A fuerza de verlo nos parece normal, pero las pegatinas obligatorias en el coche son una buena expresión de la enfermedad intervencionista europea y de falta de respeto al derecho de propiedad.

La excusa: el Estado vela por nuestra salud.

Sometidos por unos políticos controladores, en Europa en general y en España en particular, no nos percatamos del elemento nazi o estalinista (en cualquier caso, estatista) que tiene nuestra calificación y señalización pública por medio de las pegatinas.

No nos percatamos del elemento nazi o estalinista que tiene nuestra calificación y señalización pública por medio de las pegatinas

En la época de Franco había que llevar a la vista la tarjeta de identificación fiscal. El PSOE nos impuso el negocio de las ITV (negocio sobre todo para el hijo de Pujol y otros con las concesiones) y ahora la pegatina del nivel de contaminación.

En los Estados Unidos, que algo saben de coches, no hay obligación alguna de llevar ninguna pegatina. El Estado no vela por nuestra salud. Cada cual es responsable de cumplir las obligaciones de seguridad y contaminación. Hay unas normas y se cumplen. No hay ITV ni nadie te dice lo que te va a durar tu coche ni si tiene que ser diésel o híbrido.

Simplemente se respeta el derecho de propiedad.

En un país libre no te ponen pegatinas.

Foto: Carlo D’Agnolo

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Guillermo Gortázar
Nací en Vitoria en 1951 pero en 1953 mi familia se trasladó a San Sebastián donde realicé mis estudios. En 1970 aterricé en la Universidad Complutense de Madrid. Me interesa la historia y la política. Creo que la Política es la dedicación (temporal) más importante para una sociedad, siempre que se haga con altura de miras y con el objetivo de  un proyecto de libertad sometido a la ley, a la representación y al control de los electores. He sido “político” cinco años contra el franquismo por las libertades, entre 1970 y 1975. Licenciado en derecho y en historia,  después de trabajar tres años en el Banco de Vizcaya, en 1978, gané por oposición una cátedra de Instituto de Geografía e Historia. Disfruté muchísimo dando clases en Vélez Málaga, Las Palmas y Madrid. Poco después obtuve una beca Fulbright, con la que amplié estudios sobre Historia de Europa en el final del siglo XIX y principio del siglo XX. De Madrid llevaba conocimientos; en la Universidad de California, La Jolla, comprendí el secreto de la excelencia universitaria americana y allí me hice historiador profesional. Pasado un periodo de quince años en los que trabajé en banca, enseñanza media y universidad, retorné a la actividad política en 1990, fui diputado en tres legislaturas, hasta  mi dimisión en 2001; inmediatamente después, volví a mi plaza de profesor de historia en la Universidad. El cesarismo y la manía de nombrar los expresidentes a los presidentes terminaron por convencerme que aquello (esto) no terminaría bien. He dedicado buena parte de mi obra reciente a criticar la deriva partitocrática que, a mi juicio, es la base de la crisis política española. Para ampliar estos puntos de vista les sugiero consultar mi página web personal. 

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