sociedad en la que estaba establecido, no es sencillo, ni breve, y sin duda, puede incurrirse en excesos bajo el celo reformador que no deben ser acríticamente aceptados pero sí entendidos, contextualizados y corregidos, sin negar la evidencia de que es necesario seguir cambiando algunas cosas.
    En el tema de la discriminación positiva, tan indigna para cualquier pensador liberal, creo que se deben evitar los extremismos. En el caso de los microcréditos, por ejemplo, parece que se demuestra útil su aplicación; las subyugadas amas de casa indias parece que son mejores administradoras que sus parejas e invertir en ellas favorece el desarrollo de las comunidades en las que están asentadas. En el caso de los premios Nobel, no considero necesaria la paridad impuesta, pero sí es importante señalar por qué hay tan pocas mujeres para que nadie deduzca que no tienen igual representación porque no son tan capaces o meritorias como los hombres, o porque no les interesa. Los referentes culturales son muy importantes para comprender el funcionamiento de una sociedad, sus valores y sus leyes.
    Otro saludo

  6. Buenos días, señora González.
    Para aclararme, una mujer norteamericana imaginó que había sido abusada por su padre, lo denunció y años más tarde se dio cuenta de que se lo había inventado, no? Ahora vayamos con la conclusión, entonces quiere decir que las mujeres son capaces de inventarse cualquier cosa y es mejor no hacerles demasiado caso y evitar legislar con leyes que puedan, según usted, facilitar el abuso por su parte de dichas leyes en contra de otras personas, en este caso, varones, no? Pues parece coherente.
    Ahora bien, en el mismo sistema judicial, el norteamericano, tengo entendido que si alguien entra en tu casa y tienes un arma puedes matarlo alegando defensa propia. Imagínese que una depravada, una loca de esas, invita a un hombre a su casa y cuando este pobre ingenuo supera el umbral de la misma, ella le dispara y lo mata. Podría alegar defensa propia, enseñar su licencia de armas y años más tarde escribir un libro que narrase la truculenta historia, no? Por tanto, no debería haber una ley que amparase semejante dislate. ¿Estoy en lo cierto? ¿La he entendido bien?
    Un saludo

    • Sí cucurruqui esta mujer ha dicho eso exactamente, lo que tú piensas, que las mujeres son tontas y se inventan cosas, que no hay que hacerlas caso a las pobrecitas….de verdad lo que hay que leer a veces. Supongo que esta mujer y alguna otra a la que también la has echado la bronca por no compartir la ideología de género, serán mujeres alienadas que no tiene la adecuada conciencia de clase, perdón, conciencia de género ¿verdad?

      • Hola, Brigante. Sólo he dicho que su argumentación parecía coherente, no se ponga usted así. Después he intentado, con otro ejemplo, señalar que la ley se pueda utilizar para alcanzar fines nada justos no y necesariamente significa que la ley sea mala o incorrecta ni que quiera o busque la indefensión jurídica de algunos.
        Parece ser que no he logrado abrir el debate que usted quiere arrinconar entre defensores de la ideología de género, en los que supongo me considera, y defensores del derecho entre iguales, en el que sin duda se enmarca usted.
        Lamento mi incapacidad pero sigo siendo fiel en la medida de mis capacidades al eslogan de esta publicación: pensar está de moda.
        Un saludo que, al ritmo de debates personalizados, vamos camino de ser abrazo.

Comments are closed.