No hay cuestión humana que se escape a las garras de las polarizaciones y que, por lo tanto, se politice. Tanto unos partidos como otros se posicionan con el fin de conseguir votos. La eutanasia, la buena muerte, no iba a ser menos y, al igual que con el aborto, se dan bandos que buscan imponer su moral a través del Estado. Ya sea para penalizar o despenalizar, no se detienen muchos a valorar los matices y las realidades que se dan en torno a una cuestión inherente a la vida como es la muerte.

Hablar de despenalizar o no determinadas prácticas eutanásicas oculta el debate real, que no es otro que el derecho a decidir sobre nuestra vida y su final. Y yo me pregunto ¿por qué diferentes representantes de la autoridad (especialistas, clérigos, etc.) imponen a toda costa la prolongación del sufrimiento en lugar de facilitar una muerte digna?

Guste o no, nuestra única certeza es la muerte. Es un hecho inevitable y, por lo tanto, considero como último acto de libertad el derecho a elegir una muerte digna según la concepción de la vida que tenga cada persona. Es más, la Constitución Española, en su título “De los derechos y deberes fundamentales”, recoge el libre desarrollo de la persona como fundamento del orden político y de la paz social (artículo 10). Lo que es, a mi modo de entender, la consideración del derecho a decidir sobre la propia vida y muerte, como derecho fundamental. Siendo dos derechos que racionalmente no se contraponen.

El problema viene cuando se convierte el derecho a la vida en un derecho sagrado y absoluto. Así, lleva implícito el imperativo categórico del deber. Me apena tener que recurrir al Tribunal Constitucional (sentencia de 11 de abril de 1985) para recordar que la vida no es en ningún caso un imperativo incondicional: la noción de derechos absolutos hace imposible la libertad individual, los derechos de los otros y el Derecho mismo. Hablar en términos absolutos es simplista, además de totalitario. Mientras que desde una visión integradora de la vida y la libertad se puede considerar la vida como un derecho, no como un deber, permitiendo el libre desarrollo de la personalidad.

Soy consciente de la complejidad que entraña abordar esta cuestión y, por lo tanto, de la prudencia a la hora de explicar por qué considero vital el reconocimiento del derecho a la propia muerte. Para ello, me pregunto ¿cuál es el daño a la hora de reconocer la regulación de la eutanasia como derecho? Sí, es evidente que puede ocasionar un daño a terceras personas la pérdida de un ser querido. Pero considero que la pérdida de la libertad individual es un daño superior. Respetar a las personas en lo que vale su dignidad y reconocerlas como dueñas de su destino, es lo que confiere sentido al Estado de derecho. Ese sería un compromiso verdadero para con las personas y la sociedad.

La muerte voluntaria existe desde siempre. No obstante, en las últimas décadas, el aumento de enfermedades crónicas degenerativas, asociadas al envejecimiento, y la capacidad de mantener con vida a personas dependientes en situaciones críticas ha dado lugar a que la eutanasia sea hoy en día una cuestión de debate social y político.

Al divagar sobre los supuestos peligros de una regularización de la eutanasia, hay quien se pregunta si daría pie a algunas formas de coacción que obliguen a solicitar una muerte que no se desea. Incluso plantean que regularla nos situaría en una pendiente resbaladiza, conduciéndonos al homicidio. Pero esas afirmaciones no encajan en una relación médico-paciente de confianza. Pues el criterio ético del que ha de partir cualquier profesional de salud tiene su base en los principios de la Bioética: autonomía, beneficencia, no maleficencia y justica. La autonomía entendida como la capacidad para darse normas o reglas a uno mismo sin influencia de presiones, siendo el consentimiento informado la máxima expresión de este principio. La beneficencia como la obligación de actuar en beneficio de otros, promoviendo sus legítimos intereses y suprimiendo prejuicios. La no maleficencia entendida como la abstención intencionada de realizar actos que puedan causar daño o perjudicar a otros (imperativo ético válido para todos). Por último, la justicia entendida como el tratar a cada uno como corresponda, con la finalidad de disminuir las situaciones de desigualdad.

Pues basta con observar la propia naturaleza de la relación médica y la experiencia legal en países que han regulado la eutanasia (Bélgica y los Países Bajos) para saber que no encajan esas afirmaciones para oponerse a la eutanasia. Además del sentido común, todas las leyes en esta materia exigen que se consideren todos los recursos disponibles, incluidos los cuidados paliativos. Es más, las comisiones de control y evaluación tienen como función dar fe de la concurrencia de los requisitos establecidos. Se aseguran que se adopten todo tipo de precauciones necesarias para evitar cualquier forma de abuso o coacción.

Otra cuestión que utilizan los detractores es que las personas deciden morir por miedo al dolor o a síntomas que se pueden tratar con paliativos. Sin embargo, la realidad es que las tres razones para morir más frecuentes son el sufrimiento existencial, la incapacidad para disfrutar de la vida y la pérdida de autonomía. Oregón lleva desde 1998 recogiendo sistemáticamente datos que ratifican esas tres razones: las personas que deciden morir lo hacen porque consideran que “vivir así” ya no tiene sentido.

La vida es sagrada

Las creencias individuales en relación a la sacralidad de la vida son por completo respetables, pero no se pueden imponer a toda la sociedad. Tampoco sabemos si estando en un contexto eutanásico desearemos o no que nos ayuden a morir. Por eso mismo considero necesaria la regulación para dejar la puerta abierta a que cada uno pueda hacer o no uso de ese derecho. Derecho que hay que hacerlo compatible siempre con el derecho a la dignidad, la libertad y la autonomía de la voluntad. Sin embargo y por desgracia, es una práctica muy habitual atemorizar a la población colocando argumentos falsos en el imaginario colectivo para así influir y, en definitiva, someter a la sociedad a un control social. Si realmente viviésemos en una sociedad plural quien no quiera solicitar la eutanasia no se vería obligado a ello. Pues el derecho a morir no exige a nadie la obligación de ejercerlo. Por esa misma razón es un derecho. Aun así, hay quienes siguen esgrimiendo que es inviolable la vida humana, mientras están decidiendo sobre la vida de otras personas.

Morir no es fácil, pero prolongar la vida biológica más allá de lo que puede ser vivible a criterio de la persona no es la solución. En palabras de Savater, “vivir biológicamente no es vivir humanamente”. La vida puede ser un ejercicio extraordinario, siempre que se haga con avales humanos y no se convierta en sólo vivir. Por ello, nada justifica obligar a una persona a apurar hasta el final una vida sin el mínimo de calidad. Cualquier persona busca morir bien, sin sufrimientos. Retrasar el advenimiento de la muerte todo lo posible, por todos los medios, aunque eso signifique infligir sufrimientos añadidos a los que ya padece la persona no es cuidar sino ensañamiento y encarnizamiento terapéutico. Aunque es más preciso denominarlo obstinación terapéutica. Y esto ocurre porque aún hay mucho desconocimiento y no queremos enfrentarnos al hecho de la muerte.

Llegar a vivir no es una elección; morir sí. Y, por ello, hay que tomar todas las garantías que sean necesarias para que no exista la más mínima duda de que la voluntad de poner fin a la propia vida es consciente, racional y deliberada. Ahí reside, para mí, el carácter sagrado de la vida: es sagrada porque nadie sino uno mismo tiene ahí su jurisdicción.

Foto: Warren Wong


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Soy Cuca, para las cuestiones oficiales me llaman María de los Ángeles. Vine a este mundo en 1986 y mi corazón está dividido entre Madrid y Asturias. Dicen que soy un poco descarada, joven pero clásica, unas veces habla mi niña interior y otras una engreída con corazón. Abogo por una nueva Ilustración Evolucionista, pues son dos conceptos que me gustan mucho, cuanto más si van juntos. Diplomada en enfermería, llevo algo más de una década dedicada a la enfermería de urgencias. Mi profesión la he ido compaginando con la docencia y con diversos estudios. Entre ellos, me especialicé en la Psicología legal y forense, con la que realicé un estudio sobre La violencia más allá del género. He tenido la oportunidad de ir a Euromind (foro de encuentros sobre ciencia y humanismo en el Parlamento Europeo), donde he asistido a los encuentros «Mujeres fuertes, hombres débiles», «Understanding Intimate Partner Violence against Men» y «Manipulators: psychology of toxic influences». En estos momentos me encuentro inmersa en la formación en Criminología y dando forma a mis ideas y teorías en relación a la violencia, para recogerlas en un libro. De momento me podéis leer por aquí y también en Twitter. Otros medios y redes para saber más sobre mí.

