Afirmaba Arturo Pérez-Reverte que “el español es un ser humano muy peligroso”, que “somos parte de la enfermedad de este país”. Y añadía admonitorio: “He visto lugares civilizados, que parecían oasis de paz como Líbano o los Balcanes, y que en poco tiempo se vuelven peligrosos. Por eso es importante la responsabilidad de los políticos”, pero “¿quién va a reconstruir luego el Estado? ¿Políticos como Casado, Rivera, Echenique, Iglesias, Monedero, Torra o Abascal? No me toques las narices. No saben de lo que están hablando”.

Más de una década después del estallido de la Gran recesión parece que volvemos (o acaso nunca salimos de ahí) a ese esencialismo fatalista con el que se pretende justificar una supuesta maldición española. Se trata de una visión romántica de la historia, con el drama y la tragedia como hilo argumental, que dotaría de sentido a cada acontecimiento incorporándolo a un relato lineal, contundente, inapelable. Así, lo que sucedió hace cincuenta años o quinientos, da igual la cantidad, define lo que somos, como si los sucesos fueran cápsulas del tiempo de las que no es posible escapar. Es la traslación de la idea de La tabla rasa de Steven Pinker al Estado nación.

Sin embargo, la traumática experiencia de la Gran recesión, con la emergencia posterior de lo que se ha dado en llamar populismo y, en el caso español, el secesionismo catalán, no son sucesos determinados por la historia, sino por cadenas de errores, casualidades, omisiones e intereses de corto plazo. Tampoco la dinámica de “buenos” contra “malos”, de ilustrados contra reaccionarios, de cosmopolitas contra nacionalistas arroja demasiada luz. Hay detrás algo intrínsecamente ineficiente, un problema de fondo que poco tiene que ver con esa visión esencialista, y para el que existiría otra explicación más racional que la España maldita.

En un “Estado natural” todo es susceptible de convertirse en un recurso, renta o privilegio con el que comprar apoyos y voluntades

Al fin y al cabo, si la función del Estado es hacer cumplir los derechos de propiedad y, mediante el monopolio de la coerción, maximizar el rendimiento de los impuestos y redistribuir la riqueza, los gobernantes, movidos por su propio interés, en vez de propiciar la corrupción y el desaforamiento de la política, deberían haber incentivado una sociedad más abierta y competitiva, eliminando las barreras de entrada a la economía y a la política, ya que al hacerlo habrían obtenido un pastel mucho mayor. Sin embargo, en muchos aspectos se ha avanzado en la dirección contraria, ¿por qué?

Para comprender este mal funcionamiento y su relación con la estructura de poder de una comunidad nacional, Douglas C. North, en la que es su obra a mi juicio más interesante, Violencia y órdenes sociales (2009), diferencia entre dos modelos de Estado: el Estado antiguo o “Estado natural” (definición que nada tiene que ver con esa otra filosófica de Thomas Hobbes) o “sistema de acceso restringido”, que surge hace 10.000 años con la primera revolución económica, y el Estado moderno o “sistema de libre acceso”, que surge a partir de 1700 con la segunda revolución económica.

El primero, el Estado antiguo o “Estado natural”, aunque supuso la especialización económica y la creación de una clase gobernante más sofisticada, restringía el acceso al sistema político, económico y religioso. Mientras que el segundo, el Estado moderno eliminó las barreras de entrada a la política y a la economía, y suprimió los privilegios que favorecían a las elites políticas, económicas y religiosas.

Para ambos modelos de Estado la tarea principal es asegurar su propia supervivencia, de ahí que el Estado natural y el Estado moderno proporcionen un necesario orden social. Sin embargo, mientras que el primero apuesta por el libre acceso a la política y a la economía para asegurar la estabilidad y la prosperidad, el Estado natural hace justo lo contrario: limita el acceso al sistema político y restringe la economía. ¿Por qué razón actúa al revés? Pues porque de esta forma las rentas no competitivas generadas por las barreras de entrada pueden ser utilizadas por la coalición gobernante para establecer y asegurar compromisos creíbles entre los grupos que conforman el poder, evitando que estos se enfrenten entre sí, ya que las rentas de que disfrutan están supeditadas a la continuidad del modelo establecido.

