El síndrome de la rana hervida recoge su analogía del libro «La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida» del escritor Olivier Clerc. Piensen en una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada plácidamente una rana. La cazuela se calienta a fuego lento, al rato el agua está tibia y a la rana le parece agradable mientras sigue nadando. El agua empieza a subir de temperatura y aunque a la rana ya no le agrada, aguanta, no se inquieta, el calorcillo le provoca cansancio y somnolencia. Sube la temperatura y ya está muy caliente, y es desagradable, pero la rana se encuentra sin fuerzas y se conforma. Si en lugar de esto, la hubiésemos sumergido en un recipiente de golpe con cincuenta grados, habría reaccionado con rapidez saltando del agua.

Publicidad

Son muchas las lecturas que admite esta historia, el deterioro  en sus múltiples aspectos es con frecuencia muy lento y siempre progresivo, y con mucha frecuencia no provoca reacción. Somos capaces de aguantar más y más, y son cientos las excusas. La comodidad, el confort mental, el miedo y el desconocimiento hacen su función. Si este deterioro forma parte del ambiente que respiramos, como ocurre en el ecosistema informativo, la desinformación y la mentira se naturalizan, se convierte en una situación permanente y normalizada.

N. Postman atribuye a la invención del telégrafo el motivo principal del acelerado cambio en la historia de la información

N. Postman atribuye a la invención del telégrafo el motivo principal del acelerado cambio en la historia de la información. Antes de que apareciera este artefacto la información se desplazaba a la velocidad del tren, aproximadamente 56 kilómetros por hora. “El telégrafo  eliminó el espacio como inevitable molestia.. suscitó por primera vez la idea de la información liberada de contexto… convirtió la información en una mercancía”.

Estas ideas fueron escritas a mediados de los noventa, pero anuncian el panorama mediático e informacional que llegará con el asentamiento de la Red. El espacio dejó de ser un límite, la información transita en la ubicuidad en un interminable directo, que es un festivo presente. Una información que vale porque llega antes, no porque tenga valor, rigor o esté contrastada.

En estas dos últimas décadas observamos como la industria audiovisual se retroalimenta sin parar con un macrogénero, el infoentretenimiento, que utiliza los hechos como modo de entretenimiento, el formato y el estilo prevalece sobre el contenido. Debates políticos, turismo, deportes, cultura son transmitidos a la audiencia provocando sensaciones, evitando el foco del análisis y priorizando el espectáculo. Las emociones se convierten en valor-noticia, la información se vende a los públicos en dosis planificadas de sentimentalismo.

En la comunicación política el contenido pasa por la batidora del show, con un presidente que viaja en avión con gafas de sol

Los semáforos de medición de audiencia en tiempo real tienen que estar en verde, es el color del impacto emocional. Espectáculo travestido de información. En la comunicación política el contenido pasa por la batidora del show, con un presidente que viaja en avión con gafas de sol, o unos representantes políticos que desfilan por los platós vendiendo sus pequeñas dosis de intimidad. Los talent-show, los talk-shows, magazines, entrevistas entretenidas, muestran la vida privada a cambio de intención de voto. Una vez más la información convertida en mercancía, la información como anfiteatro del entretenimiento.

El estudio “The Visual Impact of Gossip” de Eric Anderson, publicado en la revista Science, ya ha demostrado que el cerebro tiene sus preferencias, que concede más atención a lo que es negativo, que a lo positivo o neutro. El suceso violento, la catástrofe, la desgracia y el dolor son bienvenidos por la corteza neuronal, y son tratados, embalados y presentados con la suficiente dosis de espectáculo, no solo para que penetre rápido por los “atajos neuronales,” también para que  agarren  vorazmente la atención y emocionen.

Es muy célebre la expresión de Evan Wiliams, confundador de Twitter, “si vas por una carretera y ves un accidente, reduces la velocidad y miras. Todos miramos”. Estas plataformas, ayudadas por la inteligencia artificial, capturan ese comportamiento y suscitan la opinión de que todos estamos deseando ver accidentes. En Incertidumbres en torno a la inteligencia artificial reclamamos la necesidad de un debate sobre el uso y control de este entorno tecnológico. ¿Queremos que sean los gobiernos o las grandes corporaciones, las que regulen y controlen la tecnología? Las plataformas necesitan nuestra atención, a cualquier precio, en eso se basa su economía del negocio. El duopolio publicitario de Google y Facebook mueve un volumen ingente de millones de dólares, que son la pesadilla de los medios tradicionales, y  también lo es en la búsqueda de un rigor y calidad informativa.