71 COMENTARIOS

  1. Visto los comentarios de todo tipo, me apetece dejar un comentario fuera de todas las respuestas que he ido dando.

    Defiendo a la persona, su integridad física y emocional. Considero que no tengo ninguna potestad para decidir sobre terceros si es digno o no optar por la eutanasia, no es de mi competencia ni la de nadie entrar a valorar qué es digno o no. Y no me refiero a relativizar, ni mucho menos a instaurar un libre albedrío. Me refiero a hacer respetar la autonomía de la persona y sus libertades, siempre que estas libertades no dañen a terceras personas. Y no, la eutanasia no daña a terceras personas; no niego el dolor que supone para alguien que un querido opte por ello, pero su dolor no puede estar por encima del daño que supone perder la libertad individual.

    No es una cuestión de extremos, como algunos quieren hacer ver. Hay grises y por ello no contemplo hablar en valores absolutos, menos aun hablar de derechos absolutos. Pensad que al ser delito ayudar a otro a terminar con su vida, la persona no puede buscar asistencia y solo le quedan dos opciones: quitarse la vida por medios violentos (Ramón Sampedro y el cianuro, por ejemplo) o sufrir hasta que muera por causas naturales. Esta “elección” es, sin duda, cruel.

    Pregunto, si hay derecho a decidir el rechazo de un tratamiento que mantiene la vida, ¿por qué no hay derecho a decidir sobre una asistencia médica que pone fin al sufrimiento y que no altera el resultado final del proceso: la muerte?

    Para quienes dicen que soy ambigua y no me posiciono, claro que no me posiciono porque considero que no es una cuestión que se resuelva estando a favor o en contra. Mi posición es, a mi entender, más sencilla:
    – Autonomía hasta el final de la vida.
    – Eutanasia y cuidados paliativos no se oponen.
    – Conjugar sentimientos y razón.
    – Trabajar desde los principios bioéticos.
    – Tomar todas las garantías que sean necesarias para que no exista la más mínima duda de que la voluntad de poner fin a la propia vida es consciente, racional y deliberada.

    Y, por último, lo esencial para mí: los cuidados. La idea clave del cuidado es que las obligaciones morales se desarrollan en la relación con los demás, no son algo impuesto desde fuera: es el encuentro entre seres humanos el que permite establecer los vínculos de responsabilidad necesarios para comprender al otro como alguien con unas necesidades singulares y, junto con él, decidir lo éticamente adecuado. En el cuidado lo esencial es el reconocimiento del otro, por ello la respuesta ética está siempre mediatizada por las personas concretas y sus necesidades, en contextos o situaciones concretas.

    Gracias por todos los aportes, incluso por los que me tildan de criminal 😉

    • Tras leer sus intervencionen en el debate suscitado, me reafirmo en lo de excelente, Cuca. No lo dude.

  2. Cómo siempre, Cuca Casado no defrauda. Artículo valiente y polémico, defendiendo la libertad individual con asunción de la responsabilidad de cada persona por sus propios actos y sin asumir el colectivismo que nos quieren imponer a todos, en un sentido u en otro. Estamos ante un tema muy delicado, que se suele dar por lo general en situaciones extremas, lo que las hace difícilmente extrapolables a la mayoría de las personas. Y mucho menos a generalizarse. Pero ello no implica que una sociedad avanzada deba privarse de instrumentos legales para tratarlas con todas las garantías. El avance tecnológico es imparable y con el tiempo surgirán nuevos dilemas morales que ni imaginamos ahora. Nos vamos a quedar cruzados de brazos sin abordarlas? Saludos.

      • Estimado Alopez100. Aqui no se trata de matar, ni de permitir que se mate a nadie. En Disidentia tratamos de pensar, de reflexionar y de que todos opinen y expongan sus planteamientos con respeto y argumentos. No hablar de los problemas ni de los retos del mundo actual no significa que no existan. Por eso, Cuca me parece valiente. Por eso me gusta esta página y creo que también al resto de los disidentes. Si no, no estaríamos aquí. Saludos.

        • Con todos mis respetos, Cuca es una criminal.
          No hace falta un libro de 1200 páginas para documentarlo.
          Si ha leído usted el artículo, que parece que no, va de matar, trata exactamente de eso.

          Le sugiero que aparte de tratar de pensar y de reflexionar, que está muy bien, lo consiga.
          Está mal quedarse solo en el intento.
          Por si no se había enterado, le informo que tanto el mundo actual, como todos los mundos que conocemos por la historia y la prehistoria han tenido “retos”, que es una forma cursi de decir que vivir siempre ha sido difícil

          ¡ Vaya descubrimiento !

          A ver si es verdad, y empiezan a pensar.
          Claro, que si llegan a las conclusiones correctas, verán que lo que descubran de si mismos, no les gusta.
          La vida es así.

          • No comparto para nada sus comentarios. Me parece que insultar de esa manera a la autora, por el “grave” delito de pensar y de exponer publicamente su pensamiento, no procede. Cuca habla de libertad, cosa que a Vd. no le gusta, como se ve claro por el tono de sus palabras. Si no va con Vd. que se piense libremente, tiene muchos sitios web donde impera el totalitarismo y de diversos colores. Para todo lo demás… Mastercard.

    • Estamos ante un tema muy delicado porque estamos hablando de la vida humana. Todavía en este largo debate, nadie ma ha rebatido lo que vengo afirmando desde mi primera intervención: para que sea posible el ejercicio de la eutanasia es necesario que un ser humano mate a otro ser humano. Yo prefiero ser franco y hablar claro. Una vez que aceptemos este hecho, adelante a debatir. La utilización de eufemismos para referirse a determinades conductas es una de las técnicas de manipulación más habituales. Ojo no digo que la autora nos esté intentando manipular, no pongo en duda la sinceridad de su planteamiento. Simplemente prefiero llamar a las cosas por su nombre.

    • Buenas, Argantonio.

      Con tu permiso, hago mía eso de pero ello no implica que una sociedad avanzada deba privarse de instrumentos legales para tratarlas con todas las garantías. El avance tecnológico es imparable y con el tiempo surgirán nuevos dilemas morales que ni imaginamos ahora. Nos vamos a quedar cruzados de brazos sin abordarlas. Coincido de lleno en tu parecer; siempre habrá dilemas morales y se necesita del diálogo para llegar a acuerdos y poder convivir en sociedad. Por ello, considero necesario alejarse de la polarización, del bueno/malo, porque hay realidades complejas que no se pueden encorsetar en un a favor o en contra.

      Un saludo.

    • Me resulta indiferente que le gusten o no mis comentarios.
      Cuca habla de matar en su artículo.
      La libertad puede usarse bien o puede usarse mal.
      Cuca en uso de su libertad escribe de lo que quiere, y se retrata como lo que es, y es algo horroroso, pero a usted parece que le gusta.

      Y yo, en uso de la mía, lo denuncio.

      A usted, igual que a Cuca, la argumentación les importa un rábano.
      Son unos falsos.
      Lo que quieren es que les den la razón, y se atreven a llamar totalitaros a los demás.

      Le informo que de totalitaro no tengo nada.
      Y como los muertos no pueden cambiar de opinión, mejor, no matamos a nadie, ni colaboramos en ello.
      Como usted si es totalitaro, es posible que le de igual, pero a mí no.

      Intentan camuflar el fondo del asunto, el crimen, con retórica.
      A mi no me la dan.

