George Soros ha cumplido 90 años, y lo ha celebrado concediéndose una entrevista en el diario El País. La periodista le pregunta por los enemigos internos y externos de Europa, sobre la mutualización de la deuda de los países europeos, y otros asuntos de interés. Es una buena ocasión para intentar entender a este octogenario que quiere cambiar, él solo, el curso de la historia.

Decía en otro artículo que “la izquierda ama la humanidad, pero aborrece a las personas”. No es que la izquierda aborrezca a las personas, a no ser que éstas, aferradas a lo que son, se conviertan en un obstáculo a sus planes de reforma. Sin llegar necesariamente a esto, lo que sí ha demostrado Soros desde joven es una incapacidad para tener empatía por las personas. No se siente medianamente incómodo cuando le preguntaron por su actitud durante el holocausto. Su padre, para evitar que se perdiese toda su familia, la dividió y la colocó en otras familias no judías. George acompañaba a su padre adoptivo, que trabajaba deportando judíos y requisando sus bienes. “Yo era un mero espectador”.

Lo del espectador es interesante, porque en otras abracadabrantes palabras mostraba su deseo de convertirse en un dios benévolo y que todo lo ve: “como el Dios del Antiguo Testamento (…) Ya sabe, como invisible. Yo era muy invisible. Benevolente. Era muy benevolente. Panóptico. Intento ser panóptico”. Invisible, (es decir, actuando en la trastienda de la vida pública), benevolente (en favor de causas progresistas), y panóptico (se ve en la necesidad de verlo todo, acaso para controlarlo todo).

Soros tiene en mente instituciones globales que recojan y transmitan esta idea de lo que él llama “sociedad abierta”. Pero no contempla las sociedades intermedias, por más que sean fruto, en gran parte voluntario y en parte también fruto de la coacción, de la interacción social. Éstas se convierten potencialmente en un obstáculo para sus planes

Nuestro hombre heredó de su padre un interés por el esperanto, idioma artificial que busca ser el instrumento de un hermanamiento definitivo entre personas, independientemente de su cultura. El esperanto es un instrumento ideal para crear una sociedad sobre nuevas bases, y que con la herencia cultural borre todas las injusticias adheridas al pasado de las distintas sociedades. Así, se podrá crear una humanidad, una, sobre la que podemos volcar todos nuestros anhelos de justicia. Esta idea la reforzó de joven con la lectura de Popper y su libro sobre la sociedad abierta, que él interpretó como una sociedad sin las ataduras del pasado.

En realidad, tal como recoge en su último libro, Soros ve tres tipos de sociedades. Las sociedades abiertas, y sus dos némesis: las sociedades marcadas por la tradición y las guiadas por ideologías totalitarias. En realidad, no hay países que respondan por completo a ninguno de estos tres modelos, sino que son las tres claves con las que hay que interpretar, a su juicio, la sociedad. Soros contribuye a la lucha contra el elemento tradicional promoviendo una migración masiva que funcione como la segunda ley de la termodinámica, borrando las diferencias entre unos países y otros, para tener una sociedad común.

Cuando cayó el muro de Berlín, George Soros creó la Universidad Europea Central en Praga, en 1991. Dos años más tarde, la alojaría en Budapest, y desde 2018 en Viena. Es una universidad centrada en las ciencias sociales, no en las disciplinas científicas, o técnicas, que no sirven ningún propósito para las ideas de Soros. Y en ella, por ejemplo, se enseña que Europa era un crisol de culturas, que en la Edad Media había una “interseccionalidad de religiones”. Y que la esencia de Europa es esa, la amalgama de religiones, su diálogo ilustrado y, en última instancia, automutilante.

Por otro lado, es encomiable que Soros luche contra el totalitarismo; él, que ha vivido en Hungría el nazismo y el comunismo, de los que huyó para estudiar en la London School of Economics bajo Karl Popper. Pero su visión al respecto está desenfocada: ve el zarpazo del totalitarismo en el movimiento favorable al Brexit y en la persona de Donald Trump. Soros ha dicho que Trump cumpliría sus anhelos convirtiéndose en dictador de los Estados Unidos, pero que no puede alcanzarlos porque le restringe la Constitución de los Estados Unidos. Lo cierto es que hasta el momento Trump no ha asaltado la Constitución, mientras que su patrocinada Kamala Harris habla con soltura de que cuando sea presidenta legislará al margen del Congreso y de las resoluciones del Tribunal Supremo.

