Siempre que un ingeniero habla con físicos, químicos y matemáticos le dicen que no sabe ni física, ni química y que no tiene ni idea de matemáticas, y no les falta razón, sin embargo, es precisamente él el único que, utilizando esas disciplinas, es capaz de diseñar y construir una turbina, una reductora o una estructura.

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Un físico domina los principios que rigen el comportamiento de los componentes fundamentales de la naturaleza, lo que le permite plantear las ecuaciones necesarias para predecir su comportamiento; un químico domina la composición, estructura y propiedades de la materia, así que es capaz de predecir los cambios que esta experimenta y, finalmente, un matemático domina las relaciones entre entidades abstractas, lo que le permite resolver las ecuaciones planteadas por el físico y el químico, sin embargo, ninguno de ellos es capaz de utilizar estos conocimientos para obtener un resultado real y concreto.

Por supuesto que el ingeniero tiene también buenos conocimientos de estas materias, los necesita para llevar a cabo su trabajo, pero tienen razón los que le reprochan que sus conocimientos teóricos son inferiores y que no utiliza correctamente sus principios, eso lo sabe el ingeniero porque utiliza versiones simplificadas y controladamente erróneas de estos principios con el fin de obtener un resultado razonablemente bueno con un esfuerzo razonablemente bajo, es decir, para obtener la mejor relación precisión-coste; así como también es capaz de solucionar los nuevos problemas que van a ir surgiendo, incluso aquellos relacionados con temas sobre los que no se ha teorizado. Así es como un ingeniero, con una comprensión reducida del concepto de entropía y unos conocimientos limitados sobre reacciones químicas y cálculo diferencial, es capaz de diseñar, construir y poner en marcha un motor de combustión interna altamente eficiente.

Un teórico tiende a pensar en términos de utopía, obviando los casos particulares, y ya conocemos los dramáticos efectos que esto tiene cuando se aplica a las ciencias sociales

De la misma manera, siendo los planteamientos teóricos imprescindibles en el liberalismo, un teórico no será nunca capaz de implantar un sistema liberal ya que ni tiene la capacidad de adaptarlo a las situaciones reales ni tiene previstas todas las posibles situaciones, muy complejas, que se van a ir generando durante su implantación; a esto hay que añadir que un teórico tiende a pensar en términos de utopía, obviando los casos particulares, y ya conocemos los dramáticos efectos que esto tiene cuando se aplica a las ciencias sociales.

Es necesaria, por lo tanto, la existencia de la figura del político liberal que haga el papel de “ingeniero”, es decir, que sin tener ese conocimiento experto sobre la teoría del liberalismo sea capaz de asumir esas ideas liberales y adaptarlas para hacer posible su implantación de una forma razonablemente buena en un contexto determinado, así como de utilizar sus fundamentos para solucionar los problemas que, inevitablemente, se irán produciendo durante el proceso.

Y es que estos teóricos tienden, a menudo, al integrismo en sus ideas, basadas en los textos de Rothbard, Mises, Hayek o Huerta de Soto, aunque eso haga imposible su implantación, lo que hace que sean precisamente los políticos liberales los que reciben sus mayores críticas.

En este sentido recuerdo una conversación con un teórico liberal en la que tachaba de falso liberal a un político que proponía una bajada en el tipo impositivo de los impuestos con el argumento de que, puesto que estos se obtienen por coacción, son todos inmorales y que la diferencia en el tipo impositivo es solamente una diferencia de grado, así, desde el punto de vista de este teórico, un tipo impositivo del 5 % es igual de dañino que un tipo del 95 %, y puesto que lo realmente importante es reducir la recaudación por parte del Estado este teórico prefería el tipo impositivo más alto. Como se puede ver el resultado es absurdo.

Otro ejemplo se puede encontrar en el principio liberal de una justicia privada, basada en el pago de indemnizaciones a los afectados de un delito que serían, a su vez, los únicos autorizados a denunciarlo, como la forma más eficaz de perseguir cualquier crimen incluyendo los asesinatos, sin embargo, el teórico obvia el caso particular de que sean precisamente los receptores de la posible indemnización los que cometan el crimen, con lo cual este no sólo quedaría sin reparación sino que quedaría sin denuncia.

¿Y qué me dicen de la polémica sobre el PIN parental? Toda la teoría liberal relacionada con la libertad educativa y el homeschooling se desmonta cuando un partido lo propone y los teóricos del liberalismo recurren a mil vericuetos para no apoyar la medida, llegando al extremo de proponer que lo auténticamente liberal es que esta medida afecte a todas las asignaturas, incluyendo a las matemáticas y a la geografía, y que han de ser los propios niños los que decidan a que clases, conferencias y talleres van a asistir.

Es precisamente por motivos como estos por lo que son necesarios los políticos liberales que, utilizando la teoría como guía, la adapten de forma que sea aplicable en un entorno y en una situación concreta y que puedan ir solucionando, sobre la marcha, los problemas que esta implantación genere.

Ya saben, lo perfecto es el enemigo de lo bueno.

Foto: Levan Ramishvili


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Jorge Asiain
Soy Ingeniero Mecánico con un Máster en Automoción y un MBA, actualmente estoy embarcado en la aventura del doctorado. Realizo proyectos que aumentan el valor de los activos físicos de las organizaciones y me divierto como profesor de Ingeniería Mecánica en una escuela de ingenieros. Ejerzo de liberal austriaco, teoría que considero que llega más allá del pensamiento económico.