  3. En mi humilde opinión cuando se debate sobre un tema lo primero que hay que dejar claro es de qué estamos hablando. Esto es fundamental para evitar confusiones o manipulaciones.
    ¿Qué es la eutanasia? No es el suicidio, tampoco es un medio para evitar la prolongación artificial de la vida. La eutanasia es simplemente quitar la vida a un ser humano, matar, porque se considera que esa vida ya no es digna de ser vivida por las circunstancias que sean. Porque hay que decirlo para que no se nos olvide, el derecho a la eutanasia implica matar a seres humanos. La apreciación de esas circunstancias vitales correspondería a la persona que la padece, la más común de las invocadas es padecer una enfermad o invalidez que le coloca en un grado de postración insoportable para él (caso Ramó San Pedro). A esa persona se le reconocería el derecho a “una muerte digna”, y aquí es donde empiezan los problemas, porque ese derecho afectaria al contenido esencial de un derecho fundamental que es protegido por el ordenamiento jurídico: el derecho a la vida. Claro, me diran los partidarios, ese derecho es renunciable por lo tanto nadie puede obligarme a seguir viviendo si yo así no lo deseo. Si la cuestión terminase aquí, bueno sería discutible, pero entrariamos en el campo de la filosofia o la religión. Pero no, la cuestión no acaba aquí porque el derecho a la eutanasia o muerte digna, implica el reconocimiento y amparo del ejercicio de ese derecho por parte del Estado. Para que alguien pueda ejercer ese derecho, los servicios sanitarios deberán hacerlo efectivo, por lo tanto se obligará a los médicos y demás profesionales de la salud a quitar la vida a otro ser humano. ¿Se les puede obligar a ello? Pues tal como lo plantean los partidarios de la eutanasia y con la experiencia del aborto, por supuesto que se les obligará, porque deben dejar a un lado “sus creencias”. Por lo tanto no es cierta la afirmación repetida una y mil veces de que se trata de un derecho individual que solo afecta al titular del mismo y que no es obligatorio su ejercicio. Todo ello por no hablar de las circunsatancias en que se de el ejercicio de ese derecho que no son precisamente las más adecuadas para tomar una decisión de ese calado. Pensemos en una persona que está asqueada de la vida, que todo le va mal ¿está capacitada esa persona para decidir si quiere morir? ¿La única alternativa que le vamos a ofrecer es que se quite la vida? . Pues sí, porque una vez regulado la primera alternativa, y única que se ofrecerá a determinadas personas es recordarle que tiene el derecho a la “muerte digna”. Ya lo hemos visto con el aborto en España donde está prohibido ofrecer alternativas al mismo. Si se hubiese dedicado el mismo esfuerzo a promover la vida en lugar de la muerte, el número de abortos hubiese descendido a más de la mitad y todo ello sin necesidad de prohibirlo, como ha ocurrido en Hungria.
    El relativismo parte de la premisa de que nadie puede imponer sus ideas o creencias a los demás, al mismo tiempo que impone su “relativismo”. El relativismo, las múltiples visiones y realidades de la sociedad, niega que exista una verdad objetiva que pueda ser conocida, pero al mismo tiempo impone su “verdad”.
    Hay un principio que al final entra en juego en todas estas historias, me refiero a la denominada pendiente ética resbaladiza. Una vez aceptada socialmente, aunque sea como excepción, y regulada una conducta que antes se consideraba inaceptable, es inevitable que se impoga con todas las consecuencias. Lo hemos visto con el aborto y lo veremos con la eutanasia. Será inevitable porque la vida humana ya no será digna en todo caso, dependerá, unas veces si, otras no

    • Cuando se habla de eutanasia, suicidio asistido, ortotanasia, etc., se habla de brindar a la persona el derecho a decidir cómo y cuándo dar fin a su vida. Se habla de la libre elección. Ser asistido/ayudado/facilitado cuando se elige morir.

      Dices “porque se considera que esa vida ya no es digna de ser vivida por las circunstancias que sean” y estás errado en ello. El principio del que se parte para aplicar una práctica eutanásica es el de la autonomía. Es la persona quien valora su vida si es o no digna, si le merece seguir viviendo tal y como vive. Lo peligroso viene dado cuando son terceros quienes dictan si la vida de esa persona es digna o no. Y me refiero por terceras personas tanto a quienes tienen algún tipo de autoridad como sencillamente a las personas de la calle, a la sociedad.

      Dices “para que alguien pueda ejercer ese derecho, los servicios sanitarios deberán hacerlo efectivo, por lo tanto se obligará a los médicos y demás profesionales de la salud a quitar la vida a otro ser humano” y de nuevo incurres en un error, tal y como en otros comentarios te he explicado (aunque sin resultado alguno). Los profesionales de la salud disponemos de un derecho: la objeción de conciencia. Se puede hacer uso de ese derecho o no. De haber una obligación es la de hacer compatible nuestras convicciones morales con las obligaciones profesionales legalmente establecidas. Y para ello disponemos de los principios Bioéticos (autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia). Principios que considero que deberían ser la base de cualquier persona. Y no, no es una contradicción disponer del derecho a objeción de conciencia con el hacer compatibles nuestras creencias con nuestras obligaciones. Un sanitario se puede negar a facilitar/asistir una muerte, pero no puede imposibilitar la misma (principio de no maleficencia) y estoy hablando en el contexto de la eutanasia regularizada.

      Sí, es cierta la afirmación de que se trata de un derecho individual; a ti nadie te obliga a morir, nadie te obliga a ejercer ese derecho sobre tu persona. Claro que afecta a terceras personas, tal y como reflejo en el artículo. Pero planteo por ello si es más relevante o prioritario el posible daño a terceros que el daño que supone la pérdida de la libertad individual.

      Preguntas si “la única alternativa que le vamos a ofrecer es que se quite la vida” y de nuevo incurres en un error. Como bien digo en el artículo, todas las leyes en esta materia exigen que se consideren todos los recursos disponibles, incluidos los cuidados paliativos. Es más, las comisiones de control y evaluación tienen como función dar fe de la concurrencia de los requisitos establecidos y se aseguran que se adopten todo tipo de precauciones necesarias para evitar cualquier forma de abuso o coacción. Teniendo como base los principios bioéticos.

      No, no es una cuestión de relativismo ni de libre albedrío ni mucho menos. Tampoco es una cuestión de imponer una forma totalitaria, una norma moral, sin tener en cuenta las múltiples dimensiones de las personas y de las circunstancias en torno a esta problemática y otras tantas.

      Bueno, en cuanto a la pendiente resbaladiza que comentas, tienes ahí enlazado los informes anuales de las comisiones de revisión de eutanasia que evidencia que no se da esa pendiente resbaladiza, pues hay controles y evaluaciones para evitar abusos, coacciones, etc.

      Un saludo.

      • Dos comentarios nada más para terminar. Lo siento pero creo que te contradices con la objeción de conciencia. Además hay una cuestión que es evidente, si se reconoce el derecho a la eutanasia, se reconocerá como un derecho subjetivo mediante el cual su titular podrá exigir su cumplimiento a un tercero, que será lógicamente el Estado a través de sus servicios públicos sanitarios. Dudo mucho que en esa ley se permita la objeción de conciencia porque en tal caso se vaciaría de contenido el derecho llegando incluso el caso de que no pudiera ejercitarse si los médicos se negasen a ello, cosa nada descabellada. ¿Existe la objeción de conciencia en el caso del aborto en los hospitales de la seguridad social?
        Respecto de la pendiente ética resbaladiza es una realidad demostrada. El caso del aborto es paradigmático. De suspuestos excepcionales hemos pasado a prácticamente el aborto libre y considerado como un derecho. Con la eutanasia pasará exactamente lo mismo. La eutanasia se convertirá en el único camino como ha ocurrido con el aborto.
        Y por último, es verdad he dicho dos y este es el tercer comentario, has obviado en todas tus respuestas hablar de lo que realmente es la eutanasia: matar a un ser humano, por mucho que este quiera, pero alguien tiene que matarle. A mí personalmente me horroriza pensar que haya médicos dispuestos a matar a otro ser humano. ¿Sabes lo que vendrá después de la eutanasia? la eugenesia.

  4. “Es preocupante las polarizaciones y las visiones simplistas de las diferentes realidades que se dan individual y socialmente. Preocupante porque conducen a extremismos y a reducir los problemas a un “a favor o en contra”, dividiendo más aun a la humanidad.”

    Así que al discrepante se le acusa de simplista y de dividir a la humanidad. Creí que usted defendía el valor de las visiones individuales y personales. En fin.

    • Cree que por envolver la estulticia en una apariencia de argumentación, nos va a engañar.
      Deleznable.

    • Catlo, discrepa cuanto quieras. Con esa frase estoy dando mi opinión, te estaba diciendo lo que es preocupante para mí. Ahora bien, si te has dado por aludido al expresar de forma impersonal esa idea, ¿es mi responsabilidad?

      Me repito, considero que se simplifica y reduce los temas, tan complejos y con tantas aristas, al decir que está bien o mal, que se está a favor o en contra.

      Es más, porque defiendo al individuo, defiendo quien quiera tener una muerte digna, quien quiera ser asistido en su suicidio y quien quiera ser cuidado y apoyado hasta su último aliento.
      ¿Tú qué quieres? Yo por mi parte que se posibilite decidir con autonomía cómo morir, que se facilite un equipo multidisciplinar que escuche y apoye a esa persona, que se le brinde de herramientas y tratamientos, desde los más agresivos a los cuidados paliativos hasta el suicidio asistido.

      Para mí no es estar a favor o en contra, tal y como argumentas. Para mí es atender cada caso, cada persona y comprender sus circunstancias y sus acciones. Para mí no vale las generalizaciones del tipo “pendiente resbaladiza”, por ejemplo, y menos aun cuando la evidencia lo refuta. No me vale decir que se abren las puertas al libre albedrío cuando hay protocolos, comisiones y evidencias que atestiguan que no se incurre en coacciones y abusos. Por eso mismo opino que es simplista estar a favor o en contra. Insisto, también es simplista decir que se está a favor. Los matices son vitales.

      Un saludo.

