Nicolás de Pedro es investigador senior en el Institute for Statecraft de Londres donde trabaja en asuntos relacionados con Rusia, Eurasia y amenazas híbridas. Además, es analista del Centro de Seguridad Internacional de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid y es columnista en El Español. Ha formado parte de misiones de observación electoral de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Ucrania. Además, ha viajado extensamente por Asia Central y Xinjiang (China) incluyendo una estancia académica de tres años en Kazajstán. Asimismo, ha sido miembro de la EU-Russia Experts Network on Foreign Policy (EUREN) impulsada por la Delegación de la Unión Europea en Rusia y del grupo de expertos en Rusia del Centro Europeo de Excelencia para el Combate Contra las Amenazas Híbridas (Hybrid CoE) de Helsinki. Es profesor asociado en el Paris Institute of Political Studies (Sciences Po) y en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid.

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Usted lleva mucho tiempo investigando las relaciones entre Rusia y el separatismo catalán. ¿Hasta qué punto ha apoyado el Kremlin al independentismo en España?

De momento sólo conocemos la superficie de todo lo que ha ocurrido, y eso ya da miedo y apunta a que la infiltración rusa en el separatismo catalán es muy alta. Este separatismo es endógeno, generado por nuestras propias raíces internas, es decir, no lo ha creado Putin, lo que sí ha hecho es apoyarlo cuando este movimiento ha crecido. Primero, a través del crimen organizado, presente en España desde la década de los 90 y que es una estructura más del poder del Kremlin, y luego, a partir de 2015 cuando empiezan a ver en el separatismo un potencial desestabilizador y despliegan una serie de actores más o menos relacionados con el Kremlin, o que van por libre, pero siguen la narrativa rusa. Esto se vio muy claramente por la simpatía de los medios rusos hacia el separatismo catalán, que informan a la audiencia rusa de que es una causa justa y cargar contra España por la leyenda negra, Franco, etc. El apoyo al separatismo se convirtió en la narrativa oficial del Kremlin.

No sabemos qué habría pasado si Puigdemont no hubiera huido y se hubieran puesto muertos encima de la mesa, pero lo que sí teníamos en ese momento era una campaña de los medios rusos hablando de un inminente estallido de violencia y a elementos del GRU en Barcelona

Pero muchos medios cubrieron el proceso independentista con cierta simpatía.

Sí, es noticia en todos los grandes medios internacionales. Pero en los medios en inglés pesa más la ignorancia y el trabajo hecho por el separatismo catalán con una narrativa muy efectista: “sólo queremos votar”. Si desconoces la realidad de España es fácil caer en el engaño. Después, muchos medios internacionales rectificaron noticias como las de los 1.000 heridos, cuando sólo hubo un herido grave, aunque estas rectificaciones no tuvieron ni mucho menos la misma repercusión. Por el contrario, los medios rusos no cambiaron su narrativa y además anunciaron que se iba a producir una confrontación violenta. Otra cosa que me llamó la atención, y también a nuestro gobierno que no entendía la razón por la que esto estaba sucediendo, fue la actividad masiva en las redes sociales, una actividad que fue generada desde Rusia y Venezuela. Mi hipótesis de trabajo en aquel momento era que los rusos estaban observando el conflicto y echándole gasolina, pero luego, lo que me animo a investigar más fue el libro de Juan Antonio de Castro sobre lo ocurrido Cataluña y su relación con Soros. ¿Por qué tanto empeño en construir una narrativa para ocultar este tema? Posteriormente las investigaciones de la justicia y la Guardia Civil están aportando nuevos indicios cada vez más graves sobre la injerencia rusa.

El hecho de que pueda haber financiación o apoyo del separatismo por parte, por ejemplo, de Soros, no excluye que lo haya de otros actores, como puede ser el Kremlin.

