Javier Rubio Monte es periodista e investigador especializado en la divulgación histórica. Colaborador habitual en Vozpópuli, dirige “Trincheras Ocultas”, un canal de YouTube con más de 30.000 seguidores donde rescata el legado hispánico en Europa desde Bruselas. Hablamos de su libro, “La huella española en Flandes”, que nos lleva a redescubrir la presencia de la Monarquía Hispánica en los antiguos Países Bajos y el papel político, cultural, religioso y militar que desempeñaron los españoles en unas tierras donde se jugó buena parte del destino de la Europa moderna.
Cuando visitamos Bruselas u otras ciudades de la región no pensamos en territorios que fueron españoles, a diferencia de lugares como Luxemburgo, donde el legado hispánico es más conocido.
Luxemburgo fue la provincia más leal de las 17 provincias de los países bajos españoles, que es como se denomina a estos territorios cuando son heredados por Felipe II tras la abdicación de Carlos V. Los países bajos españoles están gobernados por un gobernador español y todas las leyes y ordenes vienen desde España. Cuando hablamos de ellos siempre mencionamos a Flandes, pero esa es solo una de las provincias, y digo que Luxemburgo fue la más leal porque cuando las otras 16 provincias estaban invadidas por el calvinismo y se prohibió a los católicos ir a Misa, solo Luxemburgo no aceptó a Guillermo de Orange. La conexión entre Luxemburgo, donde hay más huella española, y España es muy interesante, pero el legado hispánico está presente en todas partes.
Si contestas a la leyenda negra con leyenda rosa, estás diciendo que no quieres aprender nada más
El dicho, “España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura”, con el que los soldados de los Tercios señalaban a Flandes como el peor destino posible, ¿también podría aplicarse a gobernadores como el Duque de Alba o Juan de Austria, o incluso a Alejandro Farnesio, aunque fue el más exitoso de los tres?
Es curioso, pero lo cierto es que muchos de los gobernadores que vienen a los países bajos españoles vienen desde Italia. En primer lugar, Margarita de Parma, que hace tantas concesiones a la minoría calvinista que estos deciden atacar a los católicos. Después, y como consecuencia de estos ataques, llega el Duque de Alba, que había sido virrey de Napoles y crea el “camino español” desde Italia hasta Flandes. El Duque de Alba tiene una imagen negativa porque se ha creado la idea de que él quería ir a Flandes para someterlo “a sangre y fuego”, pero lo que hace es devolver las iglesias católicas a la mayoría católica de las diecisiete provincias. Llega a Flandes con 60 años y permanece allí seis años en los que tiene que lidiar también con toda clase de tramas en su contra desde Madrid, nunca fue un invasor porque se encontraba en las tierras de su Rey para devolver la paz, pero en Bélgica, que es católica, lo tildan de “gran enemigo”.

Juan de Austria hace el mismo recorrido y está aquí un año y medio, hasta que muere en campaña. Y luego Alejandro Farnesio que es el que emprende el proceso de reconquista de las provincias, como Amsterdam, que era profundamente católica y estaba tomada por los calvinistas. En Bélgica y Luxemburgo tiene una imagen de protector de los católicos que, sin embargo, se le niega al Duque de Alba.
La imagen del Duque de Alba como un sanguinario se ha cultivado mucho en los Países Bajos, pero también en España, por lo que no es raro que su imagen esté tan empañada.
La leyenda negra del Duque de Alba nace en Italia y cobra fuerza con la propaganda protestante de Guillermo de Orange, pero, en mi opinión, se refuerza desde España donde personajes como el príncipe de Eboli o Antonio Pérez hacen todo lo posible para desacreditar al Duque. Sin embargo, cuando lees su epistolario, que recoge más de 3000 cartas, descubres su faceta más personal y no se corresponde con la imagen inhumana que nos ha llegado. Por ejemplo, dice sobre su mujer, con la que le prohibieron mantener correspondencia, “que le dejaran acabar con ella esos pocos días que nos quedan de vida”; o sobre Flandes, donde no quería estar: “me hace tanto daño la humedad del país y es tan contrario todo a mi salud, que temo mucho este invierno”; o sobre los soldados (era conocido como el “padre de los soldados” del ejército de Flandes): “cada uno que parte me deja con la mayor soledad del mundo”. El epistolario te hace conocer al verdadero Duque y creo que en España y fuera de ella nadie se ha atrevido a leerlo. Es un hombre honrado dispuesto a dar su vida por su Rey.
