“El mundo les pertenece a los heteros y no lo cederán voluntariamente. Habremos de tomarlo por la fuerza. Habremos de forzarles el culo para que lo abran. […] Ustedes, heterosexuales, no nos gustan […]: son el despreciable desperdicio del capitalismo que impulsan” (Leonor Silvestri, Foucault para encapuchadas, Buenos Aires, 2014, p. 68). “La práctica del fist-fucking (penetración del ano con el puño), que conoció un desarrollo sistemático en el seno de la comunidad gay de los años 70, debe considerarse un ejemplo de alta tecnología contra-sexual. Los trabajadores del ano son los proletarios de una posible revolución contra-sexual” (Beatriz Preciado [profesora de Historia Política del Cuerpo y Teoría del Género en la Universidad París VIII], Manifiesto contra-sexual, Madrid, 2012, p. 26).

Estos son los extremos –y he omitido pasajes más fuertes para no herir la sensibilidad del lector- a los que está llegando la ideología de género (IdG), cóctel de neomarxismo, homosexualismo y feminismo radical. Pero la cuestión es si un “verdadero liberal” debe apoyar estas cosas. He tomado las citas del imprescindible Libro negro de la nueva izquierda de Agustín Laje y Nicolás Márquez. Pues bien, ellos sostuvieron hace un año un interesante debate en la Universidad Católica de Perú.

Los jóvenes libertarios, en cambio, negaron la raíz (neo)marxista de la IdG y sostuvieron que los movimientos feministas y LGTB se limitan a reivindicar “igualdad ante la ley”, “libertad para amar”

Fue un debate entre liberales, pues Laje y Márquez se identifican como liberal-conservadores, en tanto que sus rivales eran portavoces de Students for Liberty. Por si no todo el mundo tiene tiempo de escuchar el jugoso intercambio, digamos que Laje y Márquez denunciaron el carácter liberticida de la IdG, presentándola como uno de los frutos del “marxismo cultural”; los jóvenes libertarios, en cambio, negaron la raíz (neo)marxista de la IdG y sostuvieron que los movimientos feministas y LGTB se limitan a reivindicar “igualdad ante la ley”, “libertad para amar” y “reconocimiento de los infinitos modelos de familia posibles”.

El debate peruano ilustraba muy bien el que podríamos llamar cisma liberal actual. Pues todo un sector liberal-progre considera que, por ejemplo, el matrimonio gay, el aborto libre, la maternidad subrogada, la impartición de teoría queer en las escuelas, la persecución de los “micromachismos” o la inseminación artificial de solteras o lesbianas constituyen ganancias de libertad (“nuevos derechos” los llamaron en España Zapatero y Leire Pajín). Enfrente estamos los liberal-conservadores que creemos que, al desproteger la vida y la familia (sí, la “tradicional” de padre-madre-hijos) y hacerse cómplice de una IdG de claros tintes totalitarios, ese libertarianismo está traicionando al liberalismo clásico y erosionando el marco moral que hace posible la libertad.

Debería mover a reflexión –a los liberal-progres- el hecho de compartir trinchera con la izquierda neocomunista (algo que no niegan los libertarios españoles: “Coincidimos con Izquierda Unida en algunas de sus posiciones más beligerantes en cuanto a los derechos de la persona, y en la exigencia de un Estado plenamente laico. […] Coincidimos también con el Partido Socialista en algunas cuestiones de derechos y libertades, y apoyamos los logros de su acción de gobierno en esta materia”, reza la web del Partido Libertario de Juan Pina).

¿Caben juntos Laje-Márquez y el Partido Libertario en una misma filosofía? Van algunas ideas:

– Asociar las actuales reivindicaciones de los movimientos LGTB y feministas con el ideal liberal de la “igualdad ante la ley” es disparatado. La igualdad ante la ley, en lo que se refiere a mujeres y LGTB, se alcanzó hace décadas con el voto femenino, la desaparición de las restricciones de la capacidad jurídica de la mujer casada y la despenalización de la sodomía. Al contrario, las nuevas reivindicaciones feminista-homosexualistas están destruyendo la igualdad ante la ley: presunción de culpabilidad del varón en la Ley de Violencia de Género, cuotas preceptivas de presencia femenina en ciertos ámbitos, derechos especiales para los LGTB (que, por definición, se les niegan a la mayoría hetero), etc.

La definición heterosexual del matrimonio no implicaba discriminación de los homosexuales, pues el sentido de la institución fue siempre la promoción de parejas capaces de procrear: el matrimonio existe para la perpetuación de la especie, no para certificar sentimientos (¿por qué necesitarían los sentimientos un timbre oficial?).

