El pasado 26 de abril, asistí a la I Jornada de Mujer y Criminología que celebró el Colegio Profesional de Criminología de la Comunidad de Madrid (CPCM), cuyo objetivo fue difundir y explorar los múltiples roles de la mujer en torno a la criminalidad: víctima, victimaria, criminóloga y profesiones afines a la criminología.

Con un enfoque holístico como vehículo, acercaron a los asistentes los diferentes papeles de la mujer en las ciencias criminológicas. Para ello, contaron con diferentes mujeres reconocidas profesionalmente, tanto criminólogas como juristas, policías y periodistas especializadas en sucesos. Una jornada inaugurada por Paula Gómez-Angulo Amorós (Directora General de la Mujer de la Comunidad de Madrid), Concepción Burgos (Rectora de la Universidad a Distancia de Madrid – UDIMA) y el decano del CPCM, Ángel García Collantes.

La mujer como víctima de la actividad delictiva

En la primera mesa redonda se abordó el papel de la mujer como víctima. Para ello, Menchu Bernal (criminóloga) habló de la mujer como víctima de delitos violentos y, por lo tanto, de la necesidad de poner en marcha la autopsia criminológica y la criminodinámica. Una rama de la criminología que se encarga de buscar la explicación de los comportamientos antisociales, es decir, de los procesos dados para llegar a una conducta antisocial y violenta. Pensad en esos actos disruptivos caracterizados por hostilidad y agresión hacia los demás. Algunos de esos comportamientos incluyen transgredir las reglas sociales, desafiar a la autoridad, engañar o manipular, entre otros, y se pueden identificar en niños de hasta tres o cuatro años de edad. Menchu nos mostró tres factores de vulnerabilidad claves para que la mujer sea víctima de delitos violentos: ser en base a otro (conocido como “ser la costilla de Adán”), los estereotipos y los factores endógenos (genéticos, hormonales, circunstanciales, temperamento, etc).

La peor violencia es la ciega en cuanto a las víctimas, pero también en cuanto a su autor. Por ello, tenemos que ir más allá de nuestro concepto de lo aceptable y cómodo para cuestionar las ideas y creencias en torno a la violencia

Posteriormente, Laura Gómez (criminóloga) explicó el proceso de desvictimización en la mujer. “Un proceso y un derecho victimal por el cual se extienden los mecanismo y variables necesarias para la recuperación global”, tal y como explicó. Además, incidió en la necesitad de comprender que hay tantos procesos de desvictimización como personas víctimas. El objetivo de este proceso no es otro que impedir que la víctima se estanque en una victimización crónica y sufra una parálisis vital. Sin duda alguna, esto limitaría también el uso instrumental de las víctimas, así como disminuiría quienes se dejan llevar por el victimismo.

Cerró esta primera mesa Susana Laguna (psicóloga y criminóloga) con unas propuestas criminológicas de prevención en violencia de género. Antes de entrar en materia, recordó que hay mujeres víctimas de otros delitos que no son visibles, como las mujeres víctimas de siniestros viales (282) o víctimas de explotación sexual (577), tal y como recogen los balances del CITCO de 2017. Posteriormente, repasó el Pacto de Estado en materia de violencia de género, insistiendo que es vital individualizar cada caso, tanto para evaluar y tratar al agresor como para proteger a la víctima.

La mujer como agente de la actividad criminal

La segunda mesa redonda versó sobre el papel criminal de la mujer. Para ello, Beatriz de Vicente (abogada y criminóloga), con su ponencia “Donna Delinquente”, nos mostró un análisis criminológico de las mujeres letales. Incidió en un punto clave sobre este tipo de mujeres y es que, en el rol criminal, la mujer tiene una idiosincrasia particular: el 70% de los filicidios y el 95% de los neonaticidios los cometen las mujeres. Aunque también nos recordó que no siempre matar es lo peor, refiriéndose a los maltratos y acciones negligentes y de omisión que pueden dar lugar a que esos niños presenten problemas antisociales. Explicó que las mujeres matamos a gente conocida y en el ámbito familiar, tal y como recoge el Informe sobre el Homicidio en España. Además, explicó los tipos de mujeres filicidas, desde las más conocidas como es el síndrome de Medea (asesinato por venganza) o el altruista, hasta los más complejos como es el filicidio compartido en las redes sociales, los secuestros fetales (secuestro de un nonato por medio de una extracción coercitiva del vientre materno en una macabra réplica, primitiva y brutal, de un procedimiento de cesárea) o el síndrome de Munchausen por poderes. Un dato relevante que compartió fue que con la entrada del cristianismo descendieron los filicidios y neonaticidios, aunque en los países desarrollados la primera causa de muerte infantil sigue siendo el filicidio. El dato más interesante, a mi ver, fue cuando habló del síndrome de la mala madre: esas madres o figuras maternas (tías, abuelas, hermanas) negligentes por acción u omisión y, a veces, maltratadoras, que “matan” al niño dando lugar a que “nazca” el monstruo (Ted Bundy, Ed Kemper o BTK).

