Ante una tumba y en el tono solemne de la nada, estilo Zapatero, (la nada de Rajoy al menos no tenía solemnidad) Sánchez declara:

“La Constitución restauró los valores de la República de Azaña”

La Constitución, no refrendada, del 1931 era un monumento de la exclusión de la mitad católica de España. Arts. 26 y 27. La Constitución de 1978 es plenamente inclusiva.

Azaña y demás republicanos entendían que la Constitución de 1931 era la Biblia: intocable.

Una mayoría de derechas ganó las elecciones de 1933 con el programa de reformar legalmente los aspectos más sectarios y excluyentes de la República. La izquierda dio un golpe de Estado para impedirlo en 1934, y Alcalá Zamora y Azaña se encargaron de adelantar unas elecciones en un clima de tensión insoportable, para después hacer trampas con el resultado de febrero de 1936.

Un amplio alzamiento militar que, en el siglo XIX y en 1923 motivaba una retirada del gobierno, Azaña y la izquierda lo convirtieron en una guerra civil.

A diferencia de Alfonso XIII, que se retiró antes de derramar una sola gota de sangre, Azaña prefirió mantenerse en un poder teórico, tres años, mientras la fuerza real, que no controlaba, estaba en la calle.

¿Se puede uno imaginar un desastre mayor para España que un político como Azaña?

Foto: Thomas de Just


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Guillermo Gortázar
Nací en Vitoria en 1951. Estudios en San Sebastián, Madrid y en La Jolla, California. He sido “político” cuatro años contra el franquismo por las libertades, entre 1972 y 1975. Licenciado en derecho y Dr. en historia. Después de quince años en los que trabajé en banca, enseñanza media y universidad, retorné a la actividad política en 1990: fui diputado en tres legislaturas, hasta mi dimisión en 2001; inmediatamente después, volví a mi plaza de profesor de historia en la Universidad. El cesarismo en el PP y el nulo o escaso debate político terminaron por convencerme que aquello (esto) no terminaría bien. He dedicado buena parte de mi obra reciente a criticar la deriva partitocrática que, a mi juicio, es la base de la crisis política española. Para ampliar estos puntos de vista, publico un blog diario. Sugiero consultar libros y publicaciones en mi página web personal. 

4 COMENTARIOS

  1. El problema de aquella república sectaria, creo que no se ha ponderado suficientemente al presidente Niceto “Rajoy”-Zamora. Hay un párrafo en el libro de Stanley Paine “En defensa de España” (creo recordar), en que la guerra civil pudo haberse evitado, si ese cobarde e irresponsable presidente, no hubiese adelantado las elecciones. Al gobierno Radical-CEDA, le quedaban dos años por delante. El empeño en boicotear a la mayoría de Niceto Alcalá-Zamora después de la dimisión de Alejandro Lerroux, precipitó una tragedia evitable. En efecto el centro derecha si fue capaz de enfrentarse con la ley en la mano y con autoridad sobrada a los intentos revolucionarios del PSOE y ERC en la generalidad. En dos años por delante, que quedaban, podría haber pacificado el país. Pero el miedo de Niceto a la izquierda precipitó una tragedia. Él fue el principal culpable. Stanley Payne hace un juicio histórico acertado.
    La guerra fue un enfrentamiento entre el conservadurismo católico y la masonería. Parecido a lo de México en la guerra “cristera”. Allá ganó la masonería, ya que el bando católico fue traicionado por la iglesia Católica. España ganó el bando católico.

  2. Hasta yo estoy sorprendido de un repaso, entendible, sintético e incorrecto, de la República y de Azaña en 217 palabras. Debe ser porque he pensado mucho en este tema.

  3. Excelente “adquisición” de DISIDENTIA! Perfil biográfico muy interesante y variado, lejos del academicismo. Es importante que los autores tengan experiencia más allá de la Universidad o la Función Pública.

    Sorprende, de forma muy grata, la brevedad de la columna, 217 palabras, ni siquiera 300.

    Lo breve si bueno…, en estas épocas “empacho digital”.

    Sí. Todo lo que no se pueda decir en 300 palabras no merece la pena ser dicho…Nadies se ofenda. Comprendo que sean necesarias columnas de mayor extensión. Otro asunto es que el lector no se salte algo, en esta pseudolectura a saltos que hemos desarrollado (hemos perdido nuestras tradicionales habilidades de lectura, por culpa de la urgencia de la internet!).

    El autor ha comprendido bien el formato digital, y hasta qué punto están saturados (abrumados) los potenciales lectores.

    Manuel Azaña, ese hombre tan sobrevalorado. Y por cierto: no veo por ningún lado la supuesta calidad de su prosa. No pude acabar sus “Memorias”. Me aburrí.

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