Así, en el Estado natural primero se limita la competencia económica para crear y detraer rentas no competitivas, y luego se usan esas rentas para comprometer el apoyo de los grupos de poder. Este recurso, si bien garantiza la supervivencia del Estado, reduce el sistema económico a una mera herramienta con la que la coalición gobernante se perpetúa adjudicando rentas y derechos discrecionalmente en favor de unas minorías, lo que conlleva la concentración del poder económico-financiero.

Cuando North se refiere a la“coalición gobernante” hay que entender su definición en un sentido amplio que trasciende meros gobiernos o agrupaciones políticas concretas. Así, en el caso de España, esta coalición gobernante habría estado compuesta de manera formal por la Corona, los dos grandes partidos, los partidos nacionalistas y los llamados “agentes sociales” (fundamentalmente sindicatos y patronal); y de manera informal, por una reducida élite, u oligarquías, que controla los medios de información, las organizaciones políticas, las finanzas y los grandes negocios. De ahí que una de las características del modelo español sea la inexistente separación entre lo público y lo privado, pues en un Estado natural todo es susceptible de convertirse en un recurso, renta o privilegio con el que comprar apoyos y voluntades.

No hay más que repasar las rentas no competitivas y privilegios obtenidos durante las últimas décadas por los agentes enumerados anteriormente, y otros de nuevo cuño, para comprobar que, en efecto, España se asemeja más a un Estado natural, incompatible con la sociedad abierta y la plena prosperidad económica, que a un sistema de libre acceso. Es decir, nuestro Estado es en muchos aspectos un Estado natural y no un Estado moderno.

Mientras los partidos no cambien, los españoles aguardarán la llegada de una democracia plena como los cristianos aguardan la parusía

Este proceso de concentración del poder ha sido la consecuencia del modelo consagrado por la Transición, el cual, partiendo de la provisionalidad y, en la práctica, carente de controles y contrapesos, incentivó las relaciones personales (favoritismo, prebenda, privilegio) y desincentivó las impersonales (competencia, mérito, esfuerzo), lo que ha socavado la democracia (libre acceso a la política) y neutralizado la libre competencia (libre acceso a la economía). De ahí que, en lo político, los derechos hayan sido reemplazados por privilegios; y que, en lo económico, la escasa competencia limite la prosperidad.

No se trata de deslegitimar la Transición, tampoco la actual Constitución, lo que resultaría muy conveniente para unos supremacistas a los que, precisamente, les conviene y mucho la visión esencialista de la España maldita. Se trata de reconocer que lo que fue el único punto de partida posible, debió tener un carácter provisional y no permanente. La idea de crear partidos políticos fuertes, con suficiente poder para que la transición de la dictadura a la apertura democrática no descarrilara, tuvo su razón de ser en el pasado, pero hoy se ha convertido en el talón de Aquiles del sistema. Mientras los partidos no cambien, los españoles aguardarán la llegada de una democracia plena como los cristianos aguardan la parusía.

En lo que sí tiene razón Pérez-Reverte es que nuestros líderes políticos no parecen estar en disposición de dar la vuelta a España como si fuera un calcetín. Pero es comprensible, cuanto más se estrecha el margen de la prosperidad, con más intensidad se lucha no por cambiar el sistema, sino por colocarse o mantenerse en él. Además, la lógica del modelo y sus conflictos de intereses les impide asumir que la solución no consiste en una serie de reformas aleatorias (por pertinentes que parezcan), ni siquiera en un proceso de reformas incremental. Cuando las inercias son tan poderosas, revertirlas solo es posible mediante un big-bang reformista, un plan de choque lo suficientemente intenso y creíble como para superar las resistencias y transitar a un modelo de libre acceso en un corto espacio de tiempo. Eso, y no otra cosa, es lo que nos enseña la historia.