      • Supongo que por ejemplo, darle a usted una patada en los ovarios, es un tema que también estará lleno de matices, y que no podemos estar a favor en contra sin discutirlo, filosofar sobre ello y quizás, montar una comisión.

        ¡ Peeroo !, como yo soy muy inteligente, no lo necesito.
        Estoy en contra completamente y sin reservas de que le den una patada en los ovarios.
        Así, sin florituras, a lo bravo.

        Uno es así

  5. Buenas tardes Cuca, me ha gustado mucho el artículo, está claro que es un tema espinoso, pero me parece sano poder ponerlo sobre la mesa y atender a los diferentes puntos de vista. Coincido bastante contigo.

  6. La articulista es una criminal, merecedora de todo desprecio.
    No es el primer artículo en que lo de muestra.

    • Si yo fuera la articulista eliminaba de inmediato su despreciable comentario. Y lo haría porque no se dan unos mínimos estandades de tolerancia y respeto en su expresión.

      • Además de criminal, censora.
        Tiene razón. Con los asesinos, tolerancia cero.
        Ese soy yo.
        Ningún mínimo, ningún estándar.
        Basura, eso es lo que son.
        ( No es cierto, son cosas mucho peores, pero no quiero utilizar palabrotas y así se entiende )

      • Buenas, Silvia.

        Soy de la opinión que mejor no borrar ningún comentario, así queda retratada la persona. De todos modos, es una decisión de los que gestionan la página y coincido con ellos en no borrarlos, por muy molesto que sea un insulto o mofa. Si en lugar de dialogar y confrontar ideas se dedican a insultar, eso dice mucho más de ellos (y nada bueno) que de mí y mis opiniones vertidas.

        Igualmente, gracias.
        Un saludo.

        • Usted es una criminal y además miente.
          No la estoy insultando.
          Sencillamente digo una gran verdad.

          Eso si, no me hace falta envolver el calificativo en 18 párrafos más o menos enrevesados.

        • Posiblemente tenga razón, Cuca. Llamar la atención o eliminar directamente los comentarios impresentables e irrespetuosos de este sujeto, además de “alimentar al troll”, sea contraproducente a todos los efectos.
          Mejor hacer oídos sordos o tomarse a “guasa” esas palabras gruesas e interpretar que la intencionalidad de este individuo es la de provocar indignación, mofarse e incordiar, porque en otro caso, estaríamos hablando de un zumbado peligroso al que se debería expulsar del debate racional y civilizado, y cuyos comentarios inaceptables podrían ser incluso denunciables. Saludos,

    • La articulista hace una serie de planteamientos de forma totalmente respetuosa, desapasionada y libre de prejuicios o dogmas de uno u otro color, lo cual, a la vista está, muchos “disidentes” ( de vayan Uds. a saber que) no pueden soportar.
      Con demasiada frecuencia me encuentro con que los que con más contundencia vociferan a favor de la absoluta sacralidad de la vida del no nacido y de la del que está en sus últimos momentos, curiosamente suelen pasar olímpicamente de la sacralidad de la del que está en el resto del ciclo: la HIPOCRESIA en su máxima expresión.
      Por supuesto supongo que Ud. , Sr. Alopez100, no pertenece al grupo que defino en en el párrafo anterior, y por lo tanto, no pasa olímpicamente de la vida de los que se encuentran en el resto del ciclo, por lo que tengo una buena noticia para Ud. : si mañana mismo coge un avión para, por ejemplo (hay muchas opciones), Kalemie (R.D. del Congo) , y se aventura por los alrededores, con solo dos o tres mil Euros en el bolsillo y en menos de una semana, puede evitar la muerte cierta de unas cuantas personas. Si pudiendo hacerlo no lo hace, y en función de los elevadísimos principios morales de los que parece hacer gala en su comentario, voy a tener que pensar que es Ud. un hipócrita y, por omisión, un criminal.

  7. “Las creencias individuales en relación a la sacralidad de la vida son por completo respetables, pero no se pueden imponer a toda la sociedad” Yo creo que la autora no ha debido meditar bien el alcance de esta afirmación. Hay veces que es complicado explicar lo obvio. Si la vida humana no es sagrada, no es digna de protección y por lo tanto eso que se llama sociedad, que no es otra cosa que el todopoderoso Estado, decidirá quien vive y quien muere, sin límite alguno, porque la vida ya no es sagrada. Primero se disfrazará todo con ejercicio de derechos que no se imponen ¡por supuesto! y nos mostrarán casos extremos…pero ya se ha introducido el virus: hay vidas que no son dignas de ser vividas y la vida no es sagrada. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

    • “Si la vida humana no es sagrada, no es digna de protección y por lo tanto eso que se llama sociedad, que no es otra cosa que el todopoderoso Estado, decidirá quien vive y quien muere, sin límite alguno, porque la vida ya no es sagrada”
      No manipule con su retórica, Brigante. “El Estado no decide quien vive y quien muere”, no le obliga a hacerlo ni le pone la pistola en la cabeza. Es el sujeto el que elige con libertad poder acabar con su vida; poder dejar de vivir como un vegetal cuando se den esas circunstancias; poder tener derecho a que le desconecten de la máquina que lo mantiene vivo de forma artificial. Se olvida que la decisión que toma un sujeto al reclamar para sí una muerte digna, no le obliga a usted a que haga lo mismo, porque, si finalmente se diera luz verde a la eutanasia, ¿verdad que a usted no le afectaría ni se vería en la obligación de hacer uso de ese derecho? Si para uno ya es importante vivir, lo es más dejar vivir o morir a los demas con un poco más de libertad y de sosiego. Pues eso.

      • Lo de que el reconocimiento de un derecho no implica su ejercicio para el que no quiera es una de las falacias más recurrentes que emplean los partidarios de la eutanasia, como en su día lo emplearon los abortistas. Antes que nada una precisión. Los que defendemos la vida como algo sagrado (oh que horror) lo hacemos desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, repito natural. Por lo tanto nadie que defiende la vida es partidario de prolongarla artificialmente. Esta es otra de las manipulaciones habituales en estos casos. La eutanasia no es el derecho a que no te prolonguen la vida artificialmente, es el derecho a exigir a otro que te mate. Como decía eso de que nadie te obliga a ejercer tu derecho a la eutanasia es una falacia, en primer lugar porque da por hecho que existe ese derecho, así no se discute sobre el fondo del asunto y en segundo lugar porque como ha demostrado el aborto no es cierto, ya que una vez instaurado el derecho, el Estado no queda como un ente neutral, no, los poderes públicos al final solo te ofrecen esa alternativa, y más aún las leyes prohiben que te ofrezcan otra alternativa, como r está pasando en el caso del aborto. Pues con la eutanasia pasará lo mismo. Todo derecho, estimada Silvia, exige que otro adopte una conducta. Esta conducta puede consistir en no hacer nada. Mi derecho a la propiedad te obliga a ti a no violentarla, ¿cómo? no haciendo nada. pero vuestro derecho a la eutanasia obliga a un tercero a adptar una postura positiva. Ya que el sujeto titular del derecho no puede hacerlo (es un vegetal ¿no?) otro tiene que hacerlo por él, es decir un tercero tiene que quitarle la vida, vamos matarle. Vosotros queréis que las leyes obliguen a terceros a matar a alguien que lo desee. Y no habrá objeción de conciencia, no, porque entonces el objetor estaría impidiendo el ejercicio de un derecho reconocido y amparado por las leyes. Otro argumento manipulador es el de presentar el caso extremo, el vegetal. Claro, no tenemos empatía. oiga y ¿por qué el ejercicio de ese derecho se reduce al caso extremo? ¿por qué una persona que se ha cansado de vivir no puede ejercerlo? ¿o sí?. Al final todo se reduce querida Silvia al valor que damos a la vida. Yo puedo tener mucha empatía con una persona en las condiciones extremas que soléis emplear, como tengo mucha empatía con el padre que tiene la posibilidad de cortarle con un cuchillo oxidado ciertas partes varoniles al violador de su hija adolescente. Pero por un sentido de civilización prefiero que el Estado no permita que nadie mate al vegetal y que
        impida que el padre ejerza su venganza.

        • La respuesta a su “inquietud” la encontrará en el artículo. Si lo lee detenidamente, claro. No se si se deja llevar por el prejuicio y omite las apartes que no le interesan.

          • Pero vamos a ver, alguien tendrá que matar al vegetal ¿no? Yo no omito nada del artículo eres tú la que eludes la cuestión. Hablar de derechos y de empatía es muy fácil pero a veces hay que ir al fondo de los hechos. El ejercicio del derecho a la eutanasia implica que un ser humano mate a otro ser humano, sino ya me dirás cómo narices se va a ejercer el derecho. Esa es la realidad, todo lo demás son palabras

    • Buenas, Brigante.