Ya el marxismo clásico, especialmente Engels, apostó por el desmantelamiento de la familia, considerada ingrediente esencial de la superestructura moral del capitalismo

– La raíz neomarxista de la IdG es innegable. Es un hecho que ilustra brillantemente el libro de Laje y Márquez (y que otros, más modestamente, afirmamos desde hace años). Ya el marxismo clásico –especialmente Engels- apostó por el desmantelamiento de la familia, considerada ingrediente esencial de la superestructura moral del capitalismo. Engels fue el primero en equiparar la guerra de sexos a la de clases. Después, en los 60-70, cuando la prosperidad capitalista aburguesa al proletariado y desactiva el conflicto de clase, el marxismo ortodoxo muta en neomarxismo cutural sustituyendo al sujeto revolucionario clásico (la clase obrera) por nuevos colectivos “oprimidos”: mujeres, homosexuales, indígenas, inmigrantes…

Casi todos los padres de la IdG fueron marxistas, incluso comunistas de carné: Simone de Beauvoir, Wilhelm Reich, Kate Millet, Shulamith Firestone… La Firestone afirmaba que la revolución consistiría en que los obreros tomarían el control de los medios de producción y las mujeres el de los de reproducción (o sea, “hijos sí, maridos no”). La revolución socialista es sustituida por la revolución sexual: al principio, la segunda es considerada un medio para la primera; después irá convirtiéndose en un fin en sí mismo.

– Si el libertinaje, el rechazo del modelo familiar clásico y el aborto libre son conquistas liberales incuestionables, entonces la URSS fue pionera de los nuevos derechos y Lenin el campeón de la libertad. Pues la URSS fue el primer país en legalizar el aborto (1921), y aplicó en los años 20 políticas familiar-sexuales libertarias. La familia tradicional era una reminiscencia burguesa que debía desaparecer: sus funciones serían asumidas por el Estado total (“la patria soviética alimentará y educará al niño”). Y en eso llegó Stalin y mandó a parar, ya en los años 30, viendo asomar las orejas del invierno demográfico.

John Locke, padre del liberalismo, les debe parecer ahora un opresivo heteropatriarca a los nuevos liberales

– Los libertario-progres rompen radicalmente con los clásicos del liberalismo, que siempre estimaron que la familia padre-madre-hijos era el fundamento insustituible de la sociedad abierta. John Locke, padre del liberalismo, les debe parecer ahora un opresivo heteropatriarca a los nuevos liberales: “Como la unión entre el varón y la mujer no tiene, simplemente, por objeto la procreación, sino la continuación de la especie, esa unión debe persistir incluso después de la procreación, mientras sea necesaria para alimentar y proteger a los hijos” (Ensayo sobre el gobierno civil).

Pero no hace falta remontarse a 1690; en 1932 Ludwig Von Mises, mentor de la muy liberal Escuela Austriaca, afirmaba (en El socialismo) que los enemigos del libre mercado lo son también de la familia: “Las propuestas de transformación de las relaciones entre los sexos han ido siempre de la mano con los planes de socialización de los medios de producción”; “el amor libre es la solución del socialista para los problemas sexuales”. Y como presintiendo la futura IdG: “Cuando el feminismo [considerando insuficiente la igualdad jurídica hombre-mujer] ataca las instituciones de la vida social [la familia “tradicional”] bajo la impresión de que así será capaz de derribar las barreras naturales, se convierte en un hijo espiritual del socialismo”. Y Hayek decía esto (en La fatal arrogancia, 1988) sobre las liberaciones de los 60-70: “Aunque se supone que el concepto de “liberación” es nuevo, sus demandas de exoneración de las costumbres morales son arcaicas. Los que defienden esta liberación podrían destruir las bases de la libertad y romperían los diques que impiden que los hombres dañen irreparablemente las condiciones que hacen posible la civilización”.

– El parentesco de la IdG con el marxismo queda confirmado por la deriva totalitaria que aquélla ha adquirido en los últimos tiempos: retirada de la licencia profesional a psicólogos que ofrezcan terapia a homosexuales que desean superar su inclinación; amenaza de multas –cuando no inhabilitación y hasta cárcel- para los “homófobos” que cuestionen públicamente los sagrados dogmas de la IdG; adoctrinamiento IdG en las escuelas (a cargo, no de profesores, sino de activistas LGTB); reglamentación de un lenguaje políticamente correcto (en Suecia se ha llegado a imponer un nuevo pronombre “no sexista”)…

Si los liberales aspiran al Estado mínimo, ¿por qué apoyan una ideología que conduce a la interferencia censora del Estado en la sociedad?

