Un hecho a destacar de nuestro tiempo es que la inteligencia promedio está en declive en las naciones desarrolladas occidentales, fenómeno que se observa por las medidas del decremento promedio del coeficiente de inteligencia en el último medio siglo, y más constatable aún si cabe por la más que notable creciente estupidez de la humanidad palpable en todos y cada uno de sus expresiones: política, ciencia, educación, cultura, arte u otras manifestaciones de nuestra sociedad. Cualquiera que haya sido profesor de enseñanza primaria o secundaria desde hace varias décadas sabe a lo que me refiero.

No obstante, no es fácil discernir si la caída de inteligencia se debe más bien a factores externos, ambientales o educativos, o si hay algo biológicamente innato en la caída de la inteligencia. Los programas educativos y los cambios de hábitos culturales han pasado en pocas décadas de la lectura de libros y una televisión con amplios contenidos culturales al embobamiento de la mayor parte de la población escribiendo y leyendo textos cortos en el ordenador o con el teléfono móvil y viviendo inmersa en una continua bazofia de programas en la televisión o la más deleznable producción de youtubers e influencers. Mucho de nuestro creciente alelamiento puede por tanto venir de los factores educativos y culturales en declive. Al igual que el efecto Flynn explica por qué la inteligencia creció en países con creciente escolarización y formación académica a mediados del siglo XX, también puede explicar por qué ahora decrece al no aumentar la proporción de población universitaria y haber caído el nivel de exigencia en los planes de estudios. Se señalan también otros factores ambientales externos, como la nutrición o a la presencia de substancias nocivas que interactúan con el cuerpo y pueden afectar a las capacidades cerebrales cognitivas.

Hay un nerviosismo paranoico que hace evitar este tipo de temáticas como por acto reflejo, como si tocara el fuego su piel. Sin embargo, el tema de la inteligencia en los distintos grupos humanos es algo que se puede tratar como cualquier otro desde un punto de vista científico, con todas las imperfecciones que tengan las ciencias o saberes humanistas que lo tratan

Algunos investigadores lejanos a la corrección política se han atrevido a ir más allá, y señalaron como posibles causas del descenso de la inteligencia a los anticonceptivos, el feminismo, la riqueza y la inmigración, junto con una mayor esperanza de vida provocada por el desarrollo de la medicina. Directa o indirectamente, lo que estos expertos están diciendo al señalar la inmigración por un lado —y el feminismo y los anticonceptivos por otro lado, que promueven una menor natalidad entre la población autóctona— es que la selección de población es importante en el desarrollo de la inteligencia además de los factores ambientales, dado que la inteligencia es en parte hereditaria. Dicho sin tapujos: si dejamos que los menos desarrollados intelectualmente tengan más hijos y viceversa, lógicamente la consecuencia será una caída del promedio de la inteligencia.

Realmente, el tema es polémico, y las posiciones políticamente correctas tienden a señalar tal discurso de racista o xenófobo o supremacista. De ahí se salta al tema de la eugenesia, y tirando del hilo de la historia acabaremos hablando del nacionalsocialismo de Hitler y las cámaras de gas o del exterminio masivo de grupos menos favorecidos. Hay un nerviosismo paranoico que hace evitar este tipo de temáticas como por acto reflejo, como si tocara el fuego su piel. Sin embargo, el tema de la inteligencia en los distintos grupos humanos es algo que se puede tratar como cualquier otro desde un punto de vista científico, con todas las imperfecciones que tengan las ciencias o saberes humanistas que lo tratan.

Estudios de máximas autoridades de la materia de hace unos 40-50 años como el Ambiente, herencia e inteligencia de Arthur R. Jensen (1923-2012), o Raza, inteligencia y educación de Hans J. Eysenck (1916-1997) indicaban claramente que hay diferencias “promedio” en los resultados de los tests de coeficiente de inteligencia en distintos grupos humanos, y se argumentaba en favor de una importante componente de herencia genética en esas diferencias. No necesariamente debe considerarse esto racismo. Así, dice Eysenck en el epílogo de su obra algunas palabras que bien pueden calificarse de antirracistas: “La segregación continuada de los negros en Estados Unidos, las restricciones aún prevalente en su empleo y adelanto y el prejuicio ampliamente extendido contra su emancipación política son inexcusables y no obtienen ningún apoyo de los datos vistos en este libro”. Sin embargo, multitud de estudios de la década de 1990 y posteriores se hartaron de decir que todos esos análisis de la inteligencia estaban necesariamente sesgados y que toda diferencia (diferencias que no se han podido negar, pues los experimentos y tests tozudamente han seguido dando los mismos resultados) era puramente del entorno cultural. Decir lo contrario, es jugarse la vida académica, como le sucedió al premio Nobel de Medicina James D. Watson (1928- ), codescubridor de la estructura del ADN, que por insistir en su tesis genetista ha sido expulsado de múltiples universidades y repudiado por la mayoría de sus colegas, teniendo incluso que subastar la medalla de oro del premio Nobel para compensar la caída de sus ingresos. Ésta es la ciencia psicológica y sociológica y antropológica de nuestros días: el político dice lo que es el ser humano según su ideario, y el científico debe buscar los argumentos que soporten esa ideología; no hay más verdad que la del poder y el dinero. Ya lo señalaba de hecho Eysenck al final de su obra Raza, inteligencia y educación: “Los hábitos de declarar o esconder la verdad se adquieren rápidamente y puede ser difícil cambiarlos; adoctrinemos a nuestros científicos sociales con la noción de que deben permanecer quietos cuando la verdad parezca ser tal que pueda ser falsificada por personas mal intencionadas para servir sus propios fines, y estaremos haciendo el primer paso para convertirlos de científicos en políticos».