A continuación, Paz Velasco (jurista y criminóloga) explicó las tipologías de la mujer homicida, haciendo entender que, a nivel criminológico, mientras que los hombres salen a cazar las mujeres son recolectoras o instrumentales. Recordó que las mujeres matan con menos frecuencia que los hombres, pero sus métodos pueden ser igual de crueles. De los rasgos característicos de las mujeres homicidas, cabe destacar que la media de edad de estas criminales se sitúa a partir de los 33 años, el 50% de ellas contó con la colaboración de un cómplice masculino, el motivo fundamental por el que asesinan es el lucro (75% de la muestra) y el método más empleado (casi el 50%) es el envenenamiento. También incidió en la necesidad de conocer a sus víctimas para comprender sus modos operandi y motivaciones. Pues las víctimas preferentemente son personas con una baja capacidad de defensa como niños, ancianos o personas enfermas que necesitan cuidados o bien aquellas personas que confían plenamente en ellas debido a la existencia de una relación sentimental, familiar o de amistad, de modo que en la mayoría de los casos las asesinas conocen a las víctimas. Así, nos encontramos con mujeres que bien matan solas, bien en compañía de su pareja (Valmae Beck y Barrie Watts) o de otras mujeres (Toni Lawrence y Melinda Loveless).

Para terminar esta mesa, Sara Blanco (jefa de servicio de penas y medidas alternativas – SGIIPP) mostró una realidad poco conocida: la mujer en prisión. Explicó que de los 59.230 prisioneros en España, el 7,4% son mujeres y solo hay 4 centros para mujeres, lo que conlleva problemas para su reinserción por la distancia de su entorno familiar y social de origen. Además, el 23% son extranjeras y los delitos que suelen cometer son de índole económica (robos, hurtos) y contra la salud pública (“muleras”). Suelen provenir de familias desestructuradas y con familiares dependientes, lo que genera en ellas un estado de ansiedad aumentado al ingresar en prisión, por el “abandono” del nicho familiar. A su vez, todo ello suma para que estando en prisión sean activas y hagan uso de la condena para formarse y desarrollarse, aumentando la capacidad de reinserción y disminuyendo la posibilidad de reincidir.

Mujer como profesional de la criminología

Fátima Llambrich (periodista y criminóloga) explicó el papel de la criminología en la crónica policial. Comentó que la inseguridad ciudadana es utilizada tanto por la política, para captar votos, como por los medios de comunicación, para obtener espectadores/lectores. Destacando la importancia de la veracidad a la hora de informar y dejar a un lado los sensacionalismos. Algo que brilla por su ausencia habitualmente, pues los medios se encuentran en una guerra de clicks, en la que cuanto antes se actualice las noticias, y resulten menos contrastadas, se obtienen más clicks y, por tanto, más ingresos publicitarios.

Continuó Virgília Pires (criminóloga y analista de inteligencia) hablando del rol de la criminología en las empresas privadas de inteligencia, seguridad e investigación en España. Sin olvidar puntualizar que también es necesario que la Administración Pública haga un hueco a la criminología. Puso múltiples ejemplos de desarrollo profesional que podría llevar a cabo los criminólogos, tanto en el sector público (políticas de seguridad, juntas de tratamientos de cárceles, etc) como en el privado (compliance, estadísticas, seguridad, etc).

Para terminar, Zaida Medina (criminóloga y Guardia Civil) nos detalló el funcionamiento de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo (SACD), donde ella trabaja, y la necesidad de incorporar más criminólogos a la sección (actualmente solo hay 2).

