Soy un admirador de la política estadounidense. Dentro de que todo sistema político se basa en el brutal ejercicio de poder de unos pocos sobre los muchos, el sistema estadounidense tiene multitud de elementos que hacen que sea menos injusto que muchos otros; la gran mayoría si no todos. Se creó desde la honesta y patriótica desconfianza hacia el poder. No se basa, como se suele decir, en la separación de poderes, sino en los frenos y contrapesos propios de una constitución mixta. Esa idea, heredada de la tradición republicana inglesa, señala que hay tres principios, tres fuentes de poder que desembocan en tres sistemas políticos que, en su forma más pura, llevan al país a la opresión. Pero que combinados, mezclados, hacen que unos se compensen con los otros y esos frenos y contrapesos sostengan a la bestia. Estos principios son el democrático, alojado en la Cámara de los Comunes (Casa de Representantes en los Estados Unidos), el aristocrático alojado en la Cámara de los Lores (Senado en los Estados Unidos), y el monárquico, encarnado por el Rey (presidente en los Estados Unidos).

El presidente es una figura que encarna la administración, hoy mastodóntica y al comienzo exigua, y el Ejército. El poder del dinero y de las leyes está alojado en el Congreso. Pero su relevancia política es mayor a la institucional, como encarnación del sentir mayoritario de los pueblos de los Estados de los Estados Unidos (no le vota el conjunto de electores, sino separadamente los de cada Estado). Entre casi medio centenar de presidentes, los ha habido de toda laya, pero todos ellos estaban tocados, durante el ejercicio del poder y después, con el manto de los valores republicanos: hay una unidad fundamental del pueblo estadounidense, una unidad que no hace referencia al modo de vivir de cada uno, pues esto forma parte de la libertad de cada uno, sino a que existen instituciones comunes a todos, que facilitan la participación política y el predominio de la ley. Todo ello tiene mucho de ficción, pero también de realidad.

Una realidad que permite que ocurran cosas que en España son inconcebibles. En los días posteriores al 11 de septiembre de 2001, la popularidad de George W. Bush llegó a ser del 90 por ciento, la más alta jamás registrada a un presidente. Porque lo primero que hizo Bush fue mostrar su disposición a restañar la gran herida que había sufrido el país y, sobre todo, porque todo él entendía que tenía que mostrar su adhesión a quien encarna las instituciones comunes a todos, y en momentos como este al propio país.

A diferencia de los Estados Unidos, los presidentes del gobierno en España no tienen autoridad, y además hay una gran parte de la sociedad española que ha asumido que España no existe

Uno de los espectáculos que más envidia me produce observar de la política estadounidense es el que ofrecen las ocasiones en las que se ven dos o más expresidentes de los Estados Unidos. Podemos ver a George H. W. Bush diciendo que su sucesor, Bill Clinton, fue mejor presidente que él. O a su hijo referirse también a Clinton como hermano de distinta madre. Hacen bromas unos sobre otros en un tono distendido y de amistad, y ejemplifican con su actitud que el entramado de relaciones de la sociedad se basa en la cooperación sobre unas bases morales y legales comunes.La respuesta del pueblo español al 11 de marzo de 2004 fue exactamente la contraria. No se unió el país en torno al presidente del Gobierno, José María Aznar, o a su gobierno. No se unieron los grupos parlamentarios para condenar en común los atentados desde la sede del Parlamento. Lo que se produjo fue exactamente lo contrario, se afilaron los cuchillos por parte de quienes no entienden ni buscan que prevalezcan las instituciones comunes, los grandes acuerdos, el terreno de juego con sus normas, sobre sus propias ambiciones políticas.

Quien encarna ese espíritu de concordia y de defensa de lo común sobre las divisiones políticas nacionales es, en España, el Rey. Por eso pudo decir recientemente Cayetana Álvarez de Toledo que “quien mejor encarna los valores clásicos republicanos es el Rey”. Una riada de dizque republicanos, que se retorcerían por dentro si aprendiesen qué significa de verdad el republicanismo, le saltó a la yugular.

La posición de presidente del Gobierno es, por tanto, muy distinta a la del presidente de los Estados Unidos. No lo elige el pueblo español, sino el Congreso de los Diputados, y asumen más el papel de jefes de una facción política; pero siempre hablaron, entre la conveniencia política y la apelación a la representación de toda la comunidad políticas. Estos días hemos visto a Felipe González y José María Aznar en el llamado I Congreso Nacional de la Sociedad Civil. Dos expresidentes, rivales en su momento y de dos partidos opuestos, utilizan un lenguaje codificado, de sobreentendidos, para mostrar su disconformidad con el proyecto revolucionario presidido por Pedro Sánchez. Y apadrinan medio centenar de ponencias que no tienen hueco en los medios de comunicación, y que se reunirán en un libro blanco de incólumes hojas. En España está roto el sistema de debate nacional.

