Hace falta ser muy insensible para no compadecer a la tribu sanchista cuando es víctima de una epidemia procesal, ellos que presumen de habernos librado de la Covid (“¡salimos más fuertes!”) y que no cesan de celebrar, solos o en compañía de gente muy selecta, el hecho de que España está viviendo la mejor época de su historia y que se comprometen a gobernarnos con éxito similar “hasta el 27 y más allá”, arreglando incluso la situación del ferrocarril que según Puente vive el mejor momento concebible, pero pierde pasajeros sin el menor disimulo.

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Tienen un problema complicado, muy gordo y acaba de enrevesarse con el aspaventoso descubrimiento de la colección de joyas de ZP, sí el de la ceja, que, de descuidado que es el hombre, debido a  su dedicación indesmayable al bienestar de las civilizaciones y de sus colegas progresistas de las Américas, parece haber olvidado dar cuenta de esas joyas de familia que su pimpante portavoz valoró en unos miles de euros, pero resulta que el juez Calama, en pleno ataque prospectivo, al entender de los ministros sanchistas más elocuentes, aunque cada vez son menos, ha pedido una peritación de los susodichos dijes y le ha salido un valor de un millón trescientos mil euros. Menudo acoso, con piezas que tienen, sobre todo, un valor sentimental.

Pobres sanchistas. Debe de ser durísimo descubrir que no hay un juez contra ellos, sino muchos procesos, demasiadas casualidades y un sistema entero empezando a enseñar las costuras

¿Cómo no van a sospechar los sanchistas que aquí hay lawfare a raudales? Es ensañamiento penal con ZP, no cabe duda, total por unas joyas de la abuelita.  Dan pena, en efecto, estos sanchistas sometidos a procesos por unos tipos con capas y togas que recuerdan vagamente a la Santa Inquisición, pero, por más que estos mismos tribunales hayan sometido a proceso a próceres del PP, no cabe duda de que se adivina en ellos una sonrisa malévola cuando arremeten con furia contra la buena fama de algunas personas que han tenido la desgracia de cometer algún desliz sin apenas importancia, pero, sobre todo, que para su mala fortuna, guardan alguna relación con P.S.

Fijémonos en el caso de doña Begoña, esposa ejemplar que cumple a la perfección con su papel de primera dama y ayuda eficaz y discretamente a resolver ciertos problemas de la alta política que hay que mantener en secreto porque no pueden ser pasto de la opinión de las masas incultas y reaccionarias. Resulta que un juez quiere procesarla por haber alcanzado una cátedra sin titulación adecuada y haberse auxiliado en sus labores con una persona del séquito de la Moncloa, donde hay miles, como todo el mundo sabe. Es evidente que de no ser la “señora de” no le habría pasado nada, dicen, claro que olvidan lo extraordinariamente improbable que hubiese sido que cualquier rector garambaina le dé una cátedra a la primera persona que se tropiece por la calle… sin esas perspectivas de futuros favores. Bueno, vale, a lo mejor no es tan grave, y peor es lo del rector, pero es que además se metió en otros chanchullos, tal vez muy comunes en esas doctas instituciones, pero han tenido que fijarse en ella, con lo bien que enseñaba a sacar pasta del gobierno que es el negociado de su pareja, a devolver impuestos al bolsillo de los impostores, quiero decir de los que pagan esos impuestos, que para más inri suelen ser de derechas.

Ídem de lienzo con lo del hermano de P.S, que si no fuese quien es, nadie habría reparado en que se gana una plaza inexistente antes de él desearla, de que se fulmina sin reparos a ingenuos competidores, de que no ha ido al inexistente lugar de trabajo ni para cubrir el expediente etc. etc. En su descargo podría aportarse, además, que el hermanísimo compuso una pieza musical sobre las chirimoyas, vegetales que nunca habían suscitado la emoción de ningún compositor, pieza que desde ahora mismo formará parte de la rica tradición musical pacense y del homenaje ecologista a los frutos más humildes de la tierra, así que tampoco es para tanto. Pobre chico, que si delinque lo hace por amor al arte, además tiene cara de bueno, dice mi vecina.

Lo de Abalos, ex ministro y secretario de organización, Koldo, chico para todo, muy eficaz  y Cerdán, el segundo secretario de organización que ha pasado por la trena, ya tiene peor cara, la verdad, pero ya ha dicho P.S. que conocía su trabajo, pero jamás imaginó que pudieran ser  tan propicios a cosas feas, además de que por presunción de inocencia hay que esperar a que hable la justicia después de oír a Teresa Peramato, porque el pobre fiscal anterior ha sido víctima de una celada urdida por la derecha y la extrema derecha con el agravante nada menor de que en el lado oscuro estaba el novio de Ayuso, que es un conocido comisionista, y Miguel Ángel Rodríguez, que llegó a trabajar incluso con Aznar… como para no sospechar de ellos.