Imagen: Muertos de rocroi, de Augusto Ferrer-Dalmau


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8 COMENTARIOS

  1. “Afirmaba Arturo Pérez-Reverte que “el español es un ser humano muy peligroso”, que “somos parte de la enfermedad de este país”. Y añadía admonitorio: “He visto lugares civilizados, que parecían oasis de paz como Líbano o los Balcanes, y que en poco tiempo se vuelven peligrosos. Por eso es importante la responsabilidad de los políticos”, pero “¿quién va a reconstruir luego el Estado? ¿Políticos como Casado, Rivera, Echenique, Iglesias, Monedero, Torra o Abascal? No me toques las narices. No saben de lo que están hablando”.

    Pues sí, Javier, parece que volvemos a ese esencialismo fatalista con el que se pretende justificar la llamada “maldición española”. Aunque, por fortuna, no tengamos el patrimonio de ese fatalismo, que es algo más generalizado y universal de lo que creemos y forma parte del adn de todos los pueblos, en las distintas épocas y en los distintos contextos históricos y sociales. Numerosos intelectuales, filósofos y pensadores han proyectado con demasiada frecuencia un planteamiento fatalista o pesimista de la existencia humana. El filósofo Schopenhauer, vacunado contra ese contagioso fatalismo o pesimismo crónico, ya escribía con sarcasmo hace más de dos siglos:

    “Si cada deseo fuera satisfecho tan pronto como surgiese, ¿cómo ocuparían los hombres su vida o cómo pasarían el tiempo? imagínense nuestra raza transportada a Utopía, donde todo crece por sí solo y los pavos vuelan ya asados, donde los enamorados se encuentran sin retraso y se mantienen unidos sin dificultad. En semejante lugar, unos hombres morirían de aburrimiento o se ahorcarían, otros pelearían y se matarían entre ellos. Al final, estos hombres se inflingirían unos a otros incluso más sufrimiento del que la naturaleza les inflinge en este mundo”.

  2. Interesante la explicación de Estado natural frente a Estado moderno. Sí, tal vez estemos más cerca del natural aunque siempre digo que somos una mezcla de sociedad tribal dentro de una formación estatal más amplia y necesaria para administrar los recursos tanto materiales como humanos de un territorio que abarca todo el espacio de esas tribus . Dentro de formación estatal hay grupos privilegiados que dominan y se benefician de la producción de todo el territorio y para mantener las tribus en paz pues ceden parte de la gestión de los recursos y así intentan mantener la calma en todo el territorio estatal mientras la ciudadanía, de unas y otras tribus está obligada a contribuir al mantenimiento de todo el dispendio llevado a cabo por los grupos privilegiados estatales y los grupos privilegiados tribales.

    Somos un mundo aparte.

    En cuanto al eterno regreso de la llamada maldición española, ya se ocupan esos grupos privilegiados de comer el coco a la ciudadanía para que se consideren malditos y siempre tengan que estar doblegados y sometidos al poder.
    Aquí eso de insuflar estímulos de fuerza, orgullo ,no se lleva no vaya a ser el demonio que los primeros que terminen de patitas en la calle sean todos esos grupos privilegiados que a lo único que se dedican es a complicarnos la vida

  3. El articulo se ilustra con un fragmento de La batallase Rocroi, de Augusto Ferrer Dalmau, el pintor de batallas contemporáneo. Quizás esa primera derrota de los tercios, el ejercito invencible que domino Europa durante mas de cien años provocó junto a los débiles reinados del Imperio, el principio de la decadencia.
    Apesar de que el ejercito imperial esta formado por muchas nacionalidades, la propaganda francesa fue efectiva.
    Los españoles dejaron de creer en ellos mismos y cualquier victoria posterior paso casi sin pena ni gloria mientras las derrotas se iban añadiendo al debe. Hasta llegar a Annual y la Guerra Civil, pasando por Cuba, Puerto Rico, Filipinas, y un siglo xix desastroso.

