“Roma”, la película de Alfonso Cuarón ha incomodado a la vieja industria del cine. Una película en lengua extranjera, propia  para el formato de arte y ensayo,  ha obtenido una notable distribución en las salas de Estados Unidos. Parece que la exclusividad de los cines como espacio para la exhibición pasó a la historia. Netflix ha conseguido varias cosas: hacer las veces de un estudio grande, ganar premios de la Academia, colocar su película en las salas de cine al tiempo que estaba disponible en las plataformas de streaming, y sobre todo generar una gran expectativa, pero sin cambiar las claves del modelo de su negocio.

“Roma” no solo ha enfurecido a la industria, también a Spielberg, uno de sus directores más emblemáticos. Los 50 millones de dólares que Netflix invirtió en marketing para los Oscar frente a los 5 millones de obras como “Green book”, es un relevante detalle. La plataforma se saltó los 90 días de exclusividad que se reservan las salas de cine, tampoco informó sobre sus ingresos en taquilla, y colocó con enorme rapidez su película en 190 países todos los días del año.

Ya no se habla de soportes, tampoco de salas de exhibición, sino de circulación y distribución de contenidos. Lo ocurrido en esta última gala de los Oscar evidencia los cambios que se están produciendo en la industria  audiovisual y del entretenimiento. En estas dos últimas décadas, ninguno de los grandes agentes de la producción de contenidos como editoriales, discográficas, prensa, cine, televisión, radio, supo cambiar el paso y adaptarse a las nuevas formas de producción y distribución de contenidos que exigió la irrupción y asentamiento de Internet.

Sin embargo la industria de los videojuegos sí ha sostenido y aumentado sus ganancias década tras década. Como recoge la AEVE (Asociación Española de Videojuegos), la industria española del videojuego en 2018 realizó una facturación próxima a los 1400 millones de euros. Dicho de otro modo, facturan más que el doble del cine, y sextuplican las ganancias de la música en España. Si observamos las cifras en el mercado global, el videojuego creció un 8,5% en 2016 respecto al año anterior.

En estas dos últimas décadas, ninguno de los grandes agentes de la producción de contenidos supo cambiar el paso y adaptarse a las nuevas formas de producción y distribución de contenidos

Unos de los proyectos recientes más innovadores por parte de una plataforma ha sido Bandersnatch, película con la que Netflix cierra (al menos por ahora), la serie Black Mirror. Presenta una historia que no avanza de modo lineal porque ofrece opciones interactivas, aunque muy limitadas, para que el espectador tenga el control del relato. Aparte de las estrategias desarrolladas por la plataforma ante la competencia, es un intento de integrar la participación del  usuario y el potencial narrativo de la simulación, muy propios de la interactiva narrativa que exhiben los videojuegos, aunque esta vez la plataforma se queda en una tierra de nadie, ni a los jugadores complace porque es un escenario de acción muy limitado, ni a los fans de la saga Black Mirror complace, dado el escaso fuelle narrativo.

Mientras tanto, la  industria audiovisual del entretenimiento tradicional circula por los raíles de la narrativa lineal. En su obsesión por las audiencias masivas, ya inexistentes, el prime time ha entrado en aguas turbulentas, dado que ha dejado de ser ese indiscutible marcador de indicador de impacto que dibujaba las audiencias en los hábitos de visionado de contenidos. El vídeo bajo demanda ha desplazado a la televisión convencional y generalista, los usuarios no ven contenidos de forma lineal cuando el programador y la parrilla deciden, cada usuario lo hace como quiere, donde quiere  y cuando quiere. El consumo en streaming y bajo demanda también llegó a las cadenas televisivas.

Por ahora, la televisión tradicional explora cómo puede reprogramar su prime time frente o con aquellas que emiten en tiempo real, aquí es donde se juegan los cuartos. Parece que uno de los retos es la conversión publicitaria,  por ahora y hasta ahora con mucha frecuencia intrusiva y molesta. Quedan interesantes cambios por ver con las recientes fusiones entre el Big Data, la Inteligencia Artificial, (digamos mejor ciencia de datos) y lo que trae el 5G, aplicados a las próxima narrativas audiovisuales, como ya se han avistado en el reciente Congreso Mundial del Móvil en Barcelona.

La industria se abre a un escenario con muchas incógnitas. Diferentes analistas indican que en menos de cinco años los estrenos se producirán a la vez en vídeo bajo demanda y en salas de cine. Si la propia Academia del Cine ya no contempla sus salas como referentes de exhibición, poco sentido tiene obligar a las producciones a un estreno en sus salas. Compañías como Disney y Warner, o Amazon, entre otras,  ya lanzan sus ofertas con sus nuevos canales. Tampoco sabemos con precisión la próxima participación de los algoritmos en la celebración de los Oscar y sus ganadores. Por otro lado, ¿qué vendrá después del modelo del negocio del streaming? Hoy, en plena cresta del asunto, desconocemos cuanto durarán los flujos de beneficios, aunque algunas plataformas han apostado porque duren décadas.

Lo que sí estamos observando son los pronósticos de Reed Hastings, director ejecutivo de Netflix, que en una entrevista respondía así sobre el futuro de la plataforma: “Tendrá una calidad de vídeo increíble, se verá en pantallas enormes y será muy fácil de usar. Y sobre todo, te conocerá. Te montarás en el tren por la mañana y sabrá exactamente qué es lo que te apetece durante el trayecto. También se desarrollará la televisión social. Podrás quedar con tu hija que vive en la otra parte del planeta para ver un capítulo juntos”. Más allá de la promoción, y la visión idílica que se presenta, las evidencias muestran que el servicio de suscripción de video bajo demanda está liderado por esta plataforma, que ha sabido levantar su negocio en dos pilares. Con su sede en Los Gatos  (San Francisco),  ubicada en el mismo cogollo de Silicon Valley, planifica y resuelve  todas las cuestiones técnicas y empresariales. Con su sede en Bevery Hills (Los Ángeles), diseña estratégicamente la producción de contenidos. Ambos centros se han convertido en matriz para otras muchas sedes en diferentes países, una de las últimas en Tres Cantos (Madrid).