¿Tienen razón Jensen, Eysenck o Watson en este tema de las diferencias innatas de inteligencia en distintos grupos humanos? No lo sé, no soy un especialista en el tema, y por tanto me abstengo de defender las ideas de unos o de los contrarios. Si bien, sí me parece que es defendible la libertad de opinión en este tema, y que no se deberían tolerar los atropellos que en nuestra época se están haciendo contra esa libertad de expresión. Por no mencionar las atrocidades que algunos movimientos bajo el lema “Black lives matter” han realizado últimamente: destruyendo esculturas o presionando violentamente para que se borre una parte de la cultura occidental, en lo que se viene a llamar “cultura de la cancelación”.

Incluso si suponemos que el entorno es el mayor responsable del desarrollo de la inteligencia, incluso apartando de nuestras hipótesis de trabajo cualquier atisbo de causación en términos hereditarios biológicos, siempre hemos de tener en cuenta que la familia en la que se desarrollan los individuos determina en buena medida sus características psicológicas. Hay una relación entre pobreza y desarrollo de la inteligencia. Los niños de familias pobres tienen en promedio peores resultados en la escuela. Claramente, el entorno familiar influye en el desarrollo intelectual. Puede haber personas nacidas en una familia de analfabetos que alcancen un gran desarrollo intelectual, o viceversa, descerebrados hijos de grandes talentos, pero éstas serán una minoría.

Además, estadísticamente, hay una correlación entre pobreza y natalidad, lo que amplifica el efecto de bajada promedio de inteligencia. Si bien, la relación de esta correlación no es lineal en los países europeos actualmente, sino más bien con forma de J invertida en la dirección horizontal: es decir, los más pobres son los que tienen más hijos, luego la clase media baja tiene menos hijos que aquellos, la clase media central es la que tiene el mínimo absoluto de fecundidad, y la natalidad aumenta ligeramente en la clase media alta o en las clases más poderosas económicamente, pero son un pequeño porcentaje de la población. Globalmente, se da la anticorrelación riqueza-fecundidad. Siendo así, la inmigración, en gran medida compuesta por individuos de clase media-baja o baja, puede producir un decremento promedio en las capacidades intelectuales de la población.

El lema del progresista sin embargo es pensar que esos individuos, una vez llegan a su nueva nación, se adaptarán al medio circundante, se integrarán, y con ello estos y en especial su descendencia, al crecer en un entorno más estimulante intelectualmente, desarrollarán en promedio una inteligencia similar a la de los habitantes autóctonos. Si les hacemos caso a los abanderados de la corrección política, ya no hablaremos siquiera de inmigrantes, sino de «migrantes». Me parece lamentable que se desvirtúe la precisión del lenguaje en distinguir los que entran de los que salen por una cuestión de malentendido cosmopolitismo. La idea es hermosa, sí, la de un cosmopolitismo sin fronteras donde la igualdad se contagia como si de una enfermedad infecciosa se tratara. La realidad, sin embargo, difiere de los sueños. La pobreza engendra pobreza, engendra guetos apartados dentro de una nación, y llenar una nación de inmigrantes pobres contribuye a reducir en ésta el nivel intelectual de sus individuos.

Por consiguiente, no se trata únicamente de señalar la relación entre genes e inteligencia, sino más bien la relación entre clases sociales e inteligencia, y ambos asuntos se relacionan con la inmigración. No estaban por tanto tan desencaminados esos investigadores que señalaron la inmigración dentro de la lista de factores que contribuyen al decrecimiento promedio de la inteligencia en una nación, así como en apuntar el declive intelectual en las naciones ricas por el hecho de que sus clases acomodadas tienen menor descendencia y dejan paso a las invasiones bárbaras.

