Por muchas vueltas que le demos a las peripecias políticas y diplomáticas de nuestro presidente de gobierno, a sus malabarismos anti-Trump y a sus acercamientos a China, a su gobernar sin el parlamento y a sus socios que desean lo peor al resto de los españoles, lo que de verdad encontramos en este personaje tan embustero y liante es lo siguiente: la democracia le importa un pito, lo único que le interesa es el poder a cualquier precio, por mucho que se escandalicen los que aducen que al desnudar sus apariencias estamos incurriendo en exageraciones. Si ser autócrata es menos que ser tirano, si pudiera elegiría sin duda alguna la tiranía y por esa misma simple razón está ejerciendo de autócrata en lugar de limitarse a presidir el gobierno, siempre provisional, de una democracia constitucional.
Sus carantoñas con China no ocultan que lo que en verdad admira es el poder incondicional y universal del líder del PCCh y por esa razón ha hecho de un viejo partido como el PSOE, socialista pero no totalitario, un mero escabel de su poder porque en el partido nadie es nadie ni pinta lo más mínimo como se le ocurra poner en duda cualquiera de las iniciativas, por absurdas y humillantes que fueren, del nuevo caudillo socialista.
Tanta desviación en la mirada no es un defecto natural, es el fruto de la huida hacia adelante de un personaje que empezó manipulando las urnas con que fue elegido y que sólo busca una salida desesperada del laberinto en el que le han metido su cinismo
Su actitud ante Venezuela es de idéntica admiración hacia la dictadura efectiva del chavismo y no consigue ocultar que uno de los motivos por los que desearía poder causar daño a Trump, objetivo bastante alejado de sus posibilidades reales, es el haber eliminado a Maduro de su posición, porque en Maduro encontraba un aliado fiable en política y en todo lo demás, que suele ser bastante. Por eso transige con líderes de la oposición venezolana que no han conseguido inquietar a Maduro, lo que le permite ampliar el disimulo, mientras que no puede evitar el odio y el desprecio que siente por María Corina Machado, la única persona que ha sido capaz de poner en apuros a su admirado dictadorzuelo.
Su desprecio a la división de poderes no puede ser más explícito porque su cinismo no le impide manifestar siempre que cree conveniente que el poder reside únicamente en sus manos que han sido bendecidas por una funesta cadena de circunstancias, puesto que no ganó las elecciones ni ha sido capaz de aunar un poder con base firme en el Congreso. Todo eso le da igual porque ha podido beneficiarse de una funesta previsión constitucional que dio al presidente del gobierno una estabilidad muy exagerada que sólo ha podido ser burlada para su investidura, una investidura llena de trampas, pues juró venir a combatir la corrupción y ya vemos en qué lodazal pervive, y de traiciones, pues se apoyó en el voto de quienes lo único que querrían ver es a esta secular nación española humillada, derrotada y con su viejísima unidad troceada.
Le conviene mostrarse enemigo de la guerra, pero ha visto en la posibilidad de aumentar el gasto militar una oportunidad de oro para controlar miles de millones de euros que nadie sabe nunca a dónde han ido a parar. Es tan ciego para la legitimidad de la democracia y sus exigencias que sabe que deberá acogerse a poderes más efectivos, el que dan las riquezas en manos propias o amigas y el que le proporciona un gobierno, como el chino, que parece dispuesto a pagarle bien sus travestismos diplomáticos en pos de la paz y el multilateralismo, pero que sólo buscan fortalecer el suelo en que se ha de apoyar si, al final, la muy debilitada democracia española consigue darle el merecidísimo pasaporte al territorio que habitan los Zapateros y los Bonos.
¿Le preocupa algo a Sánchez el bienestar de los españoles, el porvenir de España, el fortalecimiento del proyecto europeo o el triunfo político de las democracias liberales? Me temo que menos que nada, tan ocupado como está en labrarse un porvenir a la medida de sus gustos y ambiciones. Heredero por vía familiar de un negocio tan turbio y tramposo como el de las saunas ha aprendido bien la lección básica: hacer caja al precio que sea y buscar protección a la sombra de amigos a los que pueda hacer favores. Su política efectiva tiene tanto que ver con la democracia como el negocio de su suegro con la ecología y la protección de la infancia y la juventud.
España ha perdido ocho preciosos años bajo los gobiernos de Sánchez que empezaron por parecer bonitos y han acabado siendo un mero abrevadero de oportunistas a la espera de que el templo no acabe cayendo entero sobre sus cabezas. Ha criado expertos en eludir responsabilidades, desde el Illa que nunca ha dado la menor cuenta de su labor en medio de una epidemia que fue bastante más devastadora en España que en casi cualquier otra parte, hasta la experta en contorsiones que consiguió colocarse en la Comisión europea mientras morían centenares de valencianos a causa de unos cauces que se desbordaron sin que hiciese el menor gesto para admitir alguna responsabilidad por su mojigaterías ecologistas con los yerbajos y su pereza para hacer las obras hidráulicas que hubiesen evitado los efectos devastadores de la riada.
Hay más ejemplos, sin duda, aunque el más histriónico sea el de esas vicepresidentas vocingleras de las que no se recuerda ni una buena acción y que, en premio a su labor, han sido enviadas al matadero, en el caso de María Jesús, o al panteón de gallegas ilustres en el caso de esa luminaria que fungía de ministra de trabajo cuando siempre quiso ser ministra del ocio retribuido a costa del esfuerzo ajeno, buena comunista ella, sin que eso haya podido poner freno a su continuada labor de promoción de la moda femenina mientras ha habitado una especie de palacio madrileño apenas suficiente para tan florido ropero.
Sánchez acaba de volver de China, lugar en el que ha sido aclamado, pero sólo para aterrizar en Barcelona para que vuelva a aclamarle esa selecta colección de mandatarios de izquierda latinoamericana, como ellos gustan decir, entre los que refugiarse de nuevo del mal ambiente con el que tropieza en cualquier esquina de España. Hubo un tiempo en que pudo parecer europeísta, pero ahora es un dolor para cualquiera que piense un poco en Europa tanto por sus histéricas relaciones con China, Israel y Estados Unidos como por su regulación masiva de inmigrantes, que en Europa causa justificado temor, o por la actitud mantenida frente al poder judicial que, por fortuna, parece haber decidido no someterse a la tiranía presidencial y seguir prestando el debido respeto a las leyes vigentes.
La cara dura de Sánchez le sirve tanto para alabar a un ministro que es el responsable inequívoco del estado de la red ferroviaria que ha causado la muerte de decenas de personas como para condenar sólo aquellas acciones que cometen sus interesados enemigos mientras olvida sistemáticamente la brutal represión del partido comunista chino, los crímenes del chavismo, de los ayatolas o de las bandas terroristas que pretenden acabar por esa vía con el único estado en verdad democrático en el Oriente medio. Tanta desviación en la mirada no es un defecto natural, es el fruto de la huida hacia adelante de un personaje que empezó manipulando las urnas con que fue elegido y que sólo busca una salida desesperada del laberinto en el que le han metido su cinismo, su ambición desmedida y su absoluta falta de escrúpulos. Sólo le queda el apoyo de los sectarios más mediocres y de los aprovechateguis que siempre abundan, pero hasta estos mismos están cada vez más preocupados por el incierto final de la aventura de este desaprensivo.
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