Eric Kaufmann es profesor de política en la Universidad de Buckingham y autor de varios libros, entre ellos The Third Awokening: A 12-Point Plan for Rolling Back Progressive (El tercer despertar: un plan de 12 puntos para revertir el progresismo) y Taboo: How Making Race Sacred Produced a Cultural Revolution (Tabú: Como la sacralización de la raza provocó una revolución cultural).
En algunos sectores de la derecha hay un exceso de triunfalismo con el final del woke, pero parece que se va a necesitar mucho tiempo.
Sí, por supuesto, aún queda mucho tiempo. Una cosa es sacar el wokismo de las instituciones, que es un proyecto político, y otra es acabar con la idea, que requiere un trabajo multigeneracional.
Trump ha hecho mucho políticamente para eliminar las políticas woke del gobierno, pero no ha articulado una visión ni una filosofía consistente
En un debate sobre Trump, usted defendió que el presidente estadounidense carece de una visión moral a la hora de combatir el wokismo.
Trump ha hecho mucho políticamente para eliminar las políticas woke del gobierno, pero no ha articulado una visión ni una filosofía consistente, y la forma en la que se está llevando a cabo es según su antojo. Por ejemplo, si tomamos el caso de Harvard, da la impresión de ser vengativo y arbitrario. No hay un principio que guíe sus acciones, lo que significa que nadie está defendiendo realmente la postura contraria de una manera duradera que perdure durante varios mandatos.

¿Cómo debería ser esa visión moral?
Creo que debería empezar desde un principio filosófico elevado que diga lo que es erróneo en el wokismo y cuál es el camino correcto. Algo como que el wokismo es socialismo cultural que busca proteger de daños emocionales a grupos marginales, raciales y de género. Diciendo de una manera muy clara y simple que esta idea del socialismo cultural va en contra de lo que creemos, a lo que podríamos llamar libertad cultural o liberalismo cultural. Es decir, va en contra de la igualdad de oportunidades, la libertad de expresión y el respeto por la tradición nacional de los que sacrificaron tanto por este país.
La clase de visión en la que dirías que Harvard ha llevado a cabo un comportamiento discriminatorio extremadamente deplorable y ha ido en contra de todo en lo que creemos. La clase de lógica en la que puedes tomar medidas e iniciar un proceso para corregir ese comportamiento y les das la oportunidad de responder, aunque no infinitamente, a ese proceso, en lugar de directamente golpear a la institución. No violas el proceso, lo respetas y eres igual de duro, y al mismo tiempo hay una lección moral ahí: no queremos socialismo cultural. En ese mundo imaginario, puedes defender un nuevo conjunto de valores que es muy claro y coherente. Ese sería el sueño, pero no es lo que tenemos.
¿Volverá el wokismo en caso de una derrota Republicana?
Absolutamente. Si miramos a Virginia, donde los Demócratas acaban de ganar, están muy ocupados promulgando nuevas leyes o, como poco, formulando la legislación. La parte woke de los Demócratas ha logrado permanecer con el control del partido, así que creo que desharán todo lo que hizo Trump y que traerán un nuevo manojo de leyes woke. Siempre que sigan siendo elegidos haciendo esas políticas, los Demócratas reinstaurarán las políticas DEI (Diversidad, Equidad e Igualdad) y todo lo demás. Cultural e intelectualmente el wokismo ha perdido y no creo que pueda tener la energía que tuvo como fenómeno cultural, pero volverá en su forma institucional si Trump pierde.
¿Y las controversias con Canadá y Groenlandia? ¿Estas políticas no representan un problema para los partidos de derecha occidentales aliados de Trump?
Estoy de acuerdo con muchas de las políticas de Trump, pero ciertas políticas nacionalistas y expansionistas en política exterior pueden enemistarle con otros países occidentales, incluyendo a los partidos de derecha occidentales. El nacionalismo cultural es necesario, pero el nacionalismo político es diferente y además no hay ninguna visión que lo una con la opinión pública fuera de Estados Unidos, así que no existe una posición principal común. Sin embargo, una política antiwoke consistente sí puede ser abrazada internacionalmente y, de hecho, J. D. Vance ha forjado algunos vínculos en el extranjero, al igual que las conferencias del CPAC con ponentes internacionales. Pero, por otro lado, tenemos la idea de una América sola, más nacionalista, expansionista y casi imperialista, que los enfrenta con la misma gente. Así que tenemos una especie de enfoque esquizofrénico que no es consistente.