Entiéndase aquí el término “bárbaro” como una designación de aquél que no está en el mismo nivel de civilización, aplicable a una gran parte de los que provienen de países subdesarrollados, en similitud a la situación con las llegadas de extranjeros en los tiempos del Imperio Romano (la palabra «bárbaro» se utilizaba para designar a quien no era un ciudadano romano), que fueron llegando poco a poco al corazón del imperio hasta que al final, tras algunos episodios bélicos, se hicieron con todo él. Una decadencia que bien se ve venir en nuestro continente. Si bien, como la historia ha demostrado tantas veces, esta debacle, al ser circunstancial, puede revertirse, y pueden potencialmente esos bárbaros de hoy convertirse en la cuna del resurgir cultural humano en el mañana lejano.

Foto: The New York Public Library

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Exposiciones más extensas del autor sobre el tema en el artículo “Crisis demográfica europea, feminismo y decadencia de occidente”.


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Martín López Corredoira
Martín López Corredoira (Lugo, 1970). Soy Dr. en Cc. Físicas (1997, Univ. La Laguna) y Dr. en Filosofía (2003, Univ. Sevilla) y actualmente investigador titular en el Instituto de Astrofísica de Canarias. En filosofía me intereso más bien por los pensadores clásicos, faros de la humanidad en una época oscura. Como científico profesional, me obstino en analizar las cuestiones con rigor metodológico y observar con objetividad. En mis reflexiones sociológicas, me considero un librepensador, sin adscripción alguna a ideología política de ningún color, intentando buscar la verdad sin restricciones, aunque ofenda.

26 COMENTARIOS

  1. No sé qué entiende Martin López por cultura, más, es un hecho, que el SXX se ha caracterizado por el sonido, las imágenes, el estilo/moda, la evangeliología democrática, el urbanismo y la técnica de los EEUU. Onda imperial que aún perdura, si bien con signos de cansancio e incertidumbres sobre su continuidad. ¿Es otra cosa la cultura? ¿Algo más esotérico?
    Spengler, el maestro un tanto pedante, que con seguridad no sabía nada de Estados Unidos pero que palpitaba con el alma trágica de su visión de una Europa postrimera, fue incapaz de ver la teología política, casi mesiánica, que es el fundamento de la nación americana, en tanto que restauración de una fe en una Nueva Jerusalén. Su matriz es cristiana, como la de los inmigrantes que recibió de Europa y posteriormente de América central y del sur. El acople siempre es difícil, pero por su origen religioso común, fue posible. Los hispanos han formado comunidades muy prósperas y asimiladas en los EEUU, con una aristocracia y plutocracia de peso, dentro de la Nación americana.
    Las emigraciones en Europa han sido históricamente de este a oeste. Su rasgo principal es que los inmigrantes eran de la misma matriz religiosa; el cristianismo. Hoy el flujo migratorio sur norte, inserta en Europa poblaciones de matriz religiosa muy diferente, sobre todo poblaciones musulmanas.
    Aunque los europeos hayan abandonado su religión histórica, viven en una inversión herética de la misma, cuyas creencias, rituales y liturgia está por describir con precisión, pero que en el fondo, es un retorno a un paganismo de la Naturaleza divinizada. Una religión que se exterioriza como religión política, cada vez más intolerante e ideologizada, pese a su mansedumbre budista aparente y su cobardía afeminada.

    Si el antagonismo entre cristiandad e islam ha sido inevitable históricamente, en el plasma actual de una Europa pagana y atea radical, basada en la divinización de la Naturaleza, la posibilidad de entendimiento entre musulmanes y europeos “descristianizados” se reducen a cero. Cuestión que las torpes burocracias europeas, que han perdido la inteligencia, no alcanzan a ver. Un musulmán jamás podrá sustituir a Dios por la Naturaleza. Tendría que ser apóstata, probabilidad que solamente una ínfima minoría llegará a ser. De otro lado, la fe de Mahoma es pública y se anularía a sí misma si se contrajera a la privacidad. Esa es una posibilidad absurda, que solamente un estúpido puede considerar como camino de asimilación, tal y como hacen las burocracias europeas de hoy.

    “No es que Uds. no quieran que los musulmanes se asimilen (a los franceses), no es que ellos no lo deseen, es que ellos no podrán”. (Hassan II, entrevista en una TV francesa sobre 1995, cuando se estaba discutiendo en Francia otorgar la nacionalidad).

    El maestro degollado es un funcionario de una burocracia decadente, que ha dejado de instruir a los alumnos, para evangelizar según el modo de pensamiento ideológico de su específica religión política. Lo que fue un sistema público de enseñanza modélico en Europa, es hoy una fábrica de ideas maniqueas disfrazada de moralina y de falsos evangelios democráticos.