    El gran éxito de la leyenda negra, fomentada por los enemigos del imperio protestantes fue hacer que se la creyeran los mismos españoles. Hasta hoy y sólo refutada por intelectuales como Elvira Roca muy recientemente.

    El sentimiento trágico, el aislamiento, el dogmatismo religioso junto con el cainismo y el cantonalismo locales hicieron que la caída se eternizase. Los españoles llevan demasiado tiempo mirándose el ombligo obviando los desastres de los demás, rápidamente olvidados por sus sociedades.

    No se explica el guerracivilismo eterno de la izquierda española. Quizás parle centenario se calme algo el ardor revanchista ahora que prácticamente no quedan supervivientes. Tampoco se explica la proyección permanente de una imagen de España reaccionaria y atrasada vs una periferia ilustrada e industrializada como intentar vender los separatistas en su enorme fake sin la colaboración del centro del país.

    El pais ha intentado eternamente el regeneracionismo sin conseguirlo porque en el fondo se cree la maldicion española. Esa mezcla de romanticismo de las brigadas internacionales, atraso secular en la ciencia e industrialización, esa vuelta permanente a los caciques locales.

    El intento de fortificar la Nación española siempre han contado con enemigos dentro y fuera. Cuantos de nuestros jovenes han leído alguno de los Episodios Nacionales de don Benito Perez Galdos?
    Que saben de la Constitución de Cádiz y de los intentos fallidos de modernizar el pais?

    Lo curioso del caso es que los demás países tiene incluso episodios peores a los nuestros, pero los ignoran.
    Ellos fueron capaces de crear una aristocracia ilustrada y una burguesía emprendedora.
    En el fondo ese ha sido nuestro pecado al carecer de ambas hasta hace nada.

    Lo que se llama la sociedad civil es aquí muy tierna e incapaz de pedir explicaciones a los gobernantes o exigir sus derechos. La partitocracia ha sido un fraude al igual que el montaje sindical: parte de la corrupción del sistema.

    Ahora que gracias a la segunda parte del XX y el desarrollo económico tenemos una masa importante con buena formación y nivel de vida debería ser todo mas fácil, pero no lo es.

    Generamos emigrantes de lujo porque aqui no hay quien viva.
    Demasiado vividor controla y regula todo tipo de actividad fomentando el capitalismo de amiguitos y la mafia política.Ese fracaso se muestra en un 16% de paro infinito.
    En lugar de luchar se delego en los partidos la representación social abocándola al fracaso..
    Mucho peor que los 70, el fracaso político ha llevado a la frustración social:paro y clases medias destruidas.

    Quizás por eso hablamos hoy de la maldicion española.
    Esta maldicion de una clase política corrupta que persiste dese hace demasiado tiempo.

    • “sólo refutada por intelectuales como Elvira Roca muy recientemente.”
      Bueno esto no es exacto, Julián Juderías ya la refutó en su magnífico libro titulado precisamente “La Leyenda Negra Española” publicado durante la Primera Guerra Mundial. Ha habido muchos autores que han combatido la leyenda negra, empezando por Don Francisco de Quevedo en su “España Defendida”. La aceptación de la leyenda negra por la élite política y cultural española tiene lugar en el siglo XIX y sobre todo a raíz del desastre del 98.

      • Tiene ud razon aunque la “defensa” se basaba en la oposicion de valores no en la refutacion de informaciones.

        Catolicismo vs protestantismo y justificaciónes irracionales…como la extensión de la fe como principio de motivacion versus el comercio y la generacion de riqueza anglosajones. El libre mercado como no deseable y la Inquisición como forma de limpieza ideológica extendida hasta el mismo siglo XIX.

