En los tiempos del tik-tok es difícil que mucha gente se haga cargo de lo que oculta el caso Zapatero, y no me refiero ahora a su penúltimo episodio, a ese brusco descubrimiento de que el personaje, de paso que decía hacer el bien sin mirar a quien, se estaba trabajando una fortuna considerable.

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Sin embargo, a la vista de este destape financiero y mafiosete de un prohombre que se describía como un contador de nubes, como un alma consagrada a lo sublime y lejos de las bajas pasiones que afean la vida de los mortales más comunes, apenas es posible dejar de comentar toda su trayectoria como la de un hombre condenado a vivir dos vidas contradictorias, tal vez tan íntimamente atribulado como el protagonista de la canción de Machín que se preguntaba cómo es posible querer dos mujeres a la vez.. y no estar loco.

Le pudo la vanidad y se dedicó a salvar a Pedro Sánchez, una ayuda, por cierto, que es dudoso le sea perdonada, sobre todo porque ha tenido la poca prudencia de presumir de ella y, lo mismo que Roma no paga a los traidores, la Moncloa no está para amparar a los que se creen importar más de la cuenta

Abundan los testimonios, señaladamente el de Félix Ovjero, que lo presentan como un hombre a la búsqueda de una idea, ese primer Zapatero que se decía seguidor del republicanismo de Petit y que ha acabado dando lecciones de economía sumergida tras haber catalizado un proceso de división interna entre los españoles como no se recordaba. Asusta un poco que ese Zetape deseoso de doctrina, pero enseguida aplicado a otras industrias esté siendo el gran inspirador moral de nuestro Sánchez, otro personaje en busca de disculpas de tronío para seguir siendo lo que más le gusta, aunque jorobe al universo mundo.

Otro buen conocedor y fino analista, me refiero a Ignacio Varela, ha escrito que Zapatero pasó de Bambi a Tiburón y ha confesado, de paso, que le prestó alguna que otra frase efectista, pero conviene recordar que lo de Bambi fue un invento de Alfonso Guerra que seguramente ya había calado al personaje lo suficiente como para no esperar nada bueno. Un viejo conocedor del Zapatero leonés, aunque era de Valladolid, decía que de él no se podía esperar nunca ni una mala palabra ni una buena acción. Tampoco sería lógico olvidar el desliz que nos permitió saber que le convenía bastante la crispación.

Este Zapatero bifronte parecía haberse jubilado políticamente tras un sonoro ridículo al verse afeado tanto desde China como por la Merkel y por el pana Obama, todo un récord, pero se trataba de una retirada táctica, esperar hasta que descampe y, aunque se equivocó gravemente apoyando a una Susana perdedora, se apresuró a acercarse a quien había menospreciado para convertirse en su sombra protectora, en la lucecita de El Pardo de los socialistas pedrinos. Títulos tenía para ello, porque el poder de Sánchez siempre se ha fundado en una idea, por llamarle algo, de Zapatero quien a sido, de nuevo en palabras de Varela, “agente del frentismo en la política española, además de arquitecto de la simbiosis del sanchismo con el bloque destituyente”.

Dejadas ya las maneras de un juvenil e ingenuo boy scout de la política, porque los años nunca pasan en balde, Zapatero supo ver que esa nueva posición le permitiría convertirse en una especie de líder internacional, un asunto en el que ya había mostrado maneras con su nunca suficientemente alabada idea de una alianza de civilizaciones y se lanzó a promover la izquierda latinoamericana seguro de que con semejante uniforme podía llegar más lejos de lo que nunca había soñado: un leonés embarcado a todas horas en vuelos trasatlánticos y en aviones privados, trajinando chinerías y tratando de aparentar que su mayor objetivo era conseguir que la hermandad y la paz se instalasen en Venezuela gracias a sus paseos por las galerías caraqueñas, a la sombra de Maduro y de los hermanos Rodríguez.

Ahí no comenzó su desgracia, lo hizo su enriquecimiento súbito y constante porque ni supo ni pudo sustraerse a lo que de verdad se cocía en los despachos de sus políticos preferidos, oro, petróleo, comisiones, mordidas y, como siempre, grandes palabras, asunto en el que ya podía considerarse un gran maestro. Todo iba bien, tejía alianzas imperecederas, trazaba planes internacionales y recibía las lógicas y discretas compensaciones usuales en estos casos: ¿quién se resistiría si ese podía ser el precio que se habría de pagar por sus grandes servicios a la humanidad?

La desgracia tardó en llegar, pero Zapatero ni supo ni pudo verla venir y lo hizo de la mano de la rivalidad con el clan de Ábalos que quería desempeñar papeles similares, pero con menor pompa y circunstancia. Esa batalla la ganó, pero el fragor no le dejó advertir la enorme amenaza que ya entonces le acechaba, pensaba que nadie repararía en la zona oscura de sus brillantes gestiones y, sobre todo, no cayó en la cuenta de que estaba empezando a tocar las narices a poderes mucho más sólidos que el suyo.

De la misma manera que le llamaron al orden los tres presidentes más poderosos del planeta para que dejara de hacer chorradas con el dinero de todos, en esta ocasión el pepinazo le llegó de instancias menos glamurosas, de algunas fiscalías europeas y de esas agencias extranjeras que todavía se preocupan de que los negocios internacionales no sean del todo selváticos y truculentos.

Ahí estamos, resulta que el Zapatero oscuro que se cubría con mantos relucientes de humanismo global y se presentaba con las mejores intenciones imaginables estaba haciendo maniobras económicas que le permitían sus socios políticos pero que no pasaban el filtro de la tenue legalidad internacional. Un tipo avisado debería haber contado con que parte de esas redes de vigilancia no estaban precisamente en manos de Delcy y compañía y que, además, sobre estos amigos queridos, se cernía la amenaza de los portaviones ante los que el Zapatero luminoso no se quiso poner en píe, protocolariamente como manda la buena educación.

Su desgracia llegó a ser dramática cuando unos escuadrones trumpistas se llevaron en volandas a su mecenas caribeño, pero Zapatero debió pensar que eso no iba con él, incluso que podría jugar un papel interesante en la nueva situación y en lugar de recogerse, como habría hecho cualquier prudente hormiguita, no procedió a arriar las velas y a poner en orden sus cuentas, que ya eran bastantes.

Los dos Zapateros, el taimado y el profético, no han querido hacer hueco a un tercero que tal vez podría haberle salvado de la quema, el que le advirtiese que lo mismo que se retiró de manera razonablemente discreta en 2011, otra vez era hora de abandonar el escenario. Le pudo la vanidad y se dedicó a salvar a Pedro Sánchez, una ayuda, por cierto, que es dudoso le sea perdonada, sobre todo porque ha tenido la poca prudencia de presumir de ella y, lo mismo que Roma no paga a los traidores, la Moncloa no está para amparar a los que se creen importar más de la cuenta, sobre todo cuando en esa oficina cunde la impresión de que pintan bastos y conviene guarecerse, si se puede.

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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web