Yo estaría a favor de un enfoque más filosófico y de poder blando, donde construyes alianzas en distintos países con aliados filosóficos. Vance ha hecho un poco en este sentido, pero todo eso ha sido claramente violado con lo que se ha hecho en Canadá y Groenlandia. Creo que esto está mermando la eficacia de su movimiento en un sentido cultural y filosófico.
El enfrentamiento de Trump con Canadá resucitó al Partido Liberal, muy por debajo en las encuestas, y arrebató la victoria a los conservadores. ¿Está siendo el gobierno actual tan woke como lo fue el de Trudeau?
Canadá sigue siendo el país más woke del mundo, pero muestra un rostro tecnocrático en vez de uno radical. No obstante, ha habido una mejora porque el primer ministro suena más razonable, aunque, entre bastidores y de una forma más encubierta, básicamente siguen haciendo lo que hacían en el pasado y muestran el mismo nivel de extremismo en los medios estatales, en las instituciones y en las universidades. Todo el régimen woke se mantiene en su sitio.
Usted vive en el Reino Unido, otro país víctima del wokismo. ¿Cree que se va a producir un cambio en las próximas elecciones?
El Reino Unido tiene un mapa electoral fracturado. El partido más grande es Reform, con cerca de un 30%, y luego están los laboristas, conservadores y verdes, por debajo del 20%. Si las encuestas no se equivocan, Reform podría obtener una mayoría. En términos culturales el wokismo no es poderoso, pero tiene una fuerte presencia en las instituciones y es ahí donde ejerce el control. Por supuesto, no lo hace de una forma tan extrema como en Canadá, donde, por ejemplo, se puede discriminar abiertamente a los blancos, mientras que en el Reino Unido eso no es completamente legal, existe una zona gris, y en Estados Unidos es ilegal. Los medios británicos están más equilibrados y son mucho más críticos, y los casos más escandalosos llegan al Parlamento. Creo que aquí lo woke está más controlado y, aunque domina las instituciones, un político británico, salvo los de la izquierda radical, no va a hacer declaraciones del tipo “los hombres deben participar en competiciones femeninas” o “las mujeres trans son mujeres”. Por otro lado, el capitalismo woke es aún mucho más evidente que en los Estados Unidos y hay mucho DEI bajo la superficie.
Reform está decidido a cambiar las cosas, y creo que será interesante ver cómo evoluciona la situación. A nivel internacional, nos encontramos en un momento en el que no hay duda del impulso que tiene el movimiento, pero todo gira en torno a la institucionalización. Y sí, puedes entrar en los partidos políticos que pueden tomar las instituciones, quiero decir que tenemos que hacerlo, y convertirlo en una prioridad, pero luego está la cuestión a largo plazo de las ideas. Cuando Trump hace determinadas declaraciones, deslegitima todo el conjunto de principios.
Hay otro movimiento surgido en los Estados Unidos de la mano de personajes como Tucker Carlson al que muchos llaman “derecha woke”. ¿Existe la derecha woke?
El termino se usa muy ampliamente. Lo que diría es que hay un parecido en muchas dimensiones: quejas basadas en la identidad, cancelación y pruebas de pureza; algo que se tiene en común con cierto grado de tribalismo. Hago una distinción entre la moralidad woke y el ser un mal miembro de la tribu. Por ejemplo, si alguien niega que las elecciones de 2020 fueron robadas, es un mal Republicano, que es como decir que alguien es un mal hincha del Real Madrid. Estos casos son una cuestión de identidad tribal, pero para el wokismo, los que no cumplen con su credo son juzgados como malas personas que deben ser expulsados de la sociedad, y nadie debería asociarse con ellos porque son horribles y sus almas están contaminadas. El wokismo se revela como una cruzada moral y su alcance es mucho mayor.
Ocasionalmente, podemos ver esto en la derecha. Como sucedió después del asesinato de Charlie Kirk; cualquiera que dijera algo malo sobre él era marcado como moralmente repugnante y se pedía castigo y que perdiese su trabajo. Aquí podemos encontrar una clase de equivalencia, pero no cuando alguien es descrito como un mal miembro de la derecha. Lo woke es una visión moralista y religiosa mucho más profunda que juzga el carácter esencial de sus víctimas.
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