“Mirad, compañeras, yo no llevo hiyab, yo soy atea pero esta lucha también es mía. Es la lucha por unas salas libres de racismo e islamofobia”. Esto decía Coral Latorre, secretaria general del Sindicato de Estudiantes de Madrid, en una protesta el año pasado contra la prohibición del uso del velo en varios institutos de Parla (Madrid). “Si realmente quieren instituciones laicas, que eliminen también la religión católica de las escuelas”, señalaba en la misma protesta ante numerosas jóvenes musulmanas. Para el Sindicato de Estudiantes, una organización de extrema izquierda feminista y anticapitalista que ha recibido en subvenciones más de 440000 euros del gobierno socialista, solo la religión cristiana es el opio del pueblo. Su caso no es la excepción, es la regla.
Precisamente, ha sido la lucha por la prohibición del velo islámico en España donde más se ha reflejado la enorme contradicción de un feminismo a conveniencia que solo critica los valores de la sociedad occidental. Cuando Elena Ramallo, doctora en Derecho, investigadora y profesora, y Sonia Sierra, doctora en Filología Española y profesora, enviaron una iniciativa legislativa al Congreso para regular el velo, la izquierda no se posicionó a favor de estas mujeres, sino radicalmente en contra.
La alianza de la izquierda con el islam no es un fenómeno nuevo. En 1979, los comunistas se aliaron con los islamistas para derrocar al régimen prooccidental del Sha. Una vez derrocada la monarquía, se impuso la revolución islámica y los comunistas fueron ejecutados
Ramallo, también presentó su propuesta para prohibir el hiyab en los colegios y el burka en los espacios públicos en el parlamento de la comunidad de Madrid: “Es inaceptable que lo que critican en otros países —que se detenga y se torture a mujeres por no llevar el velo— sea aceptable en España”, señaló ante los representantes de los partidos políticos. VOX, que fue el partido que la invitó, apoyó su propuesta, los populares tomaron una postura ambigua para no apoyarla y los socialistas recurrieron a los tópicos del racismo y la islamofobia. Pero la respuesta más intransigente y sorprendente fue la de la izquierda radical. Mas Madrid, en boca de su representante Jimena González, activista trans, repitió los mantras del racismo, la xenofobia y el sexismo, y defendió la influencia árabe en Al-Ándalus. Sin embargo, sí criticó la religión, la cristiana, denunciando la Biblia, el nacional catolicismo y el régimen de Franco, y señalando que criticar el hiyab o el burka es «supremacismo cultural». Jimena sí expresó su preocupación por la masacre de mujeres en Gaza a manos del «Estado genocida de Israel», aunque huelga decir el destino que sufriría Jimena en los territorios controlados por Hamás.
Dentro de esta esquizofrenia por mezclar el agua y el aceite, algunos militantes de la extrema izquierda defienden un islamismo que solo existe en sus cabezas. Un ejemplo es el caso de Nora Baños, que fue candidata al Parlamento europeo por Podemos, activista antirracista y feminista que se convirtió al islam: «El profeta Mahoma impulsó el voto femenino hace 1.500 años o el fin de la esclavitud». Sin comentarios. Otro caso muy llamativo fue la respuesta de Podemos a la prohibición por parte del PP y VOX a la celebración de la fiesta del cordero en la localidad de Jumilla, en Murcia. En este caso tanto la extrema izquierda como los socialistas salieron en defensa de la libertad religiosa y en contra del “racismo”. Los que se definen como laicos y animalistas no tienen ningún problema en que se degüellen y desangren animales por motivos religiosos, siempre que esos motivos tengan que ver con el islam.