    Y aquí entramos en el asunto que nos ocupa sobre el declive de la “inteligencia”. Cuando la política y la religión decaen, la inteligencia sigue su senda. Decaen las estructuras, las burocracias (lo que llamamos Estado) y decaen las élites gobernantes que se crían en esas estructuras, pues los partidos, pese a no ser plenamente figuras de derecho público, son en realidad oficinas de propaganda del Estado, y se sustentan en los presupuestos públicos. Las ortopedias públicas que hemos creado para gestionar la transmisión de saber, cuidar la salud, el gobierno, la comunicación, se vuelven disfuncionales y producen torbellinos caóticos, como en la peste actual. Mientras, la inteligencia va precipitándose al compás de la estupidez que gobierna el mundo de estructuras burocráticas.
    No es que la política decaiga porque el pueblo se haga más tonto. Es que el pueblo se hace más tonto porque la religión y la política que le envuelve se ha hecho tonta. Los pueblos son lo que las élites que los gobiernan hacen de ellos. Por lo tanto, el problema del declive de esa “inteligencia media” de la que trata el artículo, es un problema de la política, cuyas causas externas (pestes, catástrofes, inmigración salvaje, etc.) pueden ser coadyuvantes, pero nunca determinantes ni explicativas de un fenómeno. Y desde luego, las causas no son materiales, como diría el materialismo histórico (cientificista) implícito en casi todo el pensamiento actual, sino una leucemia del espíritu, que por cansancio o agotamiento de sus posibilidades históricas, se arrastra hacia la actitud del penitente. Hasta los que aborrecen del marxismo, tiran del materialismo histórico como una “ciencia de la Historia”, la mayor parte sin siquiera darse cuenta.

    Nota: correlación estadística significa covariación entre variables. Puede señalar una posible causalidad, pero no necesariamente. Hoy se interpreta la correlación como causalidad por economistas, sociólogos, sicólogos, climatólogos, etc., que ocupan las burocracias públicas más variadas, encargadas de “ilustrar” a los pueblos mediante la “sabiduría estadística”. Pura “ciencia” para acallar al lego.

  2. En general, de los múltiples comentarios a este artículo, veo que se entienden bien los resultados sobre el declive de la inteligencia y de la decadencia de nuestra sociedad, pero no hay consenso sobre las causas. Las causas, ciertamente, son múltiples, y aunque aquí se ha prestado cierta atención al fenómeno migratorio+crisis demográfica, no debe reducirse a esa sola causa. Es un fenómeno complejo con múltiples aristas. En cualquier caso, cualquier hipótesis es discutible.

  3. La tesis del artículo de que en occidente decae “la inteligencia”, sea esta lo que sea y se mida como se mida, a consecuencia del incremento de inmigrantes, es de lo más burdo que se puede leer en el espanto mental y cultural de hoy.

    Naciones formadas por inmigrantes, pobres de solemnidad en su mayoría, convirtieron a la nación norteamericana en cabeza de un imperio. La forma política que alojó a esas poblaciones, en el fondo y la forma, una teología política, potenció a las poblaciones inmigradas. Un mero ejemplo histórico entre muchos otros.

    Cuando el receptor está enfermo culturalmente, decrépito, cuando su empeño fundamental es la autodestrucción, cuando su patrón cultural es puro nihilismo político y religioso, ¿qué se puede esperar si no el fracaso? Esa es la situación de la Europa actual.
    ¿Por qué buscar causas exógenas en el declive de una cultura y su inteligencia media, cuando las causas endógenas son más que suficientes?

    Otro ejemplo. Un musulmán acaba de asesinar a un maestro en Francia. Un maestro de la enseñanza pública, que hasta hace 30 o 40 años era modelo de la instrucción pública en Europa. Una burocracia racionalista que sin duda elevó el nivel de “inteligencia” media, en nombre de la razón, el conocimiento y la ciencia. Pero, ¿a dónde a caído esa burocracia de instrucción que hoy utiliza como material didáctico, la basura estética y moral que produce Charlie Hebdo, para tratar el asunto de la libertad de expresión? Una publicación que chapotea en la profanación de cualquier tema que caiga en sus manos.

    Sin duda, los occidentales nos estamos haciendo más tontos cada día, si bien las causas de ese declive son solamente endógenas, propias de una civilización que se despeña inconscientemente por la sima de la Historia. Un declive dirigido por las burocracias públicas que un día le proporcionaron el dominio del mundo.

    El que los musulmanes no se asimilan ni se asimilarán nunca a la civilización nihilista europea, es otro tema. También, por otra parte, indicativo de la pérdida de inteligencia europea, que les otorgó derechos políticos y ciudadanía plena, con la ilusión pueril de que sus burocracias públicas eran capaces de convertir a un musulmán en un buen europeo laicista, nihilista y ateo. Un proyecto de tontos propio de unas burocracias cada día más desnortadas e infantiles, mandadas por personajes como los que tenemos en España o en la UE.

