Un país que no sabe proteger sus fronteras es como un padre de familia que no sepa proteger a los suyos. Marruecos ha dejado al gobierno de Sánchez en ridículo frente al mundo y, lo que para Sánchez es peor, frente a la inmensa mayoría de los españoles que, en el transcurso de sólo unas horas, han comprendido de manera muy dolorosa la clase de gobierno que tenemos, inoperante, mentiroso y cobarde, tres vicios que resultan detestables para cualquiera, sin necesidad de ser competente, sincero y muy valiente.

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No cabe mayor humillación que decir que quien te ha agredido está siendo muy amable contigo mientras continúa dándote patadas en el trasero

Sánchez ha quedado retratado como un bocazas, como un líder político maniatado e irrelevante al frente del gobierno precisamente en un momento en el que España necesita algo esencial, respeto del resto de naciones europeas con las que comparte un modelo político y más que respeto por parte del gobierno marroquí que, con el apoyo de Trump y de Israel, a los que la política exterior de Sánchez ha desafiado creyéndonos al amparo de cualquier represalia, pretende chotearse de nuestra capacidad de defensa y de nuestra dignidad nacional. El sultán quiere invadirnos de la misma forma pacífica que su antecesor lo hizo para sacarnos a empujones del Sahara. Ahora ensaya una toma de las posesiones españolas en el norte de África porque está seguro de que Sánchez no tiene bemoles para defenderlas como merecen.

El Gobierno ha llamado, mal y tarde, al ejército para que ayude en la crisis de Ceuta, pero sabe Dios las instrucciones, competencias y posibilidades que tendrán nuestros soldados a las órdenes de un gobierno educado en las artes de la guerra de pancartas pero incompetente, mientras no se demuestre lo contrario, para defender, con las armas cuando sea preciso, nuestras fronteras, que es lo mínimo que se le puede pedir.

Un gobierno que siempre ha claudicado ante las presiones de Marruecos y que tiene abandonadas a Ceuta y a Melilla ha reaccionado ahora mintiendo, como suele, sobre los números de esta auténtica invasión, y alabando la actitud colaboradora de Marruecos. No cabe mayor humillación que decir que quien te ha agredido está siendo muy amable contigo mientras continúa dándote patadas en el trasero.

Este gobierno trapacero es incapaz de aprender, porque no ha sido capaz de aplicar las lecciones de la crisis de 2021, que fue una versión abreviada de lo que ahora está pasando. Sánchez sólo sabe escurrir el bulto, negar los hechos que le denuncian, eludir sus responsabilidades: nada tiene que ver con la corrupción que le corroe por todas partes, es ajeno a los accidentes ferroviarios y pretende que los incendios, que no conocen límites de territorio, no son cosa suya, como pretendió que nada tuvo que ver en la inundación catastrófica de Valencia. Como ahora no puede eludir sus responsabilidades, porque las fronteras son de su incumbencia exclusiva, está tratando de presentar la inaudita invasión como una especie de alegre excursión de ida y vuelta porque si escuchamos lo que dice casi da la sensación de que se han marchado más marroquíes de Ceuta que los que nunca llegaron a entrar.

Cualquiera puede ver, sin embargo, la invasión de las calles, el miedo de los ceutíes, el cierre de las tiendas, el caos total y nadie puede asegurarnos que lo que hemos visto sea peor que lo que nos queda por ver.

Las mafias y/o los mandatarios marroquíes se han apresurado a leer bien una sentencia del Supremo, bastante inaudita desde varios puntos de vista, sin que el gobierno haya tenido la menor capacidad de anticiparse a lo que sin duda acabarían por hacer, y han hecho unos y otros. Si el gobierno de Marruecos terminase por ayudar de alguna manera a resolver esta crisis, da miedo pensar en lo que pediría a cambio, porque con independencia de la responsabilidad política del régimen marroquí, lo que ha sucedido es para ellos un win-win, y lo es porque saben que tienen maniatado al gobierno de Sánchez, ellos saben por qué, nosotros no, tal vez algún día lo sepamos, pero sepámoslo o no, es evidente que el gobierno de Sánchez ha estad de rodillas ante las iniciativas y pretensiones de nuestro vecino del sur.

Un Gobierno responsable se habría ocupado en tomar las medidas necesarias para poder neutralizar esta operación especial que se ha montado con el engaño y la excusa al socaire de la sentencia del Tribunal Supremo, de la misma forma que practicó las devoluciones especiales que le permitieron hacer frente de algún modo a la situación provocada en 2021 en este mismo lugar de nuestra frontera. La errática actitud de Sánchez, incapaz de superar esa hipocresía que le llevó a montar el espectáculo con el Aquarius, es completamente inadecuada para defender a España y a nuestros socios europeos de una emigración descontrolada que, además, puede ser usada como arma política para debilitar las defensas de los territorios españoles en el norte de África, que no son meros territorios, sino ciudades repletas de conciudadanos con derecho a esperar que el gobierno defienda sus intereses y los proteja de agresiones sin la menor justificación.

La imprevisión y la lentitud en reaccionar de este malhadado gobierno ha convertido a Ceuta en una ciudad fantasma y ha encerrado en sus hogares a miles de españoles que no se atreven a salir a la calle y no les faltan razones para alimentar ese temor. El tiempo que tarde en volver Ceuta a la normalidad   va a medir la capacidad de este gobierno para cumplir una de las misiones esenciales de cualquier Estado, proteger a los ciudadanos de la violencia y los abusos de fuerza de las multitudes embravecidas por las causas que fueren.

Los casos de robo, agresiones o violaciones que puedan darse en los próximos días se deberán a su irresponsabilidad, a la increíble suficiencia con la que el presidente pretende pasar unas largas vacaciones en playa privada, sabiendo como debiera haber sabido, la que se estaba preparando en las calles de las poblaciones marroquíes cercanas a Ceuta.

Si Sánchez hubiese puesto en vigilar este asunto la mitad del interés que ha puesto en averiguar si la UCO se estaba excediendo en vigilar a su hermano, el músico políglota y trotamundos cuya caravana aparcaba en la Moncloa, se habría enterado de lo que se estaba prometiendo a estos miles de chavales desde antros criminales o desde covachuelas ministeriales. Si lo ha hecho como si no lo ha hecho su responsabilidad no admite la menor excusa.

España entera ha quedado en ridículo ante el mundo por ser incapaz de controlar con un mínimo de solvencia las puertas de entrada a su territorio soberano. Los españoles puede que no seamos tan valientes como el Cid ni tan generosos como don Quijote, pero es seguro que tenemos un acentuado sentido del ridículo y es razonable esperar que Sánchez pague muy caro este episodio bochornoso de nuestra historia. Admiramos a los toreros, pero no toleramos el ridículo del que sale corriendo para refugiarse en la barrera. Sánchez ya dio ese espectáculo en Paiporta, pero ahora nos ha puesto en ridículo a todos.

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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web