El Duque de Alba era un adversario formidable en la guerra, ¿era el mejor soldado de su tiempo?
El Duque de Alba está en los momentos buenos y en los más difíciles, como cuando Carlos V tiene que huir del asedio de Innsbruck y es traicionado por Mauricio de Sajonia. El Duque sabe estar a la altura y en su testamento Carlos V le dice a Felipe II que cuide del Duque de Alba y que siempre se asesore por él porque “es el mejor que tenemos en estos reinos”. Si Carlos V lo reconoce es por algo, y más teniendo en cuenta que había otros grandes soldados como Álvaro de Bazán, Don Juan de Austria o Alejandro Farnesio. Sus hazañas militares son incuestionables.
Ha mencionado la guerra civil religiosa que se da en las diecisiete provincias. ¿Se ha dejado de lado este factor fundamental para construir un relato más épico y nacionalista de la lucha contra España?
Desde luego. En el Rijksmuseum de Amsterdam aún hoy nos encontramos con una guerra contra España, olvidando la guerra civil entre católicos y calvinistas. En Amsterdam se borró toda el alma católica de la ciudad. El año 1578, que es cuando los calvinistas la toman, se conoce como la “gran alteración” porque es el momento clave para Amsterdam en el que se cierra todo el pasado, considerado el atraso católico, y empieza el nuevo mundo calvinista hacia el capitalismo y la predestinación del dinero. La libertad lo es solo para los calvinistas, pero para los católicos neerlandeses es una pesadilla y muchos se refugian en el sur, en el territorio controlado por la Monarquía Hispánica.
Otro sin sentido es que Bélgica, en el romanticismo en el que se tejen los Estados-nación, coge a España como enemigo cuando se independiza de los Países Bajos. Es decir, tiene el mismo enemigo histórico que el país calvinista del que se han liberado. Es completamente absurdo que Bélgica reniegue de esa parte española que le ha hecho ser católica en la actualidad. La excepción es Luxemburgo, que es la que menos reniega de su pasado con España, y donde en los museos ves a Felipe II como rey de España y duque de Luxemburgo. Incluso hay una calle dedicada a Felipe II, algo que no existe ni en Bélgica ni en los Países Bajos.
Sin embargo, esta persecución calvinista es apenas conocida, pero la Inquisición española…
Sí, así es. Aquí se está intentando, desde la Unión Europea, crear un ejército europeo y tomar como precedente a los Tercios y ya ha habido algún congreso sobre el tema. Lo que pasa es que cuando se menciona algo muy bueno sobre los Tercios, como una gran victoria, se enfatiza que se trataba de un ejército multinacional, o se presenta el “camino español” como un modelo logístico perfecto para un futuro “military Schengen” que conecte todos los países europeos. Pero cuando los Tercios hicieron algo malo, entonces son españoles, y pasa lo mismo con la Inquisición. Si hablamos de la quema del ayuntamiento de Amberes, nos olvidamos del componente multinacional y solo hay furia española.
Volviendo a las diecisiete provincias, ¿fue el gobierno de la Monarquía Hispánica eficaz o fue un gobierno despótico que justificó la revuelta en su contra?
Hablamos de 200 años de gobernaciones españolas, pero respecto a las más importantes, vemos que Margarita de Parma mantiene una estrecha relación con la nobleza local, sin embargo, sus concesiones a los calvinistas harán que la situación se vuelva insostenible. El Duque de Alba hace muchas cosas que desconocemos en España. Por ejemplo, crea la primera política fiscal unida de las diecisiete provincias y, por primera vez, se puede pagar al ejército de Flandes con el dinero recaudado en esos territorios, aunque, posteriormente, los impuestos serán una de las causas de las revueltas junto a la guerra civil religiosa. La gobernación del Duque de Alba fue eficaz en el sentido fiscal, en el jurídico y en el de la propagación del catolicismo, porque antes solo había obispados dependientes de archidiócesis extranjeras.
La más eficaz fue, en mi opinión, la de Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, una época en la que nace el barroco flamenco y se restaura el catolicismo por toda Bélgica, y que todavía vive en la arquitectura e incluso en la cultura.
¿Dónde podemos ver la huella de España en la actual Bruselas?