La causa palestina o el apoyo al régimen de los ayatolas también son baluartes de la política exterior de esta izquierda que apoya sin reservas el fundamentalismo islámico. En este caso, los derechos de las mujeres y de los homosexuales ya no son importantes. En su informe anual sobre Derechos Humanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos se señaló un evento en el Parlamento español el 3 de junio de 2024, ‘Defensa de Palestina y criminalización en Europa’, organizado por la diputada de Podemos y exministra de Derechos sociales Ione Belarra, se justificó el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra Israel, calificando la masacre en la que se cometieron asesinatos brutales y violaciones como “valiente iniciativa de la resistencia”. Los ponentes dieron las gracias a Hamás por “poner en la agenda la cuestión palestina” y afirmaron que Israel no tenía derecho a existir. Respecto a Irán, las protestas de las mujeres iraníes no han merecido la atención de feministas como la exministra de Igualdad y líder de Podemos, Irene Montero: “Ahora van a por Irán donde hay millones de mujeres que llevan años construyendo sus propios procesos”. Que el régimen ahogase con una represión desmedida esos “procesos” no es relevante, lo que importa es atacar el imperialismo occidental.
¿Cómo es posible esta doble moral? La izquierda se ha aliado con el islam por razones prácticas e ideológicas. El motivo práctico más evidente es el voto. En las elecciones regionales en Castilla y León, Irene Montero habló sin tapujos en un mitin a favor de las regularizaciones masiva de inmigrantes para darles voto y nacionalidad. Una suerte de gran sustitución para “barrer de fachas y racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora”. En el mismo sentido, la regularización masiva aprobada por el gobierno de Pedro Sánchez parece un movimiento desesperado para conseguir nuevos votantes.
En lo ideológico, el discurso del apoyo a la minoría, del oprimido frente al opresor, del antirracismo y del anticolonialismo, suena muy bien en los oídos de una izquierda cuyo enemigo declarado es la sociedad occidental. Ferghane Azihari, autor de L’Islam contre la modernité (El Islam contra la Modernidad) cree que esta islamofilia de la izquierda occidental tiene su origen en el desconocimiento del fenómeno islámico y en una concepción rousseaunista y condescendiente de las civilizaciones no occidentales: “Por esa razón no se exige la crítica respecto a sus creencias más cuestionables, amparándose en la ‘excusa de la minoría’. Algún día habrá que hacer comprender a esta izquierda que la coexistencia entre Simone de Beauvoir y Mahoma es precaria. Las enseñanzas de la primera rara vez son bien recibidas en los países donde rigen las leyes del segundo”.
Para Elena Ramallo, como experta en Derechos Humanos, la posición de la izquierda con respecto al islam carece de la más mínima argumentación porque el islam “choca con todas las normativas internacionales de los derechos de las mujeres y de las niñas, y también choca a nivel nacional con los derechos fundamentales”. En su opinión la excusa de la libertad religiosa no sirve cuando la religión entra en conflicto con otros derechos fundamentales, “como la libertad, la dignidad o la igualdad. Y es evidente que el islam va contra esos derechos en el caso de las mujeres y niñas, pero es que, además, a otro nivel esto afecta a una civilización a la que supuestamente vienen a integrarse”.
La alianza de la izquierda con el islam no es un fenómeno nuevo. En 1979, los comunistas se aliaron con los islamistas para derrocar al régimen prooccidental del Sha. Una vez derrocada la monarquía, se impuso la revolución islámica y los comunistas fueron ejecutados. No sé lo que Montero, Belarra o Jimena creen que pasará si un día se produce la gran sustitución y los occidentales se convierten en una minoría, pero basta conocer un poco la historia para entender que será el fin de su mundo, sus utopías, su diversidad y sus géneros.
* Publicado orginalmente en la revista italiana Nazione Futura, Nº32.
¿Por qué ser pequeño mecenas de Disidentia?
En Disidentia, el mecenazgo tiene como finalidad hacer crecer este medio. El pequeño mecenas permite generar los contenidos en abierto de Disidentia.com (más de 3.500 hasta la fecha), que no encontrarás en ningún otro medio, y podcast exclusivos (más de 300 episodios disponibles) En Disidentia queremos recuperar esa sociedad civil que los grupos de interés y los partidos han silenciado.
Ahora el mecenazgo de Disidentia es un 10% más económico al hacerlo anual.


















