Carmen Ladrón de Guevara es licenciada en Derecho y Dirección y Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Madrid, obtuvo el máster en Análisis y Prevención del Terrorismo por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y se doctoró en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. En 2010 pasó a formar parte del Departamento Jurídico de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT). Desde 2017 combina su actividad profesional con la docencia en diversas universidades. Hablamos sobre su último libro: “Las víctimas del terrorismo de extrema izquierda en España: Del DRIL a los GRAPO (1960-2006)”.

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¿Qué razón le llevo a escribir este libro?

Carmen Ladrón de Guevara
Carmen Ladrón de Guevara

La razón es que en el año 2005, cuando estudiaba Derecho en la universidad, me llevaron a un juicio por terrorismo en la Audiencia Nacional. Me impactó tanto lo que viví ese día que comencé como voluntaria de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) acompañando a las víctimas a los juicios. En esos juicios asistí a alguno contra miembros de los GRAPO (Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre) y me llamaba la atención su poca repercusión, lo poco que se hablaba de esos juicios y en general de lo que había supuesto el GRAPO. En mi casa tampoco sabían decirme el número de personas asesinadas por los GRAPO y, desde el principio, eso me marcó. Después terminé la carrera y empecé a ejercer la abogacía en defensa de las víctimas. Pasé a formar parte del departamento jurídico de la AVT, y cuando en 2011 hice el informe de los casos sin resolver de ETA, la presidente de la AVT, Ángeles Pedraza, me dijo que había que hacerlo también de otros grupos terroristas. Empecé con el GRAPO y la primera dificultad con la que me encontré fue que no había nada escrito sobre esas víctimas. Cuando hice el informe de ETA pude tomar como referencia el libro “Vidas rotas” publicado un poco antes y que enumeraba por primera vez de forma sistemática a todas las víctimas asesinadas por ETA. Sin embargo, no había nada parecido de los GRAPO.

Cuando presenté el informe hice la reflexión de que algún día habría que escribir el “Vidas rotas” de los GRAPO. En la sala estaba presente el director de Memorial, Florencio Domínguez, que colaboró en ese libro, y me dijo que ese alguien debería ser yo. Así que, tras finalizar mi tesis doctoral, hable con él y me embarqué en el proyecto, aunque me indicó que la investigación debía abarcar también no sólo a las víctimas de los GRAPO sino a los de otros grupos de extrema izquierda que también habían asesinado y cuyas víctimas eran olvidadas. Hice un cálculo de que la investigación me llevaría un par de años, pero finalmente he tardado cinco.

El hecho de que la mayoría de estos grupos atentaran en los últimos años del franquismo ha provocado que, años después, nos los hayan vendido con una visión romántica y antifranquista, y el culmen de ese proceso es la ley de memoria democrática

El GRAPO es, en número de víctimas, el tercer grupo terrorista más mortífero de Europa, por delante de organizaciones terroristas muy conocidas con la Fracción Alemana del Ejército Rojo o las Brigadas Rojas. Sin embargo, incluso en España es prácticamente un grupo desconocido.

Efectivamente. Ese dato no lo doy en el libro porque no había caído en ello. Es el segundo grupo más mortífero en España con 93 asesinatos y su última víctima es del 2006, pero es cierto que muy poca gente conoce la existencia de los GRAPO. Durante un seminario, el profesor Matteo Re, que es un experto en las Brigadas Rojas, me señaló que esos 93 asesinatos convertían al GRAPO en el tercer grupo más mortífero de toda Europa. En el ranking macabro de las organizaciones terroristas, España ocupa el segundo y el tercer lugar.

De los 120 asesinatos a manos del GRAPO y otros grupos de extrema izquierda sólo se han resuelto 79. ¿No son muchos casos sin resolver?