El pensamiento de Karl Popper le ayudó a acuñar el concepto de “reflexividad”. Soros critica la economía neoclásica; cree que su automatismo parte de una visión pobre del hombre, y le lleva a describir un mundo de ajustes perfectos que en muy poco, o nada, contribuyen a entender lo que ocurre realmente en el mercado. Soros se define a sí mismo, en cuanto tiene ocasión, como un hombre egoísta. No es esa visión estrecha del hombre como un animal que sólo busca su propio interés lo que le aleja de la economía neoclásica, sino su constatación de que nos movemos en un mundo dominado por las sombras, en el que los valores son opiniones sobre lo que la gente desea, no un reflejo exacto de esos deseos. Soros se ve moviéndose entre las sombras con confianza. Puesto que los ajustes no son perfectos ni automáticos, sino que está sujeto a vaivenes marcados por oleadas de ideas y, sobre todo, por feedback negativos, los inversores pueden beneficiarse de esos vaivenes. Los feedback negativos son los procesos en los que el avance de un elemento crea las condiciones para su propio retroceso. A todo esto George Soros lo llama “reflexividad”.

El hecho de que la teoría neoclásica no refleje la realidad del mercado quiere decir que no pasa el cedazo del contraste con la realidad. Es una teoría científica, falsable, sí, pero falsa. Y como identifica al libre mercado con la economía neoclásica, cree que el mercado no debe quedar sin regular por parte de las autoridades. Pero sólo el mercado; la moral, las migraciones, los usos sociales… todo ello debe quedar fuera del alcance de la mano muerta del Estado.

Es normal que un discípulo de Popper sea antimarxista. George Soros, ya lo hemos visto, no utiliza las clases sociales para interpretar la historia, sino esa tríada de sociedades abiertas, tradicionales o totalitarias. El método de Marx, además, no es falsable, y en consecuencia no es científico, según la concepción de la ciencia de Popper.

Soros es individualista. Aunque es un individualismo falso; me recuerda al de Ayn Rand en ese sentido. Para ambos hay súper individuos, capaces de transformar la sociedad con su genio empresarial. Para Soros la existencia de millonarios como él es necesaria, ya que éstos pueden poner su riqueza al servicio de la lucha contra el totalitarismo. Esos individuos extraordinarios entienden el mundo, se enriquecen con él, pero están tocados por un interés humanista. En ambos casos, el de Soros como el de Rand, esos súper individuos tienen el contraste de la gran masa, que rumia cabizbaja el alimento espiritual que le ofrecen los totalitarios, por un lado, o los súper individuos, por otro.

Hay otra idea que le vincula a Ayn Rand, aunque parezca fruto de una mala digestión de sus obras, lo mismo que parece haberle ocurrido con Karl Popper. Soros entiende que su egoísmo es virtuoso, porque ese egoísmo le ha conducido a ganar dinero y luchar por causas que él llama filantrópicas. Nada que ver, en realidad con Ayn Rand. La ex rusa señalaba al egoísmo como la preocupación por el propio interés, entendido éste en un sentido muy amplio. Y lo colocaba como base de la defensa de los derechos individuales, no como la justificación de su propia biografía, como hace Soros.

Esa dicotomía entre la masa y los grandes individuos es relevante. Él tiene en mente instituciones globales que recojan y transmitan esta idea de lo que él llama “sociedad abierta”. Pero no contempla las sociedades intermedias, por más que sean fruto, en gran parte voluntario y en parte también fruto de la coacción, de la interacción social. Éstas se convierten potencialmente en un obstáculo para sus planes.

Una imagen a escala galáctica de sí mismo, unos deseos de observar el mundo para cambiarlo, un capital al alcance de dos centenares de personas, y la convicción de que el dinero mueve el mundo. ¿Qué puede ir mal?