    • Por supuesto, como explico en el artículo, hay otros factores: y del alelamiento de los ciudadanos europeos no hay que culpar a ningún inmigrante. Tampoco se trata de culpas, sino de estadísticas: de la correlación riqueza-inteligencia y pobreza-natalidad; y en cualquier caso, como apunto al final del artículo «esta debacle, al ser circunstancial, puede revertirse, y pueden potencialmente esos bárbaros de hoy convertirse en la cuna del resurgir cultural humano en el mañana lejano». De hecho, si tengo que apostar a largo plazo por un resurgir vital y espiritual de Europa, lo haría por las futuras generaciones de inmigrantes. No obstante, a medio plazo, lo que se ve es un embrutecimiento del continente.
      Poner el ejemplo de EE.UU. como nación inteligente no me parece el más apropiado. Hay gente muy buena allí, muchos talentos comprados con buenos dólares, pero en promedio EE.UU. no destaca por la brillantez cultural y de pensamiento de sus ciudadanos en comparación con otros países. En todos los tests que se hacen internacionalmente a los alumnos, EE.UU. sale bastante mal parado. No obstante, tienen talento para los negocios, sí, eso no hay que negarlo. Si ello tiene que ver con ser un país de inmigrantes, habría que analizarlo con detenimiento. Oswald Spengler en su obra «Los años decisivos» si señalaba: » [EE.UU.] se trata de un territorio inmenso y de una población de tramperos trashumantes de ciudad en ciudad a la caza del dólar, sin consideraciones ni vínculos, pues la ley existe tan sólo para quien no es lo bastante hábil o poderoso para despreciarla. […] La vida [en EE.UU.] tiene exclusivamente una estructura económica y carece por eso de profundidad; tanto más, cuanto que le falta el elemento de la auténtica tragedia histórica, del magno destino, que ha profundizado y educado a través de los siglos el alma de los pueblos occidentales”.

    • También, en el caso de EE.UU., no hay que olvidar la procedencia de la mayoría de sus inmigrantes hasta mediados del s. XX: Europa; no es comparable con la inmigración de africanos a Europa, o de hispanos a EE.UU. en la actualidad por ejemplo; no sólo es la pobreza la que cuenta, sino la educación de sus individuos y otros múltiples factores de las sociedades de donde proceden.

    • Veo ustedes no se percatan, los pilares de sus comentarios son los mismos.

      Se resume bien con esto: “riqueza-inteligencia”

      La inteligencia en el caso de López Corredoira es un requerimiento para la producción, en el caso de Tamuda ídem (“pobres de solemnidad en su mayoría, convirtieron a la nación norteamericana en cabeza de un imperio”).

      En el pasado, he tratado de definir inteligencia, en el presente he dimitido. Es algo, se sabe que está ahí, pero nadie puede definir en plenitud, es “el bípedo implume”.

      Si bien no sé que es inteligencia como concepto ideal contemporáneo. Sí se podría indagar sobre su origen, el cual viene a ser “escoger”.

      Europa ha escogido ser rica y a la par extinguirse demo-gráfica-”mente”.
      Por lo cual, la tesis de la capacitación para la producción (tesis que ustedes comparten) se auto-liquida, extingue; dado en este caso parece deducirse un “cerebro colectivo“ menor que una hormiga (más de 15% biomasa animal terrestre).

      Igualmente se percibe, el articulista cae en contradicción flagrante al tildar a “EE.UU” de poco “inteligente” (“sus ciudadanos en comparación con otros países”) cuando es en peso la nación más prospera de la tierra durante casi todo el siglo XX.

      Cuando se cree en Dios se puede creer en cualquier cosa, aunque ese dios sea científico.

      Cabría señalar, la complejidad del tema que ustedes enfrentan, el cual incluye elementos casi insondables. Los cuales escarban en las bases mismas de “ser humano”; y, con ello unos tilden a otros de bestias (esclavos,…), perros infieles, o bárbaros (los sonidos de pájaros, no se entiende lo que dicen),…,poco inteligentes.

      Ese proceso, fortuito en muchos casos (ej: erupción minoica), el cual generalmente resumo como “proceso constitucional” (no es un texto legal) culmina en una forma de convivencia (ej: polis griega); el cual se ha repetido a lo largo de la historia como un proceso de vecindad, por ejemplo en Castilla.

      Y retomando a mi comentario, la supervivencia o la capacidad productiva no instauran un áurea de inteligencia. El mero hecho del extermino/dominación militar (el verdadero origen del desarrollo industrial occidental) de un grupo de personas no permite deducir que sean menos ni más inteligentes.
      En un sistema de dominación cada cual ha de justificar su posición en la pirámide; con sus cultos y cosmovisión.