Mujeres de profesiones afines a la criminología

Para terminar, la última mesa versó sobre otras profesiones relacionadas con la criminología. Eva Serrano (presidenta de la Asociación Española de Mujeres Empresarias) habló sobre las posibilidades de emprender desde la criminología, incidiendo en la mediación penal y la pedagogía (diseño de protocolos de prevención en materia de acoso escolar). A continuación, Esther Morales (magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid) habló del “techo de cristal” en el Poder Judicial. Para ello utilizó el último informe del CGPJ sobre la carrera judicial y resaltó que las mujeres son mayoría, pues de los más de 5400 jueces, el 53,9% son mujeres, siendo mayoría cuando están comprendidas entre los 20 y 40 años de edad. Posteriormente a esa edad, desciende vertiginosamente el número de mujeres que se encuentran en el Tribunal Supremo. Ahora bien, habría que preguntarse si ese descenso se debe a cuestiones “machistas”, clasistas o de poder o más bien se debe a otros factores no analizados. Por último, Laura Lobato (criminóloga y policía nacional – ciberseguridad) nos ofreció una ponencia sobre la criminología y la investigación. Habló de la casi ausencia de estudios sobre cibercriminalidad. No obstante, a la vista de su experiencia y de la bibliografía al respecto, nos detalló cómo en la actualidad funcionan los cibercriminales. Personas motivadas que encuentran en Internet a las víctimas apropiadas y dándose, además, una ausencia de control social. Así, los “trolls”, personas con rasgos maquiavélicos, narcisistas y psicopáticos, actúan casi con total impunidad.

Somos personas que trabajamos con personas

Fueron unas ponencias sumamente interesantes y para ser la primera jornada sobre la mujer y la criminología fue un éxito. Es cierto que se hace necesario mostrar una visión holística y multidisciplinar para comprender por qué nos comportamos cómo nos comportamos. Se necesitan de todas las ciencias y disciplinas para entender los factores y mecanismos que llevan a que una mujer sea víctima y/o victimaria. Tal y como dijo Susana Laguna, ofrecieron un escenario único de conocimiento y debate, donde compartir experiencias, cambiar o crear opiniones, celebrar trayectorias, descubrir nuevos talentos y analizar tendencias que den visibilidad a la Criminología y nos ayuden a aumentar las cotas de empleabilidad en el sector.

Sin duda, la peor violencia es la ciega en cuanto a las víctimas, pero también en cuanto a su autor. Por ello, tenemos que ir más allá de nuestro concepto de lo aceptable y cómodo para cuestionar las ideas y creencias en torno a la violencia. Pues es un problema complejo, relacionado con esquemas de pensamiento y comportamiento, conformados por multitud de fuerzas en el seno de nuestras familias y comunidades. En definitiva, se trata de difundir una mirada con un prisma de 360 grados de la mujer en el mundo criminológico como víctima, victimaria y criminóloga. Pero para ello también es vital visibilizar y reconocer al hombre, no solo como victimario, sino sobre todo como víctima. Espero que próximamente el CPCM diseñe la I Jornada del Hombre y la Criminología.

Foto: Sofia Sforza


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Soy Cuca, para las cuestiones oficiales me llaman María de los Ángeles. Vine a este mundo en 1986 y mi corazón está dividido entre Madrid y Asturias. Dicen que soy un poco descarada, joven pero clásica, unas veces habla mi niña interior y otras una engreída con corazón. Abogo por una nueva Ilustración Evolucionista, pues son dos conceptos que me gustan mucho, cuanto más si van juntos. Diplomada en enfermería, llevo algo más de una década dedicada a la enfermería de urgencias. Mi profesión la he ido compaginando con la docencia y con diversos estudios. Entre ellos, me especialicé en la Psicología legal y forense, con la que realicé un estudio sobre La violencia más allá del género. He tenido la oportunidad de ir a Euromind (foro de encuentros sobre ciencia y humanismo en el Parlamento Europeo), donde he asistido a los encuentros «Mujeres fuertes, hombres débiles», «Understanding Intimate Partner Violence against Men» y «Manipulators: psychology of toxic influences». En estos momentos me encuentro inmersa en la formación en Criminología y dando forma a mis ideas y teorías en relación a la violencia, para recogerlas en un libro. Otros medios y redes para saber más sobre mí.