Exactamente, y si hay injerencia de otros quiero saberlo. Pero, hasta ahora, por lo que yo he visto no hay nada que sugiera que la Open Society, como organización, tuviera un interés en apoyar esto. Lo único que yo he visto fue la concesión de unos 25.000 euros para el Diplocat (agencia de relaciones exteriores del gobierno catalán) para un seminario sobre “extrema derecha xenófoba”, sin embargo, eso no es financiar el Diplocat, que cuesta en torno a un millón y medio de euros, y se paga con dinero público. Desde luego, si hay algo, lo deseable es que salga a la luz, pero no hay nada ni remotamente cercano a la importancia de la influencia rusa.

¿Es Junts, el partido de Puigdemont, el que favorece esta relación?

Sí, dentro del separatismo, dividido en dos grandes partidos que se detestan, en Junts eran más proclives a echarse en brazos de los rusos, mientras que Esquerra prefería buscar el reconocimiento de Alemania, la UE, Reino Unido o Estados Unidos, porque creían realmente que su causa era legitima y democrática. Y luego estaban las CUP, que contaban con el respaldo de Venezuela. A ERC, que quería el respaldo de Berlín, Bruselas o Londres, no le gustaba la idea de que la república catalana tuviera el apoyo visible de Putin y Maduro. Por eso, es Junts, a través de Víctor Terradellas, que era el jefe de relaciones diplomáticas, presidente de la fundación CATmón y muy próximo a Puigdemont, quien empieza a establecer relaciones con Rusia. Terradellas está en contacto con el GRU (Servicio de Inteligencia Militar) y miembros de esa organización empiezan a aparecer por Barcelona desde finales de 2015. Como los miembros de la famosa unidad 29155, famosa porque ha sido destapada por fuentes abiertas de inteligencia y responsables del envenenamiento del exespía Serguéi Skripal, especializada en sabotajes y asesinatos, además de ingenieros informáticos rusos.

Josep Lluis Alay, jefe de la oficina de Puigdemont, mantuvo varias reuniones en Moscú para tratar asuntos relacionados con la “creación de un Estado independiente”, pero el elemento más incómodo para el separatismo es la reunión de Puigdemont con el exdiplomático ruso Nikolai Sadovnikov, un individuo reconocido por la inteligencia francesa como un alto representante de la diplomacia paralela del Kremlin. Rusia no es como España u otras democracias, es un país que funciona con muchos mecanismos informales y lo que cuenta es el acceso al Kremlin. Si lo tienes, eres mas importante que si eres ministro plenipotenciario o embajador. Esa reunión es muy importante porque se produce el 26 de octubre, un día antes de la declaración unilateral de independencia, en un ambiente de máxima tensión. Que en ese contexto un representante del Kremlin, que dice ser emisario personal de Putin, te diga que cuentas con el apoyo de Rusia puede influir de manera decisiva en tu decisión.

No sabemos qué habría pasado si Puigdemont no hubiera huido y se hubieran puesto muertos encima de la mesa, pero lo que sí teníamos en ese momento era una campaña de los medios rusos hablando de un inminente estallido de violencia y a elementos del GRU en Barcelona. Cuando si tenemos violencia es dos años después, con el Tsunami Democratic generando violencia en las calles e intentando tomar el aeropuerto del Prat, una infraestructura crítica. Por eso es tan importante seguir con la investigación.

¿Puigdemont negó la existencia de esta reunión?

Así es. Durante mucho tiempo los separatistas negaron estos contactos y se burlaron de todas las noticias al respecto. Luego afirmaron que hay que hablar con todo el mundo, para finalmente reconocer las reuniones, es decir, han ido cambiando el relato de forma significativa. El 17 de marzo de 2022, Puigdemont publica un artículo en el periódico La Vanguardia sobre la internacionalización del proceso independentista, y dice literalmente que no se ha reunido con nadie que hablara en nombre de la Federación Rusa. Un mes y medio después, en mayo, se publica que Puigdemont se había reunido con Nikolai Sadovnikov, y el mismo día Puigdemont admite que se había celebrado la reunión. Después de años diciendo que todo eran mentiras de la Guardia Civil, el CNI o las cloacas del Estado español, tuvieron que reconocer la existencia de los contactos, lo que permitió que también se iniciasen investigaciones en Bruselas.