      En un momento fue muy útil (con los berberiscos), ahora en un mundo globalizado e industrial (militar) carece de sentido.

      El Neanderthal, el cual aporta sobre un 4% a los genes euro-asiáticos, está extinto. No por ello se puede deducir fuera menos inteligente, igualmente correlación no implica causalidad.

      “La cosa” tiene múltiples vértices, en una historia sometida al caos.

      La inteligencia, puede elegir —dos cosas antagónicas y perfectamente válidas—.
      Ese es el sino de lo humano,…, no hay un “fin de la historia”.
      Solo un fin para cada humano,…, aunque este no signifique gran cosa sobre ese ser irrepetible (reproducción sexual y vida) que desapareció.

      La lucha, la política por otros medios (Clausewitz), no es contraria a la virtud, es ciertamente el mérito de la virtud (Cicerón).

      ¿Pero qué es la virtud? He ahí lo antagónico e irreconciliable,…
      Milenios han pasado y poca cosa en claro.

      Quizá cabria no confundir, coeficiente intelectual (invento), inteligencia y listeza. Porque de listos en España estamos sobrados, posiblemente de inteligentes serviles también.

      • No, no digo lo que dice que digo. La inteligencia a la que me refiero es a la que sale de los tests de coeficiente de inteligencia definida por los psicólogos (discutible si ello refleja la verdadera inteligencia o no, sí; en cualquier caso refleja la capacidad para resolver problemas y crear soluciones).

        La inteligencia no implica siempre mayor productividad o ser líder del mercado. No niego el valor de la inteligencia pragmática de los hombres de negocios («business as usual», made in USA), que más bien cabría definirla como «listeza» utilizando su vocablo, y no niego que haya un enorme número de personas brillantes en ese país, pero en promedio no ocupa el ranking de los países con mayor coeficiente de inteligencia promedio: anda más bien por el puesto 30, como España (otro país donde abundan los descerebrados):
        https://pijamasurf.com/2018/04/top_30_paises_mas_inteligentes_del_mundo_ranking_global/
        Teniendo en cuenta que EE.UU. es de las naciones más ricas y que hay una correlación riqueza-inteligencia, cabe pensar aquí en otros factores que lastran los resultados.

  4. Totalmente de acuerdo con estos comentarios de Tamuda y Rabo de Pasa. Toda esta locura viene de las universidades de EEUU y sus terminales mediáticas. Conozco a unos cuantos pijoprogres, que son rabiosamente antiamericanos, pero que hablan maravillas de Stanford, Harvard, Yale, Brown o UCLA, después de una estancia allí de varios meses, a cargo del contribuyente español (of course) al que desprecian por machista, franquista, fascista y racista.

    Y hoy El País (mejor llamarle El Pis) dedica un publirreportaje a Judith Butler. Por supuesto, el eje del publirreportaje es que Trump es lo peor un peligro para la humanidad. Están desatados y muy histéricos.

    • Lo peor es que desde esas universidades de «élite» luego acaba siendo asumido por el resto de las universidades USA y Uropeas.. porque así juegan a similarse a la élite. Que no se diga que ellas son menos.

      El «truco» está en que genrmine en las de élite .. para que luego descienda en cascada al resto ..

      Lo interesante, y donde nadie quiere meter la nariz, es investigar cómo llegó «eso» a las universidades de «élite» y por qué fue fue admitido allí.

      Quienes estaban detrás para que algo tan negativo no fuera penalizado si no promocionado.

      Y son siempre los mismos: Las Fundaciones USA.. Ford, Rockefeller, Council… a las que ahora habría que añadir la Gates.. y demás.

      • Es evidente que el plan ha sido entontecer a la gente cada día más. Solo hay que ver un rato la televisión o darse una vuelta por Instagram. Blancos, negros o medio pensionistas. El problema básico de Occidente ha sido la arrogancia. Pensar que todo el mundo quería ser como nosotros (que haciendo uso de esa autocrítica tan occidental) que somos manifiestamente mejorables. Pero aquí no se salva nadie: lo de blanco malo y negro bueno es de un simplista que tira para atrás. La condición humana es la que es, solo cambia la tecnología, ahora y en el Neolítico. Cada élite cultural (y cada persona) tiene su propia agenda y pensar que todos se van a adecuar a la de la corrección política, democracia liberal, el viernes de compras al hipermercado y el finde al sitio de moda es hacer el idiota. Y otra cosa: el talento, en general, es un recurso muy escaso y más en la sociedad actual, que estamos embrutecidos y adormecidos. Lo que está claro es que la inteligencia depende del ambiente cultural en que te muevas: a un doctor en física nuclear ni creo que le sirva de mucho la teoría cuántica en un suburbio de Kinshasa, pero el que arregla un coche con cinta aislante seguro que es el rey del mambo.