18 COMENTARIOS

  1. Cucurruqui, con su homilia pretende jugar al despiste. Acude a la RAE para definir el feminismo como si esto fuese un debate entre filólogos y no lo que es, un debate político, o si lo prefiere un debate de metapolítica, lo que está antes de la política y la determina. Usted nos quiere manipular, porque para usted el feminismo no es la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, no, para ustede el feminismo está representado por la ideología de género, que parte como toda ideología de premisas abstractas y supuestamente racionales: la existencia de un sistema heteropatriarcal que somete a las mujeres a una condición de explotación. Además esta curiosa ideología tiene otras derivadas, como la existencia o no de sexos que entraría en contradicción con su primer postulado lo que ya sería suficiente para desterrar al olvido semejante majadería, pero nos apartarían de nuestro debate. Ese heteropatriarcado, dice nuestra ideología, genera violencia contra la mujer para garantizar la situación de predominio del explotador, el varon, que además es intrinsecamente violento. La violencia contra la mujer solo tiene una causa: el heteropatriarcado, por ello la leyes de género castigan con más dureza al hombre y le arrebatan su presunción de inocencia, porque no la puede tener para esta ideología (de la igualdad jurídica esa de la que de repente ahora alardea mejor ya no hablamos). Esquema que recuerda perfectamente el marxismo, pero sin plusvalia. Para presentarse decentemente en sociedad, la ideología de género se arropa en una palabra de prestigio, con una fuerte carga positiva, “feminismo”, al igual que el comunismo siempre ha procurado presentarse como “demócrata”. Son palabras que con independencia de su significado en nuestra lengua española, tienen una fuerte carga positiva y representan por si solas valores positivos. Esto cucurruqui es asunto de la política, no de diccionarios. Y usted se ha pronunciado a favor de esta concepción política del feminismo cuando dice y cito textualmente sus palabras, “La violencia contra las mujeres, por serlo, no tiene ninguna imagen especular. Es resultado de un sistema cultural de poder y supremacía viril. El feminismo lo señala como algo indigno y usted, como antifeminista, no para de rebatirlo.” Le llamo la atención sobre un adjetivo que emplea, que ha pasado desapercibido por el “anti”, me refiero a “indigno”. El postulado de la ideología de género que usted defiende ( personalmente creo que es porque ahora toca defender esto no porque se lo crea realmente) califica la situación como indigna, por lo tanto quien la rebata defiende un mundo indigno. ¿Lo ve? al final todo se reduce a bueno-malo, amigo-enemigo. Ustedes siempre han tenido la habilidad de colocarse en el lado del bien lo que sitúa automáticamente a todos los que no están con ustedes en el lado del mal. ¿Ve qué fácil? Y con esto del “feminismo” pasa como con los obreros no marxistas, que están alienados. Cuca Casado que se defiende perfectamente ella solita, no comparte como debe hacerlo como mujer esta premisa, como les ocurre a millones de mujeres que inclusono piensan lo mismo que ella. Pero eso las convierte a todas en alienadas. Y sí, yo soy disidente, porque no comparto ni una sola de las ideas fuerza que sustentan el mundo posmoderno. Disiento de la ideología de género con todas sus derivadas, disiento de la memoria histórica, disiento de el globalismo, disiento del multiculturalismo, disiento de la asfixiante neoleguna y de lo políticamente correcto. Y por ello como disidente afirmo que la libertad es poder decir que 2 + 2 son 4. ¿Ha visto? yo también se soltar homilias.