Es muy importante que se conozcan con detalle estas conexiones e implicaciones porque en 2017 España ganó la batalla diplomática, que es lo lógico ante un acto ilegal, pero en términos de opinión pública y de las voces influyentes en muchos países, la partida estuvo en el mejor de los casos igualada. En general, hubo cierta simpatía por el relato del separatismo por varios motivos, principalmente por el esfuerzo del gobierno catalán por difundir su relato, pero también por la ausencia de un relato contrario por parte del Estado. Por ejemplo, hubo varios artículos de personas influyentes en algunos think tanks que compraron el relato separatista, y eso es muy malo para España. El único modo de evitar esto es tener presencia en esos ámbitos para no permitir que los relatos falsos se abran paso, de nada sirve el victimismo ni la indignación. Hay mucho que mejorar en ese aspecto, hay que estar permanentemente en Bruselas, en Londres, en las capitales europeas.

Por eso Puigdemont se va a Waterloo.

Claro, no se iba a ir a Moscú. Puigdemont se va a Bruselas porque Europa está sometida a la seguridad jurídica, no funciona como Rusia. Una seguridad jurídica que es un bien a preservar, aunque se den casos como el de Puigdemont que la utiliza subrepticiamente y, de hecho, ha dañado mucho el concepto de Euroorden. En Bruselas se puede influir, mientras que irse a Moscú hubiera sido como pegarse un tiro en el pie. No obstante, los rusos le ofrecieron el asilo a través de Zhirinovski.

El líder del Partido Liberal Democrático que se manifestó con esteladas frente al consulado español en Moscú.

Sí, pero su partido no era ni liberal ni democrático. Murió en abril de 2022 y siempre se dijo que era un activo del KGB (ahora FSB) para tener controlado el nacionalismo ruso. Lo cierto es que durante toda su vida ha servido al gobierno ruso y ha ejercido una falsa oposición. Zhirinovski se manifestó frente al consulado español en 2017 pidiendo la “libertad para los pueblos de España”. Cuando le ofrece asilo a Puigdemont es en un momento en el que el líder separatista corre cierto riesgo de ser extraditado y los rusos le ofrecen una salida.

Este es un indicio más de sus relaciones con el Kremlin y, aun así, hay muchos que desdeñan la importancia de esta trama o, como los separatistas, afirman que es un montaje. Sólo hay que tener en cuenta que Puigdemont no ha aceptado la amnistía ofrecida por el gobierno socialista porque no le protege del delito de traición.

También se ha destapado el caso de la eurodiputada letona Tatjana Zdanoka, vinculada con el FSB desde 2005, que ha apoyado a separatistas vascos, como Arnaldo Otegui al que visitó en la cárcel en 2013, y catalanes.

Es que hay un montón de indicios, como el de esta señora, que apuntan en la misma dirección. Esto demuestra el interés del Kremlin por tener colocados peones bajo control en todas partes. Están siguiendo su agenda, que es una agenda geopolítica. Rusia no ve este caso desde el prisma de que a Cataluña le asista el derecho de autodeterminación, lo que ve es que España es un país del sur de Europa, miembro de la UE y de la OTAN, y una plataforma hacia América Latina. Desestabilizar España, es desestabilizar la UE y la OTAN.

Sin embargo, y a pesar de estas informaciones, muchos en España siguen viendo a Putin como una especie de salvador frente al wokismo.

El wokismo puede ser un rodillo, hay un sesgo ideológico en muchos medios y existe cultura de cancelación, pero aún quedan espacios y sigue habiendo medios conservadores. Por el contrario, el Kremlin no admite ninguna crítica y el precio a pagar es la cárcel o algo peor. Rusia también se vende como un baluarte de los valores tradicionales para llegar a un público conservador en Occidente y muchos, en su mayor parte por desconocimiento, se lo creen. Pero no existe un país más nihilista que Rusia en todos los términos: no hay país con más aborto, más alcoholismo, más familias desestructuradas, más violencia intrafamiliar y, sobre todo, más falta de empatía e interés por todo esto. Pero hay que reconocer que han sabido vender lo contrario muy bien.

Foto: Ivan Lapyrin.

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