  5. ¡Que tiempos, dios mío, que tiempos!

    Hay que ver, la inteligencia ha desaparecido de la faz de la tierra. Hoy me he levantado con ganas de broma, y es que yo soy más del amor que de la inteligencia, uno está por ahí danzando como alma cuántica por el universo y de repente le da por elegir un vientre en el que materializarse y zas, aparece en la tierra con un berrinche del carajo o con una sonrisa, hay que saber elegir, y es que eso de nacer marca mucho, que nos es lo mismo llegar llorando a este mundo que a carcajada limpia. Luego ya uno se van encontrando calamidades de todo tipo, desde el filósofo al físico, desde el político al ladrón, desde el llorón al risueño, incluso uno puede llegar a comentarista en Disidentia. Yo cada vez que me pongo a hacer un comentario tengo la impresión de haber tirado mi inteligencia original por el retrete, porque yo en realidad soy hijo de un solo gen, el gen guerrero, que en tiempos de paz lo llaman sicópata, pero que en tiempos de guerra el pueblo lo aclama como héroe. Solo a mi se me podia ocurrir venir a este mundo en tiempos de buenismo democrático. Mi inteligencia guerrera se va a morir de aburrimiento.

  6. «Ésta es la ciencia psicológica y sociológica y antropológica de nuestros días: el político dice lo que es el ser humano según su ideario, y el científico debe buscar los argumentos que soporten esa ideología; no hay más verdad que la del poder y el dinero»

    Puede que la tendencia bárbara y extendida sea la que describe, aunque también puede darse a la inversa, Martín. Especialmente cuando se utilizan argumentos supuestamente científicos o ciertas hipótesis que no se ven respaldas empíricamente por la ciencia y que son ser aprovechadas ideológicamente por políticos o dirigentes sin escrúpulos para armar sus discursos y plantear la superioridad e inferioridad de unos grupos frente a otros, en base a la inteligencia.
    De hecho, en EE.UU es un clásico el debate acerca de las diferencias en inteligencia entre blancos y negros. Autores como Jensen, Hersnstein y Murray se hacen eco de esas diferencias, traducidas en una desviación estandar de la escala de C.I (15 puntos) un dato que parece confirmarse en EE.UU desde los años treinta y que por ejemplo sirven de base para afirmar de forma bárbara que la tendencia a la criminalidad o a la marginación social depende del nivel intelectual.
    O podrían servir de base en nuestro suelo patrio para justificar delirios nacionalistas sobre la superioridad de la «raza vasca», por poner un ejemplo.

    Es cierto que el debate acerca de las diferencias raciales siempre ha sido polémico y crispado, hasta el punto de que algunas voces desde la sociología y la antropología propusieron no investigar este fenómeno, negando incluso la existencia de las razas como un fenómeno natural.
    Sin embargo, la existencia de diferencias entre grupos étnicos es un hecho que conviene reconocer y desde la Psicología diferencial así se entiende. Está claro que no todas las variables entre grupos son comparables y la verificación de esas supuestas diferencias raciales en inteligencia en base a la genética todavía está por establecerse.

    • Efectivamente, de todo ha habido en la Historia, y no han sido pocos los casos de políticas racistas inspiradas en especulaciones científicas de dudosa valía.
      En el caso actual, lo que hay mayormente sin embargo es una política (democracia) basada en unos fundamentos (igualdad) que, llevados a rajatabla, chocan con los resultados científicos, por lo cual se decreta la censura de sus estudios o que se reformulen hasta que confirmen lo que la política dice. Y ningún estudio científico del s. XVIII ha inspirado los lemas de libertad, igualdad y fraternidad en los que se basa la democracia actual, son valores éticos en parte inspirados por el pensamiento cristiano y en parte por valores burgueses liberales.

      • Cierto, ningún estudio científico inspiró los lemas de libertad, igualdad y fraternidad, aunque sí los inspiró el pensamiento y los valores ilustrados que ponía al hombre en el centro en contraposición al dogma religioso imperante y que tenían la voluntad firme de separar la iglesia del estado.

  7. El tema es la base de la comedia Idiocracia.

    Está claro, lo natural no permanece inmutable, no se puede llamar selección, ni siquiera adaptación y menos evolución. Pero sea lo que sea cambia,…, y los seres humanos individuales (no “la humanidad”) no permanecen ajenos a ello.