Si los liberales aspiran al Estado mínimo, ¿por qué apoyan una ideología que conduce a la interferencia censora del Estado en la sociedad, y que requiere una constante inyección de dinero público para mantener su tinglado vociferante (lluvia de subvenciones a las asociaciones feministas y LGTB, “Agencias de Igualdad”, etc.)? Si los liberales creen en la libertad de pensamiento y expresión, ¿por qué van de la mano con quienes revientan a gritos o pedradas las conferencias de Milo Yiannopoulos, Philippe Ariño (ambos homosexuales, pero librepensadores), Alicia Rubio o los propios Laje y Márquez?

– Los libertario-progres deberían meditar lo que dice Robert P. George: “El gobierno limitado no puede mantenerse allí donde colapsa la cultura del matrimonio, y las familias, o bien no llegan a formarse, o bien se disuelven”. El “nuevo desorden amoroso”, que ellos celebran como conquista libertaria, al final se traduce en volatilidad de las familias (aumento de los divorcios, monoparentalidad, etc.). Y, cuanto más frágiles sean las familias, más serán los individuos en situación de vulnerabilidad, a los que el Estado tendrá que auxiliar con sus servicios. A menos familia, más Estado.


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Francisco José Contreras
Soy catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, donde he ejercido la docencia desde 1996. He escrito y/o dirigido diecisiete libros individuales o colectivos, tanto de cuño académico como dirigidos a un público más amplio. Entre ellos: La filosofía de la historia de Johann G. Herder; Kant y la guerra; Nueva izquierda y cristianismo; Liberalismo, catolicismo y ley natural; La filosofía del Derecho en la historia; El sentido de la libertad: Historia y vigencia de la idea de ley natural; ¿Democracia sin religión?: El derecho de los cristianos a influir en la sociedad; La batalla por la familia en Europa; Una defensa del liberalismo conservador. Activo conferenciante, colaboro regularmente, además de en Disidentia, en Actuall y esporádicamente en Libertad Digital, ABC de Sevilla, Diario de Sevilla y otros medios. He recibido el Premio Legaz Lacambra, el Premio Diego de Covarrubias, el Premio Hazte Oír y el Premio Angel Olabarría. Pertenezco al patronato de la Fundación Valores y Sociedad.

17 COMENTARIOS

  1. Este señor mezcla churras con merinas. Uno es libertario o no lo es. Este hombre es de derechas. Y aquellos que él denomina liberal-progres no son más que los socialdemócratas de toda la vida. En resumen, tanto derechas como izquierdas son ideologías colectivistas. Castradoras de la libertad. La esencia del libertarismo consiste en respetar todas las ideas, incluso las más deleznables. Yo no comparto todas las propuestas feministas ni de las teorías de género. Pero en lo esencial sí. Que consiste en el derecho a ejercer la libertad de vivir, amar y sentir como uno desee. Evidentemente sin imponerselo a nadie. Por tanto, no se puede ser Libertario sin serlo en su vertiente social, de derechos civiles y políticos. No vale serlo sólo en la vertiente económica.
    Por ello, el articulista es un señor de derechas-conservador de los de toda la vida.De libertario no tiene nada, no llega ni a liberal. Que conste que lo dice un padre de familia tradicional de toda la vida. Pero yo me considero Libertario y actúo como tal.
    Este artículo me parece muy reaccionario y demagógico. Pero faltaría más, está en su derecho a pensar así. Lo único que le rogaría es que no se autoproclame liberal y menos libertario. Se proyecta una imagen falsaria de lo que significa la filosofía libertaria. Gracias por su tiempo. Un saludo.

  2. Es cierto que para el sector liberal-progre todos los “derechos” que menciona van en el lote, Contreras, pero un librepensador puede someter estas cuestiones a debate, analizarlas y determinar en qué benefician a la sociedad en su conjunto estos derechos, pasado cierto tiempo. En mi opinión, algunos de esos derechos son adecuados al nuevo contexto social, llevan implantados hace muchos años y por sí mismos no tendrían que constituir ninguna involución o retroceso que hiciera peligrar la familia ni la procreación. El problema, como en todo, son los excesos, el uso indebido o la pretensión de imponer, estirar o desfigurar tanto esos “derechos” que al final ya no se reconozca nadie en ellos o entren el conflicto.

