Entrevista con Jussi Halla-aho, diputado del Partido de los Finlandeses, del que fue su líder hasta 2021, y presidente del Comité de Asuntos Exteriores. Halla-aho fue elegido líder del partido en el verano de 2017, tras lo cual la mayoría de los diputados se escindieron y formaron una nueva formación. A pesar de ello, Halla-aho llevó al Partido de los Finlandeses al éxito en las elecciones de 2019: recuperó todos los escaños perdidos, convirtiéndose en el segundo partido del Parlamento (después del Partido Socialdemócrata), y obtuvo la mayor proporción de votos personales del país. El Partido de los Finlandeses pertenece al grupo Identidad y Democracia en el Parlamento Europeo.

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La invasión de Ucrania ha acabado con la neutralidad de Finlandia. Su partido ha apoyado, como la mayoría de los finlandeses, la entrada en la OTAN, pero ¿cree que Finlandia debería haber dado ese paso antes? ¿Ha habido ceguera de la clase política respecto a lo que representaba Putin como en el resto de Europa?

En Finlandia, como en la mayoría de los países de Europa Occidental después de la Guerra Fría, ha habido mucha ingenuidad e ilusiones respecto a Rusia. Además, muchas personas de los medios de comunicación y de la política han sentido una simpatía residual e instintiva hacia el Kremlin y una antipatía igualmente instintiva hacia Occidente, especialmente hacia Estados Unidos y la OTAN. A diferencia de lo que ocurrió, por ejemplo, en los países bálticos, estas personas no fueron purgadas del sistema político tras el colapso de la Unión Soviética, sino que permanecieron en puestos muy influyentes. Un claro ejemplo es Tarja Halonen, presidenta entre 2000 y 2012, una socialdemócrata de extrema izquierda que no ocultaba sus fuertes simpatías por Putin.

Nuestra interpretación de Rusia y de nuestro entorno de seguridad ha cambiado

Por decirlo brevemente, hasta el 24 de febrero de este año no fue posible mantener un debate fructífero sobre la adhesión a la OTAN. Gran parte de la élite política y los medios de comunicación estaban fanáticamente en contra, mientras que para la mayoría del resto una adhesión plena no parecía necesaria. Ahora nuestra interpretación de Rusia y de nuestro entorno de seguridad ha cambiado.

Finlandia ha enviado diez lotes de ayuda militar a Ucrania por valor de 160 millones de euros, ¿es partidario de aumentar esa ayuda? ¿Hay alguna oposición en Finlandia a mantener el apoyo a Ucrania?

Los finlandeses nos identificamos mucho con los ucranianos debido a nuestras propias experiencias similares y traumáticas en el pasado. No existe una oposición significativa al envío de ayuda, ni en la política ni entre el público en general. Más bien existe una presión constante para aumentar el apoyo. Somos conscientes de que cada tanque ruso destruido en Ucrania es un tanque menos en nuestras propias fronteras.

Finlandia no es un país dependiente energéticamente de Rusia porque reemplazó sus fuentes de energía, pero sí ha sufrido costes económicos por culpa de la guerra. ¿Apoya la política de sanciones de la Unión Europea?

Ya perdimos la mayor parte de nuestro comercio bilateral con Rusia en 2014 tras las sanciones y contrasanciones iniciales, así que esta vez el impacto económico ha sido menor. Apoyamos las sanciones más duras posibles, y tampoco hay una oposición visible a ellas. Las regiones orientales de Finlandia sí sufren la pérdida de turistas rusos, pero es un detalle interesante que el apoyo a las sanciones sea más fuerte en esas mismas regiones.

Muchos han comparado la invasión rusa de 2022 con la sufrida por Finlandia en 1940, aunque a diferencia de aquella guerra Ucrania no está sola contra el invasor. ¿Cómo cree que se desarrollará la guerra?

No tengo una bola de cristal y mis predicciones carecerían de valor. Pocas personas pudieron prever el colapso del régimen soviético en agosto de 1991, del mismo modo que pocas predijeron la guerra de febrero de este año. Todo puede suceder. Baste decir que ningún régimen ruso ha sobrevivido a una gran guerra perdida.

Las próximas elecciones parlamentarias serán en abril de 2023. ¿Las elecciones en Suecia, con el gran resultado de los Demócratas Suecos y la formación de un gobierno de derecha, mejoran sus expectativas?

La verdad es que no. Las elecciones son locales y la gente vota sobre cosas que afectan a sus vidas. Sin embargo, creo que el nuevo gobierno sueco y su enfoque más restrictivo, y razonable, de la inmigración y las políticas climáticas facilitarán la defensa de estos cambios también en Finlandia. Suecia ha sido tradicionalmente un modelo importante para muchos políticos finlandeses, especialmente de izquierdas, y las destructivas políticas de inmigración suecas han servido como argumento a favor de políticas similares también aquí.

Suecia tiene un grave problema de inmigración e inseguridad, en Finlandia la situación no es tan grave aunque se han dado casos terribles como las violaciones de menores en Oulu a manos de “refugiados”. La respuesta de la izquierda es hacer ridículas y costosas campañas feministas que no solucionan ningún problema, ¿qué propone el Partido de los Finlandeses?

En términos cualitativos, nuestra situación no es mejor que la de Suecia. La única diferencia es que el número de inmigrantes problemáticos es, hasta ahora, menor en Finlandia, pero esto está cambiando rápidamente. La experiencia europea indica que nadie ha inventado una forma de integrar con éxito a un gran número de personas procedentes de África y Oriente Medio. La única forma de evitar los problemas que vemos en otros lugares es reducir drásticamente el número de estos inmigrantes. Hay que hacer que Finlandia sea menos atractiva para las personas que buscan prestaciones financiadas por los impuestos y más atractiva para las personas dispuestas y capaces de valerse por sí mismas. Se trata de un problema polifacético y requiere medidas en el ámbito de la fiscalidad, la seguridad social, el sistema de justicia penal, los requisitos del permiso de residencia, etc.

Además de la inmigración, ¿cuáles son las ideas fuerza del Partido de los Finlandeses?

No podemos permitirnos el sector público que tenemos en este momento. El Estado financia crónicamente sus funciones básicas pidiendo dinero prestado. Debemos priorizar y recortar nuestro gasto público partiendo del principio de que el único propósito del Estado finlandés es proteger la seguridad y el bienestar de los finlandeses. Nadie más lo hará por nosotros.

Hay gobiernos conservadores en Hungría, Polonia, ahora en Suecia, Italia… ¿Estamos en una revolución conservadora?

Los países son diferentes y también lo son sus conservadores. Hay cosas en las que no estamos de acuerdo, pero sin duda hay denominadores comunes, como el apoyo a los Estados nación soberanos y a las culturas nacionales, la oposición a una “unión política cada vez más profunda”, la oposición a las élites y el énfasis en el bienestar y la seguridad cotidianos.


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