  2. Buenos días, señora Casado.
    En relación a mi falta de inocencia, o mi marcado carácter ofensivo, porque he utilizado un calificativo, que tanto Brigante como usted sienten estigmatizante, diría que su juicio no me parece objetivo. Los antis, señor brigante, sólo son ofensivos cuando su eliminación prefija desnuda un término positivo, en este caso, efectivamente, feminismo. Y me parece muy poco seria su argumentación en relación a las etiquetas. Parece que son ustedes los correctos administradores del término. Es etiqueta y no calificativo adecuado cuando ustedes lo creen o consideran. Pues, me temo, que ese no es ningún argumento. El feminismo se puede definir, y conforme a la RAE, además de la igualdad de derechos entre mujer y hombre, señala el movimiento que lucha por la realización efectiva de dicha igualdad. Por tanto, y en ese segundo sentido, podríamos hablar de antifeminismo como aquel movimiento que lucha, vindica en contra de la realización efectiva de dicha igualdad entre personas. Y es en ese sentido en el que califico a la autora.
    Cuando usted señora Casado señala su tristeza por la comparación entre víctimas, si son más o menos, está jugando una clásica carta de despiste.
    Para entender el feminismo (la lucha por una igualdad real, no figurada y dada por hecho por arte de birlibirloque), tiene que ser consciente de que su igualación no tiene nada de inocente y favorece un pensamiento de resistencia a la igualdad efectiva. Obviamente, cualquier víctima de asesinato lo es por el hecho de haber sido asesinada. Hasta ahí, todo en orden. Ahora bien, si en sus desprejuiciados análisis de doble ciego, mira los resultados, comprobará que existe un número mucho de mayor de mujeres en ese amorfo victimario, y si ya, en un doble salto mortal analítico, separa aquellas que han sido muertas por ofensas al honor, violación, resistencia a una pareja víril, ofensa o desacato a normas de decoro sociales y venganza sentimental, comprobará…oh, sorpresa, que sí es relevante el sexo. Pero es que, además, comprobará que los hombres corremos también peligro de ser asesinados… por otros hombres y por motivos que nada tienen que ver con el honor, la venganza sentimental, la falta de decoro y todas esas cosas que la mujer detenta, por ser mujer y portadora de la fatídica llama de la costumbre y la vida privada y familiar. Y eso, señora Casado, ocurre, aquí como en Senegal, Irán, China y Perú, porque existen sistemas de organización social de discriminación y sometimiento de las mujeres. Y eso, señora Casado, es lo que el feminismo detectó y gustaría corregir pero que usted, sintiéndose ofendidísima, si se lee calificada como una persona anti porque en sus escritos defiende la existencia de una simetría de facto (estadística, nada más y nada menos), considera que debe ser revisado y puesto en cuestión, dando, además, el justo lugar al varón.
    Pues, como le dije desde el primer verso, me sorprende.
    Y eso no tiene nada que ver con que cualquier violencia contra la mujer es resultado de la existencia de dicho sistema, señor Brigante, no adivine mi pensamiento. Yo no pienso así. Pero, no se me ponga trágico, una cosa es considerar que no todo, y otra bien distinta no reconocer una sistema. Si quiere le hago un esquema con el racismo supremacista nacional socialista… no todo daño hecho a un judío está realizado por un nazi ni es consecuencia de la existencia de un sistema nazi. Los judíos también matan. Hay judíos malos…pero en un sistema nacional socialista, le recuerdo y no pierda usted el norte, Brigante, es tan obvio como clamoroso que ser judío es un problema.
    Tanto la señora Casado como usted Brigante, se señalan sanamente disidentes porque dicen, seamos justos también hay judíos malos, y judíos que matan y tal y tal. Pues lo que ustedes hacen no es enriquecer el debate, ni ser equidistantes, ni justos, es más bien favorecer el pensamiento supremacista desde el mismo momento que no identifican la existencia y la operatividad de esa estructura denigrante y la cuestionan con planteamientos tan burdos como el que acabo de señalar. Todos sus matices son lícitos y son susceptibles de ser mentados admitiendo previa y necesariamente ese marco general. De otra manera, lo quieran ustedes o no, defienden por omisión o por minusvaloración del problema, el sistema opresor.
    Quizá después de esta explicación, puedan entender porque soy tan beligerante, ofensivo, hipócrita, malo y todo eso que gustan de llamarme. Y por qué puede clasificarse a alguien de nazi o antinazi (fíjese, Brigante, en este caso suena mejor el anti)
    Un saludo

    • Buenas,

      Te invito a que plasmes aquí y cites cuando yo he afirmado no estar a favor de la igualdad de derechos civiles y políticos de los ciudadanos. Porque si según tú es el “antifeminismo como aquel movimiento que lucha, vindica en contra de la realización efectiva de dicha igualdad entre personas. Y es en ese sentido en el que califico a la autora”, ruego que señales cuando he mostrado ese parecer, pues ya me cansan tus difamaciones al respecto.

      Por cierto, aquí quien juega al despiste eres tú, pues quien empieza comparando las víctimas eres tú y de ahí mi malestar al respecto.

      Un saludo.

      • Usted, señora Casado, no lo ha afirmado de manera que pueda citarse.

        Le repito que usted, al igualar intencionadamente la situación respecto a la violencia de hombres y mujeres en la sociedad, está luchando por ocultar una violencia existente y sistemática en contra de unas personas por pertenecer a un sexo.

        Y como ya le he dicho también, no es porque usted esté diciendo mentira alguna al afirmar que las mujeres matan. Pero al contarlo como lo cuenta, omite la sociedad y la estructura cultural, dando una imagen distorsionada de semejanza entre la violencia ejercida hacia/por las mujeres y hacia/por los hombres. Para, como ha hecho en un gran número de sus publicaciones y vuelve a repetir en ésta, pasar a señalar que es el varón el gran olvidado y damnificado en el actual estado de cosas.

        Son sus vindicaciones y exposición de los hechos las que se oponen a la realización efectiva de la igualdad entre personas. Y sé que usted piensa exactamente lo contrario, como todos aquellos que ven en el feminismo un peligro.

        Un saludo

        • Vaya, ahora parece ser que tus difamaciones sobre mí provienen de conclusiones tuyas que sacas por mostrar yo que tanto hombres como mujeres son violentos y lo que difieren son las formas, los modus operandi y las víctimas pero que los factores que propician hacer uso de la violencia son los mismos.

          Fíjate que tienes tan poco que aportar o argumentar que cada vez que has comentado en alguna de mis piezas solo sabes tildarme de antifeminista.