    De la inseminación artificial, por ejemplo, no solo se benefician las solteras y lesbianas; tengo amigas casadas de forma tradicional, que ante la imposibilidad de quedarse embarazadas de forma natural han recurrido a este sistema y han conseguido ser madres, sin mayor trauma (decisión unánime con la pareja). Posiblemente, de otro modo, se hubieran quedado sin hijos.
    Respecto al aborto libre, el hecho de que la mujer tenga derecho a interrumpir su embarazo, no significa que vaya a hacer uso de esa opción drástica ni que la ley vaya a obligarla a ello. Cada persona tiene sus valores, su moral y su ética para aceptar o rechazar dar ese paso, al margen de la ley de turno que exista sobre el tema. Creo que es liberal y tolerante la actitud con la mujer que de acuerdo con sus convicciones decide dar ese paso y no tiene que hacerlo clandestinamente ni poniendo en riesgo su salud. En contrapartida, podría surgir el conflicto de intereses o la colisión de los derechos del hombre y la mujer a ese respecto.
    “Los micromachismos y la impartición de la teoría queer en las escuelas”, ya tiene un cariz distinto, porque esa pretendida influencia forma parte de la propaganda innecesaria, dirigida a promover, imponer y adoctrinar la sociedad de forma sectaria e intolerable.
    Y del matrimonio gay, qué le voy a decir. Lo que demuestra el lobby LGT es que para darles tanto repelús la familia heteropatriarcal, junto con sus costumbres y tradiciones, y a pesar de lo progres y liberales que se consideran, han resultado ser más clásicos y más papistas que el papa. Es decir, que no han tenido bastante con ser parejas de hecho, que para definir su unión civil han querido emular al matrimonio convencional en todos sus aspectos.
    Ya lo hicieron las parejas hetero u homo progres con el “amor libre” cuando acabaron convirtiéndose en parejas de hecho y luego las parejas homo fueron un paso más allá y decidieron que querían definirse como “matrimonio”, con todas las letras. Ya conocerá también el absurdo de las comuniones civiles. Si es que gilis hay en todos partes, y lo mismo con las eternas contradicciones de algunos sectores de la izquierda, que nunca dejan de sorprender.

    • …”la colisión de los derechos del hombre y de la mujer a ese respecto” y la de los derechos del nasciturus!!!!

      ¿Sabe cuantos niños/as no han nacido desde que se despenalizó (en la práctica se permitió totalmente) el aborto en 1.985? 2.095.000 según el Ministerio de Sanidad (dice la wikipedia).

      En 2016 nacieron en España 410.583 niños/as. En el mismo año hubo 93.131 abortos. Un 22,68%.

      Me diga donde empiezan los derechos, libertades y obligaciones de las personas. El derecho a la vida es el derecho más fundamental que existe ¿no?

    • En estos tiempos han mergido una serie de conceptos, que inducen a la confusión más extrema. No sé realmente, lo que es “neoliberal”. Si unes nuevo(neo) con liberal, se supone que sería una reformulación de la filosofía o doctrina liberal. Pues no, al parecer y remarco lo de parecer es todo lo contrario. El vaciado de la palabra “fascista”, evolucionada a “facha”, que se aplica a toda persona de moral conservadora o tradicional.
      Bien, usando la terminología, que yo me sé, sólo conozco el fascismo definido por Benito Musolini. El comunismo definido por Marx y reformulado por Lenin, El nazismo, que toma mucho del fascismo musoliniano y lo convierte en racismo supremacista. Luego está el socialismo que ha devenido en “socialdemocracia” un término donde cabe casi todo actualmente.
      Cada vez estoy convencido. Que primero, el cerrar los manicomios y dejar a lo locos campar a sus respetos. Fue una malísima idea. Segundo lo del comunismo con las últimas teorías sobre el LGBTI son como el agua y el aceite. En la Antigua URSS la homosexualidad era considerada una enfermedad. Se internaban a los “enfermos” en clínicas y se le apl¡caba los métodos pavlovianos, que era la escuela oficial de los “loqueros” soviéticos. Ni hay que decir la política de Castro, un homófobo radical, que los internaba en campos de concentración. Aunque no llegó a imitar a los ayatolah persas, de colgarlos de grúas.
      La humanidad camina en círculos. Si alguno ha creido, que el fascismo y el nazismo fueron derrotados en la II Guerra Mundial ,se equivocan. Ambas ideologías la primera ya nutre la ideología de lo que se llama “socialdemocracia” y la segunda se abre paso poco a poco con la eliminación eugenésica de los individuos ya no útiles. Lo extraño es que las mujeres se nieguen a la reproducción. Las teorías nazis, que cada vez insconcientemente, están volviendo. Se seleccionaban los mejores ejemplares de machos y hembras arias para emparejarlos y producir ejemplares de raza pura y perfecta. Yo creo que la tecnología, que no existía en esa época y ahora sería factible crearla. Con el estudio del genoma humano, es posible que lleguemos a producir ejemplares perfectos con unos genes a medida de las necesidades, creando sistemas extrauterinos.
      Si los nazis hubieran dispuesto de esa tecnología por venir ( y será muy pronto) la habrían usado.
      Recomiendo el libro de Juan Eslava Galán: “El amor en el jardin de las fieras”. Es entretenido y narra la aventura de un español, prisonero republicano, descendiente de aquellos colonos alemanes traídos por Carlos III a repoblar La Carolina.

