La actualidad política es tan asquerosamente trepidante que todos corremos el riesgo de perder de vista cosas esenciales. Han sido varios los comentaristas que han insistido en algo bastante importante, en que los escándalos de corrupción nos lleven a olvidar que el gobierno de Sánchez ha causado daños mucho más graves al sistema político, a la democracia, a la igualdad entre todos los españoles y a la convivencia pacífica que los delitos y trapisondas que ahora mismo están en la mente de todos.

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Tampoco estará de más que recordemos, como ha hecho Javier Benegas ayer mismo en The Objective, la burla que supone que el sanchismo y sus mariachis, con Pedro a la cabeza, afirmen que hasta que no haya sentencias firmes hay que hacer como si nada ocurriese, confundiendo, una vez más, la condena por delitos en un sistema lento y garantista como el nuestro, con la unánime condena de la opinión pública decente frente a la corrupción metódica y sistemática que el sanchismo lleva a cabo sin apenas descanso.

En el PP todos parecen creer que comprometerse con ciertas ideas, planes o promesas es una frivolidad, que ya verán ellos lo que hay que hacer cuando les llegue la hora y que esa llegada es una especie de necesidad histórica que nunca ha de fallar, como creían en 2023

Haber prostituido el sistema de la democracia liberal por unos votos en el Congreso, unos manchados de sangre otros ferozmente antiespañoles, es más grave que varios Plus Ultras; amnistiar con toda clase de trampas leguleyas a unos golpistas que pretendieron arrumbar la unidad nacional para obtener el apoyo de un grupo parlamentario que desprecia sin disimulo al conjunto de los españoles es más indigno y peligroso que las chapuzas perpetradas por Cerdán, Leire Diaz y un noviete, para influir en policías y fiscales, que, por otra parte, son más propias de un Torrente presidente que de un gobierno medio normal. Haber abandonado la posición tradicional sobre nuestra antigua colonia en el Sahara, haciendo, por cierto, la ola a la propuesta de Trump, sin dar a nadie la menor explicación es más humillante para la posición internacional de España que las memeces de Zapatero en la corte de los dictadorzuelos de América.

Pues bien, frente a este panorama tan deprimente ¿cuál y cuánta es la ilusión que suscita la oposición del PP? Para empezar, se ha deslizado, a través de esos portentosos comunicadores que el partido atesora, que el PP no va a aprovechar estas oportunidades para mejorar su posición y que se va a limitar, únicamente, a exhortar a los socios de Sánchez para que vuelvan al camino de la virtud. Novedad poca, porque, por desgracia, la estrategia del PP suele consistir en sentarse a las puertas de Génova a esperar que pase el cadáver de su enemigo y recordar lo mucho que le convendría que las elecciones se celebren cuanto antes.

Estamos tan acostumbrados a que el PP no tenga otros planes que los de ganar las elecciones que ya casi no echamos en falta el que nos dé alguna clase de explicaciones sobre lo que piensa hacer en caso de ganarlas, sobre lo que cree el PP que debieran ser las razones de los electores para votarle. El PP asume que ser el PP es suficiente, que no tiene que perder el tiempo estudiando alternativas, debatiendo posibles soluciones o proponiendo a los españoles panoramas más o menos risueños. En el PP todos parecen creer que comprometerse con ciertas ideas, planes o promesas es una frivolidad, que ya verán ellos lo que hay que hacer cuando les llegue la hora y que esa llegada es una especie de necesidad histórica que nunca ha de fallar, como creían en 2023.

Esto les parece lo prudente. Da la impresión de que para el PP  lo imprudente es lo que hizo Rajoy, que tenía un programa porque se lo hicieron, pero al llegar al gobierno enseguida se dio cuenta de que había que hacer algo muy distinto porque la situación era mucho peor de lo que imaginaban y se pusieron a subir impuestos como posesos y no con ánimo contrito sino con cierta desfachatez hasta el punto de superar a Izquierda Unida en este frente, como anunció su ministro de Hacienda, orgulloso de su valiente proceder.

Si se hacen propuestas puede pasar lo que les ha ocurrido con la “prioridad nacional” una especie de melonada que han lanzado sus competidores y que los está poniendo en un brete porque parece que esa propuesta, por llamarla de algún modo, no les resulta aplicable en algunos sitios, pero se temen que podría no estar mal en otros, es lo que tiene la cosa de gobernar que a nada que te descuidas te tienes que pronunciar sobre cosas que no te convendría ni mencionar.

En el PSOE se puso de moda aquello de que “el que se mueva no sale en la foto”, una consigna que ahora sigue vigente con furor, pero en el PP parece llevarse algo así como “el que se pronuncie sobre algo lo mismo no gana” y ahí están ellos sin decir ni mu sobre nada, ni la vivienda, ni la pobreza creciente, ni el desastre sanitario, ni la educación, ni la defensa, les parecen merecer el menor comentario no vaya a ser que alguien diga algo inconveniente que nos arruine la ya larga espera a que el sanchismo se autodisuelva en sus errores y patrañas, especialmente ahora que el vendaval que lo azota podría llevarles a ellos a buen puerto.

El PP está cometiendo su penúltimo error al no poder contraponer al desastre del sanchismo un programa ambicioso y valiente de reformas capaz de suscitar de nuevo el apoyo de quienes alguna vez le votaron y de ganar votos que nunca le asistieron entre los electores capaces de no dejarse llevar por el fanatismo o los prejuicios ideológicos.

Todavía le quedan bastantes meses antes de las elecciones, es posible que incluso un largo año y sería imperdonable que el PP no fuese capaz de proponerse despertar la ilusión de los españoles que quieran algo más que una derrota del socialismo sanchista, que esperen que España pueda virar de rumbo y abandonar el camino de la insignificancia y el empobrecimiento al que nos han conducido más de veinte años de zapaterismo y sanchismo sólo interrumpidos por un PP irresoluto e incapaz de cambiar nada.

Queriendo evitar líos el rajoyismo nos metió en el mayor de todos, en ese espectáculo bochornoso de la inaudita declaración de independencia catalana, del referéndum que nunca se iba a producir, pero se produjo para desprestigio universal y definitivo de unos políticos incapaces de afrontar los problemas y siempre decididos a meterlos bajo la alfombra. A partir de ese momento la política española se convirtió en una continuación esperpéntica de ese proceso y ya ha llegado la hora de cambiarlo. El último error del PP será no ser capaz de lograr ese cambio de rumbo radical, son muchos los que creen que no sucederá nada tan bochornoso, pero ya tenían esa esperanza en 2023, cuando se produjo el antepenúltimo error del PP, y muchos se quedaron con la cara de estupor que todavía les dura mientras el PP sigue sin hacerse cargo de que la fórmula del deterioro del contrario puede seguir siendo notoriamente insuficiente.

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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web