Los cambios que sacuden la industria del entretenimiento audiovisual en general y el cine en particular presentan muchos interrogantes, que en muchos casos ni se atienden, ni se entienden debido a las inercias e incompetencias creadas. Como señala Enrique Dans, existe una clara dificultad para aceptar la disrupción. ¿Deben realmente las decisiones sobre la explotación comercial de una obra definir su idoneidad para presentarse a unos premios que se otorgan en función de parámetros y variables derivados de la propia obra, y no de las circunstancias de su estreno? ¿Cuál es el problema de definir como película una obra en función de su formato, y no de en dónde ha sido estrenada? ¿Es una película de alguna manera indigna de estar en los Oscars por el hecho de que los espectadores la hayan visto en sus casas? ¿Qué pasa cuando los espectadores vean las películas en realidad virtual, con una imagen, un sonido y unas posibilidades de inmersión muy superiores al las que ofrece una sala de cine?

Foto: Caspar Camille Rubin


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6 COMENTARIOS

  1. Creo que se han encontrado con algo llamado “evolución de los medios”, y les ha entrado el miedo.
    Del mismo modo que es absurdo intentar vender un CD de música del que te interesan 2 canciones a 24€ cuando puedes comprar la canción directamente, es ridículo intentar que el cine solo se proyecte en el cine. Con lo que cuesta la entrada para 2, me cojo la película en alquiler digital por 6€, compramos comida y nos apalancamos en nuestro sofá en ropa interior y manta. Lo mismo que esperar que no te toque al lado alguien que mastique con la boca abierta o comente la película.

    Y como eso, con todo. El videojuego ha sabido adaptarse. La TV da los últimos coletazos, pero hace por poder. Y el cine morirá de un modo agónico, intentando mantener un status quo arcaico.

    • Apreciado José Antonio

      Yo no creo que hayan quedado tan lejos. Símplemente no conviene que estén en los menús, no vaya a ser que el personal comparase y llegara a la msma conclusion que JRA.

      Y eso es malo para la salud, no económica (porque serían rentables) si no de contenidos. Contenidos ligados y promocionados por unas ideologías muy concretas.

      Un cordial saludo

      • No lo había pensado. Pero es cierto. Imagine, que me dió por comprar “La casa de la pradera” a 14$ temporada, restaurada digitalmente con mucho esmero. Lo cierto es que en su época, yo, bastante menos conservador, la odiaba intensamente. Pero después de comer y para hacer la digestión, me la veía. Eran los días de canal de TV único.
        Hoy para quién la vea, es ver otra época absolutamente distinta. No, porque temporalmente se desarrollara la acción en el último tercio del siglo XIX. Pieso que si conservara la mentalidad de cuando emitieron la serie. Podría exclamar que me gusta. Además sigo siendo ateo, aunque ya no milito.

  2. Hace ya tiempo, que el que suscribe, que entiende un poco de esas tecnologías pronosticó, que el cine en salas de cine desaparecerían y sería probablemente como el teatro, limitado a las grandes ciudades. Ir al cine una familia no resulta nada barato. La fusión cine-televisión comenzó en el momento en que el soporte fotográfico fue sustituido por el soporte digital. Empezaron a fabricarse pantallas superiores a 50″ y a precios asequibles. Complementados con sistemas de sonido, que hace la escucha mucho mejor y más cómoda, que esos niveles de ruido y volumen sonoro excesivos. Así que aunque pogan sillones donde se puede ver la película echado y una mesa al lado para servir comida, es una pérdida de tiempo. Además hay un exceso de oferta de pantallas, ocasionada por la segunda época de oro surgida en los años 80. La mejora la la técnica de proyectores en que se eliminó el arco de carbón, el soporte base fotografico pasó a ser de plástico y el sonido, que no se había hecho ninguna innovación desde los años 40 hasta “La guerra de las galaxias” es ahora estéreo multicanal y digital. La gran revolución en el hogar podría suceder con la proyección casera. En efecto, se han desarrollado proyectores domésticos de “tiro ultracorto”. Son proyectores que a 40-50 cm de la pared proyectan imágenes de hasta 3 m. Por lo que la instalación de un sistema de este tipo es mucho más sencilla. Sólo hay que “negociar” con la señora, que le ceda 3m de pared. La sensación de cine es mucho más viva con un sistema de proyección, que con las pantallas de LCD.
    Lo que echo de menos en Netflix es la posibilidad de disponer de un catálogo antíguo de películas y series de televisión de la era clásica. En los años 50 y 60 USA era el mayor proveedor de series de TV a las demás emisoras de TV de otros países. Esas series se grababan en soporte fotográfico con negativo de 35mm. La resturación digital a 4k es factible. A mí me gustaría volver a verlas, además con su doblaje español neutral original. Forman parte de la época clásica de la TV y fueron los mejores programas de todos los tiempos.
    Volver a ver Ciudadano Kane, todo el gran cine de los años 40 y 50 sería fantástico. En vista de la poca creatividad existente, donde es triste que las películas sólo sean de “superhéroes”. Historias estúpidas.
    Curioso, en tiempos pasados el contenido de la programación era de mucha calidad en un “continente” técnicamente primitivo. Hoy es al revés. Una tv basura, que vemos con muy buena calidad técnica.

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