    El ADN muestra que menos varones se han reproducido a lo largo del tiempo. Nada hace pensar, ello cambie en el futuro. No obstante, diversos autores lo atribuyen a los acontecimientos de las distintas épocas (efectos de la “cult-ura” para resumir). Algo similar pasó en la península ibérica con la cultura Yamnaya.

    ¿Qué faceta promociona esa selección de varones en la línea genética?¿Es bueno, es malo?
    ¿Son los machos que se reproducen los mejores?¿mejores en qué y cómo?

    ¿Qué define un culto bueno de uno malo? ¿La supervivencia étnica?¿la pervivencia cultural?¿la dominación política?

    O simplemente la esencia de lo humano,…

    Lo malo de la religión, el “religare”, el unir humanos, radica en que ningún dios responde preguntas. Siempre lo hace algún humano, el intérprete o el redactor, con todos sus “cult-os”.

  8. Además está todo el tema del Entetainimiento:

    Dejo dos links. Uno aquí y otro que cuelga de mi comentario:

    https://www.otraspoliticas.com/educacion/entetanimiento/

    Lo del ENTETANIMIENTO merecería un análisis detallado en algún artículo de Disidentia. Y figuras tan siniestras cómo la de Brzezinski (y su sucesor Cheney, mucho mas bruto que él) y el cómo ese poder oscuro USA, tan transversal a Demócratas y Republicanos (Bush) hasta que tropezó con Trump, han tenido parte en esa depresión inducida del sueño americano.

    Un cordial saludo

  9. Excelente comentario.

    Llevo un tiempo anotando en este sitio el retroceso civilizatorio que supone el regreso al culto a la Diosa Madre Tierra que precisamente es promovido por los que se venden a sí mismos como los más modernos, progres y tecnológicos. Es un regreso al Neolítico, es decir a los sacrificios humanos. Por cierto, que el nazismo ya mostró en pleno S. XX lo que da de sí ese tipo de cultos precristianos.

    La «re-divinización de la Naturaleza» es una buena forma de pensar este fenómeno de entontecimiento.

  10. La decadencia de una cultura y de su civilización, manifiesta en el espíritu autodestructivo que circula entre amplias capas de la población Occidental, fundamentalmente universitaria, es la causa del fenómeno que se comenta en este artículo sobre el descenso de la «inteligencia». Cuando una cultura intenta destruir los principios dinámicos que le dieron origen, cada día se hace más tonta, pues los nuevos principios ahistóricos con que intenta refundarse, son ajenos a la realidad histórica y, necesariamente por ello, pueriles. El cientificismo podrá encontrar causas coadyuvantes aquí y allá. La poblaciones inmigrantes que se acoplan dentro de las occidentales, o se entontecen en los casos en que se produce asimilación, o reaccionan formando ghettos para protegerse, que es lo que en general está ocurriendo en Europa.
    Es una especie de segundo budismo, ya anunciado por muchos pensadores, cuyo trazo grueso consiste en la re-divinización de la Naturaleza, con sus leyes deterministas, «científicas», gobernando los mundos del hombre. Una forma de consolación para hacer soportable la decadencia política. Un nuevo budismo entontecedor, aderezado con el colorido de la técnica. El camino que Occidente abandonó con esfuerzo titánico hace dos mil años, y al que ahora se empeñan en volver a llevarnos esas legiones de universitarios que ocupan las burocracias ociosas, estatales e internacionales, donde se incuban todas las ocurrencias «revolucionarias» que inventan el nuevo mundo progresista. Una burocracia que ha devenido en pensante y sujeto revolucionario de la época. Otro factor más de atontamiento. ¿Para qué necesita el hombre pensar, si las burocracias ya lo hacen por él?

    • Por ahí van las cosas, en mi opinión. Mas que en el tema genético.. que aunque haya que tenerlo en cuenta.

      Es en esa peligrosa tendencia a a la autodestrucción que afecta a las propias élites y que contamina todo el proceso educativo. Donde las universidades «élite» USA son la punta de lanza.

      Se habla mucho del marxismo cultural.. del Mayo del 68, de Uropa, Gramsci.. pero la fuente de la ponzoña está en las Universidades de élite USA. Y en las universidades esas no ocurren esas cosas por «casualidad».

      Ahí pesan mucho las fundaciones Ford, Rockefeller, el Council Relations…

      Es reseñable el numero creciente de estudiantes de origen asiático en dichas universidades, donde se prima por cuotas a afros, hispanos… Resultando que que por notas y curriculum los asiáticos (muchos made in USA genuinos, no necesariamente importados) están despazando al resto.

      Y cómo se han establecido políticas discriminatorias negativas hacia los asiáticos precisamente por eso. Posiblemente porque culturalmente (y porque sean mas inteligentes, por selección no por genética) sean mucho mas refractarios a la manipulación que los blanquitos acomplejados y que los de resentidos que entran por cuotas.