Con este título escribió Julio Verne una de sus estupendas novelas de aventuras para presentarnos a un exótico personaje que, como podría haber dicho Groucho Marx, era capaz de pasar de la nada a la más absoluta miseria, de rico a pobre, luego de pobre a rico, pero con una amenaza de muerte a sus espaldas debido a que en la sima del desespero había contratado a un personaje que le diera muerte ya que él no se atrevía a suicidarse, total un infeliz. Si no recuerdo mal hubo una película homónima de Jean Paul Belmondo, allá por los años sesenta que, libremente inspirada en la novela, presentaba a una Ursula Andress que oficiaba, muy verosímilmente, de motivo para que el chino Belmondo no se suicidase.

Publicidad

Cosas de la memoria, me he acordado de este pintoresco personaje al ver a nuestro nunca bien glosado Zapatero metido en unos apuros mayores debido a que sus estrambóticas y oceánicas aventuras han acabado sometidas a los ojos minuciosos, y un poco socarrones, de un juez español y a que la opinión pública está en ascuas esperando a ver si, con la inestimable ayuda de Moratinos, se consigue que algún visir de guardarropía le firme un papel que aclare que lo de esas joyas que han aparecido inopinadamente en su despacho se reduce a un mero desliz administrativo. Es obvio que todo ciudadano de buen talante debería considerar las tales joyas como unas baratijas, que es lo que sugirió prontamente un avezado portavoz, dado el aspecto que tienen, pero resulta que el juez se ha asesorado… y las piedras valen una pasta.

A Zapatero le crecen los enanos del circo: las joyas halladas en su despacho, que algunos quisieron presentar como baratijas o cortesías diplomáticas, valen una pasta. Y mientras Moratinos busca papeles salvadores para convertir lo que parece un botín en un detalle de cortesía, la pregunta incómoda sigue ahí: ¿vienen esas piezas de las cortes árabes, de Caracas o de alguno de esos discretos pagos chinescos por servicios prestados?

Como al chino de Verne, al circo del pobre Zapatero le crecen los enanos. Todo le pasa por ser tan incauto entre caimanes y tigres asiáticos como cuando se movía en la crédula España en la que incluso llegó a gozar de fama de bobo a base de ser tan ingenuo y amoroso como un peluche, siendo uno de esos socialistas ejemplares que tienen poco y lo dan todo. Pero vamos a ver, ¡qué culpa puede tener el bueno de Zapatero, él que no sabe ni lo que es una hoja de cálculo, de que le hayan metido en negocios en que el más tonto hace relojes de madera! ¡Cómo se le ocurre, por Dios, qué ingenuo ha sido este hombre!

De arreglar el detalle de las joyas se está encargando el señor Moratinos que es quien, al parecer, está buscando unos salvíficos papeles, que muestren que lo que parece un botín sea un detalle de cortesía musulmana. Me temo que como cualquier personaje de cierta notabilidad quiera quedar a bien con nuestro Moratinos, embajador, temo que perpetuo, de la alianza de civilizaciones, va a pasar un mal rato porque, aunque Moratinos estime que puedan ser muy capaces de firmar cualquier falsedad, estoy seguro de que sentirán un rechazo irreprimible al ver las fotos de las joyas que supuestamente regaló nada menos que un rey, aunque ya muerto, por descontado.

Los aristócratas árabes podrán ser corruptos, pero hacer que parezcan horteras es pedir peras al olmo. Cualquier personaje de las cortes arábigas sentirá que los pelos se le tornan escarpias al ver la extrema vulgaridad de las piezas que se supone ha regalado uno de los suyos. Son piezas carísimas, pero al peso, carecen de la menor distinción y eso es imperdonable para estos exquisitos personajes. Tal vez si Arafat siguiese vivo podría hacer algo en recuerdo de las tartas que Moratinos, según me cuenta un amigo diplomático, le llevaba a Arafat en cada cumpleaños, pero no es el caso, por desgracia.