En los Estados Unidos la figura del presidente, incluso en casos como los de Richard Nixon o Donald Trump, tiene una autoridad que refuerza el sentimiento de la comunidad política. Los presidentes del gobierno en España no tienen esa autoridad, la eficacia de los expresidentes González y Aznar es mínima, y además hay una gran parte de la sociedad española que ha asumido que no existe tal comunidad.

Por todos esos motivos varios presidentes estadounidenses siguen siendo referentes para aquella sociedad. George Washington, Abraham Lincoln, Ronald Reagan. Sus nombres son referentes décadas, siglos después de muertos. Nuestros presidentes no podían encarnar esos valores cuando estaban en el poder, y nada más dejarlo se han convertido en jarrones chinos. La prensa sólo les hace caso para hacerlos añicos.

 


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3 COMENTARIOS

  1. Qué desatino, que atentado a la razón, que ignorancia política, que confusión:
    “Pero que combinados, mezclados, hacen que unos se compensen con los otros y esos frenos y contrapesos sostengan a la bestia. Estos principios son el democrático, alojado en la Cámara de los Comunes (Casa de Representantes en los Estados Unidos), el aristocrático alojado en la Cámara de los Lores (Senado en los Estados Unidos), y el monárquico, encarnado por el Rey (presidente en los Estados Unidos).”
    Los comunes se eligen mediante elección democrática mediante diputado de distrito algo parecido a cómo se eligen los Representantes en USA. Los lores no se eligen mediante elección DEMOCRATICAMENTE sino de forma “sui generis” por decir algo (Los Lores Espirituales son 26 obispos elegidos por su prestigio y dilatada carrera eclesiástica dentro de la Iglesia anglicana. Los Lores Temporales conforman el resto, siendo la mayoría miembros con derecho vitalicio no hereditario, nombrados por la Reina ). No así los Senadores de USA que se eligen democráticamente. Y menos el REY que es herencia por derecho “ divino”, o algo parecido, no así el Presidente de USA que como todo el mundo sabe también se elige democraticamente.
    Separación de poderes y frenos y contrapesos es lo mismo y SOLO A ESO SE LLAMA DEMOCRACIA.
    “Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo.
    Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor.
    En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente.” Montesquieu. El espíritu de las leyes. 1748.
    Frenos y contrapesos en el Derecho Político de Estados Unidos
    Sistema establecido en la Constitución de Estados Unidos que divide el poder del gobierno entre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial. Cada rama ejerce algún tipo de autoridad sobre las otras, con lo cual se establece un equilibrio de poderes entre muchos individuos e instituciones.

    Suspendido. No sé donde ha leído pero tírelo a la basura. No sigo… le recomiendo CUALQUIER libro de D. Antonio García-Trevijano.

  2. En esto de EE.UU se puede observar que la hegemonía cultural (Gramsci) funciona de forma especial cuando es adornada por la riqueza y el poder imperial.
    Que el sistema institucional sea bueno para la sociedad en expansión casi permanente de EE.UU. no quiere decir que sea buena para los demás. La política exterior de USA es malvada.

    Se puede tener un poco de memoria,…,saber que “Al Qaeda”/Talibanes fue financiada por USA. El rico Osama bin Laden era una criatura de USA. Del 11S y las locuras de esta gente, salen los millones de “refugiados”, los muertos, el ISIS,…,etc. El “No a la Guerra” se lo pasaron por las parte pudendas en España (viva la representación).
    Derivado de ello problemas muy gordos para Europa, como sabe estos días Erdogan en la frontera griega.

    Una de las razones de esta bazofia de sistemas apolíticos europeos es justamente USA. Incluido España que no participó en las guerras mundiales.

    George Washington era un cafre de mucho cuidado, esclavista rico, masón, era un medio inútil para lo bélico. Bernardo de Gálvez y Madrid no tenía mucha inspiración apoyando a esta panda. Cuyo medio hermano, se encontró a Blas de Lezo.
    La ex-comunidad autónoma de Puerto Rico ya se ve lo que es, Cuba vean como acabó. Del genocidio en Filipinas ya para que hablar.

    La figura del presidente solo apuntala a la necesidad de un Dios mortal (el Rey y el Estado). El Dios liberal está como el Espíritu Santo de los concilios presente “por todos” (omnisciencia, omnipresencia,…,etc). Y en esencia es una forma retorcida de Santísima Trinidad.

    Los sistemas políticos deben solucionar la muy difícil papeleta de conjugar acción conjunta y libertad.
    Dado la acción conjunta lleva a la libertad (falange), pero la conjunción del poder de muchos en unos pocos a la (total) esclavitud.

    Este tema se medio perfiló en la Alta Edad Media en “Ibéria” con las Cortes, para cosa de guerra (contra los moros) Alfonso IX de León y Galicia e igualmente en las cortes de Castilla por falta de dinero. Era un paso importante superando el Althing aristocrático, pues involucraba un representante (imperativo, es decir antiliberal) electo de las ciudades, en los concejos de la asamblea de vecinos.

    Como reza cierto escudo “JUST EST IN ARMIS” (El derecho está en las armas).

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