El dato comparado con ETA es inferior, pero porque la naturaleza terrorista es diferente. Hay un alto porcentaje de casos no resueltos en los grupos que atentaron en los últimos años del franquismo y los primeros de la transición por la ley de la amnistía y por otros indultos. Por ejemplo, a los miembros de Terra Lliure (grupo independentista catalán) se les indultó en 1994. No es tanto si están resueltos o no, sino que la condena que han cumplido ha sido muy corta. Respecto al GRAPO, la mayoría de sus atentados fueron a plena luz del día, a cara descubierta, y era más fácil que hubiese testigos que identificasen a los responsables. De hecho, está una de las mayores causas de impunidad en el caso de ETA, que la mayoría de los casos sin resolver se cometieron en el País Vasco y esa espiral de violencia derivada del miedo hacia que los testigos presenciales no delataran a los autores por miedo, algo que no pasaba con los GRAPO.

¿Se ha reconocido a los asesinados por estos grupos como víctimas del terrorismo?

El reconocimiento formal como víctima del terrorismo requiere que la víctima reclamé ese reconocimiento. Si no hay ningún familiar que lo haya solicitado, no es posible ese reconocimiento, sobre todo en víctimas correspondientes a esos años de las cuales se desconocía su existencia. Hay que tener en cuenta que la primera ley de víctimas no llega hasta 1999.

La actividad de estos grupos terroristas, ¿no ha sido presentada, en muchas ocasiones, de una forma casi romántica por su lucha contra la dictadura?

Absolutamente, el hecho de que la mayoría de estos grupos atentaran en los últimos años del franquismo ha provocado que, años después, nos los hayan vendido con una visión romántica y antifranquista, y el culmen de ese proceso es la ley de memoria democrática, que viene a reconocer como víctimas a los responsables de esos atentados y a reescribir la historia en toda regla. Sí, eran antifranquistas, pero también eran terroristas. Existió un antifranquismo que no era violento y la transición a la democracia no se hizo gracias a estos grupos terroristas, sino a pesar de ellos. Estos grupos no querían una transición. El brazo político de los GRAPO es el Partido Comunista reconstituido y el del FRAP es el Partido Comunista marxista leninista, es decir, son dos escisiones del Partido Comunista de Santiago Carrillo que consideran una traición que el líder comunista aceptase la legalidad.

Muchos de estos grupos son independentistas, pero ideológicamente casi todos se sitúan en el marxismo leninismo. Sin embargo, ¿no se intenta, por razones políticas, obviar su afiliación ideológica?

Totalmente. De hecho, lo único criticado del libro y por lo que he recibido ataques ha sido por su título, que no puede ser más descriptivo. Cuando propuse varios títulos, este era el que menos me gustaba: Las víctimas del terrorismo de extrema izquierda en España. Cuando se hizo pública la portada, empecé a recibir en redes sociales los primeros ataques que negaban la existencia de víctimas del terrorismo de extrema izquierda. Entonces me di cuenta de que el título había sido un acierto, pero no deja de ser sorprendente que se niegue este terrorismo cuando tenemos a los asesinados que presento en el libro, más los 853 de ETA: 973 asesinados por grupos de extrema izquierda. Muchos me decían que se trataba de grupos nacionalistas, sí, algunos lo eran, pero es que además eran de extrema izquierda. Estos son los negacionistas, y luego están los frentistas, los de “y las víctimas de la extrema derecha para cuando”. Me consta que el centro Memorial está impulsando una investigación en este sentido, pero las cifras no son comparables: 973 asesinados frente a unas 50-60 víctimas de la extrema derecha. Negar la evidencia usando el terrorismo de extrema derecha es bastante tramposo.

Antes ha mencionado la ley de memoria democrática, y lo cierto es que las generaciones más jóvenes desconocen cada vez más lo que ha sido el terrorismo en España. ¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación?

Lo que hay que hacer es escribirlo y contarlo, y eso lo tenía muy claro. Con este libro pretendo llenar un vacío, poner la primera piedra y que esto de pie a muchas otras investigaciones. Yo lo que he hecho es el plano en general, pero creo que cada historia merece ser contada en detalle, hay que investigarla y contarla. Cuando me dicen que es increíble que los jóvenes no sepan quién era Miguel Ángel Blanco, yo siempre digo que es imposible que lo sepan si no se lo contamos. En ese sentido estoy muy satisfecha con el resultado del libro, no por mí, sino por dar a conocer a los que son los verdaderos protagonistas, las víctimas que merecen ser sacadas del olvido.

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