          Por mi parte, con los contumaces no sigo porque no sirve de nada.

          Un saludo.

  3. Buen artículo Cuca.
    El problema de los crimenes femeninos no es que sean menos, tantos o más que los masculinos; no es su visibilidad o invisibilidad; es su legitimadad social. Los crímenes femeninos siempre están mejor vistos.

    Y en esto el feminismo, ya desde sus orígenes, ha pretendido no solo legitimarlos, sino que vía atenuantes, eximentes, etc, de facto, su objetivo es legalizarlos….sobre todo si son contra hombres. ¿Qué es sino prueba de ello la Ley de Violencia de Género que legaliza la estigmatización, el odio y la criminalización del varón?

    • Buenas, Fnogales.

      Estoy contigo, el problema de base es la normalización y legitimización de los crímenes perpetrados por mujeres. Y peor aun, habitualmente justificados. Todo ello, en definitiva, reafirma el estereotipo del cual se quejan desde los movimientos sociopolíticos afines al feminismo hegemónico.

      Gracias.

  4. No acabo de entender, señora Casado, por qué concluye después de su exposición que es necesario reconocer al hombre.
    Según los datos aportados, cuando las mujeres matan, suelen elegir miembros débiles, muchas veces a su cargo, o cercanos, fundamentalmente niños y ancianos sin especial atención o diferenciación sexual (le recuerdo que la virilidad no tiene entre sus premisas la debilidad). También señala que es común la asociación con hombres para realizar tan execrable actividad (vaya, aquí sí aparecen los hombres).
    Nos aporta datos de presidiarias (7,4%, del total, casi como Vox) y la mayor parte por delitos no violentos
    Habla después incluso del techo de cristal y finalmente remata, con su aportación personal, con la necesidad del reconocimiento masculino.
    O bien yo no sé lo que es una conclusión o bien es usted una persona que patina siempre en la misma dirección. Le recuerdo que las ponencias giraban (holisticamente) en torno al título “I Jornada de Mujer y Criminología”. Quizá también pudiera concluir que debería reconocerse a lo infantes, a los ancianos y a un mirlo negro que vio usted posado en una rama a través de la ventana de la sala.
    Su antifeminismo es manifiesto y no soy capaz de comprenderlo siendo, como la imagino, de convicciones demócratas e igualitarias.

    • Hola, Cucurruqui.

      Es sencillo, concluyo lo que considero pertinente. Para eso es mí conclusión, mi parecer personal e impresiones.

      Que sean o no violentos los delitos mayoritarios, que no únicos, cometidos por las mujeres, son igualmente expresiones de la violencia. A ver si ahora por no hacer daño físicamente la violencia es menos violencia. Por cierto, está muy bien que resaltes lo que reafirma tu relato y creencia, pero no omitas otros datos como los que apunto y, además, incluyo enlaces: las viudas negras, esas mujeres letales que asesinan a sus parejas (hombres) o las mujeres que matan en compañía de otras mujeres, por ejemplo, y no a niños y abuelos. Que la mujer tienda a violentar a personas más débiles o vulnerables no quita que también violente a mujeres en “igualdad de condiciones” y a hombres.

      Yo tampoco soy capaz de comprender esa necesidad tuya de etiquetarme como antifeminista, la verdad.
      De todos modos, si tu ignorancia no te permite comprender que la violencia se compone de víctimas, victimarios y testigos, difícilmente comprenderás que para entender el rol de victimaria de la mujer hay que comprender el rol de sus múltiples víctimas y entre sus víctimas hay hombres, no solo niños y abuelos sino hombres pertenecientes a sus grupos de iguales. Pero es mucho pedir y esperar que se quiera comprender por qué nos comportamos como nos comportamos cuando sólo se quiere ver una forma y una causa de violencia.

      Un saludo.