Foto: Niccolò Caranti


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7 COMENTARIOS

  1. Soros solo es una de las caras visibles de la plutocracia internacional y que hace el papel de villano. Pero detrás de él hay otros más, a los que nadie relaciona con su ideología, bajo la máscara de «hombres de negocios», «banqueros», «politólogos», «intelectuales», que están en el mismo barco. Y que aplauden en secreto cada vez que se implantan medidas «sorosianas», mientras guardan silencio o muestran indiferencia en público. Muchos políticos españoles y europeos (verdaderas ratas de cloaca) forman parte de esta cofradía, que les proporciona muchos privilegios y pingües beneficios. Solo hay que mirar al Parlamento español y sobre todo al europeo para ver la podredumbre de estos personajes, aunque no digan nada y no hagan ruido, pero votan y apoyan discretamente los planes de control total de la humanidad. A lo que aspiran: a crear una sociedad dividida por una fosa infranqueable, ellos y el resto de la sociedad.

  2. Buen artículo que describe las justificaciones que él mismo se da para ser así. Yo solo cambiaría el título, porque aducir en el encabezado al corazón es equívoco, cuando se reconoce en el texto que no tiene empatía. De todas formas, por muy malo que se quiera describir al personaje o asimilarlo con otros monstruos, que los vemos todos los días en prensa diaria, el problema es que alguien por encima de ellos, padre e hijo, les ha pagado, financiado y sostenido en su papel desde hace muchos años. Son solo mascarones de proa de un barco que fleta y dirige otro.

  3. Gracas por el magnífico artículo. Es graciosa la justificación de su egoismo, es como los capillitas que por ir a misa y confesarse ya pueden cometer todo tipo de atropellos.

  4. “Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos”.
    Dicen que dijo Jesucristo. Sea lo que sea la aguja que el camello no pasa, que Soros se morirá con un palmo de narices es irrefutable.

    Y es que el dinero y el poder pervierten a cualquiera.
    Repetía mi abuela que «el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones» y que «cuando el diablo no tiene que hacer mata moscas con el rabo». Seguidamente me ponía a pelar patatas, aunque a lo peor ya era tarde y le había estropeado la tostadora.

    La verdad es que las frases de Soros no tienen desperdicio, todas parecen destinadas a justificar su perversión.

    Yo supongo que uno alcanza la sabiduría cuando descubre que hay un orden superior del que no llegamos a conocer ni la milmillonésima parte, y ahí es cuando el sabio dice eso de «solo se que no sé nada».

    Por suerte para el resto de los mortales el bien comprende al mal, para desgracia de masones, intrigantes e ideólogos perfeccionistas.

    Cuando uno es tan ingenuo de creer que su idea encierra la totalidad, a parte de convertirse en totalitario se proclama como idiota.

    A mí Soros me recuerda más que a Hitler o Stalin al filósofo Althusser, que terminó estrangulando a su mujer en la ancianidad porque su madre no le había dejado vivir, -nota para feministas- en el caso de Soros me parece que lleva intentando justificar la perversión a manos de su padre toda su vida. Pero así es la vida, si eres malo te jodes y dejas de disfrutarla y sobre todo de comprenderla. ¿Qué otra cosa puede hacer el bien por ti?

    El problema que tenemos los españoles en estos momentos, y es grave, es que al aprendiz de brujo Hecatombe se le cae la baba con este y otros personajes similares.

    Repito, por suerte para todos nosotros el mundo es perfecto, descubrirlo es lo más divertido que podemos hacer en la vida, no seamos tan chulos, prepotentes e idiotas como para pretender perfeccionarlo, el mundo solo es bello cuando nosotros somos bellos.
    No me extraña que Soros o Althusser tuvieran esa obsesión por perfeccionar el mundo que no supieron descubrir. Les pasa a muchos, a demasiados, pero en eso consiste el juego de la vida, y el problema para todos es que no se puede comprar con dinero ni con ideología.

    • Ampliando su nota para feministas hay que decir algo que las feministas ni quieren que se diga ni mucho menos que se investigue: que en el origen de los hombres que maltratan a mujeres y a otros semejantes hay una madre que no ha tratado bien a su hijo. En el historial de todo psicópata hay una madre poco maternal, y, tal vez, muy feminista.

  5. Excelente retrato de un peligroso totalitario.
    No sabía yo lo de la Universidad Europea Central dedicada sólo a las ciencias sociales. Eso constituye una prueba elocuente de que las ciencias sociales en manos de esta gentuza no son más que un mecanismo de manipulación de las mentes. Y ojo, dentro de ellas está, por ejemplo, la economía, la sociología, el derecho, la psicología…

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