“No queremos que venga a vivir aquí gente de fuera, tal y como estamos ahora estamos bien…” Recuerdo esta conversación, hace unos diez años, con un natural de un municipio de “La España vacía”.

Si hay un tema recurrente de la política española es la referencia a la España vacía y a una serie de soluciones, algunas de ellas muy imaginativas, pero que tienen un factor común: más dinero público.

Añado otro factor común: la falta de espíritu crítico. Y es que la mayoría de la España vacía es la España que se quiso vaciar, cerrándose o ralentizando el ritmo, que en los tiempos actuales es prácticamente lo mismo, al avance de los tiempos mediante decisiones políticas tremendamente cortoplacistas que han supuesto, a medio plazo, la destrucción de su propio tejido económico.

Los más dramáticos son aquellos casos en los que son los propios ayuntamientos los que limitan el crecimiento cuando no directamente financian, con dinero público, el cierre de las instalaciones para darles un uso social o ecológico

La explicación es sencilla, cada año se incorporan a la vida laboral un determinado porcentaje de nuevos trabajadores, eso significa que, aunque una localidad tenga muy pocos habitantes, si no hay un crecimiento en su sistema productivo estos nuevos trabajadores tendrán que buscar oportunidades en otro sitio, además de que la evolución de la sociedad requiere de nuevas profesiones, nuevas cualificaciones y nuevos sectores, por lo que si las empresas e instituciones locales no se renuevan están condenadas a desaparecer.

En este sentido me he encontrado múltiples ejemplos, desde municipios que sólo permiten operar a empresas dedicadas a los mismos sectores que los ya existentes hasta los que, directamente, no dan licencias a la instalación de ningún nuevo centro productivo. Por no mencionar aquellos que promueven la prejubilación de los puestos de trabajo allí localizados, lo que en muchos casos se acompaña del cierre de las instalaciones.

Los más dramáticos son aquellos casos en los que son los propios ayuntamientos los que limitan el crecimiento cuando no financian, con dinero público, el cierre de las instalaciones para darles un uso social o ecológico, lo que elimina cualquier creación futura de puestos de trabajo.

Las soluciones que estos ayuntamientos ofrecen, una vez que el daño ya está hecho, no son mucho mejores: cesión muy limitada e insuficiente de suelo industrial o terciario (conozco el caso de un ayuntamiento limita el tamaño de las nuevas parcelas industriales a 1.500 m2), veto a determinados sectores, curiosamente los que tienen una mayor rentabilidad, o la exigencia a la contratación de personal local, en la mayoría de los casos no adecuadamente cualificado, frente a la llegada de profesionales foráneos, que son precisamente los que van a repoblar la localidad.

No queremos que vengan pijos de ciudad.

Este es el enfoque que suele estar detrás de las políticas descritas anteriormente y de las iniciativas más de moda, la cesión o alquiler a bajo precio de terrenos para su explotación agrícola, con lo complicado que es decidir que es “bajo precio” en unos terrenos abandonados, con la condición de dedicarlas a unos productos concretos, lo que satura la demanda y supone una bajada de precios a medio plazo, y con limitaciones muy estrictas de tamaño y producción, lo que no permite optimizar los costes ni aplicar economías de escala. Es decir, una política que obliga a llevar una economía de subsistencia con unos costes que pueden parecer muy bajos en comparación con los de otros territorios con alta productividad, pero que resultan muy elevados para el valor que producen. La típica solución que da una persona que nunca ha trabajado en el sector privado.

Claro que hay otra solución más imaginativa (permítanme la ironía): exigir inversiones públicas mediante la formación de asociaciones, agrupaciones de electores y nuevos partidos políticos que se venderán al mejor postor a cambio de una subvención. El dinero público actúa, literalmente, como una droga que aparenta solucionar el problema a corto plazo para aumentarlo exponencialmente a continuación, principalmente por el aumento de deuda de los beneficiarios. Un auténtico desastre.

Pero no sirve la excusa de culpar a los políticos locales, a estos los ponen los ciudadanos que, en la mayoría de los casos, aplauden este tipo de ocurrencias y se acostumbran reduciendo su competitividad, y que los podrían quitar si realmente quisieran cambiar la situación.

Es por esto por lo que no me gusta utilizar el término “La España vacía” sino que lo sustituyo por el de ”La España que se quiso vaciar”.