        “no hemos venido a luchar contra los elementos….”

        Incluso en nuestra caida que antes que militar fue social y economica, hemos tenido a gente inteligente bajando a los infiernos, como Unamuno:

        “Que inventen ellos”

        Frase que resume la decadencia de una sociedad.

        En ese sustrato llevan siglos cebándose los seguidores de la leyenda y intentando convencer a los mismos españoles de que son unos fracasados.

        • “Catolicismo vs protestantismo y justificaciónes irracionales…como la extensión de la fe como principio de motivacion versus el comercio y la generacion de riqueza anglosajones. El libre mercado como no deseable y la Inquisición como forma de limpieza ideológica extendida hasta el mismo siglo XIX.”
          Pues en este párrafo hay mucho de leyenda negro. ¿Acaso los españoles no generaron riqueza y comercio en América y el Pacífico? ¿Qué era el Galeón de Manila? y ¿Las Flotas de Indias? ¿No era comercio? ¿La Inquisición como forma de limpieza ideológica? ideológica de qué. Pero si la Inquisición fue eso, lo mismo ocurría en todo el mundo occidental, así que. En fin.

  4. Todo Estado tiende a ese orden natural oligárquico que podríamos definir como mafioso, aquí y en Dinamarca además de que el Estado moderno es justamente esto, un mamotreto con sus grandes ministerios de planificación, banco central, servicios sociales, millones de funcionariovagos, partidos políticos y clientelas parasitarias por doquier, todo ello pagado por millones de esclavos económicos llamados contribuyentes.

    Así que Javier esa idea de que hay un Estado bueno y uno malo es ridícula, el Estado siempre será un monstruo malvado y es que ni siquiera en EEUU ha funcionado el tinglado con los dichosos contrapesos, ya que si miramos el gasto público de cualquier país del mundo veremos que cada vez le quitan más a los que producen, inclusive hasta en la democrática Suiza el monstruo ya le rapiña el 34% del PIB a la sociedad civil y si no fuera por el aumento vertiginoso de la productividad gracias a la automatización e industrialización que ha abaratado todo, hoy seríamos muy pobres ya que la mitad del salario sería para sobrevivir y la otra mitad para el Estado.

    Por otro lado está más que demostrado que siempre habrán listillos o mediocres que se quieran aprovechar de la coacción del Estado para su propio beneficio, sobre todo esos que saben muy bien vender paraísos del bienestar y que al final de cuentas sólo están en sus grandes mansiones pagadas por los idiotas que les votan, así que es momento de dejar de adorar tanto al maldito estatismo y plantear soluciones en el sentido opuesto, que eviten que ese monstruo que no para de crecer nos termine devorando como tantas veces ya ha pasado y sigue pasando, ya que de seguir por donde vamos la clase media desaparecerá y la redistribución de la miseria llegará.

  5. buenos días Don Javier

    “Cuando las inercias son tan poderosas, revertirlas solo es posible mediante un big-bang reformista, un plan de choque lo suficientemente intenso y creíble como para superar las resistencias y transitar a un modelo de libre acceso en un corto espacio de tiempo. Eso, y no otra cosa, es lo que nos enseña la historia.”

    Precisamente por eso una intervención a sangre y fuego, desde la UE, bien en las primaveras del 2010 o del 2012 nos ahbría sentado tan bien.

    En el caso del 2012 con la “ventaja” añadida de un gobierno que si lo hubiera querido podría haber aplicado esas reformas a fondo y sin anestesia. Y esa oportunidad perdida es la que inhabilita al PP para nada que no sea desaparecer y rapidito.

    Porque para eso se le votó. Por una vez que se vota de manera decente, para someterse a una vedadera dieta de estatismo, en un verdadero ejercicio de responsabilidad popular, nos salió lo que nos salió.

    Un saludo