      • Gracias por contestar, señora Casado.
        Entiendo que violencia no ha de ser únicamente física, pero perdóneme si considero saltarse una frontera portando estupefacientes como un tipo de violencia de índole despreciable.
        Yo no he dejado de citar asunto alguno, sencillamente he leído su artículo. Todos sus enlaces me parecen oportunos pero no estructuran el discurso y en última instancia, por ser enlaces, son asuntos menores de facto, pues los datos que sí señala directamente en el artículo hablan de una realidad criminal femenina absolutamente, cuantitativa y cualitativamente, desproporcionada con la masculina pero, libre es usted de hacerlo, como bien remarca, concluye en la necesidad de atender a la condición del varón sobre todo como víctima.
        Pues habré de ser yo muy ignorante, como bien señala, pero si en su frase en negrita no es una solicitud de auxilio al varón desamparado, que sus datos no confirman por muchas viudas negras que existan (le recuerdo que la posibilidad de un hombre de morir a manos de una mujer es despreciable estadisticamente si la comparamos con su inverso, como sus datos señalan) .
        Se demuestra antifeminista en tanto que al ponderar los peligros de ser violentados como seres humanos por razón de nuestro sexo, usted, alma caritativa, después de un sesudo análisis del que no cabe desprender que el varón esté en una posición desfavorable y amenazada por parte de la mujer, señala, a titulo personal y con toda la libertad que tiene para concluir lo que le de la gana, que debemos (“es vital”) fijarnos precisamente en ese aspecto, en la desprotección de los varones. Y como le he señalado inicialmente, sus datos no arrojan ninguna necesidad de ello. Una cosa es que un varón pueda morir a manos de una mujer y otra bien distinta es que sea vital conocerlo para evitarlo.
        Las muertes de hombres a manos de mujeres no pueden enmarcarse (como sus datos señalan) en ninguna respuesta de violencia institucionalizada, como sí puede enmarcarse un enorme número de muertes de mujeres a manos de hombres.
        Usted que es mucho de datos y de criminología, estudie nuestro pasado más reciente donde, por ejemplo, existía (hasta 1970) un tipo concreto legislado y aceptado de relación dentro del matrimonio donde se recogía que el varón (y sólo el varón) podía corregir mediante la violencia que considerase adecuada a su esposa.
        Sus continuos devaneos igualitarios argumentando que el problema de la violencia, nadie quiere verlo, es el de la que sufren los hombres porque para igualdad la suya, que no sólo considera la de las mujeres (acabáramos) sino que extendiendo su igualitaria mirada, se preocupa por la que sufren los hombres de manos de las mujeres, creando intencionadamente (por eso le digo antifeminista) una falsa idea de equilibrio y semejanza entre hechos que no se asemejan en su origen, forma, y proceso en nada más que existen muertos. En una guerra, se las verá complicadas para entender tantos asesinatos, digo yo…todos los soldados y soldadas, asesinos, figúrese.
        La violencia contra las mujeres, por serlo, no tiene ninguna imagen especular. Es resultado de un sistema cultural de poder y supremacía viril. El feminismo lo señala como algo indigno y usted, como antifeminista, no para de rebatirlo. Espero que al menos el premio le merezca la pena.

        • Dios mío de mi vida, a que grados de fanatismo con esto del género y la izquierda estamos llegando en España. ¡Ahora resulta que Cuca Casado es acusada de antifeminista! ¡Toma ya! ¿Y qué ha hecho para ser objeto de señalamiento? Creo que he debatido con Cuca Casado en todos y cada uno de sus artículo, desde posiciones radicalmente contrarias. Con independencia de que sea o deje de ser el feminismo ,desde luego en ningún momento se me ha pasado por la cabeza calificarla de antifeminista…y ahora resulta que Cuca Casado es marcada y señalada por la ortodoxia: es antifeminista. Y ¿por qué es antifeminista?, nuestro representante de la policia del pensamiento nos lo explica: “La violencia contra las mujeres, por serlo, no tiene ninguna imagen especular. Es resultado de un sistema cultural de poder y supremacía viril. El feminismo lo señala como algo indigno y usted, como antifeminista, no para de rebatirlo.” Amén y el que diga lo contrario o no lo diga con la suficiente firmeza y de la manera más ortodoxa posible es un crimental.

          • ¿Acaso considera usted, señor Brigante, ser antifeminista algo malo? Es una definición, algo parecido a su policía del pensamiento, supongo.
            Pongamos que a alguien lo califico de liberal o antiliberal, ¿tanto dolor produzco para que tenga usted que citar al creador?.
            La ortodoxia, no me parece un mal plan para el empleo de los términos. Podría haber utilizado algún otro calificativo pero ese fue el que me pareció más ajustado. Entienda usted lo que quiera, existe cierta capacidad de marca en la calificación, es cierto. Lo de acusar, pues, depende. No se acusa de virtudes y que usted, tan feminista, lo entienda como acusación…al final va a ser que no le comprendo a usted tampoco.

