Supongo que no seré el único que sufrió un ataque de esperanza al ver que en un documento político firmado por dos partidos españoles se utilizaba una fórmula que se fundaba en la “prioridad nacional”. Poco me duró el encanto y no sólo porque el acuerdo que se calificaba de ese modo era lo suficientemente insignificante, sino, sobre todo, porque pronto comprendí que lo que parecía un acuerdo era, más bien, un intento, casi calderoniano, de doble trampa: “porque no sepas que sé que sabes flaquezas mías” que decía el vate o, dicho en castizo, saltó la gallina. Uno intentaba engañar al otro y el otro creía haber engañado al primero, así de sólidos y atractivos son los acuerdos que se han suscrito para que la señora Guardiola, sola o en compañía de otros, acceda al sitial extremeño.

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Somos todavía muchos los españoles de a píe que pensamos que el gran problema de nuestros partidos, a izquierda y a derecha, es que van a lo suyo y se preocupan muy poco de lo de todos. Precisamente por eso me sobresalté alegremente al oír hablar de prioridad nacional y, aunque poco me duró el hechizo, pensé que por fin alguien se daba cuenta de que los partidos tendrían que ocuparse más de nuestros asuntos y menos de los suyos. Gran decepción, ya queda dicho.

La llamada ‘prioridad nacional’ no era un acuerdo sólido, sino un juego de engaños entre partidos

La voluntad de trapisonda tras el empleo del término no ha tardado ni diez minutos en ponerse de manifiesto, con el agravante de que no parece absurdo suponer que este pacto al modo pícaro, pero pícaro necio, puede tener una evidente utilidad para quien todos pensamos, para ese personaje trapacero y fabulador que está intentando que entre Trump y algunos mentecatos nacionales consigan meter algunos votos necesarios para consumar la jugarreta habitual. Viendo lo que estos días hemos visto gracias a The Objective no puede caber ya la menor duda de que Sánchez se agarrará a lo que fuere para continuar en la Moncloa y que, si nos descuidamos, meterá algunas urnas en lugares oscuros y de acceso vedado. Pues bien, para que no necesite siquiera esmerarse bastará con que los impacientes que se dicen alternativa acometan en los largos meses que quedan alguna que otra iniciativa de semejante inteligencia estratégica. No tengo duda de que en ambas sedes hay las suficientes cabezas de chorlito como para hacerlo no ya posible sino casi inevitable.

Cuando se ve qué clase de persona es Pedro Sánchez, alguien al que sólo importa aquello que quiere y que es capaz de hacer cualquier cosa para conseguirlo, algo que, insisto, se ve con claridad estremecedora en los citados videos, uno no puede sino preguntarse cómo es posible que este personaje consiga mantenerse al frente de lo que, pese a todo, sigue siendo un gran país. Hay varias respuestas posibles a esta cuestión y todas ellas aportan algo de claridad, pero en mi opinión hay un dato absolutamente indiscutible y es que quienes están en frente, quienes reclaman ser la alternativa, no cesan de cometer errores de dos tipos, unos de fondo y otros de oportunidad. Me extenderé brevemente sobre la distinción.

Los errores de fondo derivan de que quienes se presentan como la alternativa no hacen el trabajo que se necesitaría hacer, no hacen nada o apenas nada para convencer a los españoles de que esa alternativa es mejor, de que ganarían con ello. Como no lo hacen, como apenas dibujan un programa meramente ideológico, y es mucho decir, a base de tópicos envejecidos y sin el menor soporte de estudio, debate ciudadano y participación política, renuncian en el fondo a ser una alternativa a la cultura política que muchos años de gobiernos de izquierda y con la herencia añadida del autoritarismo social franquista, han hecho que los españoles crean a pies juntillas una serie de supuestas verdades sociales que nadie les ha enseñado a criticar y a poner en tela de juicio y desmentir.

Si no se hace ese trabajo para tratar de  convencer a los ciudadanos de que sería mejor apoyar políticas distintas, lo único que se puede intentar es convencer a los españoles de que los socialistas son perversos, incompetentes y corruptos, mientras que la alternativa está protagonizada por personajes de probada bondad, suma competencia e inmaculada decencia, argumento que, por decirlo suavemente, tiene el grave inconveniente de que si ahora se está juzgando a pillos sanchistas en el tribunal vecino se pone en la picota a notorios personajes del gobierno anterior a la llegada de Sánchez.

¿Cuál es el resultado? Pues que pese a todas las barbaridades que perpetra el gobierno sanchista no acaba de verse con claridad que el triunfo de una alternativa distinta sea indiscutible. Ya sé que las encuestas parecen indicar, ahora mismo, otra cosa, pero no convendría olvidar lo que pasó en el año 2023 en el que una victoria cantada se convirtió en una nueva investidura de Sánchez, y aquí entra la segunda clase de errores, los disparates de oportunidad que hacen pensar en algo así como una especie de espíritu suicida, esa capacidad de la derecha para desbaratar en horas veinticuatro lo que les ha costado conseguir años. Para muchos es una habilidad asombrosa la que la derecha tiene para borrar con desaciertos al final de la carrera la extraordinaria lista de errores del adversario en la que fundaban sus ingenuas esperanzas de alcanzar el paraíso perdido.

Esta prioridad nacional que han descubierto en Extremadura es un ejemplo cruel de la distancia que existe entre las posiciones políticas que se les ocurre defender y los problemas que perciben y sufren los ciudadanos. Es tremendo que no se haya dicho que hay gravísimas prioridades nacionales en asuntos de extrema gravedad como el empleo de los jóvenes, la escasez de vivienda, la mala calidad de la enseñanza, el desastre sanitario, la indefensión ante las pretensiones marroquíes, la sumisión de la política exterior a los designios pequineses, los ataques a la independencia judicial, el sometimiento del parlamento a la presidencia del gobierno, la indefensión de los agricultores, las deficiencias, a veces criminales, de la red ferroviaria o de las carreteras, o el desbarajuste energético. Pero, al margen de esos temas y más que sabría precisar un partido serio, lo que los partidos aspirantes no hacen jamás es caer en la cuenta de que cuando los españoles manifiestan que uno de nuestros principales problemas es el comportamiento de la clase política no se refieren sólo al partido del gobierno, sino que los están mirando a ellos.

¿Qué hacen para cambiar esto? Pues, por lo que parece, jugar a las engañifas con palabrería, incluso patriótica, porque siguen pensando que los electores no son demasiado inteligentes y no se darán cuenta de que, una vez más, usan las palabras no para estimular la inteligencia y los debates sino tan sólo para consolidar a su favor el muro que generosamente les ha levantado Sánchez, aunque no, con seguridad, para que les sea más fácil ganar la siguiente investidura.

La única prioridad nacional debería ser que España rectifique el rumbo a la absoluta insignificancia en que nos han metido Zapatero, Rajoy  y Sánchez y eso no se logrará con engañifas que sólo sirven para pillar el anhelado asiento del poder en una parte de España, ya veremos si ocurre algo parecido, si no se cambian las prioridades y las estrategias, cuando esté en juego el sitial nacional que no se debiera ni siquiera ambicionar sino es para hacer algo que realmente merezca la pena y que habría que contar, sin trucos, a los ciudadanos que quieran lo mejor para nuestra, pese a todo, maravillosa España.

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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web