      • Yo pienso lo mismo.

        para muestra de las fachas que ahy en el “otro lado” le dejo un link a un blog de una ¿feminsta? anarquista/libertario que podría casar perfctamente en algunos de sus razonamientos con lo que los liberales conservadores preconizan. Opuesto por el vértice a lateriía Soro-Podemita.

        Se llama “las interferencias” de Tania Galvez San Jose.

        Le pongo el link en otro post que clgará de este. Pero si tarda en salir, con esos términos en Goole lo encuentra rápido.

        Por el mismo camino al de la promoción de la cosa del GTBi… estaría la liberalización de las drogas, la prostición, la venta de órganos (si ya se venden vientres que mas da un paso mas), …

        Me parece que mucho liberal perdió el oremus hace tiempo.

        un muy cordial saludo

        PS tenga cuidado por sus tierras que Zapatero se ha gastado un pastón en comprarse una finca de 0,5 millones € en Lanzarote.

          • “Los contenidos delatan a las convocantes. A pesar de sus críticas al “neoliberalismo”, en la práctica son partidarias del capitalismo total y extremo, donde todo está en venta, ya sean hormonas, gametos, bebés (quien calla frente a los vientres de alquiler, otorga…). Y la procreación natural y las prácticas sexuales asociadas se llevan adjetivos, supuestamente peyorativos, como, al hablar de la educación: “heteronormativa, centrada en la reproducción, coitocéntrica e invisibiliza la diversidad tanto de identidades como de sexualidades”. Se olvidan de agradecer que gracias a ese tipo de sexualidad tan aburrida y normativa estamos todos aquí, también las personas que han escrito ese manifiesto”
            Es muy acertada la visión de esta mujer que escribe el artículo, Pasmao. He reproducido este párrafo que ilustra muy bien los excesos en los que incurren los falsos profetas de estos colectivos “revolucionarios”, que al final acaban incurriendo en los mismos fascismos e intolerancias que denuncian.

        • El campeonato mundial de imbecilidad en estos momentos lo encabeza Justin Trudeau, primer ministro canadiense. Este tipo está proponiendo legalizar las drogas blandas para consumo “recreativo” desde los 12 años. Probablemente algunos diputados liberales, se unan a los conservadores y rechacen la medida de este memo peligroso y necesitado de asistencia psiquiátrica. Son las ventajas de ser diputado elegido en un distrito uninominal.
          Es una pena, que no hayan artículos sobre el estrambótico primer ministro canadiense. Por aquí pasa inadvertido.
          La última del payaso canadiense fue presentarse de visita oficial en India con la familia, vestidos como los indios. Recuerda a Moratinos, cuando fue a Afganistán y se vistió de afgano con turbante incluido.
          Creo que hay que implantar la escuela de Pavlov en la psicología, con mucho electrochoque. Lo de Freud y el sexo, ya degenera entre los “loqueros” y sus heraldos heraldas y heraldes.

        • Yo vivo en Gran Canaria. Cuando trabajaba, iba algunas veces por allí, cuando no podía resolverlo a distancia. Afortunadamente el Sr. Zapatero puede volar directamente de Madrid a Lanzarote, sin pasar por Gran Canaria. Como ya estoy jubilado, ya no me apetece moverme, ni siquiera fuera de la ciudad de Las Palmas. Fuera de mi ciudad, no encuentro nada interesante que ver.

  3. Sr. Contreras, veo que ejerce su labor docente en el sur. En el norte las parasexualidades funcionan diferente y en el centro son mezcla. Como prueba el martírio de S. Pelayo por los sodomitas de Abderraman III. Los parafílicos sudamericanos deben ser descendientes de estos últimos.