          • Claro que sí Curricurri usted se límita a examinar científicamente los comportamientos humanos y los califica de manera neutral como hace un geólogo con las piedras, aquí una pirita, alla granito. Pues usted igual, aquí una feminista, alla una antifeminista, sin que ello implique nada…por supuesto. Pero como supongo que usted vive en este mundo sabe que hoy en día las palabras tienen su propia carga positiva o negativa. ¿Por qué es así? Por la ideología y los guardianes de la ortodoxia. Feminismo es bueno porque sí, al igual que por ejemplo “progreso” que es bueno sí o sí, ergo antifeminista o antiprogresista es malo, es estar en el bando de los malos, porque ustedes dividen el mundo en buenos y malos, en blanco y negro. Así que si yo quiero descalificar la postura de un adversario diré de él que es antifeminista, antiprogresista, homófobo, nazi etc etc, hay múltiples combinaciones como usted sabe perfectamente ¿Conoce usted a alguien que se autodefina como antifeminista? a qué no ¿verdad?; pero además no me sea hipocritilla. Si uno lee sus comentarios se ve claramente que está criticando negativamente a la autora porque no se ajusta a lo que ustedes a priori consideran la única verdad , a saber que cualquier violencia contra una mujer es “resultado de un sistema cultural de poder y supremacía viril” . Más aún a usted le molesta profundamente porque creía que Cuca era de los suyos “siendo, como la imagino, de convicciones demócratas e igualitarias” ¡ay del disidente! Así que amigo mío, menos lobos caperucita (con perdón que ya se que la pobre Caperucita también es antifeminista) que aquí ya nos conocemos todos.

          • Buenas, Brigante.

            Gracias por tu apoyo razonado. Es cierto que tú y yo mantenemos un diálogo confrontado en mis publicaciones. Aunque me sacas de quicio por momentos, nuestras confrontaciones son respetuosas (al menos así lo aprecio yo) y considero que nuestra discrepancia es muestra evidente que se puede pensar diferente sin necesidad de tildar de (inserta aquí cualquier etiqueta “anti-“) al otro.

            Por desgracia, cada vez es más complicado discrepar sin entrar en insultos y difamaciones. Disentir haciendo uso de una argumentación sosegada y razonada se destila poco. También es cierto que los espacios digitales (este diario, las redes sociales, etc) no son un medio que se preste a diálogos y deliberaciones razonables. La gente, por norma, se esconde tras el anonimato (no lo digo por ti, que conste) y dice todo eso que con unas cañas delante difícilmente sostendría y defendería. Aun así, no pierdo la esperanza en la humanidad. Soy una filántropa empedernida.

            Un saludo.

          • Cuca Casado. Wilson Smith, el protagonista de 1984, escribía en su diario clandestino que la libertad consiste en poder decir que 2+2 son 4. En Occidente estamos llegando a un punto que en breve deberemos escribir en nuestros diarios clandestinos que la libertad consiste en poder sacarnos de quicio mutuamente sin que ello nos convierta en peligrosos “antis” enemigos de la humanidad. Un saludo y desde mi discrepancia con sus opiniones espero que siga manifestándolas libremente. Yo por mi parte procuraré rebatírselas racionalmente

        • Francamente, me entristece que se comparen víctimas según su sexo, según si son más o menos que otras, etc. Para mí las víctimas son todas iguales y han de ser ayudadas, apoyadas y tratadas de igual modo, atendiendo a sus necesidades particulares y sin distinciones en cuanto a si son mujeres u hombres, si la violencia sufrida es física o psicológica. Porque a veces es peor no morir, a veces la huella de la violencia psicológica es más cruenta y lesiva que una agresión física. Y para comprender por qué una persona es víctima de un crimen se hace necesario desarrollar una visión holística y multidisciplinar, para así comprender todos los mecanismos e interacciones dados en ese suceso violento. Lo que también exige abordar del mismo modo a quien comete el acto violento y a los testigos partícipes por acción u omisión. De ahí mi exigencia siempre de contemplar todos los roles dados dentro de la violencia más allá del género, atendiendo a las particularidades entre los sexos y a la confluencia de factores entre los mismos. De ahí mi crítica a quienes reducís todo a una suerte de estructura o machismo y negáis las evidencias dadas en torno a las múltiples formas de la violencia.

          Por otro lado, quienes se escudan en el “ellas mueren más” son muy hipócritas, pues si realmente les importara las mujeres porque “mueren más” clamarían al cielo por esos otros contextos en los que las mujeres mueren más. Pero no, solo hacen referencia a las muertes dadas en la violencia íntima de la pareja, porque les refuerza sus creencias y dogmas.

          Para terminar, dice mucho de ti la necesidad de señalarme y estigmatizarme con una etiqueta. Quizá cuando dejéis de asignarle un color sociopolítico a la igualdad se alcance una isonomía real.

          Mientras tanto, solo avivas las polarizaciones.

          Un saludo.

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