Se suele afirmar que nuestra civilización está basada en la razón, pero también es la civilización del sentimiento —mal que les pese a los devotos de la Ilustración—, de hecho, creó al hombre sentimental. Este tipo de hombre puede inducir a la confusión porque podemos entenderlo equivocadamente como un hombre que siente.
El hombre sentimental no es el hombre que siente sino el hombre que ha hecho un valor del sentimiento, que es cosa muy distinta. Este matiz es crucial, porque a partir del momento en que el sentimiento se convierte en un valor, no es ya que todos queramos sentir —en realidad todos sentimos—, sino que, como a todos nos gusta presumir de nuestros valores, tendemos a exhibir nuestros sentimientos. Este sencillo mecanismo constituye para los más espabilados una palanca de poder irresistible………………………….



