Internet no se ha convertido en el ágora libre y diversa que predicaban los gurús, sino en una enorme concentración de poder

Internet no se ha convertido en el ágora libre y diversa que predicaban los gurús, sino en una enorme concentración de poder alrededor de Facebook (con Instagram y WhatsApp) y Google, por el que pasa el 95% del tráfico en Occidente y propietario de YouTube. Es obvio que existe una campaña de desprestigio por parte de los medios tradicionales respecto a las grandes plataformas, que construyen su falacia desde las presiones y las redes clientelares, como lo es el camelo de la libertad de acceso y al conocimiento en la Red.

En la era de la mentira y su expansión como estamos, el Oxford Internet Institute de la Universidad de Oxford publica un documento llamado Troops, Trolls and Troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation, que identifica a 28 países con organizaciones creadas para la manipulación de la opinión pública en las redes sociales. Este estudio, que no es el único, expone que la eficacia no es servirse del Big Data para alcanzar al individuo, sino para establecer patrones y nichos en los que se diseñan grupos diferenciados bien por el idioma, religión, orientación sexual o ideología, de manera que su existencia y prevalencia será directamente proporcional a la eliminación del grupo contrario.

Estos patrones-nicho cuentan con el apoyo de las oligarquías selectivas, y ejércitos de influencers que marcan la tendencia y la ruta por donde hay que ir, y pensar. De este modo, el estado del bienestar de lo políticamente correcto y el confort mental, adultera la realidad, simplifica la complejidad y convierte el mundo en un blanco sobre negro. Este terreno de cultivo se riega con las puntuales campañas de desinformación, las cortinas de humo (versión máster, pensiones o fútbol), las grabaciones y filtraciones, junto a los deberes encargados (dosieres),  que aderezan las mentiras para que nunca dejen de ser verosímiles.

Serán necesarias muchas horas de investigación en tecnología forense para distinguir el original de la copia manipulada

Varias actrices y cantantes famosas como Emma Watson o Escarlett Johansson han aparecido en cuerpos de estrellas del porno. Estas fotos modificadas no son algo reciente, la antigua historia del collage y el fotomontaje ya lo hacía con carácter satírico, y el Adobe Photoshop hace tiempo dispone de programas de edición muy avanzados. Este robo de identidad con clasificación X, ya denominado deepfakes, suscita la inquietud de que la tecnología permite añadir un rostro de cualquiera en otros cuerpos, como también registros de voz, gestos… Solo es necesario una computadora potente, una unidad de procesamiento gráfico y un buen surtido de imágenes o grabaciones de tu objetivo, algo nada difícil dada la ingente minería que hay en las redes sociales, solo en YouTube se publican 300 minutos de vídeo cada minuto.

El anfiteatro del espectáculo que pronosticara Postman es un diseño bastante perfecto para la simulación. Serán necesarias muchas horas de investigación en tecnología forense para distinguir el original de la copia manipulada. Ya lo anotó San Agustín de Hipona (430 dp. JC): “A fuerza de verlo todo, se termina por soportarlo todo… A fuerza de soportarlo todo, se termina por tolerarlo todo… A fuerza de tolerarlo todo, terminas aceptándolo todo… A fuerza de aceptarlo todo, finalmente lo aprobamos todo”.

Foto: Wendy Scofield


Disidentia es un medio totalmente orientado al público, un espacio de libertad de opinión, análisis y debate donde los dogmas no existen, tampoco las imposiciones políticas. Garantizar esta libertad de pensamiento depende de ti, querido lector. Sólo con tu pequeña aportación puedes salvaguardar esa libertad necesaria para que en el panorama informativo existan medios disidentes, que abran el debate y marquen una agenda de verdadero interés general. No tenemos muros de pago, porque este es un medio abierto. Tu aportación es voluntaria y no una transacción a cambio de un producto: es un pequeño compromiso con la libertad.

Ayúda a Disidentia, haz clic aquí

Muchas gracias.