Antes de entrar en lo de Leire, reconózcanme que es una suerte pésima que todo esto haya contribuido a tapar el asunto de la Kitchen que afecta de lleno a Rajoy y que, aunque ya han pasado ocho años, es evidente la responsabilidad gravísima de Feijóo en este sucísimo episodio, pero los del PP tienen mucha mano con la justicia y consiguen que todo se tape, que se olvide incluso que el mismo Feijóo fue amigo, según todo el mundo ha podido ver en la correspondiente foto, de narcos que le montan en yates, casi seguro ilegales. Los del PP perdieron el gobierno por una condena bien aderezada por un juez de plena confianza, pero tendrían que haber perdido el derecho a recuperarse, faltaría más, eso piensa el sanchista inocente que tiene poco, y da mucho, según la preciosa definición de ZP.

Lo de Leire es otra inventada, vaya mujer tan torpe y entrometida. Resulta que ha ido recogiendo fotos circunstanciales, para el libro que quiere escribir, y ahora esa Justicia de lawfare que se cierne sobre todo lo que tiene que ver con el bueno de P.S. pretende presentarla como una especie de agente secreto al servicio de un líder tan inocente que da pena ver lo que está sufriendo por esta nación de naciones tan desagradecida y ultramontana. Dicen que esta Leire se ha visto con la directora general de la Guardia Civil, pero ¡si eran amigas del alma!, otra mala pata, ya ves, y la reunión fue tan intrascendente que Mercedes González, que lo hace de cine en la Guardia civil, según dice P.S., ni siquiera informó al ministro de semejante minucia, haciendo de paso que Marlaska haya incurrido en un desliz sin importancia, por puro sentido de la responsabilidad, por estar en lo importante y no prestar atención a dimes y diretes.

Hay que reconocer, sin embargo, que esta periodista de investigación se mueve mucho y da la casualidad de que ha sido recibida en la fiscalía general del Estado y eso coincide con que el Fiscal anterior, el nobilísimo Álvaro García Ortiz, sañudamente condenado como autor de un delito de revelación de datos reservados, se puso a perseguir a la juez que, casualmente, estaba procesando al hermanísimo. Puñeteras casualidades que no nos dejan que la verdad de nuestro trabajo se vea reconocido por cada vez más españoles, eso sí que es grave.

No sé si recuerdan el chiste del que enfila su coche por una autovía en la dirección contraria y escucha por la radio que un loco está circulando por la dirección equivocada en su carretera y dice “¿Uno? Uno, no muchísimos”. Pues eso es lo que les pasa por la cabeza a los inocentes sanchistas, que están en disminución, que oyen que hay un juez que le ha cogido manía a P.S. y a lo que queda del PSOE y ven que no es uno, que son una multitud. Pues eso y lo de ZP con sus joyas, les tiene muy desconcertados, puede que haya alguno que empiece a pensar cosas raras. Lo dicho, una pena, pobres sanchistas.

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J.L. González Quirós
A lo largo de mi vida he hecho cosas bastante distintas, pero nunca he dejado de sentirme, con toda la modestia de que he sido capaz, un filósofo, un actividad que no ha dejado de asombrarme y un oficio que siempre me ha parecido inverosímil. Para darle un aire de normalidad, he sido profesor de la UCM, catedrático de Instituto, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, y acabo de jubilarme en la URJC. He publicado unos cuantos libros y centenares de artículos sobre cuestiones que me resultaban intrigantes y en las que pensaba que podría aportar algo a mis selectos lectores, es decir que siempre he sido una especie de híbrido entre optimista e iluso. Creo que he emborronado más páginas de lo debido, entre otras cosas porque jamás me he negado a escribir un texto que se me solicitase. Fui finalista del Premio Nacional de ensayo en 2003, y obtuve en 2007 el Premio de ensayo de la Fundación Everis junto con mi discípulo Karim Gherab Martín por nuestro libro sobre el porvenir y la organización de la ciencia en el mundo digital, que fue traducido al inglés. He sido el primer director de la revista Cuadernos de pensamiento político, y he mantenido una presencia habitual en algunos medios de comunicación y en el entorno digital sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la cultura, la tecnología y la política. Esta es mi página web