      Sí, sí medite esa frase. No niego que sea sagrada sino la imposición a la sociedad de una forma de entender su sacralidad. Es más, si te has leído todo el artículo concluyo exponiendo donde reside para mí la sacralidad de la vida: es sagrada porque nadie sino uno mismo tiene ahí su jurisdicción. Claro que la vida es sagrada, pero ni tú ni nadie puede imponer su criterio de sagrado a la vida de los demás.

      Por cierto, le comentas a Silvia que “lo de que el reconocimiento de un derecho no implica su ejercicio para el que no quiera es una de las falacias más recurrentes” deberías repasar conceptos como derecho negativo. Un derecho no es una obligación y, por ello, no implica su ejercicio.

      Un saludo.

      • Como ya le he explicado a Silvia un derecho implica necesariamente que exista un obligado. Ese obligado debe dar, hacer o no hacer alguna cosa. He puesto el ejemplo del derecho de propiedad. Mi derecho exige que nadie violente mi propiedad. Ahora bien si yo soy titular del derecho a la eutanasia , la perfección de ese derecho exige que haya un obligado que deba quitarme la vida. Por otro lado la supuesta neutralidad del poder público que reconoce tales derechos no existe como ha quedado demostrado en el caso del aborto.
        Así que si para usted su vida no es sagrada y se considera.con derecho para disponer de ella llegando al extremo de quitársela, deberá hacerlo usted misma y no obligar a un tercero a que lo haga por usted.

        • Brigante,

          No pongas en mi boca lo que no he dicho y menos aun tergiverses mis palabras. Te lo repito: la vida es sagrada porque nadie sino uno mismo tiene ahí su jurisdicción.

          Dile a un Ramón Sampedro que se suicide con sus propias manos. Qué falta de respeto e ignorancia al no atender a las múltiples realidades en torno a cuestiones como la eutanasia.

          Un saludo.

          • No se ofusque e intentemos razonar. Usted es paridaria de reconocer el derecho a la eutanasia, sí o no. Como entiendo que sí en tal caso tendrá que regularse el ejercicio de ese derecho y para.que ese derecho pueda ejercerse es necesario que alguien le quite la vida al titular del derecho. Por lo tanto no se trata solo de un derecho individual que no obliga a los no partidarios, sino un derecho que exige para su efectividad que un ser humano le quite la vida al otro.

          • Brigante, no me ofusco. Pero no acepto las tergiversaciones y menos aun cuando sé de buena ciencia que van a llevar a dialogar con una pared.

            Es un derecho individual que no daña a terceros. Un derecho que profesionales de la salud contemplamos y respetamos en base a los principios de la Bioética. Un derecho que prima por encima de mis creencias personales en torno a la vida. Claro, existe la objeción de conciencia, que es un derecho del profesional de la salud y no implica un abandono del paciente. Aunque se reconoce este derecho, los profesionales de la salud debemos hacer compatibles nuestras convicciones morales con la obligación profesional de atender a los ciudadanos que requieren determinadas prestaciones legalmente establecidas. Y sí, estoy por una regularización de la eutanasia.

            Un saludo.

          • “Los profesionales de la salud debemos hacer compatibles nuestras convicciones morales con la obligación profesional de atender a los ciudadanos que requieren determinadas prestaciones legalmente establecidas.” Usted lo ha dicho. Habrá profesionales de la salud a los que se les obligará a matar a otro ser humano, aunque no quieran hacerlo. ¿Lo ve? estamos diciendo lo mismo, por lo tanto no es un derecho personalísimo que solo afecta al interesado. El que se opone no puede imponer su visión de la vida a los demás, pero ustedes si pueden imponerla al que se opone porque tienen esa “obligación profesional”.

          • Brigante, lo del derecho a la objeción de conciencia no va contigo y tu discurso y lo borras, ¿no? No se obliga, se debe hacer compatible nuestras convicciones morales con las obligaciones profesionales legalmente establecidas. Tenemos unos principios Bioéticos (autonomía, beneficencia, no maleficencia y justica) para algo.

            Sigue descontextualizando y tergiversando mis opiniones que se te da de rechupete.

            Un saludo.

          • No perdona, no tergiveso, es que tú te contradices, dices una cosa y la contraria en el mismo comentario, que también se te da de rechupete. No puede haber objeción de conciencia si tienes que compaginar tus obligaciones profesionales con las convicciones morales. Si tus convicciones morales te impiden cumplir con tu obligación profesional eres objetor de conciencia. Si tus convicciones morales no te impiden cumplir tus obligaciones profesionales no eres objetor de conciencia. Por lo tanto el único que tiene que compatibilizar sus convicciones morales con sus obligaciones profesionales es aquel al que las primeras le impiden de manera irresistible ejercer sus obligaciones profesionales. Esto se llama razonar, no tergiversar.

          • Sigamos si la eutanasia es un “derecho que prima por encima de mis creencias personales en torno a la vida.” ¿Cómo puede haber objeción de conciencia? El ejercicio de ese derecho está por encima de mis convicciones no en igualdad de nivel. “Aunque se reconoce este derecho, los profesionales de la salud debemos hacer compatibles” Pero ya has dicho antes que el derecho individual prima sobre la convicciones que fundamentan la objeción y además impones una obligación “debemos”, de compatibilizar las convicciones personales con la obligación profesional y esa obligación solo se puede hacer en un sentido y más cuando terminas calificando la eutanasia como una prestación del sistema de seguridad social reconocida por las leyes.

  8. Una noticia: “El drama del que nadie habla: un policía se suicida cada 43 días”

    Cuando la muerte es algo que se desea es que la gente siente que su vida es insufrible, que no tiene fuerzas para aguantar más. Esta es la época en la que la muerte se contempla como solución de tantas cosas… Los exterminios masivos planificados empezaron en el siglo XX y los individuales, es decir los suicidios, se empezaron a agudizar en el XIX.
    Lo más inquietante es que se piense en la muerte como solución porque el que sufre lo desea y así se da el salto a considerar el deseo como un derecho, que es otro de los signos de estos tiempos suicidas. El deseo, sin más consideraciones, no puede ser nunca fuente de derechos.
    Si el fondo del asunto es el sufrimiento, lo que no entiendo es por qué no se piensa en generar el derecho a evitar el sufrimiento pero no por la vía de la muerte sino por la de la vida. ¿Por qué no consagrar el derecho a la hibernación para revivir cuando la medicina haya resuelto el problema del sufrimiento que hoy no tiene solución?

    • “Si el fondo del asunto es el sufrimiento, lo que no entiendo es por qué no se piensa en generar el derecho a evitar el sufrimiento pero no por la vía de la muerte sino por la de la vida”.
      Es que ese derecho ya se contempla de forma implícita, cuando a usted le tratan y le acoge en el sistema de salud. Tratar el dolor físico y evitar el sufrimiento de los pacientes, ya no es que sea un objetivo alcanzable y deseable, es que es el critero más antiguo, universal, unánime y con más aplicación práctica que existe en el mundo, además de ser el más extendido por los profesionales sanitarios cundo tratan de combatir las enfermedades y mejorar nuestra calidad de vida. De manera que sí, ese derecho a evitar el sufrimiento ya existe y está completamente instaurado, no necesita ponerse en duda.

      Posicionarse contra la eutanasia es menos entendible aun, cuando trae a colación la elevada tasa de suicidios que se producen en nuestras sociedades, porque revela la falta de humanidad y la perversidad de dejar a los individuos que por libre acaben con su vida de manera autónoma, pero negar esa posibilidad a las personas más debiles e incapacitadas que no pueden siquiera llevar a cabo esa acción por sí mismos. ¿Quiénes somos usted o yo para decidir condenarles a una vivir eternamente un infierno en la tierra?

      • A propósito del infierno en la Tierra recuérdese el final de “Million Dolar Baby”. El entrenador accede finalmente a acabar con la vida de la boxeadora. Es el entrenador el que entra, a partir de ese instante y por haber cumplido con el deseo de la chica, en un infierno en la Tierra, por lo cual se dedica a embriagarse.

      • ¿Y quien es usted para obligar a otro a acabar con la vida de quien siente que su vida es un infierno? En ninguno de tus comentarios explicas cómo se va a ejercer este maravilloso derecho

    • Buenas, Catlo.

      Comentarte que el suicidio es un hecho transversal y transcultural que adquiere diversas perspectivas en función de la sociedad. De ello ya hablé en su momento.

      No es una cuestión meramente de sufrimiento, confluyen creencias y valores. Hay quien con un diagnóstico de ELA sigue adelante y a quien valora que llegado un punto de la enfermedad prefiere morir que quedarse postrado en una cama y absolutamente dependiente de los demás. ¿Por qué uno es digno y otro no?