En esto de los procesos dicen los socialistas que es muy importante la presunción de inocencia y no querría yo atentar a principio de semejante importancia, pero se me hace inevitable pensar que las joyas zapateriles tienen un origen algo más congruente con su aspecto que con la suma exquisitez de las cortes arábigas. Tal vez Zapatero no se acuerde bien y se confunda, al fin y al cabo tenía las joyas arrumbadas en una cajonera, pero más verosímil me parece que el joyero autor de esas piezas tenga su asiento en algún tugurio caribeño o en una de esas factorías chinas que apañan lo que sea a velocidad de relámpago.

Al fin y al cabo, no consta que Zapatero haya ejercido sus benéficos oficios en las cortes de oriente medio, mientras que todo el mundo está al tanto de sus frecuentes visitas a Caracas y de las innumerables gestiones que nuestro afligido conciudadano ha llevado a cabo para evitar males mucho mayores que los que atribulan a los venezolanos, cosa que Zapatero le quiso recordar al juez Calama, suponiendo, con cierta miopía, hay que reconocerlo, que el señor juez podría estar al margen de las sacrificadas misiones que Zapatero ha protagonizado robando tiempo a su trabajo habitual de consultor verbal de Análisis Relevante una empresa española puntera en los mercados internacionales de mayor interés estratégico.

Menos sabidas son las excelentes relaciones de Zapatero con la potencia emergente, con la China a la que ha prestado relevantes favores para evitar que por los prejuicios yankis y la timorata actitud de las cancillerías europeas pudiéramos quedarnos al margen de los benéficos efectos de dejarse penetrar, poco a poco y sin ruido, por el buen hacer de las empresas chinas, en especial cuando están dirigidas con maestría por cualquiera de los sucedáneos empresariales del todopoderoso y muy eficiente Partido Comunista. Zapatero ha encajado muy bien con las costumbres chinescas y no sería nada extraño que algunos de los pagos que se le hayan hecho por sus relevantes servicios, porque una cosa es ayudar y otra hacer el primo, le hubiesen sido satisfechos con semejante material que Zapatero, sin darle mayor importancia, ha guardado en un cajón al modo prudente que los buenos padres de familia emplean al tener unas huchas de ahorrillos por si en el futuro viniesen mal dadas.

La modestia de Zapatero le hace afirmar que ha ido a China sólo a pronunciar unas cuantas conferencias, tal vez la misma repetidas varias veces, da igual, aunque ni siquiera con la reconocida paciencia china soy capaz de imaginar lo que debe ser escuchar un ciclo de conferencias de nuestra lumbrera, pero seguro que se debe a mis limitaciones, aparte de que nadie debiera ignorar que Zapatero ha escrito, incluso, un potente ensayo sobre Jorge Luis Borges lo que demuestra que no hay tema que se le resista.

El creador de la alianza de civilizaciones, el promotor de la idea de nación de naciones, el soñador de una España muy dividida y desigual pero unida y paciente en la que los más pobres financien generosamente a los más ricos, el que promovió la idea de que la gramática se tiene que someter a la política, feminista por descontado, el inventor de la memoria histórica, el que destruyó la idea de que los hombres podamos ser iguales ante la justicia que las mujeres, etc. etc., puede pronunciar decenas de conferencias con solo ir conjugando cualquiera de esos temas, así que no hay que dudar de que en China habrá llenado estadios con su labia y que dada la pujanza económica de ese país haya podido ser retribuido con largueza, así que no dejemos que la envidia nos prive de la debida admiración. Si las joyas vienen de China o de Caracas, como me malicio, seguro que son merecidas. Las demás irregularidades que se le atribuyen, ya se ira viendo, son imaginaciones calenturientas de esa terrible alianza ente los enemigos del progreso y los jueces fascistas, que cada vez son más, como dice el ministro Puente que también sabe un montón.

¿Por qué ser mecenas de Disidentia? 

En Disidentia, el mecenazgo tiene como finalidad hacer crecer este medio. El pequeño mecenas permite generar los contenidos en abierto de Disidentia.com (más de 3.500 hasta la fecha), que no encontrarás en ningún otro medio, y podcast exclusivos (más de 300) En Disidentia queremos recuperar esa sociedad civil que los grupos de interés y los partidos han silenciado.

Ahora el mecenazgo de Disidentia es un 10% más económico al hacerlo anual.

Forma parte de nuestra comunidad. Con muy poco hacemos mucho. Muchas gracias.

¡Hazte mecenas!

Artículo anteriorSoloyó
J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web