Foto: Simon Matzinger


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4 COMENTARIOS

  1. Otro ejemplo delirante de la economía austro-X.

    ¿Cual es el mayor contratista de España? ¿de EE.UU? Francia, Bélgica,…
    ¿Dónde está el centro de poder de ese «actor» económico (el Estado)?
    ¿En urbes despobladas? O en las capitales que drenan de todo incluidas personas al resto.

    La gente sigue al Estado, como los liberales autríacos, aunque estos últimos lo ignoran; aunque trabajen para ello. Un caso típico son los liberales hispanos actuales.

    Ninguno de los «mantras» de la productividad es cierto sin la mano del Estado (lo militar) detrás. Desde la revolución industrial, al ferrocarril pasando por internet, la producción en cadena, la energía atómica,…,. El cual detrae de un lado para poner en otro.

    Un corte interesante perfectamente aplicable al Estado Capitalista liberal (corriente continental [colectivista] e insular [individualista]):

    «Algunos amos aislados serían impotentes para mantener sujetos a sus esclavos y su autoridad necesita ser sostenida imperiosamente por un aparato de represión eficaz y coherente. Toda crisis de las estructuras del Estado tiene por corolario una crisis del sistema esclavista. Toda restauración de estas mismas estructuras permite una restauración del esclavismo.” Pierre Bonnassie.

    La concentración que provoca el capital-ismo (tanto poblacional) como económica es el verdadero «señorío banal» de nuestro tiempo.
    De hecho, el Estado es cada vez mayor y el control sobre la población supera con creces incluso la ficción.

    Usted critica los efectos del sistema pensando que critica las gentes,…, pero las gentes hoy están aquí o allí y mañana en Madrid. Criticar las piedras es absurdo.

    • No creo que a las piedras les preocupe mucho que las critiquen y mucho menos que haya más o menos población.
      Son las personas las que, con sus acciones, hacen que un territorio sea próspero o quede yermo, por otro lado, lo normal es que la población se agrupe en ciudades, los humanos lo llevamos haciendo de forma espontanea desde hace 4000 años, porque la prosperidad viene de la densidad de población.
      Eso no quita para que la población de un territorio pueda hacer algo, ellos no el Estado, para mejorar su nivel de vida.

  2. No sé si es la España vacía o la España que se quiso vaciar, sólo sé que en muchas zonas es inviable vivir con una mínima calidad de vida y lo dice alguien que su familia se ha dedicado al mundo de la agricultura y ganadería durante un par de siglos. Cada zona tiene sus problemas ,pero vivir en pequeños pueblos o aldeas y vivir del campo es complejo, cierto el turismo rural ha dado vida a muchas poblaciones pero para ello tiene que existir en los alrededores algo interesante que ofrecer, sea patrimonio cultural, paisajístico, deportivo…La mayoría de las casas rurales viven de la subvención.
    El campo es idílico, o eso es lo que se dice pero la realidad es bien diferente. Muchas familias jóvenes regresan al campo por aquello de una vida más tranquila pero luego se encuentran con los problemas diarios y exigen tener los mismos servicios que en una zona urbana más grande. Conozco zonas donde esas parejas fueron a vivir y resulta que ahora hay que ponerle un autobús escolar para ir a buscar a un sólo niño , exigen zona wifi, calles asfaltadas, carreteras en condiciones, caminos limpios, agua totalmente potable, alcantarillado etc etc por no hablar de temas médicos y similares, y peor aún gente muy mayor que se queda en zonas apartadas, que vive sola simplemente porque no quieren ir para otro sitio con sus hijos y lo complejo que es darles unas condiciones de vida dignas. Los servicios a domicilio por la ley de dependencia para algunas zonas salen por un ojo de la cara.
    Las zonas rurales lo que dan son votos y por ello los políticos no quieren que desaparezcan y nos les hablen de unificar municipios que ponen el grito en el cielo.
    El tema no es tan fácil para su análisis y menos su solución contando que cada lugar de España tiene sus propias idiosincrasias

    • Vivir en el campo tiene ventajas, desde luego, pero también tiene inconvenientes. Está claro que todos requerimos de nuevos servicios, yo el primero, pero el debate está en si estos deben ser prestados por la iniciativa privada o por el sector público y, en este segundo caso, si deben garantizarlo las autoridades locales o el estado central.
      Por otro lado, el peso del voto de las zonas rurales está sobredimensionado frente a las zonas urbanas, y esto para los políticos es clave.

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