      Cuando se de la posibilidad de la hibernación, tal y como contemplas, pues podrá ser una opción más junto con los cuidados paliativos y la eutanasia. Mientras llega eso, ¿por qué no brindar con las opciones que ya hay?

      Gracias y un saludo.

      • Me resisto a emplear el adjetivo digno asociado ni a la vida ni a la muerte, es una trampa semántica que prefiero evitar. La dignidad es un concepto tan resbaladizo que en no pocas ocasiones sirve para cualquier atrocidad. La “muerte digna” es un ejemplo. Porque luego viene la necesidad de definir lo que es digno y lo que no lo es y entonces son los expertos y los políticos los que deciden sobre la vida de los demás. Por eso no debe nunca considerarse como un derecho sobre el que haya que legislar nada. ¿Dónde está la objetividad en la medición de la dignidad? Sobre cosas tan serias mejor alejar las manazas de expertos y de políticos.

        El suicidio en Occidente aumenta de forma inquietante en el S. XIX y no ha cesado de crecer. Lo precupante es que haya gente que promueva el suicidio o el homicidio mediante la noción de la “muerte digna” y, sin embargo, haya tan poco interés en estudiar este comportamiento generalizado en Occidente donde la muerte se ha venido a colocar como la solución final para una civilización que ya no es ni sombra de lo que fue. Que a la muerte se le llame digna para darles más poder a los políticos es un síntoma más de una brutal decadencia moral.

        Prefiero reservar el término de dignidad para las acciones de las personas en relación con el bien de los demás y no para los padecimientos pues estos, desgraciadamente, tienden a generar egoísmo, miedo y debilidad. Esto no lo evitará ninguna ley, pero, a cambio, todos habremos perdido algo más de dignidad. Y en contra de lo que se dice, seremos aún menos libres temiendo que que, por cualquier circunstancia, nos “dignifiquen” con una muerte legalizada.

        • Para mí es sencillo: cada uno describe qué es digno o no en su vida. No obstante, se habla de muerte digna porque hay una obstinación terapéutica y social que impone su creencia moral por encima de lo que la persona considera que es vivir con calidad. Por eso mismo se hace uso del adjetivo.

          Por otro lado, me es fascinante que para opinar en contra de la eutanasia tengas que recurrir a decir que “sin embargo, haya tan poco interés en estudiar este comportamiento [suicidio]”. ¿/Cómo sabes que no se estudia? ¿En base a qué concluyes que por tratar la eutanasia no se estudia el suicidio? Porque te sorprenderías al saber que en el estudio de los comportamientos y conductas se abordan ambas cuestiones que están relacionadas.

          Un saludo.

          • Lo que importa es cómo en Occidente el suicidio se ha convertido en herramienta ideológica que pone a la muerte como solución. Hay una inducción sutil pero imperiosa a considerar la muerte como un bien.

            Si cada uno decide lo que es digno, no nos sorprendamos de que niños y adolescentes se lleguen a suicidar porque su resistencia a la frustración es nula. Por eso, el poder quiere individuos débiles, aislados, poco resistentes, para que ellos mismos se vayan a la tumba por sus medios en cuanto surgen dificultades.
            La más preocupante es no querer ver lo peligrosa que es la siniestra ideología que hay alrededor de “la muerte digna”.

          • Catlo, no es una competición de haber qué es más importante. Todo es importante, desde las creencias personales hasta las imposiciones sociales. Y como todo ello condiciona a las personas. Sin olvidar el arraigo biológico y la psique.

            No hablo de un libre albedrío, no es que cada uno decida qué es o no digno. Hablo de sopesar y reflexionar por qué lo que es digno para ti y no lo es para otro has de imponérselo. Como le decía a Silvia en un comentario, quizá sueño con una utopía, que no es otra que la persona sea respetada, más allá del género, raza, identidad política, creencia, etc., que tenga y que no se limite o coarte su libertad individual cuando ésta no vulnera o daña a otros.

            Es preocupante las polarizaciones y las visiones simplistas de las diferentes realidades que se dan individual y socialmente. Preocupante porque conducen a extremismos y a reducir los problemas a un “a favor o en contra”, dividiendo más aun a la humanidad.

            Un saludo.

  9. Excelente análisis, Cuca. Comparto sus valiosas aportaciones para dilucidar el tema. El debate posterior, como era de esperar, suscita enfado, moralina y horror en las posiciones contrarias a la eutanasia, como una manifestación de incomodidad y desassosiego ante la incertidumbre de verse algún día en esa tesitura y tener la libertad de poder elegir una muerte digna. No sé si les da más miedo la muerte que la libertad a reclamar su asistencia, cuando el sufrimiento que entraña la prolongación de un deterioro físico y psíquico incapacitante es irreversible.

    Como siempre, se analiza la cuestión desde la absoluta falta de empatía, porque si para ellos la vida es un bien y un derecho sagrado que hay que apurar hasta exhalar el último aliento, los otros, deben acatarlo con la misma entrega y espíritu de sacrificio; deben entenderlo y apreciarlo con la misma rotundidad y absolutismo. Y es así como “la noción de derechos absolutos hace imposible la libertad individual, los derechos de los otros y el Derecho mismo”. No ha podido expresarlo mejor, Cuca.
    La lógica del razonamiento que emplean es: “como creo innecesario y perjudicial poder elegir en libertad y hacer uso de ese derecho, me niego a que los otros puedan hacer uso de ese derecho en libertad, es más, me niego a que ese derecho exista siquiera. Y si el tema ya lo plantea un partido que detesto me reafirmo en mi posición de rechazo absoluto”. Y así con todo.

    • “si para ellos la vida es un bien y un derecho sagrado que hay que apurar hasta exhalar el último aliento, los otros, deben acatarlo con la misma entrega y espíritu de sacrificio; deben entenderlo y apreciarlo con la misma rotundidad y absolutismo.”
      ¿La vida no es un bien? ¿quiere decir que la vida humana es un valor relativo, cuya protección depende de las circunstancias y de eso mágico llamado “sociedad”? ¿El derecho a la vida entonces está al mismo nivel que por ejemplo el derecho a la propiedad? ¿El derecho a la vida ya no es un derecho fundamental? ¿me puede explicar en que constitución o declaración de derechos humanos se recoge un derecho a la muerte?

    • Buenas, Silvia.

      Sea o no excelente el análisis que hago, sí me gusta creer que lo hago desde el respeto y la empatía. Es un esfuerzo dejar las creencias personales a un lado y abordar cada persona, cada situación y problemática de forma particular. Eso quizá se lo debo a mi experiencia en urgencias; conocer tantas personas, con sus circunstancias y particularidades, me ha hecho esforzarme por ver con perspectiva los problemas. Sumado a mis curiosidades y estudios busco comprender por qué nos comportamos como nos comportamos y considero que cada vez estoy más lejos de encontrar una respuesta.

      He tenido conversaciones tanto con detractores como partidarios de la eutanasia. He estado leyendo de unos y de otros, he podido charlar con cristianos que comprenden la necesidad de ese derecho. Y puedo decir que ha sido un enriquecimiento. Pero claro, no todo el mundo está dispuesto a confrontar sus ideales y creencias y eso se aprecia en algunos de los comentarios vertidos aquí. Puede ser, como bien dices, debido al miedo y enfado que les ha provocado leer que cuestiono sus identidades. Puede ser que les de miedo hablar de la muerte. A mí también me genera respeto la muerte, pero tengo claro que cuando llegue quiero hacer todo lo posible porque me llegue con calidad.

      Quizá sueño con una utopía, que no es otra que la persona sea respetada, más allá del género, raza, identidad política, creencia, etc., que tenga y que no se limite o coarte su libertad individual cuando ésta no vulnera o daña a otros.

      Un saludo.

  10. Resulta escalofriante y terrorífico leer la retórica pro eutanasia del artículo.

    Antes de comentar algunos puntos del mismo, les diré que el tema me ha intrigado desde siempre.

    Por el 2004-5, The Economist publicó un artículo sobre la eutanasia. En él se posicionaban contra la eutanasia controlada por el estado. Las razones que alegaba eran las habituales para estar en contra. Hace 2 o 3 años, el mismo The Economist volvió a publicar otro artículo sobre el asunto. En esta ocasión se olvidó de sus argumentos de hace 14 o 15 años y defendía una eutanasia regulada por el estado.

    Mi opinión es absolutamente contraria a que el estado meta las manos en este territorio.
    Ya ha metido las manos en los meses iniciales del ser humano, los derechos de ese ser humano son sistemáticamente olvidados en beneficio de los intereses de los que le rodean. Esto es el aborto. Retórica para no considerar asesino a la persona que mata a otra, por el simple hecho de que no ha llegado a los 9 meses de existencia. Pero es un asesinato de un ser humano en fase embrionaria, digan lo que digan feministas, progres y demás.