En todas partes. En el ayuntamiento tenemos cuadros de todos los reyes españoles, desde Felipe II a Carlos II. Toda la Grand-Place fue restaurada por Carlos II, después de que hubiese sido bombardeada por Luis XIV, el rey Sol de Francia, y en los edificios están señalados los años de su reinado. En la plaza también tenemos dos bustos de Carlos II y estatuas de Carlos V y Felipe II. Por cierto, cuando vas a Lovaina, a Brujas o a Gante, entras al ayuntamiento y te encuentras un cuadro de Felipe II, así que tan mala imagen no se tiene de ese periodo. Volviendo a Bruselas, hay una catedral que tiene muchísimo significado que es la catedral de Santa Gúdula, que es donde Felipe el Hermoso y Carlos V se intitularon reyes de las Españas.
¿Y leyenda negra? ¿Ha encontrado muchas referencias a la leyenda negra en los museos que ha visitado allí?
La gente se sorprenderá, pero he visitado muchísimos museos y en un 90-95% me he llevado una muy buena impresión. En Bélgica no he visto ninguna tensión contra España y no se esconde a Carlos V o a Felipe II. Una vez realizada mi investigación para el libro, creo que aquí se quiere cambiar para mejor la imagen de España y descubres que no han destruido el Hospital Militar de Malinas; que en Gante las fuerzas napoleónicas derribaron los escudos de la Monarquía Hispánica, pero los propios ganteses los devolvieron a su lugar; que en el ayuntamiento de Amberes tienes el escudo de Felipe II, como también está en Malinas. En el pequeño porcentaje negativo, te puedo contar que en Brujas hay un museo de la Inquisición en el que según entras encuentras todos los artefactos que se sabe que no usó la Inquisición y que pertenecían a las ferias napoleónicas del XIX. Lo peor es que el director del museo es un español que vive en Brujas.
Creo que los belgas tienen que ser amigos de los españoles y tenemos que tejer alianzas, porque la conexión de la Monarquía Hispánica entre belgas, luxemburgueses, irlandeses, italianos, portugueses y españoles es una alianza cultural enorme que se debería rescatar.
Frente a esa leyenda negra, ha surgido una leyenda rosa en la que todo se hizo bien y los enemigos de España de entonces lo siguen siendo ahora. ¿Se ha encontrado con esa leyenda rosa mientras escribía el libro?
Hay un capítulo de mi libro dedicado a las causas de las revueltas y hablo de la escena internacional. El Sacro Imperio no apoya a Felipe II y en Francia los hugonotes se ponen del lado de los rebeldes, mientras que Inglaterra, al principio, no se mete en la guerra de los 80 años. De hecho, Isabel I no deja que los mendigos del mar (corsarios flamencos al servicio de Guillermo de Orange) estén en sus puertos y estos huyen a Francia, desde donde inician las hostilidades. Felipe II decía de Isabel I que tenían una “real y fraternal amistad”, algo que se tuerce más adelante, pero en aquel momento Inglaterra permanecía alejada de esos conflictos.
Respecto a la leyenda rosa, me he encontrado aquí que pasa lo contrario que con la Unión Europea, y a veces cuando se habla bien de los Tercios se habla exclusivamente de los españoles, cuando, aunque eran el nervio de la guerra, solo constituían un 15-20% del ejército de Flandes. Tendemos a pensar que España lo hizo todo por sí sola. Del mismo modo, encontramos una mentalidad anacrónica de pensar que un Estado-nación del siglo XIX es lo mismo que uno del siglo XVI; los soldados de los Tercios no luchaban por España, lo hacían por su rey y por la fe católica. En las gobernaciones también se cometieron errores, como privilegiar a la nobleza del sur sobre la del norte, lo que será decisivo de cara a la revuelta. La Monarquía Hispánica no fue perfecta, pero tiene en su haber más virtudes que sombras y debemos conocerlo todo. Si contestas a la leyenda negra con leyenda rosa, estás diciendo que no quieres aprender nada más.
¿Por qué ser mecenas de Disidentia?
En Disidentia, el mecenazgo tiene como finalidad hacer crecer este medio. El pequeño mecenas permite generar los contenidos en abierto de Disidentia.com (más de 3.500 hasta la fecha), que no encontrarás en ningún otro medio, y podcast exclusivos (más de 300) En Disidentia queremos recuperar esa sociedad civil que los grupos de interés y los partidos han silenciado.
Ahora el mecenazgo de Disidentia es un 10% más económico al hacerlo anual.




















Debe estar conectado para enviar un comentario.