    Imaginen que la eutanasia se termina regulando. Nos encontraremos con la siguiente situación: la vida humana es sagrada menos en los primeros 9 meses, y en el último periodo. Porqué ese periodo intermedio tiene que ser sagrado? No hay ninguna razón para ello. De la misma manera que podemos matar a un ser humano embrionario, o a un ser humano en su último periodo porque nos interesa y nos conviene, podremos hacerlo en el periodo intermedio. Si se dan cuenta, el criterio básico para matar a un ser humano es si me conviene o me interesa. Esto es lo que hace escalofriante al aborto, y también a la eutanasia.

    El problema fundamental en este artículo y en los que defienden la eutanasia es la utilización de una retórica que confunde dos cosas. Por un lado, la extensión mediante máquinas o medicamentos de la vida. Por otro, la utilización de algún producto o medio que ponga fin y mate. Son dos cosas totalmente distintas.

    Estoy de acuerdo que prolongar la vida mas allá de lo natural no nos conviene, y además sería antinatural. Pero es muy fácil de conseguir, llegado a una fase final no se apliquen máquinas o medicamentos innecesarios. Lo cual es muy distinto de aplicar el producto X que te duerme y ya no te despierta.

    Por otra parte, que el estado meta sus zarpas en este asunto produce repelús. Me viene a la mente a un podemita con aspiraciones que sabía como meter a 500 judios en un 600. Una buena parte de nuestra clase política no tiene moral, ni escrupulos. No respetan la vida del ser humano.Dejar en sus manos el final de nuestras vidas puede terminar como con el aborto. Según dicen centenares de miles cada año, solo en España. Y todo porque nos conviene….

    “Las creencias individuales en relación a la sacralidad de la vida son por completo respetables, pero no se pueden imponer a toda la sociedad.”

    – El estado no debe meter sus manos en este asunto. Basta con aceptar que la persona que pida no ser medicada o sometida a tratamientos con máquinas sea respetado.

    “Por eso mismo considero necesaria la regulación para dejar la puerta abierta a que cada uno pueda hacer o no uso de ese derecho.”

    – No tratar a quien no lo desea no debe ser objeto de ninguna regulación especial. Bastaría con que lo firmara ante el médico que recomienda el tratamiento, y esto para proteger al médico.

    “Derecho que hay que hacerlo compatible siempre con el derecho a la dignidad, la libertad y la autonomía de la voluntad.”

    Efectivamente, pero inyectar el producto X para terminar pronto tiene sus contraindicaciones. Que pasa si la persona que lo pide se encuentra en una fase de profunda depresión? O está forzada por la familia, el estado, u otros?

    “Sin embargo y por desgracia, es una práctica muy habitual atemorizar a la población colocando argumentos falsos en el imaginario colectivo para así influir y, en definitiva, someter a la sociedad a un control social.”

    -Esta frase es para desmontar los argumentos en contra, pero no cuela.

    “Si realmente viviésemos en una sociedad plural quien no quiera solicitar la eutanasia no se vería obligado a ello. Pues el derecho a morir no exige a nadie la obligación de ejercerlo. Por esa misma razón es un derecho.”

    – Ya pero, el estado tiene muchas formas de forzar a tomar el producto X, basta con reducir las dosis con Sintron, por ejemplo. Con ello la calidad de vida caerá y por tanto el deseo de terminar pronto aumentará. Todo para mayor beneficio de la caja de la Seguridad Social. Ya entiendo porque no quieren racionalizar las pensiones, piensan liberar la carga social, por la via de la eutanasia…

    “Morir no es fácil, pero prolongar la vida biológica más allá de lo que puede ser vivible a criterio de la persona no es la solución.”

    Egectivamente, pero una cosa en no tomar ninguna medicación y otra muy distinta tomar el producto mortífero X.

    “Por ello, nada justifica obligar a una persona a apurar hasta el final una vida sin el mínimo de calidad.”

    Estoy de acuerdo, pero no se le de medicacion o tratamiento y que la naturaleza o Dios dispongan. No un médico de la seguridad social con protocolos diseñados por el estado.

    “Retrasar el advenimiento de la muerte todo lo posible, por todos los medios, aunque eso signifique infligir sufrimientos añadidos a los que ya padece la persona no es cuidar sino ensañamiento y encarnizamiento terapéutico.”

    Totalmente de acuerdo, no les demos tratamiento que alarge la vida. Pero tampoco, el producto X que mata en el acto.
    “Llegar a vivir no es una elección; morir sí. Ahí reside, para mí, el carácter sagrado de la vida: es sagrada porque nadie sino uno mismo tiene ahí su jurisdicción.”

    Pero si observa Usted distingue tres periodos en la vida del ser humamo. Hasta los 9 meses le podemos dar matarile cuando nos convenga o nos interese. En la fase final, podemos darle matarile porque nos interesa o nos conviene. Entonces, que pasa en la fase intermedia? Porqué no podemos darle matarile si nos interesa o nos conviene? No habrá ninguna razón para ello

    • Se me olvidaba comentar un caso reciente y curioso. El Dr. Montes, creo que se llamaba.

      Un doctor que viendo el sufrimiento de enfermos terminales, simplemente los terminaba. Lo que no está claro es el criterio que utilizaba. Imaginen que sufren un grave accidente de coche. Llegan a un hospital y el Dr. Montes de turno decide que como va a tener una calidad de vida mala, es mejor rematarlo….

      Que suto!!!

    • He releído mi comentario de hace unas horas. Disculpas por la vehemencia con la que he tratado de argumentar.

      Argumentar sin haber pasado por una situación límite, puede conducir a no valorar adecuadamente las circunstancias.

      Es inimaginable el golpe que se recibe cuando un médico te dice que tienes una enfermedad incurable y mortal. La palabra Shock no refleja la realidad.
      En ese momento piensas, esto se ha terminado. Pero cuanto me queda 3 días, 3 meses, 3 años? Será doloroso? Si en ese momento te ponen un papel delante para firmar y terminar ya, lo firmas. Porque delante tienes dos caminos. Uno incierto, previsiblemente de sufrimiento. El otro cierto, y casi sin sufrimiento.

      He pasado por esa experiencia. Hubiera firmado. Hoy me alegro de que no existiera esa opción. Aunque sobre mí planea un final en cualquier momento, respiro y puedo dar un poco de alegría y seguridad a mis próximos. En cualquier caso, siento una tristeza profunda por tener que vivir con esta incertidumbre, y no saber cuánto va a durar…

      Quizás mi opinión haga meditar, por lo menos habrá servido para algo.

    • Buenas, kj26.

      Curioso, a mí me resulta escalofriante y terrorífico leer los sensacionalismos, reduccionismos y extremismos de algunos comentarios, como el tuyo.

      Lo que ocurre es que el Estado ya ha metido las manos en este territorio al considerarlo un delito.
      En cuanto al aborto, ya dije todo lo que tenía que decir en otro artículo.

      Lo sagrado de la vida no lo decides tú salvo para tu propia vida. ¿Por qué otros deben acatar tu concepción de sacralidad? ¿Por qué no acatas tú otras concepciones? Ese es el gran problema de muchos: queréis imponer vuestra moral a todos y me pregunto por qué.

      Dices que “No tratar a quien no lo desea no debe ser objeto de ninguna regulación especial. Bastaría con que lo firmara ante el médico que recomienda el tratamiento, y esto para proteger al médico”. Vale, pero ¿qué ocurre con quien está inmovilizado en una cama por una enfermedad neurodegenerativa que no tiene tratamiento alguno y es el hecho de estar postrado y dependiente lo que le lleva a querer morir en paz? Tu visión es reduccionista, sólo contemplas los casos extremos y/o terminales y siento decirte que hay otras realidades igual de complejas, como es la ELA, que buscan tener esa opción.

      Dices que “efectivamente, pero inyectar el producto X para terminar pronto tiene sus contraindicaciones. Que pasa si la persona que lo pide se encuentra en una fase de profunda depresión? O está forzada por la familia, el estado, u otros?”. Pues si te has leído todo el artículo explico que todas las leyes en esta materia exigen que se consideren todos los recursos disponibles, incluidos los cuidados paliativos. Es más, las comisiones de control y evaluación tienen como función dar fe de la concurrencia de los requisitos establecidos. Se aseguran que se adopten todo tipo de precauciones necesarias para evitar cualquier forma de abuso o coacción. Y para más inri pongo un enlace para quien quiere adquirir más información al respecto.

      En cuanto a esta afirmación por tu parte “Pero si observa Usted distingue tres periodos en la vida del ser humamo. Hasta los 9 meses le podemos dar matarile cuando nos convenga o nos interese. En la fase final, podemos darle matarile porque nos interesa o nos conviene”, son conclusiones tuyas, así que no pongas en mi boca lo que no he dicho.

      Amplia la visión, esto no es un abuelo que ya no quiere vivir, hay personas jóvenes y adultos, con dolencias varias y algunas incapacitantes, para quienes el sentido de la vida se pierde y nadie es autoridad para decirle a esas personas cómo han de vivir y mucho menos cómo han de vivir. Brindar todas las posibilidades y apoyos, siempre; pero no coartar su autonomía.

      No comprendo ese miedo a las libertades del individuo, a su autonomía…

      Un saludo.

      • Escalofriante y terrorifico como los programas Nazis para forzar la eutanasia obligatoria en niños enfermos o discapacitados, o en molestos grupos sociales a destruir.

        Todo basado en un principio: el interes o la conveniencia de la sociedad. Interes que logicamente siempre puede definir el que tiene el poder…

        Si escalofriante, estremecedor, horrible…

        • Buenas,

          Cierto, eso que comentas es escalofriante. Más escalofriante es equipararlo a la regularización de la eutanasia, con sus correspondientes comisiones de control y evaluación. Es estremecedor comparar un estado totalitario con un estado de Derecho. Por desgracia parece que vamos por ese camino hacia un estado totalitario con tantas imposiciones y prohibiciones. Horrible…

          Un saludo.

  11. Imaginemos -y no hace falta mucho esfuerzo- un estado totalitario bolivariano que somete a la población a un sufrimiento prolongado con hambre, desatencion médica, falta de libertad… pero va y te otorga un nuevo derecho, el derecho a la muerte. En realidad te está invitando que te quites de en medio. Mucho cuidado con crear estos nuevos derechos que nos llevan directamente al horror.

  12. Todos estos giliprogres harán bueno a Hitler, ya que por un lado con el aborto están perfeccionando la raza cargándose a los que vienen con taras genéticas o simplemente lo usan como método anticonceptivo de control demográfico junto al femininazismo rampante, pero es que ahora pretenden cargarse a los enfermos y ancianos con el único fin de hacer sostenible el colectivismo sanitario y la estafa de las pensiones de reparto, que es la columna vertebral del Estado clientelar del supuesto bienestar, pero es que para colmo de males pretenden llenar el país de musulmanes supuestamente paga pensiones, es decir una cosa lleva a la otra con el enfermizo estatismo, hasta que sobreviene el colpaso económico, la violencia y el caos.

    En tiempos así de autoritarismo y total corrupción moral pero sobre todo del pensamiento me gustaría vivir en el siglo XIX, donde el monstruo estatal no había crecido tanto y dejaban a la gente en más o menos en paz.

    • Hitler, aborto, feminazismo, musulmanes, estatismo, autoritarismo, corrupción moral…………ahí es nada, gracias por ilustrarnos con su visión de largo alcance, Libertad canaria.

  13. En primer lugar, creo que deben respetarse los criterios de cualquier persona que se enfrente al hecho de decidir sobre continuar viviendo en unas circunstancias muy difíciles de soportar. Por eso mismo, creo que debe respetarse el derecho de una persona a no seguir viviendo a cualquier costa. Me aterra quedar en manos de una decisión médica que puede estar influida por las creencias de los profesionales sanitarios o por motivos de gestión económica. Estoy absolutamente a favor de que sea respetado el derecho a no continuar luchando por prolongar la existencia, sobre todo si ha sido solicitado por el enfermo.

  14. “Las creencias individuales en relación a la sacralidad de la vida son por completo respetables, pero no se pueden imponer a toda la sociedad.”
    “Pues el derecho a morir no exige a nadie la obligación de ejercerlo. Por esa misma razón es un derecho.”
    “Llegar a vivir no es una elección; morir sí.”

    En primer lugar se está poniendo en duda la sacralidad de la vida al considerarla una creeencia. Si es sagrada es por la sencilla razón de que los humanos no crean la vida, son vida. Esto no es una creencia, es una constatación científica. Y lo que no se puede imponer es la creencia de que existe un derecho a la muerte. Si se asume que hay un derecho a la muerte siempre habrá alguien con más poder que tú que ejercerá el derecho a matarte por delegación. Así de brutal es el tema.
    Por otro lado es simplemente fantástico pensar que podemos elegir la muerte. Que se lo digan a las víctimas de atentados, por ejemplo.

    • Por ahí iba la 2ªparte de mi razonamiento, pero usted lo ha explicado mucho mejor.

      El Estado se quiere arrogar la postestad de ser Dios en esta nueva religión, un dios menor, ya que por ahora no puede crear vida, aunque esté en ello, y todas esas atrocidades legalizadas de los vientres de alquiler vayan por ahí, pero si al menos de quitarla. O bendecir que nos la podamos quitra; y si es con un empujoncito.. pues mejor.

    • Buenas, Catlo.

      No, no pongo en duda lo sagrado de la vida. Pongo en duda la imposición de una forma de sacralidad de la vida, que es una cuestión muy diferente. Es más, al final del artículo concluyo con lo que hace para mí sagrada la vida.
      Dices “Si se asume que hay un derecho a la muerte siempre habrá alguien con más poder que tú que ejercerá el derecho a matarte por delegación. Así de brutal es el tema. Así de brutal es tu simplismo y sensacionalismo. Francamente, no sé para que expongo, con apoyo de enlaces, las medidas que se llevan a cabo para cerciorarse de que no se dan abusos y/o coacciones a la hora de decidir libremente no seguir viviendo.

      Por otro lado, es simplemente fantástico incurrir en sensacionalismos baratos, en lugar de sumar opiniones críticas, razonadas y sosegadas.

      Un saludo.

  15. El problema Cuca, el problema de verdad, es que lo que hay detras del devate sobre la eutanasia es un problema económico, ligado a otro, un tema de Poder.

    1/ El económico. Que nunca se quiere mencionar, porque se parte del apriorismo, FALSO, de que el Estado y sus instituciones son buenas y velan por nosotros.

    La enfermedad, la crónica y la asociada a la vejez sale muy cara de tratar. Y total cómo se van a morir (cómo si fueran los únicos) pues nos los cargamos, decimos que han ido ellos por su propia decisión, y eso que nos ahorramos.

    Además están las pensiones, muchas de ellas ligadas a también a undesembolso público. Y se esa persona no vive eso que nos ahorramos.

    Y eso que he escrito y que me parece espantoso, está detrás de gran parte del debate del tema de la eutania.

    2/ Añadamos el tema del Poder.

    El Estado en que vivimos no es laico, porque nuestra religión (o la de algunos al menos, me temo que de manera creciente, presupongo que Cuaca y muchos de los que escriben no). En el fondo vivimos en una especie de cosa a lo musulman, donde los imanes son los altos funcionarios que deciden sobre vidas y haciendas.

    Y una manera de decidir sobre vidas, además de fomentando el aborto hasta niveles alucinantes (como asesinar los a los niños ya nacidos, como pasa en NY) es ser la “autoridad” que certifique que se pueda quitar la vida a los ya nacidos. Bien con la pena de muerte o con la eutansia.

    Eso en el subconsciente general pesa y mucho. Lo sabían muy bien los aztecas, nuestra inquisición o la de los calvinistas (que se le pregunten a Servet).

    Pero ninguno de estos dos apuntes que he señalado se verán jamás en debate sobre la eutanasia.

    Hay un libro excelente “Seducidos por la muerte” del Dr. Herbert Hending, que analiza muy bien el tema.

    le pongo un link y en otros posts unos cuantos mas acerca del libro:

    https://www.actuall.com/criterio/vida/seducidos-la-muerte/

    Un cordial saludo

    • Para ilustrar el tema recomiendo ver o revisar, según el caso, la excelente película japonesa de 1983 “La balada de Narayama”.

      • En efecto.

        Una manera mucho mas refinada, pese a su crueldad, de contar ciertas cosas que la de “Soylent Green”.

        Me parece que el futuro se parecerá muchoa mas a esta segunda que a la primera. Es lo que tiene la “civilización”.

    • Buenas, Pasmao con lo que no pasa.

      Tal y como he dicho en otros comentarios, este problema no es solamente de abuelos que ya les queda poco para morir. Es una realidad mayor y más compleja, con personas jóvenes y adultas que por las circunstancias que viven y padecen no tiene para ellos sentido seguir viviendo en esas condiciones. ¿Por qué negarles una opción? Mejor es obligarles a que sigan viviendo en un sin sentido según las creencias morales de los que se creen que tienen la verdad y la potestad para considerar lo que es o no aceptable, ¿no?

      Un saludo.

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